Tan triste, tan frecuente

Fecha: 7 agosto, 2019 por: dariomartinez

¿Todo es posible en EE.UU.?

Y detrás de todo los grandes ideales. Estados Unidos vive un periodo de tensión local permanente. Los medios de comunicación la estimulan y la perpetúan. El miedo es generalizado, en él el consumidor medio del país se tranquiliza con el ejercicio libre y autónomo de periódicas compras compulsivas. Los discursos apocalípticos son cotidianos. El individuo sólo, vacío, y en el difícil equilibrio del abismo del todo o nada asume sin saberlo los versos del Höderling: “Pero donde está el peligro, crece también lo salvador”. El peligro es el fin del pueblo elegido, el pueblo estadounidense y con él su libertad, su democracia, su prosperidad sin límites. Los culpables los otros, especialmente los no blancos, anglosajones y protestantes. Es el momento para poder arriesgar la propia vida. No hay límites, los equilibrios morales siempre difíciles se tornan sencillos por falta de sindéresis, el maniqueísmo es nítido, dominante y lo más peligroso: habilitador para la puesta en práctica de una violencia gratuita que escapa al rigor de la ley.

Si a esta ira patrocinada por el Estado le facilitamos en nombre de la libertad y la democracia del pueblo un arma de combate para que pueda ser usada en un ámbito de convivencia que nada tiene que ver con la guerra entonces el resultado no puede ser otro que el de una historia reciente salpicada de actos de barbarie. Prácticas de aniquilación que no son humanas por estar vacías de cualquier tipo de criterio ético que al menos predisponga a saber decir que lo más importante es el mantenimiento y promoción hacia lo mejor de la vida. Si esto no está claro, si en nombre de un pueblo elegido ante la tesitura de evitar el fantasma del apocalipsis hispano, negro, musulmán, etc., todo vale, el goteo de víctimas continuará.

Hemos de evitar los dogmas fundamentados en la opinión, aquellos que se pliegan e impermeabilizan ante la posibilidad de poder intentar escuchar otros argumentos, han de crearse las condiciones necesarias para que sea posible un conjunto de figuras públicas que sea capaz de triturar las ideas más dañinas que golpean a los estadounidenses. Enrocarse en discursos fáciles y apostar por reivindicar la figura de Dios en nombre de dichos ideales permite que afloren salvadores despiadados que confunden sus ideales con la verdad, su odio con la razón, su ética biológica y racista con el bien. Pero lo peor de todo es que este mal encarnado no es algo que debamos adjudicar en exclusiva a individuos aislados y que autónomamente distorsionan la realidad al quedar excluidos de una felicidad que se les ofrece y que por mor de su mal hacer no alcanzan, es un problema derivado de su sistema político y como tal puede resultar implacable si es entendido como perfecto e incuestionable. Su mantenimiento resultará por tanto una necesidad bendecida y eficaz en su origen, es ahí en su liberalismo sin trabas, de conquista y depredador (primero del Oeste, hoy de un mundo globalizado) donde fragua sus éxitos, eso sí: siendo libre para expoliar y en el límite exterminar a los demás; éste es su lugar y para no darle la espalda ha de morar en el origen, esto conlleva que su misión sea civilizadora, universal, mesiánica y en nombre de su lugar a los demás nos queda replegarnos, someternos, obedecer. Esto es la paz americana, pero no debemos olvidar que la alternativa más plausible es la paz China. Esta es nuestra actual aporía, este es nuestro reto reflexivo más urgente. Nos queda elegir o estar atentos.

Volviendo a los casos concretos de asesinatos indiscriminados y gratuitos que parecen resultar ya cotidianos en Estados Unidos, señalar como última reflexión que todo cambio legal profundo en la capa conjuntiva del Estado se entenderá como distópico, así abolir o limitar la segunda enmienda recogida en la Constitución de los Estados Unidos parecerá una quimera por tratarse desde el inicio de una tarea imposible.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/35350/triste-frecuente.html

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