De los balcanes asiáticos

Fecha: 16 septiembre, 2021 por: dariomartinez

La ocasión la pintaron calva y me sonrío el destino. Tiempo de descongestión tras unas pruebas selectivas exigentes y exitosas. Inicio una nueva etapa ahora como profesor en prácticas del cuerpo de secundaria.

El tema de hoy está inmerso en el presente, es de una actualidad casi diría que apabullante. Los talibán se hacen con el poder de Afganistán. La lucha por el control de Asia Central una necesidad imperiosa para los tres grandes protagonistas de la política global: Estados Unidos, China y Rusia, y esto no dicho por mero capricho o de forma infundada sino que es articulado en una maraña de realidad derivada de unas características nacionales (e imperiales) como puedan ser: población, extensión territorial, desarrollo tecnológico,  poder militar, domino económico y finalmente su nematología cultural (idioma, tradiciones, historia) en forma de mitos dominadores construidos por sus élites intelectuales a mayor gloria de su país, de sus ciudadanos, es decir de su eutaxia o permanencia de su ser como Estado con capacidad de decisión internacional. Es por este motivo que en la geopolítica actual:

«Los Estados-nación [diríamos que políticos e históricos y no étnicos una vez holizadas en algunos casos sus parcelas regionales e incluso tribales]siguen siendo las unidades básicas del sistema mundial […] En esa competencia, la situación geográfica sigue siendo el punto de partida para la definición de las prioridades externas de los Estados-nación y el tamaño del territorio nacional sigue siendo también uno de los principales indicadores de estatus y poder» (Brzezinski 2001: 46).

Y añade para aclarar el asunto de lo que estamos subrayando, y este es su peso decisivo, que por encima de la ética (de la ciudadanía del mundo) y de la moral (de grupos de poder más allá de las fronteras nacionales aliados en un especie de liberalismo sin fronteras, democrático y fin de la historia -Fukuyama) está la política entendida como pervivencia del Estado:

«Hasta hace poco, los principales analistas de la geopolítica debatía sin el poder terrestre era más significativo que el poder marítimo y qué región específica de Euroasia es vital para obtener el control sobre todo el continente. Uno de los más destacados, Harold Mackinder, inició las discusión a principios de este siglo con sus conceptos sucesivos sobre el «área pivote» euroasiática (que incluía a Siberia y gran parte de Asia Central) y, más tarde, del heartland (zona central) europeo centro-oriental como el trampolín vital para la obtención del dominio continental. Mackinter popularizó [añadiríamos que con poco éxito entre nuestro políticos] su concepto de heartland a través de una célebre máxima: Quien domine Europa Central dominará el heartland; quien gobierne el heartland dominará la isla mundial; quien gobierne la isla mundial dominará el mundo […] La geopolítica se ha desplazado de la dimensión regional a la global, considerando que la preponderancia sobre todo el continente euroasiático es la base central de la primacía global»  (Brzezinski 2001: 47).

Políticamente hoy actuar de mala fe significa ignorar la importancia estratégica de este vasto territorio, de sus recursos, y de su situación privilegiada a la hora de poner en marcha dinámicas económicas y de distribución de mercancías esenciales (ruta de la seda como antecedente). No hay mayor ejercicio de desconocimiento político que el de aquellos que programan y sitúan como telos de su actividad de gobierno el lograr el bienestar de los ciudadanos del mundo más allá de lo que dados los límites legales de su poder son sus gobernados. Gobernar para todos, no sólo globalmente, sino en aras del futuro bienestar humano, animal, y si llega el caso extraterrestre, es gobernar para nadie. Es un operar tan amplio que exime de responsabilidades ejecutivas. De este modo en sus intenciones se halla su penitencia, en los resultados no deseados el error de cada uno de los sujetos dominados como consecuencia de su libertad individual sin límites y atiborrada de responsabilidad ética. Como consecuencia la práctica moral y política son neutralizadas sino subordinadas en exclusiva a los afectos y acciones de cada ciudadano del mundo. Alienado por una idea mito como la de la felicidad («canalla» en términos de Gustavo Bueno) y cada vez más próximo a la depresión, a la angustia, y a la soledad de la asunción de las metas no conseguidas se convierte en un «individuo flotante» tan estéril como indiferenciado. Su campo seguro de fama se delimita y a la vez que se despersonaliza se va convirtiendo en «uno más». De su ansia por materializar su sueño de transformarse en famoso vía «me gusta» y gracias a las redes sociales se pasa sin comprender el porqué (se quiebra la perversa idea «si quieres puedes») a la más absoluta insignificancia, a formar parte del ejército de ciudadanos indiferenciados con derecho al voto.

