Viene de lejos

Fecha: 18 mayo, 2018 por: dariomartinez

En estos días se está materializando lo que se fue rumiando en diferentes despachos europeos ocupados por Puigdemont para que alguien de su entorno fuese investido presidente provisional de Cataluña. El elegido es el Sr. Quim Torra. Los medios de comunicación nos han mostrado en estos últimos días una selección de textos de calidad ínfima sobre lo que no sólo piensa el Sr. Torra sino sobre lo que es más íntimo, lo que es parte de su ser ideológicamente imperturbable, invariable, impermeable; ese ser es especialmente simple, es primitivo, no es otra cosa que un hediondo discurso apegado a la diferencia racial entre hombres, a una jerarquía natural, biológica, determinada, que muestra científicamente que unos grupos humanos son superiores a otros a nivel físico, intelectual, moral y cultural; un racismo que repudia el mestizaje por ser causa necesaria del deterioro de la ficticia pureza original; un racismo que se entiende como una evidencia científica inexpugnable, siendo muy socorrida la sangre, el ADN, el RH.  Recogen verdades del ámbito de lo estrictamente biológico y las trasladan al campo de lo político distorsionado la realidad, tergiversándola, doblegándola a sus propios intereses de casta, encarnándose ahora la verdad como metafísica, como mito, que directamente confunde y engaña.

Pues bien, dicha naturaleza superior sólo logra eclosionar en una tierra fértil, fuera de ahí las ramas del árbol se secan. La tierra hace al pueblo, la comunidad nacional, no política, hace al individuo, la etnia eleva al ser humano, más allá del estado, más allá de la política, más allá de las leyes. Es la razón de ser de todo verdadero ser humano, obviamente catalán, es lo que lo eleva sin necesidad de acudir a nada trascendental, es lo que gratuitamente justifica que no jure o prometa la Constitución.

Lo que aquí escribo se puede consultar en los textos de tantos ideólogos nacionalistas catalanes que ya desde el siglo XIX vienen moldeando a muchos otros Srs. Torra, viene de lejos. Luego no es casual este fenómeno racial como elemento homogeneizador del nacionalismo étnico, es causal, es la palpable concreción de una trayectoria cuyo hilo inexorablemente conduce al odio.

También el Sr. Pujol es responsable ideológico. Con él la denuncia fue dulcificada y su figura a nivel político español asumida. En este odio hasta hace poco disimulado estaba el padre del actual nacionalismo secesionista catalán al que nos hemos de enfrentar dialécticamente y legalmente, artífice al que no sólo se le toleró psicológicamente sino que también se le tuvo que tolerar lógicamente al renunciar a la petición de pruebas, a la denuncia masiva de sus prejuicios raciales y a la elaboración de buenos argumentos que triturasen sus propuestas.

Todos los catalanes merecen algo tan bello y tan difícil en política como vivir bien, siendo más libres para poder ser mejores en función de sus capacidades y habilidades, siendo iguales y mereciendo el respeto y la igualdad en el uso de la palabra para así poder construir una sociedad más justa y democrática.

Sobre la paz, ¿qué paz?

Fecha: 4 mayo, 2018 por: dariomartinez

He podido leer en el día de hoy y en su periódico la siguiente noticia: El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ha afirmado, tras darse a conocer el comunicado de ETA en el que anuncia su disolución, que “aquí estamos, a favor de Euskal Herria, a favor de la libertad, a favor de la paz” Este mensaje, redactado en euskera, se recoge en su cuenta oficial de twitter.

Verdaderamente si lo escuchamos engolfados en cualquier forma desconocida de ignorancia puede resultar atractivo. Puede incluso entenderse como un acto de compromiso serio, capaz de atraer el interés y los favores de quienes sin ser de aquí se adentran en este mar de sirenas. Pero seamos cautos, acompañemos nuestro combate crítico y dialéctico de la sabia virtud de la prudencia. Preguntémonos al modo socrático qué es lo que quiere decir realmente Otegi cuando habla de ideas tan elevadas como las de libertad y de paz. ¿Qué entiende por paz? ¿Cómo se alcanza la paz? El líder abertzale lo tiene claro pero es necesario explicar con rigor lo que nos quiere decir, entenderlo quizá nos ayude a saber tomar partido en tanto que ciudadanos comprometidos con el interés general del país al que pertenecemos.

El razonamiento que se nos ofrece obedece a un encadenamiento lógico impecable. Es un procedimiento deductivo, en forma de cascada que va de unas premisas asumidas como indudables y que han de conducir, al margen de cualquier sindéresis que se precie, de cualquier sabia distinción entre lo que está bien o lo que está mal, a la conclusión deseada: la paz. Ni el mismo Aristóteles podría ponerlo en cuestión si no fuese por la ambigüedad semántica que se esconde tras la idea mito, en este caso dominadora y confusa, de paz.

La paz que se nos ofrece parte de un postulado que no es posible cuestionar ni demostrar: España no existe, luego su “aquí” es algo diferente, es algo étnicamente puro, diferenciador, original, auténtico, prístino y que como colectividad no es otra cosa que una ficción llamada Euskal Herria homogeneizada en torno a un patrimonio lingüístico común (las llamadas siete provincias vascas que a no ser en su imaginario colectivo jamás existieron como entidad política, y menos como entidad nacional con soberanía en el conjunto de los ciudadanos vascos). Con la lengua como herramienta de diferenciación resulta más fácil crear estructuras de estado independientes, con la lengua el ideal se materializa en lo cotidiano, el ideal se hace carne.

Al amparo de su coartada ideológica y con la mirada puesta en un futuro que él y otros elegidos como él logran vislumbrar, los nuevos ciudadanos, una vez recuperado un patrimonio oculto bajo el poder distorsionador, devaluador,  del estado opresor español, serán por fin libres, no habrá obstáculos que puedan impedir su realización, su proyecto emancipador triunfante podrá iniciar un proceso de afianzamiento de un presente esta vez presidido por la paz. Y ahora la paz será la paz auténtica, una paz emanada de una realidad política republicana y socialista una vez se haya superado la fase presidida por el antagonismo de clases justificado por el sistema de producción capitalista y se haya abolido la propiedad privada. Será una paz democrática y quizá en el límite no representativa, sino directa y ejecutada a través de comités o soviets versión posmoderna, una paz que permitirá que sus ciudadanos se entiendan y puedan llegar a consensos que materialicen en forma de buen argumento el llamado interés común que ha de presidir toda forma recta de gobierno, claro está siempre y cuando se expresen en euskera o en inglés.

En definitiva, en Europa y fuera de España su paz, en España y fuera de Europa su beligerancia, o lo que es lo mismo: en la implosión de España su paz y nuestro no ser político actual. En esta división no se suma, simplemente todos perdemos cotas de soberanía (ellos y nosotros), además de debilitarnos como país frente a terceros estados-nación internamente unidos en el seno de esta lucha sin cuartel por la supervivencia y la estabilidad que es la Unión Europea.

 

 

La banalización del fascismo, un mal

Fecha: 23 abril, 2018 por: dariomartinez

Mussolini capta a las masas

Atado por la memoria, hoy aspiro a saber qué es el fascismo. Mi memoria me sumerge en el presente, me expulsa de la historia (ésta empieza cuando acaba la memoria, nos decía Herodoto). Con la mochila de lo que pude intentar entender me acopié de lo imprescindible para poder saber que el fascismo no es una broma, si acaso una pesadilla hecha realidad que puso a las puertas de muchos hogares al mismo Hades.
El fascismo fue un movimiento político que ha de entenderse como enfrentado al comunismo, principalmente por su condición de ateísmo no disimulado y su interés por eliminar, en favor de la igualdad, toda división social que ilegítimamente privilegiara a un grupo de individuos frente a otros. Ha de entenderse también como enfrentado al sistema de producción capitalista con su respectiva coartada ideológica: la democracia. El movimiento fascista, a grandes rasgos, apuesta por un liderazgo carismático perfectamente reconocido, especialmente por las masas; la existencia de un partido único entendido no como un partido al uso sino como un movimiento, como un organismo; un procedimiento en el ejercicio del poder rigurosamente jerarquizado y fiel, la estructura del poder de arriba abajo es incuestionable, tanto en situaciones políticas dominadas por la estabilidad, como en situaciones políticas dominadas por la excepcionalidad; una puesta en escena interesada en la captación del público asociada a una representación perfectamente preparada, maestros en el uso de discursos emocionales dirigidos a los males más perentorios del auditorio de turno, para después identificar a los culpables y proclamar sin dudar la solución final a sus males, solución que legítimamente puede pasar por el uso de la violencia gratuita; falta de fisuras, así la uniformidad ideológica ha de ser vista, se promoverá incluso la necesidad de una militancia que se haga ostensible, más allá de lo meramente privado, y para ello es imprescindible un vestuario compartido: camisa parda, camisa negra, camisa azul, saludo brazo derecho en alto y mano extendida, etc.; cada forma de fascismo se adecuará a su nación, el nazismo alemán al privilegio de la raza, el fascismo italiano a su otrora grandeza imperial, el falangismo español al catolicismo dominante de las zonas rurales de nuestro país; por último, anula la elección periódica de los representantes políticos por ser una cuestión prescindible y a la vez un mecanismo de legitimación irracional de la mediocridad en forma de ignorancia o simple vulgaridad.

