TEXTO FILOSÓFICO I

Fecha: 26 junio, 2023 por: dariomartinez

Ensayo sobre posible prueba para la EBAU de los alumnos asturianos. Parece poco plausible. Inútil por incomprensible. Inaccesible. Espero no atinar en el diagnóstico.

 “¿Está dividido el mundo en espíritu y materia? Y suponiendo que así sea, ¿qué es espíritu y qué es materia? ¿Está el espíritu sometido a la materia o está dotado de fuerzas independientes? ¿Tiene el universo unidad o finalidad? ¿Está evolucionando hacia una meta? ¿Existen realmente leyes de la naturaleza, o creemos solamente en ellas por nuestra innata tendencia al orden? ¿Es el hombre lo que le parece al astrónomo, a saber, un minúsculo conjunto de carbono y agua, moviéndose en un pequeño e insignificante planeta? ¿O es lo que le parece a Hamlet1? ¿Acaso las dos cosas a la vez? ¿Existe una manera noble de vivir y otra vil, o son todos los modos de vida meramente fútiles? Si hay un modo de vida noble, ¿en qué consiste y como lo realizaremos? ¿Debe ser eterno lo bueno para merecer una valoración, o vale la pena buscarlo, incluso en el caso de que el universo se moviera inexorablemente hacia la muerte? ¿Existe la sabiduría, o lo que parece tal es solamente un último refinamiento de la locura?

Cuestiones como estas no hallan ninguna respuesta en un laboratorio. Las teologías han pretendido dar respuestas, todas demasiado concretas, pero justamente su precisión hace que el espíritu moderno las mire con recelo. El estudio de estos problemas, aunque no los resuelva, es misión de la filosofía.”

Bertrand Russell (1945): Historia de la Filosofía Occidental. Espasa Calpe, 1971. Vol. I, págs. 11-12.

1 Un ser sometido a un cuestionamiento continuo del sentido de su propia existencia, siempre en el conflicto entre la voluntad y los hechos, entre el bien y el mal.

Análsis guiado del texto. Cuestiones de referencia. Solucionadas por mí, una versión.

1.- Identifique la tesis o idea principal del texto y muestre la estructura argumental que sigue el autor/a para llegar a esa tesis.

La tesis coordinadora de su discurso argumentativo es la interrogación. Inquiere sobre las cuestiones últimas abiertas a la reflexión rigurosa y permanente de un saber que por su contenido y conclusiones resulta no ser meramente científico, demostrado, clausurado, apodíctico, o si se quiere cerrado y verdadero; de ser así se caería en el dogmatismo, y de no querer ser tratados, con el propósito de darles una definición o explicación coherente en forma de conocimiento objetivo y compartido, nos veríamos abocados a la apatía del nihilismo, o sea a dos de los grandes enemigos del saber crítico y filosófico de tradición griega. Negamos, por tanto, que todo esté relacionado con todo, v.g. la voluntad de Dios de ser infinita, sería la causa eficiente de todo lo que es, y negamos también que nada esté relacionado con nada, v.g. el idealismo por irrealista e irracional abocado al silencio.

Es una selección de las preguntas más decisivas del cuerpo del saber filosófico desde el punto de vista del autor, aquí no hay duda metódica que nos lleve a la solución en forma de evidencia clara y distinta, luego B. Russell ejecuta espontáneamente una clasificación de lo que él considera las preguntas trascendentales y esquivas a una solución categorial. Desde nuestra perspectiva son preguntas que han de abordarse como problemas que desbordan las evidencias. Son interrogantes derivados de la argumentación, del saber en marcha de otros saberes de primer grado: científicos, religiosos, políticos, artísticos, tecnológicos, etc. No permiten coordinar un saber como el filosófico en sus partes y subpartes, y no nos autorizan a diferenciarlo esencialmente de otros conocimientos. Son preguntas paridas por el esfuerzo por dar un orden geométrico a las relaciones del hombre con el hombre: “¿Existe una manera noble de vivir y otra vil, o son todos los modos de vida meramente fútiles?, del hombre con la naturaleza impersonal: “¿Tiene el universo unidad o finalidad? ¿Está evolucionando hacia una meta? ¿Existen realmente leyes de la naturaleza, o creemos solamente en ellas por nuestra innata tendencia al orden?, y finalmente del hombre con lo trascendental o divino: “¿Debe ser eterno lo bueno para merecer una valoración, o vale la pena buscarlo, incluso en el caso de que el universo se moviera inexorablemente hacia la muerte?”. El germen fértil de las cuestiones planteadas es el modo en el que el hombre va construyendo su mapa mundi de la realidad, una realidad en el límite inabarcable, imposible de comprender, plural, cambiante, en permanente transformación (ontología general) sin caer en un monismo sustancialista de corte metafísico y armonioso como el hegeliano. Siempre habrá un ignoramus e ignorabimus, un saber incluso verdadero pero indemostrable. Inconmensurabilidades, pluralidades, conflictos, problemas de naturaleza dialéctica y en symploké platónica que han de ser abordados desde lo informal e imprevisto, acudiendo a silogismos prudentes de naturaleza apagógica. Esto no quiere decir, tal y como defiende el autor, que despreciemos dicho saber que trabaja con ideas, que lo entendamos sin más como un pseudosaber prescindible, doblegado definitivamente al actual saber de laicos sin alzacuellos y dogmáticos abrazados a una idea sin explorar y metafísica de ciencia que se supone ausente de interrogantes.