Ciego por la intervención de Occidente y de otras potencias limítrofes, herido, dolorido, aferrado a la tradición para mantener las prevendas de quienes mandan, consolidando su neofeudalismo tribal y asegurando su odio e ira hacia quienes quisieron imponer lo imposible, el nuevo Emirato afgano logra doblegar los planes imperiales y de control de la toda poderosa potencia estadounidense. China actúa, Rusia actúa, pero son Nadie, son los nuevos héroes homéricos de hoy que están fraguando su rumbo político. Ya nadie puede ayudar al mal herido Polifemo (Afganistán); «Nadie» a modo de demiurgo en la sombra ordena el nuevo mapa geopolítico mundial.

«Al oír sus clamores, de todos lugares llegaron y paráronse en torno a la gruta, inquiriendo la causa:

-Polifemo [Afganistán], ¿qué cosa te enoja que das tantas voces en la noche inmortal y a nosotros despiertas de pronto? ¿Ha venido quizá algún mortal a llevarse tu hato [sus recursos minerales principalmente y el control de su producción de opio]? ¿O te matan usando engaños o bien con la fuerza?

Y con su gruesa voz Polifemo clamaba en la gruta:

Nadie, amigos, me mata engañándome y con la fuerza.

Y con estas palabras aladas dijéronle ellos:

-Pues si nadie te fuerza y habitas tú solo la gruta, evitar no se pueden los males que Zeus nos envía. Pero ruégale tú a Poseidón, ya que el dios es tu padre» (Homero, 1990: 144)

Un gaseoducto desde Siberia Central hasta el Océano Índico pasando por antiguas repúblicas soviéticas (v.g. Tayikistán y Kirguizistán) y el territorio occidental de Afganistán (Herat) una posibilidad más plausible, un control por parte de China del litio para su potente y nueva tecnología una realidad futura más cercana. Después de aceptar Occidente el gambito de dama en forma de invasión de su territorio, las dos grandes potencias asiáticas toman la iniciativa del tablero político mundial. En Europa nuestros políticos presos de ideales éticos que no permiten entender y prever la política actual, sin prudencia, hacen que sus prognosis estén abocadas al fracaso, a la esterilidad. Los ideales son inútiles, inoperantes, es decir metafísicos. El hiato entre su finis operis, sus resultados derivados de sus planes, y su finis operantis insalvable. Hacer de Afganistán una democracia tomando como modelo las sociedades del primer mundo capitalistas una utopía.

Sobre la situación de la mujeres afganas. Casi todo sabido. El relativismo posmoderno racionalmente demolido por la realidad. No todas las culturas son iguales, no todas merecen el mismo respeto. No hay un equilibrio y menos una armonía entre culturas y estados en marcha. Hay sociedades políticas más potentes y con capacidad de dominio,  es decir de poder transformador y en el límite aniquilador. Desde nuestras sociedades atesoramos la posibilidad racional de poder describir, explicar, entender e incluso controlar en momentos puntuales otras sociedades, en cambio desde estas, desde aquellas que son ajenas a nosotros, la situación inversa es imposible. Su forma de entendernos pasa por mitos en forma de voluntades tan arbitrarias y abstractas como desconocidas; desencadenan fidelidad, organizan puntos de vista dogmáticos anclados en el pasado, pero no permiten convencernos, cambiar nuestras voluntades para dirigirnos hacia lo que se supone más útil y mejor.

Su ser pasará pues por su aislamiento. Su organización social, a todas luces discriminatoria con la mujer, avalada por lo revelado, fuente sapiencial a interpretar por el verdadero y puro fiel, el impío expulsado del terreno fértil de la razón. Por tanto, la mujer es controlada si la estructura del estado que se activa se fragua en la tradición.  Darle la espalda a las tecnologías, a los saberes precisos paridos por el hacer especializado de científicos que conociendo la realidad, su esencia más allá de nuestros sentidos, sabiendo de su dinámica no organoléptica pero sí real, y dando cuenta de lo que sólo era aparente y desconocido, o sea geometrizando y demoliendo sus causas y con la capacidad de repetir los resultados y construir verdades, significa actuar en el presente privilegiando la fuerza sobre la habilidad inteligente y mediada por aparatos. Pues bien, este saber anantrópico (el sujeto operatorio y gnoseológico ha sido segregado del resultado de su saber con sentido), positivo y científico en forma de teoremas y de instrumentos eficaces iguala a hombres y mujeres.

La vuelta al campo, a lo estrictamente rural apega al más débil al terruño, nada hay en ello de poético, ni de bello, ni justo, lo que sí hay es un poder tiránico de héroes sin credenciales en su parcela segura de actuación. La tribu prospera, el estado se esfuma. Por habilitar la posibilidad efectiva de prestar instrumentos de superación y méritos a las mujeres los saberes científicos, tecnológicos y filosóficos han de ser erradicados, son ellos los que nos prepararon para la crítica demoledora de lo divino; esfumándose lo sacro el corrompido funcionamiento del nuevo Emirato afgano se quebraría. La censura el mejor antídoto contra el cuestionamiento de los dogmas. Pero los muros sólidos del desequilibrio y el ninguneo tan pertinaz como sistemático e irracional hacia las mujeres no pueden ser derribados. Su núcleo de poder no es otro que el espacio vacío e interior protegido por sólidos muros de piedra, recinto público y privativo del ser persona de las mujeres. Para materializarlo se desvinculan del exterior a la vez que facilitan la defensa fundamentalista de sus presupuestos, ahora convertidos en todas las noticias en los actuales males de los grandes ideales (emic). Hoy Afganistán representa los sólidos muros de Tirinto. La naturaleza de su ser está en sus enemigos y en el apoyo tolerante de sus amigos.