En definitiva, etiquetar a alguien de fascista supone algo muy serio, muy alejado de la trivialidad o de la ocurrencia del iluminado de turno. Al generalizarlo desvirtuamos el fascismo, al desvirtuarlo lo acabamos ignorando, y cuando el monstruo pueda otra vez volver a asomar sus garras, la mayoría, impregnada del insano hábito de la desafección, simplemente no se enterará o lo que es peor: ayudará con su acción inconsciente a que prospere.

La Sra. Colau, alcaldesa de Barcelona, debería procurar cuando menos ser prudente, no vaya a ser que con su soberbio no saber logre un propósito que en principio creemos que nadie desea. Y no olvidemos que disentir de su doctrina ideológica no significa ser fascista, de no ser así estaríamos abocados a tener que considerar a la Sra. Colau una iluminada en posesión de la verdad política, eterna e impecable, que la podría habilitar a considerar al otro, al que no piensa como ella, como un antidemócrata sobre el que es fácil mostrarse implacable.

Darío Martínez Rodríguez, Pola de Siero

¿Qué pasa con la violencia?

Fecha: 9 abril, 2018 por: dariomartinez

¿Qué pasa con la violencia?
7 de Abril del 2018 – Darío Martínez Rodríguez (Pola de Siero)

Los jueces alemanes lo tienen claro, la violencia del anterior presidente de Cataluña no logró doblegar al Estado, luego su acción no es condenable. Es una cuestión hermenéutica sobre qué entienden por violencia. Parece obvio que su interpretación oscila entre el ser o el no ser, no hay grados de violencia cuando el asunto del que se trata es el de un delito de rebelión o en el código penal alemán de alta traición. Es una cuestión de carácter ontológico, esencial. Desde sus presupuestos, sí podemos entender como un acto de rebelión el golpe de estado perpetrado el 23-F dado que 347 de los 350 diputados presentes en el Parlamento español se doblegaron ante las amenazas más que violentas e irracionales del teniente coronel Tejero. En el caso de que no hubiese sido así, es decir, que por ejemplo sólo tres se hubiesen doblegado, el acto de Tejero al no haber coaccionado a los representantes políticos del Estado hubiese podido ser considerado como no violento. Cuando menos resultaría una decisión curiosa, cuando no sorprendente, por estar, según creemos, en las antípodas de la razón, la cobardía pasaría a ser virtud y el compromiso político con España pasaría a ser inmoral.

El asunto se ha de centrar en la idea de violencia. Pero, ¿qué es? Rastreando en la tradición griega, hoy por cierto ninguneada, con el mismo Aristóteles, se puede decir que “hay violencia y coacción siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos; y no hay violencia desde el momento que la causa es interior y que está en los seres mismos que obran”. ¿Esto significa que siempre ha de ser como democráticamente se cree irracional y condenable? Ni mucho menos, y esto contra los fundamentalistas democráticos, en muchas situaciones el ejercicio de una buena labor, de una labor justa, requiere por parte de quien ostenta la autoridad del ejercicio de la violencia con el fin de obligar al que voluntariamente no quiere a hacer aquello que le puede resultar más beneficioso, así al orientarlo hacia la virtud de la sabiduría (ahora nada menos que con Platón, ¡casi nada!, se entenderá como un acto que permite sacar al esclavo, al satisfecho y que no sabe, de la caverna); por ejemplo, el profesor en el aula ha de obligar al alumno, ha de ejercer su autoridad navegando entre el ordeno y mando y el mero consejo, siendo consciente de que el alumno hoy atesora en líneas generales una tendencia natural al reposo, al no hacer, a vivir conscientemente y plenamente satisfecho.

Volviendo al tema. Las acciones emprendidas por el anterior gobierno de Cataluña, ¿hicieron que se doblegara el Estado? Parece que no, sus capas conjuntiva, basal, y cortical permanecieron esencialmente inalteradas, con variaciones pero no de carácter irreversible. Los jueces alemanes están en lo cierto. Ahora bien, ¿lo que hicieron los ciudadanos catalanes en ese momento de tensión derivado del 1-O obedeció a una causa exterior a ellos o no? La respuesta está en cada uno de nosotros, somos tan soberanos como ellos en tanto que ciudadanos españoles para juzgarlo. Me pregunto, con dicha acción temeraria liderada por el Sr. Puigdemont, ¿mejoró la convivencia en Cataluña?, ¿mejoró su situación económica?, ¿disminuyó la tensión?, ¿introdujo, como haber propio de su acción política, un conjunto de soluciones parciales a los problemas de los catalanes que permitiese hablar con sentido de un mayor grado de estabilidad?, ¿hizo posible que se pudiese hablar de cualquier asunto y libremente en Cataluña?, ¿se garantizó la libre circulación por la comunidad autónoma de Cataluña de personas y mercancías? En definitiva, y ahora apuntando a los jueces alemanes: ¿lo que obligó a hacer lo que hicieron muchos ciudadanos en Cataluña y muchas empresas, sin llegar a doblegar al Estado, es voluntario u obedece a causas externas a ellos, es decir a coacciones ajenas a la ley? Cada lector es libre de responder y por supuesto juzgar.

Darío Martínez Rodríguez, profesor, Pola de Siero

Guardiola se sabe la lección

Fecha: 28 febrero, 2018 por: dariomartinez

Guardiola se sabe la lección

Sublimes las recientes declaraciones del entrenador del Manchester City. Nos implora nuestra comprensión. Para ello defiende a los fugados de la justicia española y a los presos preventivos por orden judicial del proceso secesionista catalán, entendido como mecanismo pergeñado para destruir España como estado-nación políticamente reconocido en los foros internacionales de más prestigio, apelando a su humanidad y a la humanidad de sus paisanos. ¡Qué derroche de amor al prójimo! Llega al corazón, lo conquista. El público inglés y gran parte del español sin duda mostrarán su admiración o al menos su empatía por tan en apariencia dulces palabras de un entrenador tan comprometido con los Derechos Humanos. Pero en realidad, más allá de toda apariencia ¿qué hay?, ¿qué argumentos articular en forma de discurso bien entretejido que permitan desenmascarar al astuto Guardiola? En clave filosófica y política lo que nos dice es lo siguiente: él no es español, él es humano y por lo tanto persona, y los que defiende tampoco son españoles, son humanos y por lo tanto personas, es decir, niega en términos políticos su condición de ciudadano español y por supuesto la de quienes están perseguidos por la ley y que él defiende, y lo hace porque está firmemente convencido de que España no existe, de que no existen los españoles sino los catalanes, los murcianos, los andaluces, los vascos, etc., y no existen porque siendo españoles están muy lejos de poder ser humanos y mucho menos personas ya que dicha condición viene dada por la pertenencia a una comunidad entendida en términos identitarios y culturales que se agrupa alrededor de la etnia (Fichte lo llamaba estado de cultura), luego fuera de la etnia uno no es ni siquiera humano o si acaso un ser humano inferior. Tritura la especie, ser español, en el género, ser humano, y hablando en coordenadas exclusivamente éticas lo que se está escondiendo es que la condición de ciudadano español en tanto que miembro de España simplemente no existe.