2.- ¿Cuál es la pregunta filosófica que aborda el texto?

Es una cuestión de sólido raigambre filosófico. La pregunta por el orden del mundo y cómo podemos llegar a conocerlo, conceptualizarlo, universalizarlo, compartir objetivamente con los demás un discurso abierto al debate para explorar nuevas alternativas, solucionar problemas desde las evidencias ya sabidas, y asumir nuestras limitaciones. Se trataría de abortar las ocurrencias fundadas en la opinión, en argumentos de ignorantes sin recorrido, que no alcanzan y sí oscurecen con su nesciencia sin identificar. Se pregunta por el ser y sus dimensiones, sus conexiones, los modos de coexistir del mundo en marcha (ontología especial), de las relaciones entre los seres humanos, y de sus relaciones con lo trascendental y lo natural. Es la pregunta por nuestra manera de dar forma al mundo evitando caer en monismos sustancialistas, quietos, sin transformación, acrónicos, atópicos, inmutables y eternos que conducen al dogmatismo en formas tan diversas como pudieran ser el dios monoteísta de las religiones del libro, el ego cartesiano, el ser heideggeriano o da-sein, o la idea de historia del materialismo dialéctico de Engels.

3.- ¿Qué otra posible respuesta a la cuestión que usted ha formulado en el punto anterior puede darse o se ha dado desde la filosofía? Desarróllela.

La más radical transformación de la filosofía, hacer del saber de raíz griega un saber científico, autónomo, desembarazado de las impurezas de la metafísica tradicional y religiosa. Es la idea fuerza del idealismo alemán, su weltanschauung, es mundanizar lo informal y trascendental, aclarar el noúmeno kantiano incorporándolo a la historia y en su devenir convertirlo en fenómeno de lo que es el ser como concepto universal.  La filosofía como verdadera ciencia del espíritu. Así, Dios es cierto que no existe pero el soberbio Hegel quiere culminar su reflexión en su existencia futura. Sería un intento de clausura de todo saber, de hacer racional, geométrico y lógico de todo lo real. La filosofía como ciencia verdadera, ya no sólo verdadera filosofía por ser en su estructura y dinámica sistemática, autónoma y totalizadora. Saber más elevado, culminación del Espíritu Absoluto. La idea mundanizada y realizada. Monismo de lo absoluto.

Por otro lado, una respuesta sin ideas. Lo real es lo categorizado, lo bien conceptualizado. Lo positivo lo único existente, el contenido seguro para toda reflexión. Tercer estadio. Las ciencias formales, lógica y matemáticas, propedéuticas. El saber ahora preciso, demostrado, único y definitivo es el científico. Comte supone que será la física social la ciencia que de modo demostrado pueda explicarnos la naturaleza esencial de lo estrictamente humano, fuera las disquisiciones inútiles de corte psicológico. Exclusión por superación de la filosofía anclada en sofismas escolásticos inútiles, ineficaces, absortos de palabrería hueca, sin sentido, y que sólo entretienen al público indocto y expulsado del verdadero saber teórico de los científicos o del saber práctico y útil de los ingenieros. Saber dogmático, no duda ni quiere impugnar sus principios,  que ha de guiarse a la extinción de fe religiosa y de toda sofística metafísica. Fin de la filosofía. Triunfo del cientificismo. Antesala del nuevo orden instrumental en palabras de la Escuela de Frankfurt. Primer bostezo de la mañana, anticipo de lo que pasado el tiempo será la barbarie cientificista.