En esta situación hemos sabido hoy de la estratégica alianza militar entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia. No es casualidad, es una cuestión de causalidad política. «La guerra es una continuación de la política […] la guerra no es sino una parte del comercio político y no es, por sí misma, una cosa independiente» (Clausewitz,2005: 803) , de otro modo: construye buenos subamarinos nucleares para el control por la fuerza de tus ejércitos de las aguas del Pacífico, y si me apuran del Mar de la China Meridional. Europa sin enterarse.

Bibliografía

Brzezinski, Zbignieew (2001). El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Paidós. Barcelona.

Clausewitz, C. Von (2005). De la guerra. Obelisco. Barcelona

Homero (1990). Odisea. Introducción y notas de José Alsina. Planeta. Barcelona

 

La límites de la libertad individual en el horizonte de la seguridad del Estado

Fecha: 8 septiembre, 2021 por: dariomartinez

Un parentesis un tanto amplio. Despejando tensiones, ejerciendo el descanso. Vuelvo con un artículo sobre el controvertido asunto de la relación, siempre tensa, entre el poder del Estado y su seguridad y la libertad individual, en concreto me ciño a lo que se supone que es lo más útil para la existencia y la persona en tanto que se fundamenta en ideas adecuadas. Visión un tanto optimista y más cuando sabemos del poder de los afectos.

Trasladado o ajustado al aquí y ahora, a la actual España. Se puede leer en la revista digital El Catoblepas. Aprovecho para darle las gracias a su equipo de redacción por la oprtunidad brindada. Se puede extraer en https://www.nodulo.org/ec/2021/n196p10.htm

Sin más que añadir hasta una nueva publicación.

Sacrificando el presente

Fecha: 28 mayo, 2021 por: dariomartinez

 

Todo buen gobierno ha de velar por la estabilidad del Estado. En las democracias homologadas los ejecutivos legalmente elegidos podrán poner en marcha sus programas políticos y dirigirlos durante un periodo de tiempo limitado y periódico. Como propuesta temporalmente triunfante, de grupo, de parte de la sociedad política en su conjunto, velará por lo que se considera, desde su proclamada mayoría, por el interés general. Sus intereses de grupo no son los intereses de todos, su ideología no es por ser mayoritaria y propia única y valida. Legislar en nombre de todos es siempre difícil, pero creer que lo que unos piensen es el valor supremo que todos deben asumir es un escándalo, y se confunde la voluntad de muchos con la voluntad general (Rousseau); el ejercicio del poder ha de ser eficaz, resultar útil, permitir que los ciudadanos tengan al menos más posibilidades de ser más libres, mejores, poniendo en marcha soluciones parciales a problemas permanentes.

Una ideología de partido aureolar, con visos de universalidad, indiscutible, receta mecánica y única capaz de atender a las demandas sociales y problemas de los ciudadanos de un país, resulta sospechosa cuando permite dar cuenta de todo (desde otro punto de vista de nada). El cambio político, por tanto desembocará en revancha y el objetivo será únicamente deshacer lo hecho previamente, favoreciendo a los que se consideraron anteriormente desfavorecidos; el avance político se transforma en rueda de ratón, en tarea y esfuerzo inútil.

Así las cosas, ¿qué es lo que realmente tenemos de positivo en el hacer de nuestros políticos en España? El sacrificio del presente como fenómeno más evidente. Primero, se analiza sin comprometerse con la realidad del momento, se ve como se cree que es más que como es, se endulza, se ensalza, y se acomoda a la ideología del partido en el poder, por muy errática y metafísica que sea, por muy incoherente y contradictoria que se muestre; la inconsistencia se resuelve gobernado para la humanidad, elevando los contenidos más allá de las fronteras, buscando metas tan utópicas como estériles: paz perpetua, diálogo de civilizaciones, comercio global verde y sostenible, y en el fondo la nueva moda posmoderna: la «felicidad canalla» (Gsutavo Bueno) elevada a mito ficción ,de espaldas a la verdad y con la consiguiente quiebra de la razón a favor de los sentimientos, las impresiones, los deseos, y lo que hemos dado en llamar valores tan sagrados como superiores en nuestra Constitución: la libertad, la igualdad, la solidaridad y la pluralidad de partidos (curiosidad: la vida no aparece, ni se la espera, ni si legisla en su favor). Por tanto, con tanto buen rollo la democracia se debilita, la mediocridad que en el estoicismo era un mal que con la ataraxia necesaria había que soportar, ahora se privilegia. El presente en marcha es mera apariencia, y esta vez con rostro de utopía, tan atópica como ucrónica.