Quizá se leyó a Pi Margall: “antes que español, hombre, pese a quien pese”. ¿Diría lo mismo si dijésemos: “antes que catalán, hombre, pesa a quien pese”?

Alicia Forever

Fecha: 7 febrero, 2018 por: dariomartinez

1.- Entusiasmo y utopía: el fenómeno Obama

Hay eslóganes ampliamente asimilados en nuestra sociedad y que gozan de una buena salud. De su actualidad erróneamente se puede derivar su originalidad. Se reconoce su fuerza persuasiva desde los albores de nuestra tradición cultural, ya el sofista Gorgias hacia gala de ello en su glosa dedicada a Helena, en ella presagiaba el poder demoledor de la palabra en el seno de una democracia. La demagogia se hacía fuerte allí donde debía triunfar el discurso con sentido. En el quehacer de la política la verdad, el bien y la razón se ausentaban de la vida de los atenienses. Los discursos paridos por la reflexión filosófica eran sustituidos por los más directos y atractivos mensajes sofísticos, sus discursos apelaban a las emociones, a los sentimientos, iban directamente al corazón de los ciudadanos. Ganarse el interés de la mayoría era ganarse el poder. Pero el ardid consistía en eludir el compromiso político en favor de la eutaxia de la polis y de la formación de buenos ciudadanos, esto provocaba tensiones internas en la polis ateniense o distaxia y además daba como resultado poco afortunado el de la formación de ciudadanos satisfechos. En este marco de irracionalidad el desafío de Sócrates resultaba incómodo, tanto que pagó con su vida. Su propuesta reflexiva trascendió su época, no logró ser acallada. Hoy existen abundantes figuras comprometidas con la crítica filosófica, pero a diferencia del más ejemplar de los ciudadanos atenienses, no logran acceder con su mensaje a los sectores más directamente implicados en el control político de la sociedad. Si el medio era la palabra en el espacio público o en la misma casa del aristócrata Calías, hoy es básicamente la TV, y quien no acceda a ella está fuera del juego político. En ella domina la imagen junto a la palabra. En ella domina un trabajo entre bastidores encomiable en el que se selecciona la imagen deseada y se selecciona el mensaje más atractivo; el público o consumidor de TV es el que manda {1}. A los expertos encargados de captar la atención del público del que dependerán no les falta perspicacia.

La atención de nuestro artículo gravitará sobre estos constreñidos enunciados capaces de lograr con tan poco un efecto tan potente, o con Espinosa tan real, como es el de canalizar en la dirección deseada las energías voluntarias de sus receptores, ya sean en forma de electores, consumidores o de ciudadanos que deben apoyar un proyecto deportivo de la magnitud de la organización de unos juegos olímpicos. Son simples chispazos de atracción, instantes de deseos que automáticamente parecen aproximar a muchos de aquellos que inicialmente no sólo presentan diferentes inquietudes, sino que públicamente muestran ideologías políticas irreconciliables, ya sean estas de izquierdas o de derechas, o incluso credos abiertamente hostiles. Dulce aproximación que no requiere más esfuerzo que el del entusiasmo de cuya naturaleza Tresguerres da buena cuenta:

«Porque es un hecho que no resulta raro que el entusiasmo ciegue, que distorsione la realidad y el relieve de las cosas, haciendo perder, a la vez, toda capacidad crítica, pues si bien es verdad que supone un importante estímulo para la acción, sea especulativa o práctica, también lo es que si la razón titubea en gobernarlo, tal acción puede emprender un camino independiente de ella, y no sólo sin la razón o al margen de la razón, sino incluso contra ella: puede el entusiasmo engendrar –digámoslo de una vez— la más absoluta y completa irracionalidad» {2}.

Se persuade a la gente, a los ciudadanos de un estado, con el fin de gestionar una mercancía asumida como necesaria o con el objetivo de que participe decididamente de un proyecto político escatológico.

 

En estos momentos se espera que de las políticas económicas americanas arrecie la tan esperada superación de la crisis {3}; gran parte de la sociedad norteamericana, al menos la que voluntariamente votó al candidato demócrata, parece haber respondido con entusiasmo al atractivo llamamiento del que hoy es su actual presidente: “ Yes we can”, al carecer de verdadero contenido logra cuajar con relativa facilidad en la idiosincrasia norteamericana, cada uno puede añadir lo que quiera, cada uno puede entenderlo como más le convenga, y así todos y cada uno de los ciudadanos estadounidenses participarán libremente de un proyecto común que está por definir. Los votantes norteamericanos equipados de la dosis precisa de entusiasmo se transformarán en devotos defensores de un ideal político sin definir, se aproximarán a él a través de una fe firme en un líder carismático. Se eludirá la razón, la crítica se ausentará, y la nueva realidad se tornará por fin accesible. Pero esta falta de precisión no es gratuita. El que hasta hace muy poco era candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos erigía su campaña electoral sobre una realidad cuestionada bajo el mandato republicano de George W. Bush: la del liderazgo político y económico como nación y miembro más destacado de la OTAN (Francia aunque miembro destacado persevera en su autonomía y así se permite el lujo, todo hay que decirlo con la intención de favorecer sus propios intereses, de sellar contratos militares millonarios con la emergente China) ; dicho de otro modo, el actual mundo globalizado necesitaba un país que capitaneara e intentara dar solución eficazmente a todos y cada uno de los proyectos mas acuciantes del momento, requería por tanto la presencia clara de una pujante potencia económica, militar y política, de una unión de naciones que compartiesen un interés común garante de su bienestar en forma de democracia homologada y con fundamento en un consumo continuado de sus ciudadanos (hoy entendido desde una posición políticamente correcta como responsable, lo que viene a querer decir que hasta la fecha era irresponsable, o sostenible, lo que viene a querer decir que hasta la fecha era insostenible y para recordárnoslo con todos los medios tecnológicos a su alcance está el que fuera vicepresidente de las administración Clinton y premio Nobel de la Paz Al Gore; la nueva senda productiva debe ir por otros derroteros y debe ser mucho más selecta, es decir, alojará a todas aquellas potencias económicas que acrediten un elevado grado de desarrollo tecnológico, o lo que viene a ser los mismo, a todas aquellas economías del primer mundo que no se pueden permitir el lujo de perder un ápice de su mordida consumista en favor de las economías emergentes de China y la India cuyas poblaciones suman una tercera parte de los potenciales compradores). Este liderazgo internacional sólo cobra pleno sentido si se entiende como imperio, categoría política académicamente en desuso {4} pero que explícitamente se reconoce en ejercicio. El pueblo norteamericano vio en Obama esta capacidad de liderazgo, y reconoció en él su apelación a la participación activa de sus proyectos. Cada uno de ellos se encontró con la posibilidad de inmiscuirse como parte protagonista de un plan de alcance global, un plan confuso, y más concretamente, utópico dado que se le reconoce la dificultad de su real materialización; supondrá tiempo, sacrificios (soldados recibidos con honores en ataúdes y cubiertos con la bandera nacional, incremento presupuestario para el mantenimiento de un ejercito colosal que ronda una cifra que va más allá del medio billón de dólares anuales), que acarreará momentos de duda ciudadana reflejados en las bajadas de popularidad como presidente registradas a través de las encuestas, esfuerzos jurídicos de lenta tramitación y de difícil encaje legal como el de la base militar y centro penitenciario situado en el terreno alquilado de la isla de Cuba, hablamos de Guantánamo, &c. Así pues, un plan que simplemente exigía de los ciudadanos norteamericanos buenas dosis de entusiasmo, es decir: desconocimiento racional del alcance real de la maquinaria que iba a ser puesta en marcha. Como fuente de inspiración los sentimientos o si acaso la intuición de no se sabe qué pero que se entiende como verdadero, una puesta en escena de una filosofía espontánea al alcance de todos, reflexión laxa que permite a los ciudadanos norteamericanos aproximarse o vislumbrar tímidamente la meta del proyecto a ejecutar pero que, al mismo tiempo, nos ofrecen un desconcierto generalizado ante las variables y dificultades que se van a ir abriendo en el camino. Dicho proyecto es en sí mismo utópico porque en su desenvolvimiento se confía en la consecución de una paz perpetua al modo kantiano {5}, es de algún modo la nueva Ciudad del Sol de Campanella pero esta vez aquí en la Tierra, y es un intento que menoscaba otros intereses, otros proyectos utópicos enfrentados y que quieren cobrar vida a través de mecanismos tan violentos como los de los fanatismos islamistas, fundamentalismos tan irracionales que habilitan moralmente a sus fieles a actos terroristas en los que su vida, el mantenimiento de su cuerpo, es prescindible, acto tan poco firme y tan poco generoso éticamente que sólo merece nuestro más contundente desprecio{6}; estos y otros enemigos declarados lo ven como un nuevo orden mundial liderado por una norteamérica que ofrece paz a cambio de control económico en forma de capitalismo controlado y limitado por instituciones democráticas diseñadas ad hoc. Hegel, ya en el siglo XIX, nos advertía de este fenómeno de dominio del pueblo a través de lo irracional y más concretamente de los sentimientos y de la intuición, si bien pensando en las limitaciones kantianas en el orden moral y religioso, limitaciones que sólo dejaban un pequeño resquicio a las ilusiones trascendentales pero necesarias y con fundamento en la razón práctica, que no teórica dado que sólo logra establecer verdades apofánticas o sujetas a perpetuo debate, y en la libertad en tanto que seres humanos, barreras a la razón teórica que el sistema holista del más fiel de los filósofos prusianos {7}, no estaba dispuesto a aceptar, de este modo señala Hegel:

“La intuición y el sentimiento coinciden en ser conciencia irreflexiva. Contra esto debe hacerse resaltar que el hombre es un ser pensante; que se diferencia del animal por el pensamiento…El sentimiento es la forma menor que un contenido puede tener; en ella existe lo menos posible. Mientras permanece tan solo en el sentimiento, hállase todavía encubierto y enteramente indeterminado. Lo que se tiene en el sentimiento es completamente subjetivo, y sólo existe de un modo subjetivo” {8}.

La renovada confianza en un líder imperial como Obama encuentra pleno sentido si somos capaces de entender que en la dialéctica política se persigue el buen orden o eutaxia de los estados y este objetivo pasa por la necesidad de garantizar bajo el paraguas de las democracias occidentales el consumo masivo, dicha estrategia, por tanto, pasa por controlar indirectamente al nuevo gigante asiático: China {9}. Pero que el nuevo inquilino de la Casa Blanca lograra el apoyo incondicional de muchos de sus compatriotas y de otros ciudadanos que sin ser de allí participaran con entusiasmo de ese mismo proyecto, especialmente los europeos {10}, no excluye para nada la posibilidad de que otros mandatarios presos de ese mismo interés por atraerse la voluntades de la gente se percatarán de la necesidad de apelar a lo más irreflexivo, a los sentimientos, con el fin de garantizarse sus simpatías.

2.- De la razón al sentimiento nacional

Asistimos en España al descuartizamiento más prolongado y consensuado desde el inicio de nuestra joven democracia de la razón. Pero, ¿qué entendemos por razón? Brevemente, operar humano {12}, ya sea este en el sentido del hacer, del construir siguiendo reglas bien definidas de actuación encaminadas a la supervivencia o a la verdad como pueda ser el caso de la ciencias (reconociendo en las humanas un grado de complejidad más elevado dado que en dicho orden se incluyen las operaciones apotéticas de los sujetos, operaciones de imposible neutralización, v.g. las ciencias jurídicas, en las que a la verdad se añaden contenidos prácticos como el bien, la justicia, la libertad, &c). En ellas las operaciones son depositarias de rigor lógico y permiten ordenar, clasificar, discernir, en definitiva construir parcelas de la realidad cada vez más amplias, conociendo sus mecanismos causales y sus estructuras formales con el fin de triturar las apariencias y mostrar su naturaleza infecta, histórica y en perpetuo proceso de transformación. Pero también son propios de la razón otros saberes tan heterogéneos como los políticos, los religiosos, los artísticos, los tecnológicos, &c., cuya cota de verdad es más discutida y al mismo tiempo más permeable a la irracionalidad. Y a su lado, y siendo la otra cara de la moneda del ejercicio de la razón que queremos mostrar, la filosofía como deshacer dirigido y comprometido con la inhabilitación reflexiva de todo presunto saber que se muestre como definitivo, incuestionable o simplemente como dogmático; el enemigo del fundamentalismo, ya sea este religioso, político, científico, o mismamente filosófico, obliga a la verdadera filosofía a perpetuarse en su papel de tábano socrático.

“El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación. La Constitución Española, en su artículo segundo, reconoce la realidad nacional de Cataluña como nacionalidad” {13}.

Con esta reliquia pseudojurídica se intenta materializar una idea de estado-nación que si bien en ciernes sólo necesita del reconocimiento del resto de los socios de la Unión Europea para ponerse en marcha. Las consecuencias que de aquí se pueden derivar es mejor no atenderlas, pero sí cabe decir que sería interesante que muchos de los dirigentes encargados de pilotar la nave del Estado (en este caso el español y en tanto que reconocido internacionalmente y con asiento en la ONU también la nación) se percataran, bajo el abrigo de la prudencia, de las posibilidades que se abren y de los peligros que encierran para su eutaxia. Atendiendo al contenido de la cita inicial de este apartado, por lo pronto nos percatamos del alto grado de irracionalidad romántica que lo envuelve. La nación no es otra cosa que un sentimiento colectivo impregnado de deseos ajenos a la razón. De hecho se asocia dicho sentimiento a una supuesta voluntad libre capaz de ajustar su alcance a un territorio con fronteras bien definidas o nación con existencia propia {14}, de esta espontánea voluntad brota una realidad identitaria en forma de espíritu del pueblo o lengua común, en nuestro caso evitando la lengua española, que necesita cristalizar en forma de derecho positivo para adquirir su condición de ser, de ser entendido como realidad y por tanto como racionalidad y verdad. Este proyecto político arropado en su misma raíz de contenidos claramente irracionales cala sin una mínima crítica rigurosa en los ciudadanos, y no sólo eso, sino que además logra disponerlos entusiásticamente en la consecución del mismo. De momento permanecen garantizadas las normas mínimas de convivencia, al menos con respecto a Cataluña {15}, si bien a la espera de lo que dictamine el Tribunal Constitucional, órgano que parece mostrar recelos jurídicos si se le otorga la condición de nación a Cataluña dado que automáticamente la soberanía no residiría en el conjunto de la nación española sino en cada una de las partes que constituyen el Estado español, o lo que es los mismo: no existiría España como totalidad distributiva sino como totalidad atributiva, dando lugar a que cada Comunidad Autónoma actuase en función de sus intereses y lógicamente al margen de los intereses comunes de España como nación que compite junto a otras naciones, ya sean europeas o no, por su bienestar, lucha que podríamos entender en términos biológicos como una biocenosis {16}. Pero dicho entusiasmo no tiene la cualidad de detenerse en el conjunto de la ciudadanía catalana, avanza hasta las más altas esferas del poder y una vez allí se instala y acomoda en una ideología que por su estructura es capaz de hacer encajar cualquier cosa; forma de pensamiento presa de la estructura de un partido, el socialista, imposibilitado para enfrentarse racionalmente al nuevo reto de la organización del Estado, partido que desea trasladar al conjunto de la sociedad española su estructura federal, propuesta que cuenta con el aliento de muchos de los intelectuales, v.g. Juan Luis Cebrián entre otras figuras públicas destacadas, más afines y que se muestra, ya no miope, sino ciega ante el hecho de que la vertebración del estado federal pasa necesariamente por la cesión de soberanía de aquellas regiones, naciones étnicas, o actualmente Comunidades Autónomas, en favor de una entidad política al abrigo de un proyecto común como nación. Y ciega o simplemente infantil cuando se quiere dar a entender que el concepto de nación es un término vacío de contenido, se supone racional, y dada esa presunta realidad, al menos en sentido jurídico, tan poco perniciosa como los actos de un infant@ (Alicia por ejemplo) {17}. Esta perspectiva de corte nominalista le permite al actual inquilino de la Moncloa atravesar el espejo y adentrase en lo que el considera el nuevo mundo real sin el más mínimo esfuerzo intelectual, o sea intuitivamente, gnósticamente. Pero la realidad se muestra tozuda y ahora la problemática, tras atravesar el itinerario político por la vía del referéndum popular, tras ser aprobada por la mayoría de los representantes políticos catalanes y españoles en sus respectivos parlamentos, nos conduce a la reapertura de un debate que en estos momentos de crisis económica y elevada tasa de paro debería ser sino innecesario si al menos secundario.

