Un fenómeno atractivo: Europa

Fecha: 16 septiembre, 2019 por: dariomartinez

Mapa ficción a modo de sudoku

Está en boca de todos. Es una ilusión compartida. Hace tiempo una idea borrosa que en manos de Francia y Alemania condenó a casi todo un continente al desastre,  con todo hoy es indiscutible. Vivimos un momento en el que el referente político salvador y único carece de pathos, de mal encarnado que impida satisfacer nuestras necesidades más urgentes. Europa existe y lo hace como una entidad política poderosa, con fuerza para actuar legalmente en el terreno soberano de cada estado-nación.  En España el problema, en Europa la salvación; una Europa dominada por un espíritu, por un hacer de raíz protestante, sin ataduras morales ya caducas por católicas. Una Europa con rostro alegre que esconde un fondo poco amistoso. La Europa de hoy es fruto de un tratado, en el acuerdo cada uno de sus miembros cree poder extraer ventajas que favorezcan eficazmente a sus ciudadanos, en esta tesitura quien pone las condiciones del acuerdo, quien más potente es por real y por ser capaz de exigir más activando su autoridad es quien se lleva la parte más grande del pastel; el resto son comparsas que bailan su compás, pero no a regañadientes, no reconociendo la falta de autonomía, y en nuestro caso además no percatándose de la trayectoria de país orientado al descanso de los ciudadanos amigos y europeos, no intentando atajar nuestro devenir posindustrial con el goteo permanente de centros productivos fabriles de envergadura media o grande yéndose, no considerando el impulso a los nacionalismos fraccionarios de potencias que por encima del ideal europeo buscan lo mejor paras sus ciudadanos aprovechándose de sus vecinos del sur. Remar hacia Europa, como entidad política que está por hacer considerando a priori que por estar en la mente de todos ya tiene estatus de realidad política soberana, autónoma, y capaz de ofrecer un contrapeso a colosos como China y EE.UU., facilita la disolución de la naciones políticas más débiles por ser consideradas en esta era posestatal como prescindibles, y es así porque detrás subyacen entidades fraguadas en torno a élites adueñadas de la idea confusa y dominante de pueblo que intentan clonar al Estado-nación en el que se encuentran para entrar en una Europa que les acoja y les reconozca, esta vez sí, como independientes. Este paso no se ha dado aún, pero las democracias europeas homologadas expuestas a procesos de fuerza popular dominados por los sentimientos y de espaldas al rigor de la razón pueden desencadenar tensiones nuevas donde no las había. No lo olvidemos, no todo cambio brusco, revolucionario o progresista ha de conducir a lo mejor, también los cambios, independientemente de quien los lidere, pueden ser una rémora para el futuro. Traer más inestabilidad y por supuesto más miseria a cada uno de los ciudadanos que forman parte del actual conglomerado de países unidos por un tratado en el que cada cual vela en primer lugar por sus intereses, pasa inexorablemente por debilitar al otro. Lo importante pues es saber ver el engaño y no confundir el fenómeno Europa con una realidad, con un ser real, ontológicamente irrefutable  a nivel político. Por de pronto, lejos está de ser un Estado, entre otras razones por carecer de algunos de los elementos esenciales para ello como puedan ser: un Tribunal de Justicia capaz de disolver los sistemas jurídicos de los miembros que la integran con leyes orientadas al bien y además con fuerza coactiva suficiente como para obligar (v.g. una policía europea), o un sistema defensivo, diplomático y federativo compartido y reconocido internacionalmente. En cambio lo que sí existe y está en funcionamiento es un grupo de socios con intereses diferentes incapaces en multitud de ocasiones de llegar a acuerdos de mínimos. En esta tesitura es normal que algunos de sus miembros consideren la posibilidad de abandonar un tratado que para nada debilita su soberanía. Ya lo decían antiguos primeros ministros británicos, “quiero tanto a Alemania que prefiero que haya dos”. Obviamente con una, y más poderosa,  quizá las ventajas hasta ahora logradas se vean socavadas por fuerzas coactivas ajenas e incontrolables en el futuro.

En fin, el fenómeno Europa es por ser algo extraordinario algo fuera de lo normal. De ser Europa una entidad política como otra cualquiera, de ser un país más de la ONU, simplemente no sería un fenómeno. Una última cuestión: ¿qué hay actualmente de pathos en lo que hoy conocemos y aceptamos como ethos? Ya se lo preguntaba el filósofo de la sospecha Nietzsche. Quizá lo sepamos entender a toro pasado.

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