En segundo lugar, mientras que el presente se eleva a lo imposible, y en él ha de intentar cada uno y con sus medios sortear los obstáculos,  el pasado se reinterpreta. El pasado es una dimensión del ser. Es irrevocable, no es posible cambiarlo, transformarlo.  Fraguado por operaciones muy diversas, muchas sometidas a necesidad, fosilizadas en forma de documentos y reliquias que sirven de jalones para entenderlo, advirtiendo que si realmente se quiere hacer verdadera Historia se exige por parte del sujeto gnoseológico como cualidad ineludible la inteligencia, no la memoria. Otras acciones fruto de voluntades muy diversas, de programas exitosos en un caso y fracasados en otro son parte del inventario de nuestro pasado. Debemos investigarlo para interpretarlo, hacer en palabras de David Alvargonzález «ingeniería inversa», cual forenses. Y no olvidar que el sujeto temático de la historia ya no participa de ella, ya no es un sujeto operatorio con posibilidad de alterar lo que ya no es. De poder participar y de indagar en el pasado con su testimonio más bien haríamos periodismo, no olvidemos que la historia empieza cuando acaba la memoria (Herodoto), y esot porque el fin de la Hisotira (académica) es triturar los desvaríos de la memoria. Por tanto es obligado reflejar esta deducción: la Historia no es un saber científico que pueda alcanzar verdades en forma de cierres análogos a los de las ciencias naturales si bien exige la mediación del entendimiento, las verdades de la Historia como ciencia están constituidas por leyes en forma de cierres fijos y problemáticos que son fruto del acuerdo de la comunidad científica más poderosa y dominante frente a otras, consensos que con el tiempo pueden perfectamente variar, moldearse y ajustarse a intereses futuros incognoscibles en el presente. En fin, el control de la historia, su interpretación, es una forma de recuerdo de lo que mejor encaja con el mito del momento y así ensalza los aciertos, y desacredita y olvida los errores. Los acontecimientos que han de interesar serán  los que por sus consecuencias, sus resultados, formen parte de la historia universal y nacional, «la verdad está en el resultado» dirá Hegel.  Ahora bien, en política la historia debería servir para estabilizar el Estado en el presente en marcha y para poder poner en marcha planes de gobierno futuros lo más «eutáxicos» posibles. Esta historia se mantiene con buena Poesia, como un buen arte que sea capaz de vehiculizar ideas, no de construir concpetos. Desgraciadamente parece que en España no se hace así, se hace mala Poesia, se rescata el pasado para recuperar culpas, para no intentar expiarlas, sino reconocerlas y actualizarlas, y para desestabilizar las estructuras de poder a todos los niveles: nucleares (capa conjuntiva), productivos (capa basal) y de orden interno y externo, a un lado y otro de las fronteras, a través de acuerdos y guerras comerciales, no bélicas, con terceros países (capa cortical). Se deconstruye la historia universal y nacional inventado mitos que fortalezcan planes políticos particulares, «neofeudales» partiendo de un principio político tan erróneo como falso como que España a lo sumo es una totalidad distributiva. De aquí deriva no la estabilidad sino la inestabilidad permanente. La mayeútica de hoy, la memoria histórica sólo ayuda a parir ideas que mejor fueran aboratadas antes de nacer.