 

3.- Ciudadanía europea: el advenimiento de un proyecto común. Alicia y Madrid

¿Qué proyecto logra atraer el interés común de la mayoría de las diferentes fuerzas políticas españolas? Aunque por muy diversas razones la apuesta es clara: la construcción política de Europa. El proyecto es viejo y cobró vida con el fin del Antiguo Régimen. Del rey la soberanía pasa a la nación, pero en un primer momento la verdadera nación no es otra que la francesa. Su constitución así lo determina, pero a la vez no deja claro a quién va dirigida, y no queda claro porque se homologan los derechos humanos a los derechos de los ciudadanos franceses; de dicha constitución brotará una interpretación tan ambiciosa como crucial para el devenir del conjunto de las que posteriormente serán las diferentes naciones europeas. Napoleón quiere trasladar dichos derechos de ciudadanía a todos los europeos, desde Berlín a Lisboa, desde Londres a Moscú. Las guerras napoleónicas serán el primer intento serio de trasladar los ideales de la revolución francesa, los ideales de la ilustración, al conjunto de los ciudadanos europeos. Ciertamente sucedió que dichos ideales, entendidos como esferas de verdad absoluta, necesaria y universal, no podían ser asimilados por aquellos que simplemente no existían; no había tal ciudadanía europea, lo que muchos filósofos del momento vieron como un avance de la razón, caso de los alemanes o de muchos intelectuales españoles, no era más que el firme propósito de extender la ciudadanía francesa al conjunto del continente europeo, al conjunto de unos nuevos ciudadanos que antes que franceses, o lo que es lo mismo ciudadanos europeos, eran ciudadanos alemanes o españoles. Las diferentes guerras contra Napoleón mostraron bien a las claras que la Europa que se ofrecía no era otra cosa que una sinécdoque de Francia, una nueva entidad política postestatal pero con capital en París, con el francés como lengua vehicular de la razón, de la filosofía, de la ciencia, del arte, &c. El proyecto fracasa con Napoleón pero la propuesta sigue viva. El testigo es recogido por el alumno que fuera en su momento más aventajado: Alemania. A dicha estrategia ayuda su privilegiada situación geopolítica, ocupa el corazón de Europa. El romanticismo enciende la mecha de la expansión alemana por todo el continente. Es la nueva nación alemana la depositaria de lo mejor del espíritu de un pueblo, es ella la nueva luz de la razón, es ella la cuna de la libertad en forma de ruptura del yugo del sacro imperio romano, es, pues, ella la que debe dirigir los destinos de los ciudadanos europeos {18}, de la civilización europea que tanto entusiasmó a Ortega. Nietzsche avanzó alguna idea, pero sobre todo parió un conglomerado ideológico en forma de filosofía intencionadamente no sistemática, crítica, embriagada de aforismos capaces de albergar los intereses más dispares y de servir de coartada al mejor postor. La ideología nacionalsocialista pretenderá marcar el rumbo de Europa, de la Europa de los pueblos, de la federación política de las naciones étnicas lideradas por su líder natural. Sería el momento de la superación definitiva de los estados-nación, sería el momento de la verdadera Alemania, de la ciudadanía alemana o lo que es lo mismo, de la ciudadanía europea, primero étnicamente pura y luego políticamente real.

¿Qué nos queda hoy? Una Europa que tiende a la fragmentación y una Alemania que tiende, como única excepción en toda Europa, a la unificación {19}. Desintegración que no desagrada a las grandes potencias europeas cuando el asunto se circunscribe a España. Desde el Reino Unido se garantiza un apoyo decidido a la difusión y al conocimiento del inglés, quizá con el tiempo se reconozca como lengua oficial en Euskadi o en Catalunya dado que siendo futuros miembros de derecho de la Europa de los pueblos el español resultará ser una mera reliquia cultural o simplemente la lengua de un estado ya superado y que por cierto se considerará que nunca existió como nación. Desde Francia hasta hace bien poco se confiaba pasivamente en la desintegración de España vía desestabilización terrorista; ETA encontraba en Francia algo más que un refugio para sus comandos. Y podría entonces entenderse la actual cooperación franco española en el campo de la lucha contra el terrorismo etarra como un intento real de frenar los proyectos hegemónicos alemanes. Hoy Alemania es la nación europea que más fomenta el catalán en sus fronteras, tal vez porque sea en ella donde más interés despierta el español.

Históricamente la lucha por la vida de las diferentes naciones europeas es obvia salvo que se quiera ver como una entidad depositaria de los valores más nobles que han recorrido su historia, o bien, que se quieran ocultar con un alarde sin parangón de desmemoria histórica las guerras que siempre fueron protagonistas de la presente Europa. Virtudes prácticas que por arte de birlibirloque han podido desprenderse de toda contaminación de estirpe cristiana, se acude para ello al auxilio de Rousseau y su buen salvaje como depósito ideal del proyecto ético europeo, ser solitario, bípedo, en plena sintonía con la naturaleza y que tras los avances paleontológicos del pasado siglo no nos queda otro remedio que identificar con el Pithecantropus erectus, y también al auxilio de un Kant tan riguroso en su formalismo ético que sólo encuentra como fundamento práctico una idea ilusoria como la de Dios, tan débil que puede ser sin más sustituida por cualquier otra idea: la nación, la sangre alemana, la ciudadanía europea, &c; los resultados éticos kantianos también los podemos interpretar como desalentadores, y esto porque la razón sólo está habilitada para fundamentar la práctica humana en una idea tan vaga como la de la idea de Dios. Obtenemos, pues, un individuo prácticamente desprovisto de razón pura práctica, un individuo natural sin ciudadanía, o mejor aún, ciudadano de todos los sitios y que no acaba de encontrar su sentido de la vida. E insistimos, a pesar de que se supone la inexistencia de cualquier mácula de raíz cristiana en el orden ético y moral, se protegen con celo muchos de sus monumentos en tanto que fuente capaz de satisfacer las necesidades estéticas de los nuevos ciudadanos europeos. Se deben conservar como centros de interés turístico pero también como triunfos de la razón ya que ha sido ella, su laicismo, su agnosticismo de corte relativista y que suspende el juicio crítico ante cualquier manifestación supranatural, no así ante toda aquella manifestación que lleve la etiqueta de católica (religión terciaria, monoteísta y que cuando menos ha pasado el largo filtro de la tradición escolástica y de la ciencia moderna, filtro que ha servido para depurarla, obligándola a replegarse frente a otros saberes más potentes, pero que también ha servido para darle un mayor grado de racionalidad {20}), la que ha construido un verdadero entramado de valores éticos y morales comunes para todos los ciudadanos europeos, valores tan indiscutibles que simplemente necesitan mostrarse vía enseñanza pública. No obstante, el resultado no es tan edificante, se confunde ética y moral, se sobreentiende lo que quiere decir solidaridad, no se sabe qué es un ciudadano europeo, se asume irreflexivamente la idea de paz (basta con preguntar qué paz y el interlocutor queda totalmente desconcertado), pero eso es lo de menos. Quizá con un número de acólitos bien entrenados sea suficiente, quizá con la eliminación paulatina de todos aquellos profesores de la enseñanza que puedan resultar molestos también, muchos del gremio filosófico que no quieren para nada doblegarse a fundamentalismos de corte tribal {21}.