4.- ¿Cómo podría seguir la reflexión a partir de este texto? Imagine ahora que usted es el autor/a del texto y que ha viajado al presente. Elabore una nueva versión de las tesis del texto aportando ejemplos actuales que justifiquen que sigue siendo necesaria esta reflexión.

Tras las huellas de nuestro ilustre autor, nada menos que un premio Nobel de literatura allá por el año 1950.

“¿Está dividido el mundo en naturaleza y cultura? Respuesta más confusa que la misma cuestión que se intenta resolver, entre otras poderosas razones, ¿qué es la Naturaleza y qué es la Cultura? Ambas ideas mito y con mayúscula ¿Hay realidades que trascienden dicha visión del mundo dicotómica? ¿Son, por ejemplo, las matemáticas constructos naturales, o culturales, o más bien debemos entenderlos como realidades atópicas, acrónicas, con nexos necesarios, apagógicas y universales? ¿Podemos hablar de ideas fuerza, de mitos, como vehicularizadores de discursos persuasivos cuyo fin es dominar en el terreno de la política, la sociedad, la ideología y la educación, accediendo al ciudadano, hoy consumidor canalla y satisfecho, a través de un discurso dirigido al corazón? ¿Es posible categorizar de la mano de las ciencias naturales, gobernadas por leyes anantrópicas, el universo? ¿Son las proyecciones matemáticas sobre el origen y el fin del universo verdadera ciencia o una acumulación de complejas hipótesis imposibles de demostrar?  ¿Son las verdades de las ciencias iguales? ¿Es lo mismo el acceso científico a lo externo, a lo real (desde nuestro saber en marcha en tanto que egos trascendentales operatorios, históricos, sociales) a lo objetualmente propositivo, con voluntad y que persigue fines, que el intento por acceder vía conocimiento a lo no propositivo, sin voluntad, sin capacidad proléptica en busca de metas?  ¿Es el hombre un animal racional, culturalmente competente y en exclusividad? ¿O son también los animales seres con cultura y razón? ¿Podemos decir que el origen del hombre es otro hombre, que su ser es coexitir? ¿Es posible una ética de mínimos, de principios esenciales que permitan diferenciar de algún modo el buen obrar del mal obrar? Para evitar ser arrollados por el nihilismo ético, por el vacío de una ética sin sujeto, existencial, estamos obligados a partir del sujeto corpóreo individual y de su hacer práctico como causa necesaria de aquellos actos que por ser útiles permitan permanecer en la existencia y enriquecernos como personas, llámese a este principio axiológico: fortaleza. Ahora bien, no todo comportamiento humano se ha de reducir a lo ético, de hecho es irreductible a la moral donde el fin para ser constitutiva, que no consuntiva, es la lucha por el mantenimiento de la vida del grupo y de lo mejor para el colectivo, y es también irreductible a la política entendida como hacer radicalmente humano dirigido a la estabilidad del estado, eutaxia. Las normas que cristalizan y son capaces de triturar los ideales, los principios axiológicos dominantes, se irán consolidando dialécticamente a través del derecho, así pues, perezca la justicia y hágase el mundo. En otro orden, ¿existe Dios, o es sólo una paraidea imposible por incoherente? ¿Asumiendo que es una idea humana, inversión teológica, es factible seguir creyendo en ella? ¿Si es una idea eterna, es decir si está fuera del tiempo, entonces debemos concluir que lo que está fuera del proceso continuo de transformación simplemente es inexistente?

Estos interrogantes, estas preguntas seleccionadas desde un sistema filosófico son científicamente inaccesibles a un saber concreto y de laboratorio. Son inagotables. Frente al erial posmoderno el intento por dar un orden sistemático, gnoseológico, a una realidad tridimensional ontológica (especial), inabarcable, cambiante, inagotable de la que por no saber de ella (ontología general) no podemos predicar absolutamente nada, o de otra forma: no podemos saberlo todo. La modestia filosófica necesita de la sabiduría de los límites humanos en el terreno del saber.

Corolario. Preguntas y posibles respuestas como antídoto contra la necedad, contra la desidia, la pereza intelectual y la opinión canalla asentada inconscientemente en la nesciencia como falsa virtud.