En tercer lugar, del futuro como dimensión del ser. No afecta al presente y menos al pasado. Pero desde un presente infecto, plural, cambiante, y en materia política divergente, con una lucha por el poder entre diferentes grupos sociales minoritarios y con las manos libres para hacer casi lo que quieran por la desafección generalizada de una sociedad civil tan bien educada como egoísta,  preparada para el hedonismo como consumista en un mercado pletórico que por mor del respeto permite que todo valga: ofertas de juegos de azar (irracionalidad de grupo alentada y estimulada en favor de una esperanza casi imposible por el mismo Estado), extravagancias afines al suicidio lógico, a la locura «objetual» y «subjetual», presentadas bajo todo tipo de ismos, placeres prohibidos accesibles desde el terreno doméstico de lo privado, etc., la democracia se convierte, como ya tantas veces hemos dicho, en un modelo político no recto que podemos identificar como «oclocracia». Pues bien, desde las «anamnesis» previamente seleccionadas, sistematizadas y más o menos geometrizadas, se ha de intentar programar el futuro. Se pueden construir futuros necesarios, gobernados por leyes impersonales (anantrópicas) coordinadas por principios también impersonales al ser en el proceso de construcción de las verdades de cada categoría científica los sujetos neutralizados. Pero desde una voluntad más poderosa también se pueden pergeñar planes de futuro que dobleguen mediante la palabra y los medios técnicos y tecnológicos a su alcance otras voluntades más débiles. Se puede construir un futuro plausible, a través de ficciones habilitadas para convencer y materializadas en narraciones dramatizadas: teatro y cine, escritas o pintadas; son realidades construidas por el hombre, físicas y humanas a un tiempo, que pueden codeterminar de modo causal y con sus respectivos efectos la existencia futura de la sociedad civil. Esto es así, lo que no es así es intentar vender una agenda para el año 2050 (ficción escrita sobre el papel y más ambiciosa que los planes quinquenales del mismísimo Stalin que quería llevar la electricidad a todos los rincones de la extensísima Unión Soviética para consolidar el triunfo de la revolución bolchevique y de paso prepararse industrial y militarmente para lo que iba a ser una guerra total contra la maquinaria bélica del imperio ultradepredaor y racista del Tercer Reigh. Adolf Hitler lo había hecho explícito, Josef Stalin se lo había leído: «Mi lucha. Capítulo XIV. Orientación política hacia el Este, págs. 399-414. Rienzi. Berlín 2012″) como si fuese un proyecto articulado desde la necesidad de un doctrinario científico, universal e imposible de alterar como promueve el actual gobierno. Mito seductivo que pretende transformar un futuro posible en un futuro perfecto.

Tolerante sí, pero si uno está de acuerdo. La discrepancia se minimiza a nivel lógico, y ya a nivel psicológico, abierta, dialogada, comunicada, empieza a ser un acto de riesgo que la prudencia no permite airear salvo que uno sepa fríamente que se expone sin previo agotamiento de un argumento auxiliado de razones, datos y documentos, a ser tildado de «facha». Los nuevos intelectuales de carné (laicos hechos clérigos que diría Marx dándole la vuelta a Lutero) no permiten ser vistos como ideólogos infectados por la falsa conciencia, no quieren asumir su condición de alienados, ni su mala fe; no están dispuestos a formar parte de un experimento sociológico que permita dar cuenta de su doctrinario.

 

De algunos mitos fuerza como fantasmas del desorden

Fecha: 30 abril, 2021 por: dariomartinez

La discrepancia se agota en el silencio de quien no escucha. El refugio de la crítica un camaradería bien adherida con visos de sucumbir a lo impertinente. La tolerancia psicológica impulsa a la cautela del que no piensa igual. El discrepar se esteriliza a pasos agigantados. Las ideas fuerza de nuestro panorama político por ser imposibles son puramente gnósticas, ajenas a la realidad de los fenómenos en marcha, sólo capaces de conceptualizar con rigor la nada. Son idiocias compartidas de forma autónoma que dejaron de ser enfermas, al ser mayoría se convierten en coherentes y comprometidas con el orden establecido. Constituido por diminutos ciudadanos indiferenciados y potenciales consumidores; en el caos el ruido es lo lógico. Popper diría que son ideologías imposibles de falsar, de científicas nada, de fundamentos inamovibles, evidentes y universales nada de nada. Son nematologías en forma de doctrinas que se infiltran hasta el tuétano en nuestra sociedad política. Idearios de grupos particulares que eventualmente se hacen con el poder y trasladan su ideario a quienes les quieran escuchar y a quienes no les quieran escuchar. Su punto de vista moral, de grupo, lo hacen de todos, de este modo se encuentran (emic) en disposición de poder hablar en nombre del pueblo, de todo el pueblo, o al menos de la buena gente (se supone que los otros, en este maniqueísmo de bolsillo, son la mala gente ¿para qué hablarles sino pueden entender?).