En esta Europa inexistente, expuesta como la única utopía creíble es donde se ahogó el irracionalismo de los responsables directos de la oferta de Madrid como candidata a la organización de los Juegos Olímpicos del año 2016. Tras un duro golpe como candidata para los juegos del año 2012, duro porque se apostó fuerte y sobre todo porque se compitió con la cabeza fría, o sea, reconociendo las posibilidades de éxito que tenía una ciudad europea; el viejo continente se decantó por Pekín para el año 2008, era lógico pensar que China y muchos países asiáticos se volcasen con una ciudad europea para la celebración de los juegos del año 2012. Londres venció y lo hizo en la final frente a París, siendo Madrid la tercera en discordia. Por entonces se decía que de haber superado ese penúltimo corte Madrid se hubiese hecho con la victoria. Se fue a la final con los deberes hechos, las instalaciones en marcha, el beneplácito de la ciudadanía madrileña y por extensión de la española, con los problemas de la ausencia de mar resueltos al contar con Valencia, una ciudad que se estaba preparando como merecía la ocasión y que fue sede de un acontecimiento de interés mundial como la Copa América de vela. Tras esta vicisitud, difícil de superar, se decide competir nuevamente por la organización de los Juegos Olímpicos de 2016. París con más dosis de racionalidad decide dejarlo para mejor ocasión. Moscú junto a Roma hacen otro tanto, son conscientes de que el continente europeo no puede albergar dos acontecimientos deportivos de tal magnitud consecutivos. Sólo se atreve Madrid. La decisión puede resultar racionalmente calculada si se atiende al hecho de que dicha celebración puede ser el mecanismo ideal para sanear las cuentas del ayuntamiento. También tendría sentido porque en el debe de Madrid está el ser la única capital de los grandes países europeos que aún no ha organizado unos juegos olímpicos. Pero esto no se puede decir, es atrevido y poco prudente acudir a dicha cita olímpica como ciudad candidata mostrando todas tus cartas. Entonces, ¿qué pensaban los responsables madrileños con el Sr. Gallardón a la cabeza y con el entusiasmo siempre bienintencionado de las autoridades de la Comunidad madrileña y del Gobierno central? Que Madrid en vista del esfuerzo organizativo y de instalaciones ya puesto en marcha iba a contar con el apoyo de sus socios europeos. Si Madrid, a pesar de las diferencias en el seno de España, de las disputas políticas y de la percepción desde la periferia de que es ella la que somete al resto de las comunidades y no entiende sus inquietudes porque en el fondo no es plural, ni tolerante, ni progresista, cuenta con el apoyo de todas y cada una de ellas para la celebración de dicho evento, ¿por qué no vamos a poder hacer el mismo razonamiento, tan simple como falso, y pensar que el resto de la Unión Europea haría otro tanto? Si todos compartimos los mismos valores, todos somos ciudadanos europeos, todos, a pesar de nuestras diferencias, queremos lo mejor para la Unión y obviamos que cada uno de sus miembros es soberano y vela por sus intereses, y que formamos parte de una comunidad entendida como biocenosis, entonces la ilegitimidad del paso del pensar al ser se hace evidente. Pero dicho fraude a la razón se vendió con el entusiasmo propio de la más simple exposición irracional. Vistos los resultados del líder mundial del momento era fácil pensar que con una estrategia de trabajo semejante se podrían obtener los objetivos deseados. Del “Yes we can” se pasaba al “Tengo una corazonada”, eslogan pegadizo, de un atractivo irresistible, por encima (o por debajo) de cualquier rivalidad política. Alicia acreditaba con creces que gozaba de buena salud, tan buena que incluso se multiplicaba. Si primero tenía el rostro de sonrisa perpetúa de nuestro presidente del gobierno ahora encanecía un poco, se le hacían más prominentes las cejas, se ajustaba unas gruesas gafas y sin más accedía al país de las maravillas, al país de la organización de los Juegos Olímpicos de 2016. Su optimismo era fruto de una realidad que ya se vislumbraba. La razón mostraba claros signos de debilidad debido a su ocultación entre una maraña de sentimientos con forma de corazonadas. Pero dicha predisposición generalizada, dicho optimismo, en absoluto tenía que ver con la realidad, nada más que era un fraude de raíz psicológica disfrazado de doctrina ontológica.

 

Los resultados pueden ser interpretados de muchas maneras, son necesarios pero insuficientes, por lo que se hace necesario equiparse de hipótesis coherentes que den cuenta de los mismos entre otras razones porque la votación de los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) es secreta*.

* El resultado de las tres votaciones fue el siguiente:

Primera Segunda Tercera

Río de Janeiro 26 46 66

Madrid 28 29 32

Tokio 22 20

Chicago 18

Abstenciones 1 1 1

Total 95 96 99

Tras la primera votación celebrada en Copenhague el equilibrio entre las tres candidatas finalistas era más que evidente, sólo seis votos separaban a la candidatura más votada de Madrid de su tercer rival: Tokio. La votación posterior iba a ser ya decisiva. Prácticamente todos, sino la totalidad de los votos de la primera candidata eliminada, es decir, Chicago, fueron directamente a Río de Janeiro. ¿Qué países podemos considerar que apoyaron inicialmente la candidatura estadounidense? El efecto Obama como ya habíamos visto con anterioridad había sido recibido por los dirigentes europeos con gran entusiasmo. Parece plausible sugerir que también habría supuesto en los miembros europeos del COI idéntico efecto. Los 18 votos que por ser insuficientes impidieron continuar a Chicago fueron directamente a parar a la ciudad brasileña (obtuvo como refleja el gráfico 46 votos en la segunda sesión cuya aritmética no deja lugar a dudas, a los 18 de Chicago se sumaron los 2 que pierde Tokio) y estos son votos de los vecinos europeos de Madrid, son votos que presumiblemente provinieran de países como Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, &c, son los votos de una Unión Europea que a bombo y platillo se vende como políticamente unida pero que en la realidad trabaja desunida, esto es, trabaja como una entidad que no logra superar la condición de estado-nación de cada uno de sus socios, que no logra desembarazarse de la necesidad de garantizar el bienestar de los ciudadanos que particularmente representa. Y es esta realidad propia de la caverna platónica la que con pertinaz interés se adueña de nuestros dirigentes y se apodera de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos españoles, realidad dominada de apariencias que impide prever racionalmente muchas de las consecuencias derivadas de los proyectos deportivos puestos en ejercicio. Y no sólo eso, sino que también cancela cualquier propuesta crítica orientada a la verdad, y dicho acto de mala fe se materializa cuando no se reflexiona racionalmente sobre las causas necesarias que puedan dar cuenta de los resultados obtenidos. De este modo, resulta obligado eludir cualquier intento de explicación, a la opinión pública española se le oculta que fueron los intereses particulares de los diferentes estados nación que conforman la actual Unión Europea los que tumbaron los propósitos organizativos de la ciudad de Madrid para las futuras olimpiadas de 2016. Pertenecer a la Europa del Tratado de Lisboa, a la Europa de los burócratas que instalados en su torre de marfil elaboran una Constitución de tocador y a espaldas de los ciudadanos de los diferentes países que la constituyen, significa no cuestionarse, aceptar dogmáticamente, todo aquello que emane de sus adentros aunque en ello se socaven los intereses de los madrileños y por añadidura de los españoles. Cabe suponer que si se acepta la derrota con tal grado de deportividad, aunque sería más justo decir que con tal grado de fidelidad ya que emana de un entusiasmo herido pero francamente activo, nos podrán ver como socios incondicionales. Pero cuidado, y como venimos diciendo desde el inicio del artículo, del lado del entusiasmo y el optimismo no está la razón, la crítica, la verdad, el saber, la prudencia, sino algo que va más allá de la ignorancia, la estupidez, postura esquiva al cambio, al reconocimiento del error, o sencillamente al intento de mejora.

 

{1} Véase Gustavo Bueno. Telebasura y democracia, pág. 195. Eiciones B. Barcelona 2002.

{2} Véase Alfonso Fernández Tresguerres, Del entusiasmo. http://www.nodulo.org/ec/2007/n069p03.htm.

{3} Todos sabemos, sin ser para nada expertos, que la locomotora económica no es otra que EE.UU., si allí se activa el consumo es casi inevitable que la recuperación se traslade también al este del Atlántico. Alemania y Francia ya parece que se han subido al tren, tal vez porque sus exportaciones han iniciado la senda del crecimiento.

{4} Así en su reflexión crítica sobre la idea de Imperio el profesor Gustavo Bueno afirma: “Creemos poder constatar, como cuestión de hecho, que el término «imperio», en sentido político, ocupa en nuestros días, en una tabla de valoraciones, un lugar opuesto al que ocupa el término «nación». En efecto, mientras que el término «nación» y sus derivados, como nacionalista, nacionalismo, etc., se sitúan en los lugares más altos en las escalas de prestigio, el término «imperio», y sus derivaciones, como imperialismo, imperialista, ocupan los lugares más bajos de estas escalas, incluso el lugar ínfimo…, sería ridículo pretender zanjar los problemas en torno a la Idea de Imperio mediante valoraciones de esta índole, como sería ridículo que el «zoólogo pacifista» pretendiese distraer el interés científico por los lobos, en cuanto animales depredadores, en beneficio de las investigaciones sobre las ovejas” Gustavo Bueno. España frente a Europa, págs. 173-174. Alba Editorial. Barcelona 2000. Hoy de los cuentos infantiles se ha adueñado un pacifismo simplón entendido como no violencia, claro ésta que al mismo tiempo se entenderá dogmáticamente y necesariamente como irracional cuando se muestra como violencia, y así el malvado lobo feroz no morirá a monos del cazador que extrae de él a la tierna Caperucita, la salvará sí pero a condición de que perdone al lobo dándole la vida y la libertad que le permita ir al bosque. Aquí el ridículo no es una posibilidad es una constatación que fluye de un manantial de armonismo bienintencionado capaz de impregnar todos los órdenes de la actividad diaria.

{5} “Los ejércitos permanentes -miles perpetuus- deben desaparecer por completo con el tiempo. Los ejércitos permanentes son una incesante amenaza de guerra para los demás Estados, puesto que están siempre dispuestos y preparados para combatir” nos dice el königsbergense pensando más en la paz prusiana que en la universal. Véase Inmanuel Kant. La paz Perpetua, pág. 7. Traducción de Joaquín Abellán. Editorial Tecnos. Madrid 2008.

 

{6} “Una idea que excluya la existencia de nuestro cuerpo no puede darse en nuestra alma, sino que le es contraria (…), el primordial y principal esfuerzo de nuestra alma será el de afirmar la existencia de nuestro cuerpo, y, por tanto, una idea que niegue la existencia de nuestro cuerpo es contraria a nuestra alma”, o también “Referido a la fortaleza de todas las acciones que derivan de los afectos que se remiten al alma en cuanto que entiende, y divido a aquella en firmeza y generosidad. Por «firmeza» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza en conservar su ser, en virtud del solo dictamen de la razón. Por «generosidad» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza, en virtud del solo dictamen de la razón, en ayudar a los demás hombres y a unirse a ellos mediante la amistad. Y así, refiero a la firmeza aquellas acciones que buscan sólo la utilidad del agente, y a la generosidad aquellas que buscan también la utilidad de otro. Así pues, la templanza, la sobriedad y la presencia de ánimo en los peligros, etc., son clases de firmeza; la modestia, la clemencia, etc., son clases de generosidad”. Por tanto, podríamos añadir que los males éticos por excelencia son el suicidio o falta máxima de firmeza, y el asesinato o falta máxima de generosidad. Y esto porque ambas acciones, no virtuosas o cacoéticas, son irreversibles. Baruch de Espinosa. Ética demostrada según el orden geométrico, págs. 194-195 y 242. Introducción, traducción y notas a cargo de Vidal Peña. Editora Nacional. Madrid 1984.

{7} “Cabe preguntarse si no tendríamos razón cuando dijimos que Hegel nos ponía frente a una apología de Dios y de Prusia al mismo tiempo y si no estará perfectamente claro que el Estado que Hegel nos manda que adoremos como la Idea Divina sobre la Tierra es, simplemente, la Prusia de Federico Guillermo que va de 1800 a 1830”. Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, pág 265, Editorial Paidós. Barcelona 2006.

{8} G.W.F. Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, págs 53-54. Introducción de José Ortega y Gasset y traducción de José Gaos. Editorial Alianza. Madrid 2004. Hoy y en la misma línea hegeliana se podría decir: lo que diferencia al ser humano del animal no es otra cosa que la cultura. Seguimos presos del mito de la cultura y a la vez seguimos siendo esclavos de una antropología filosófica mutilada, de una antropología bimembre que ubica en el sinsentido más propio del marxismo vulgar, del positivismo decimonónico o analítico del siglo pasado a toda manifestación humana vinculada con la religión (o la superstición en tanto que meramente irracional).

{9} Para una consulta rigurosa sobre el papel actual como nueva potencia emergente de la República Popular China y su programa político, económico y militar puede verse la revista digital El Catoblepas y concretamente su sección Ante la China. Véase http://www.nodulo.org/ec/

{10} Se barajaba la posibilidad de que el nuevo líder de la Unión Europea, su nuevo presidente, sea el británico Tony Blair. Es obvia la especial relación que tiene el Reino Unido con EE.UU., ambos líderes tienen como lengua materna el inglés, ambos presentan credenciales ideológicas comunes, Blair como militante del partido laborista británico, y Obama como líder del partido demócrata norteamericano, y más importante aún, ambos son conscientes del papel de cada uno de los estados que representa (la Unión Europea debe entenderse como un postestado sin olvidar que la soberanía reside en cada uno de los 27 estados nación que la constituyen a la vez que reside en la nueva ciudadanía europea tras el negociado en los despachos Tratado de Lisboa {11}), el primero como líder global y el segundo como socio fiel y necesario para poder limitar las aspiraciones de liderazgo mundial de la China de Hu Jintao. El resultado fue otro y lo fue por las reticencias de Alemania y Francia. Eligiendo al ex primer ministro británico se le concedía demasiado protagonismo al Reino Unido, así que mejor tomar una solución más equilibrada, el Alto Representante de la política exterior europea pasaría a ser la británica Catherine Ashton y como Presidente de la Unión el belga Van Rompuy, candidato discreto y muy del gusto de los dos dragones europeos.

 

{11} Tratado de Lisboa por el que se modifican el Tratado de la Unión Europea y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, firmado en Lisboa el 13 de diciembre de 2007. Diario Oficial de la Unión Europea 17.12.200. El artículo 17 queda modificado como sigue:

a) En el apartado 1, las palabras «será complementaria y no sustitutiva de la ciudadanía nacional» se sustituyen por «se añade a la ciudadanía nacional sin sustituirla». La cursiva es nuestra.

{12} No es exclusivo del hombre, los animales más próximos a nosotros como demuestran muchos estudios etológicos también son capaces de operar racionalmente. Ellos elaboran a través de pautas normadas útiles rudimentarios: pajas para sorber hormigas, ramajes a modo de cama donde combatir el cansancio, &c., es decir, también tienen cultura extrasomática aunque ésta sea muy elemental.

{13} http://www.gencat.cat/generalitat/cas/estatut/preambul.htm, la cursiva es nuestra.

{14} “De la misma manera que, sin lugar a duda, es cierto que allí donde hay una lengua específica debe de existir también una nación específica con derecho a ocuparse de sus asuntos con autonomía y a gobernarse ella misma” J.G. Fichte. Discursos a la nación alemana, pág. 228. Traducción de Luis A. Acosta y María Jesús Varela. Ediciones Orbis. Barcelona 1984.

{15} En un pasado reciente no era así, allí existía un grupo armado capaz de matar utilizando los métodos propios de una banda terrorista, es decir: actuando arbitrariamente, mostrando una señal de identificación que pudiera evitar cualquier grado de confusión a la hora de reconocer su autoría, y atemorizando a las posibles víctimas con el objetivo de hacer de estas unas colaboradas indirectas de su proyecto, a través del silencio, evitando cualquier tipo de denuncia pública de lo que está aconteciendo, o a través del pago del llamado impuesto revolucionario para mantener económicamente las actividades de la banda. Ese grupo se llamaba Terra Lliure el cual nunca dejó de mostrar sus simpatías por la actividad político militar de la banda terrorista ETA (actualmente débil, básicamente por la falta de ingresos, el encarcelamiento de muchos de sus dirigentes, la decidida colaboración francesa y la actuación política conjunta de los dos grandes partidos políticos españoles), simpatías que gozaban de una excelente salud gracias a un sentimiento común: el odio (no salimos de la irracionalidad romántica, del enturbamiento de la razón) a España.