En nuestro país el objetivo es claro, diverso, y firme. Con el auxilio del «espacio antropológico» trimebre de Gustavo Bueno: el culto al cuerpo en todas sus dimensiones, desde las gastronómicas hasta las deportivas, dieta y ejercicio; incluso el cuerpo como soporte primigenio del lo que fue en su origen el arte: los tatuajes («radial»); la felicidad personal («circular») como deber en forma de ley moral que de ser un afecto se quiere pasar al derecho, del individuo y sus circunstancias previamente moldeadas, dirigidas y servidas para ser dispuestas en forma de servidumbre voluntaria y apasionada, al espíritu objetivo y vertebrador del Estado, de la moralidad abstracta y universal, a la eticidad particular para dirigirse a la Idea, al ser pensado como verdad racional (Hegel);  por último, como telos más elevado las ideas ficción («angular») y sincategoremáticas, sin parámetros fijos, sin realidades a las que hacer referencia, sin contenidos, vacías y atractivas a un tiempo, transmitidas y transducidas para ser interpretadas para otros (García Maestro) como relatos de alcance universal y escatológico que permitirán, en un futuro, poner por fin y de rodillas a lo que quede de los estados-nación paridos por la modernidad frente al Antiguo Régimen y su feudalismo anquilosado;  será el momento «neofeudal de los localismos» (Armesilla), de los particularismos adueñados de un territorio para poder ejercer en él su libertad de nuevos señores, de solidaridad, identidad, cultura, hecho diferencial, espíritu del pueblo, transfeminismo, igualdad, humanidad, interculturalidad, progreso, libertad, globalidad, ecologismo, cambio climático antrópico…, y todo ello en un perfecto orden y sin aristas que limar, sólo el deber de asimilar al no creyente o necio. Las aporías del doctrinario armonioso, monista, e irracional un mal entendido que no se quiere doblegar. Un acto de mala fe en palabras de un Marx enterrado por Rousseau, o de un Hegel y su dialéctica olvidado por un idealismo trascendental de la talla de Kant. Salvar al ser humano, apostar por un relativismo radical e intercultural que esgrima la tolerancia de todo hacer, más allá de ser en la práctica un correctivo para la vida, o un peligro para la fortaleza del grupo no adherido a sus planes, supone el fin final de la historia (Fukuyama); entenderlo como una totalidad atributiva y a la vez cultural, no biológica, toda una confusión del mejor de los trileros. De paso, y por qué no, hacer políticas de Estado dirigidas a salvar el planeta diluyendo sus fronteras un relato tan potente, como kantiano, y tan real como el fin racional de la posmodernidad.

Pues bien, bajo este buenismo, que se pondrá en marcha en la próxima década al menos no han de faltar los enemigos, de la nueva buena: los comunistas y los fascistas. Disentir en el mercado pletórico de las democracias fundamentalistas y homologadas te expulsa de la partida política, te arrastra a una especie de exilio interior. Ambos mitos atesoran fuerza y ésta se manifiesta en el miedo. La Unión Soviética se derrumbó y con ella la «izquierda de quinta generación» (Gustavo Bueno), los fascismos hicieron de las suyas en Europa, fueron primero exterminados por la fuerza de las tecnologías militares y después por el abrazo del imperio americano. Son reliquias de la historia, sus documentos pasados un rastro que debería permitir actuar con más sentido en nuestro presente en marcha. Un pasado para ser incorporado con un propósito: hacer que nuestra praxis cotidiana cobre la trascendentalidad necesaria que permita construir un futuro mejor. No es una eficaz tarea rescatar el pasado para activar sentimientos impregnados de odio, desestabilizadores de la eutaxia del Estado, de su permanente recurrencia, de su estabilidad dinámica, y erróneamente eludir calmar tensiones introduciendo planes de gobierno capaces de aplicar soluciones no estériles ni definitivas pero sí útiles y parciales en el interior mismo de la plural e infecta sociedad civil. «El fin del Estado ha de ser la libertad del ciudadano» (Espinosa).

Rescatar el fantasma del comunismo marxista supone obviar el proceso revolucionario y violento de la toma del poder, del uso imnprescindible de las armas para construir la paz del trabajador, la abolición de la propiedad privada, la dictadura del proletariado, la inexistencia de una única clase social y proletaria como motor del cambio político, y la dialéctica valor trabajo como esencia del modo de producción capitalista y embrión de todas las desigualdades sociales al estar sometidas a la plusvalía y al imperio de la dictadura de la mercancía como producto ajeno al obrero.

Significa a su vez no querer entender la recurrencia de un mercado pletórico en marcha del que es difícil bajarse una vez en él, de ahí su apuesta por un mercado globalizado que elimine fronteras nacionales como barreras a la libre circulación de personas y mercancías, significa obviar el trabajo como no alienante de ciertos profesionales que en el ejercicio de su hacer especilizado son élites bien remuneradas: algunos deportistas o actores por ejemplo, del papel no revolucionario de los funcionarios del Estado, de la figura del autónomo como jefe y trabajador a un tiempo, de la dialéctica de Estados (no sólo de clases, «una vuelta del revés de Marx» con palabras de Gustavo Bueno) en la biocenosis geopolítica por el interés común de cada uno de los ciudadanos de su respectiva nación política (que no étnica, una vez holizada por las naciones históricas), de su interés por engordar el perfil burocrático de una clase extractiva de valor, y no el fin del Estado como anarquismo en diferido…Es en definitiva un imposible rescatado como fantasma que sólo pretende tensar, e introducir disputas estériles allí donde no las hay.