{16} “Una «biocenosis» no es una «población», es decir, un «colectivo» constituido por organismos de una misma especie, como pudiera serlo un enjambre de abejas o un bosque de hayas. Una biocenosis es una sociedad constituida por organismos de especies diversas, animales o vegetales…pero en un grado de interacción mutua e interdependencia tal que pueda hablarse de una unidad superorgánica, asentada en un hábitat y «autosostenida». (…). Ahora bien, es imprescindible tener en cuenta que la armonía que permite el autosostenimiento de una biocenosis dada, no es tanto la armonía del amor y de la paz [como fruto de un entusiasmo si parangón cree nuestro Presidente del Gobierno J. L. Rodríguez Zapatero]…, cuanto la armonía de la lucha por la vida entre sus miembros de la biocenosis”. Y un poco más adelante nos advierte: “Europa, según su historia efectiva, se ajusta más a la estructura de una biocenosis antropológica que a la estructura de una sociedad de personas regida por la justicia, la caridad o la fraternidad” El añadido entre corchetes es nuestro. Véase Gustavo Bueno, Op. Cit., págs. 406-408.

{17} Véase Gustavo Bueno, Zapatero y el pensamiento Alicia. Un presidente en el país de las maravillas. Ed. Temas de Hoy. Madrid 2006.

{18} Perla del idealismo alemán obra de Fichte, la cita es un tanto larga pero merece la pena ser recogida: “En la nación que hasta hoy día se llama a sí misma pueblo por antonomasia o alemanes, ha irrumpido en los tiempos modernos, por lo menos hasta hoy, la originariedad, se ha manifestado la fuerza creadora de lo nuevo…todo aquel que cree en la espiritualidad y en la libertad de esta espiritualidad y desee su desarrollo eterno dentro de la libertad, no importa donde halla nacido ni en qué idioma hable, es de nuestra raza, nos pertenece y se unirá a nosotros. El que cree en el estancamiento, el retroceso, la danza circular, o sencillamente pone al timón del gobierno del mundo una naturaleza muerta, donde quiera que haya nacido y hable el idioma que hable, no es alemán, es extraño a nosotros, y es de desear que se separe de nosotros por completo y cuanto antes mejor”. Y podríamos añadir para completar a Fichte, si no se separa lo eliminamos nosotros. Véase J.G. Fichte. Op. Cit., págs. 152-153.

{19} Decía con una buena dosis de ironía el ya fallecido Presidente de la República francesa, François Mitterrand, y antes de la caída del Muro de Berlín: “amo tanto a Alemania que prefiero que haya dos”. Por cierto, en la misma línea la primera dama por aquel entonces británica Margaret Thatcher.

{20} Véase Gustavo Bueno et alii, Dios salve la razón, págs. 57-92. Ed. Encuentro. Madrid 2008.

{21} Es un simple dato, puede ser sencillamente anecdótico, carecer para la gran mayoría de interés, pero desde el punto de vista que venimos defendiendo a lo largo del artículo presumo que pueda ser cuando menos significativo y alertarnos de la presencia de pequeños movimientos orientados a la que podríamos llamar barbarie autonómica. El fundamentalismo de corte nacionalista no puede verse cuestionado filosóficamente. No hay mejor medida para la perdurabilidad del proyecto que la de eliminar paulatinamente la filosofía del ámbito académico. Otros fundamentalismos aunque estos de corte religioso e islamista promueven una idéntica estrategia purificadora, así podemos leer en el diario El País, jueves 3 de Septiembre de 2009: “Jameneí dijo esta semana que el estudio de las ciencias sociales “promueve las dudas y la incertidumbre”, y pidió a los “defensores ardientes del islam” que revisen su enseñaza en las universidades. “Muchas de las humanidades y las artes liberales se basan en filosofías cuyos fundamentos son el materialismo y la incredulidad en las enseñanzas divinas e islámicas”, dijo Jameneí el pasado domingo. El estudio de asignaturas como la filosofía o la sociología incomoda al régimen iraní tanto como los intercambios y los viajes académicos”. Las cursivas son nuestras. Para avalar lo dicho: oferta pública de empleo de la Generalitat de Catalunya para Profesores de Enseñaza Secundaria año 2009 desglosada por especialidades y recogida a través de su página web oficial http://www20.gencat.cat/portal/site/Educacio/menuitem.

Confusión sin salida

Fecha: 31 enero, 2018 por: dariomartinez

Contra la confusión sin salida: Cataluña hoy

La mayoría de nosotros durante estos días hemos reflexionado con mayor o menor grado de acierto sobre la situación derivada del conflicto nacionalista y secesionista en Cataluña. Parece claro que a la hora de abordarlo la dicotomía tradicional e ideológica entre izquierda y derecha no sirve para superar la aporía a la que nos conduce la posible declaración unilateral de independencia por parte de los miembros del Parlamento de Cataluña. El formato doctrinal de ambos posicionamientos ideológicos es extremadamente confuso y esto se retroalimenta con un agente aún más distorsionador como es el nacionalismo de corte étnico, que no político, identificado con el pueblo, con su espíritu o lengua y por supuesto con su territorio y correspondientes fronteras, estos es: una nación un estado, el carro delante de los bueyes.

Ahora bien, ¿es posible sacudirse esta pesada carga de dominio y permanente confusión en la que incluso nos parece que desde cada una de dichas plataformas ideológicas el que no piensa igual es simplemente tildado de fascista? No hay soluciones fáciles, no me considero del tipo de líder carismático e iluminado capaz de encontrar soluciones sencillas a tensiones sociales permanentes y difíciles, pero si podríamos decir que para ir un poco más allá del fango político en que estamos instalados, por causa de una sobreinformación que no somos capaces de asimilar, si valdría acudir a los griegos, a los primeros filósofos. ¿Por qué no ver el conflicto catalán de hoy como un debate entendido como combate dialéctico entre ideas defendidas por quienes se ponen del lado de Sócrates y los que se ponen del lado de los sofistas? No es una cuestión entre derechas e izquierdas, es una cuestión en torno a la pervivencia del Estado, entre socráticos y sofistas. Para los primeros el cumplimiento de la ley es una obligación, cumplirla es la pieza angular indispensable para que el individuo, en tanto que miembro de la sociedad, aspire a ser libre y además se esfuerce en procurar el bien común entendido como vivir bien del conjunto de los ciudadanos. Para los sofistas, en cambio, lo prioritario es el interés particular, no obedecer las leyes puede resultar más beneficioso, el arma de la retórica, del discurso orientado a las emociones, a los sentimientos ajenos a la verdad y a la justicia, es poder; un sistema político como el nuestro trufado y dirigido por minorías rebeldes que imponen sus intereses particulares, al albur de una mayoría dominada por la desafección o el desinterés por la política, es un motivo perfecto para que la democracia se corrompa y se transforme en demagogia. Luego, el problema de hoy ya no es una cuestión que se resuelva acudiendo a parámetros políticos modernos como los de izquierdas y derechas, mejor sustituirlos por parámetros más claros, más tradicionales, como los de sofistas y socráticos.

Para acabar y aclarar el asunto dejemos hablar a Sócrates en el Critón o el deber de Platón: “Pero también los que permanecen, después de haber considerado detenidamente de qué manera ejercemos la justicia y qué policía hacemos observar en la república, yo les digo que están obligados a hacer todo lo que les mandemos, y si desobedecen, yo los declaro injustos por tres infracciones: porque no obedecen a quien les ha hecho nacer; porque, desprecian a quien los ha alimentado; porque, estando obligados a obedecerme, violan la fe jurada, y no se toman el trabajo de convencerme si se les obliga a alguna cosa injusta; y bien que no haga más que proponer sencillamente las cosas sin usar de violencia para hacerme obedecer, y que les dé la elección entre obedecer o convencernos de injusticia, ellos no hacen ni lo uno ni lo otro”.