Rescatar el fascismo en España es no entender su doctrinario de muerte y privilegios de los menos. Significa no explicar su condición de movimiento que trasciende los partidos, las partes diversas y enfrentadas de la sociedad civil ansionsas por alcanzar el núcleo del poder político con el propósito de poner en marcha sus planes de gobierno en interés supuestamente del bien general, y lo hace para justificar ideológicamente cualquier tipo de división nacional. Como movimiento es un todo jerarquizado, con su líder «carismático», de espaldas a la «legalidad-racional» (Weber), que encuentra su nicho de adhesiones en el campo, en el ideario de la repetición, del proceso recurrente de la vida que conserva lo esencial y cree en lo divino, de la idea de las urnas como cajas de cristal preparadas para ser trituradas, de la ignorancia natural de una población sin guía que indiferenciada pretende tener voz en la política, del odio al liberalismo por debilitar la unidad inquebrantable en los ideales del destino manifiesto en el universal del grupo, del pueblo elevado por voluntades tan imposibles como falsas, con la puesta en escena de espectáculos únicos de propaganda y manipulación, de acciones dirigidas a los males particulares de los ciudadanos del momento, para identificar sus supuestas causas, ponerlos en la picota de la persecución y la represión para actuar en su erradicación, insuflar una fe que ponga sobre el yunque doctrinario a la misma razón, y no para templarla, ni moldearla y menos geometrizarla, sino para destruirla, y por último es recuperar una estética de uniformidad como manifestación fenoménica de la pertenencia, de la servidumbre del individuo, de su casi aniquilación ética en pos de los suyos, de la moral autoritaria dirigida por los héroes que habrán de ser los protagonistas de la historia (Gentile).

En lo que atañe al día de hoy, Madrid y su campaña autonómica en marcha: «comunismo o libertad» nos dicen los de aquende, «democracia o fascismo», nos dicen los de allende. Mitos como ficción capaces de codeterminar el futuro engrandeciendo los errores y olvidando los aciertos.

 

Cuando los sentimientos agotan la verdad

Fecha: 8 diciembre, 2020 por: dariomartinez

Apagar el fuego y no digamos ocultar el sol que puede triturar con la razón los motivos de la presencia del esclavo en el mundo de la apariencia dominada por la mera opinión intencionadamente desconocida no es prudente, ni recomendable, es simplemente absurdo. El triunfo de la posmodernidad acaba con Platón y su vacío es sustituido por fichajes de la talla de Feyerabend, Lyotard o Vattimo. Si en ciencia «laissez faire», si la quiebra de la razón es una evidencia en ciencia, qué decir tiene en el ámbito de la política y de la filosofía.

Toda opinión ha de ser respetada, el relativismo rampante da cobijo a cualquier majadería. Sin referentes de verdad anulados por la inacción y la virtud de la ignorancia o de la más sofisticada nesciencia, en la democracia actual, fundamento de todo hacer con sentido (una forma de decir que en un sistema no democrático es imposible la virtud, el bien ético, salvo excepciones contadas que se verán como héroes de un pasado para no repetir y si acaso recordar –se llamará memoria histórica-  para así justificar posibles desmanes o propósitos utópicos del momento), lo plausible está a la misma escala que lo imposible, es más lo imposible si uno lo piensa con el convencimiento de un auténtico kantiano que no necesita operar con la realidad, por falta de manos y no digamos de ideas, puede acceder en un santiamén, sin sacrificio alguno, al fin democrático de la historia, al bienestar de todos, a la paz perpetua, a la felicidad y al diálogo empático y sin atisbo de violencia entre el conjunto de la humanidad que supera por fin los pérfidos estados-nación opresores nacidos con la modernidad –emic– (más que de todos y del conjunto de los seres humanos, mejor hablar de sus correligionarios agrupados en torno a una ideología, acudo de forma inevitable a Marx, que defienden los interés de una clase privilegiada, acomodada e inevitablemente frente a terceros, en cuyo caso la solidaridad del grupo nada tiene que ver con el bienestar y la libertad de terceros cuyo sino no es otro que la existencia en una sociedad protopolítica por inexistencia o fracaso del Estado o la desconexión miserable del ciclo social y económico en perpetua y problemática renovación –etic-).

En la política de hoy el respeto se agota en lo psicológico. La lógica cubierta de contenidos gnoseológicos bien geometrizados, tanto material como formalmente construidos, vertebrados en torno a la verdad modelada por las ciencias en forma de identidades sintéticas capaces de neutralizar al sujeto ya sea este temático u operativo, ya sea humano o animal, ya no importan. Son resultados atractivos pero no democráticos. La mayoría los ningunea desde la tolerancia mal entendida como virtud; no se critican, no se discriminan, ni se clasifican ni se jerarquizan porque simplemente no se sabe. La censura cegadora del desconocimiento un espectro que no se puede demoler. El fundamentalista democrático, como acertadamente señala Santiago Armesilla, nunca reconocerá que lo es, tampoco el pijo añadiría yo. Desde un perspectiva emic el fundamentalista democrático, y el pijo, serán siempre y de forma sistemática, el otro.

El fundamentalismo democrático, atrapado en una estructura de funcionamiento miope que considera que todo problema tiene una solución que pasa por «más democracia», está ávido de reconocimiento. La disidencia se castiga, es inadmisible discutir sobre lo evidente, la censura se materializa en forma de debates estériles, o bien se claudica o se discute para empatar. En lo ontológico, lo real se reduce, se separa, no se disocia racionalmente, de lo primogenérico (la realidad física es un auxiliar de lo pensado, se ha de ajustar sometiéndose a lo reflexionado por los nuevos egos puros y diminutos, en caso de error la responsabilidad recaerá sobre el ciudadano preparado para asumirlo. Nuestro sistema neofeudal, autonómico, un galimatías perverso a la vez que eficaz para evitar las culpas de sus gobernantes) ni de lo terciogenérico (las verdades como identidades sintéticas, universales, necesarias, atópicas, acrónicas, se liquidan al interpretarse como construcciones mentales hipostasiadas y sustancializadas).

Así el psicologismo imperante, posmoderno, satisfactorio, y fábrica de ciudadanos felices sin fronteras, no anticipa el suicidio lógico de la puesta en marcha de sus planes. Ante una epidemia por SARS-CoV-2 de alcance global el ejecutivo nacional toma como medida para prevenir futuros contagios que le den vuelta al proceso de desescalada una decisión sin sentido operatorio. Desde su óptica de bondad psicológica, de mala fe en sentido sartreano por ser en esencia puro autoengaño, estiman como la más elevada cota de saber eficaz y único capaz de erradicar nuevas cadenas incontroladas de contagios que las reuniones en las fiestas navideñas entre familiares y entre allegados se realicen de forma segura, apelando a la responsabilidad individual (volvemos a las culpas ajenas) en palabras del Ministro de Sanidad Salvador Illa: «allegado es una persona que sin tener una relación familiar clásica con otra persona pues tenga una vinculación sentimental muy determinada». Añade a los vínculos de parentesco, biológicos, unos vínculos asociados con la amistad, o peor aún con los sentimientos elevados al rango de verdad, lo que supone, y es mucho suponer, que se entiendan como verdades abiertas a la observación de quien quiera comprender y obrar en consecuencia; sin embargo resulta difícil acreditar y actuar con una lógica objetiva, ajustada a la realidad, como agente garante de la seguridad, como funcionario capaz de actuar violentamente y legalmente para impedir su más que posible y esperemos que no generalizado incumplimiento. Sin realidad física, sin realidad jurídica acreditada, es en rigor una predisposición vacía por inútil, es la coartada perfecta para que cada uno haga lo que le venga en gana, y por supuesto sea tolerado. De paso el sistema de mercado pletórico seguirá democráticamente funcionando más allá del riesgo de unas cuantas vidas, que a priori y en aras a un actualismo nihilista perverso simplemente no son y en consecuencia carecen de fuerza suficiente para frenar tal despropósito.

Yendo más allá del particular arriba señalado. El frenesí fundamentalista democrático homologará a sus acólitos en torno a presupuestos dogmaticos, aprehendidos desde el ejercicio gnóstico del saber inmanente, indudable y expuesto para ser asimilado por todos: la diferencia se estimula, pero primero piensa como la mayoría localizada en un territorio aureolado por una historia ficción colectivamente sentida que cobra fuerza negando lo evidente: o bien la existencia de España como nación política con soberanía en el conjunto de los ciudadanos indiferenciados españoles que pueden ejercer su voto de forma periódica, o bien que fuera de nuestra fronteras, en los restos del naufragio de lo que fuera el Imperio español, no se habla español. Estos presupuestos hoy infranqueables con rostro de leyenda negra, mito oscuro, dominador, e imagen de una imagen que con la propaganda solo distorsiona y sirve para arengar a los que solo pueden percibir lo negativo o lo ridículo, con la fuerza de los argumentos ideologizados y enfrentados del liberalismo, de la Iglesia y de los nacionalismos étnicos y fraccionarios, son:

1.- el relativismo cultural. Todas las culturas son isovalentes más allá de su potencia en forma de capacidad para poder explicar la realidad apelando a la razón y dejando de lado los vínculos personales y arbitrarios de seres perfectamente desconocidos y auténticamente creídos,

2.- el ecologismo, en el límite el veganismo y la defensa de los derechos universales de los animales, igualando a estos a los humanos cuando no respetándolos y comprendiéndolos como superiores.

3.- el agnosticismo o ateísmo vergonzante, antes creer en los cíclopes, los trolls, los duendes, o en energías positivas que en el dios de la escolástica engendrado y racionalizado entre otros por santo Tomás de Aquino tras hacer hablar al dios imposible de Aristóteles.

El propósito compartido: la disolución de las actuales fronteras de los estados modernos que doblegaron el Antiguo Régimen. Un estado moderno de «mínimos» a favor de los pueblos que más débiles ofrecerán un poder local de privilegios y neofeudal más eficaz, menos resistencia al mercado, será más ágil el dominio económico del imperio realmente existente (por ahora) con el dólar como moneda y con el inglés como única lengua franca, y finalmente la disolución de patrones de ciudadanía que fraccionen el mensaje de Cristo: ni franceses, ni ingleses, ni alemanes, ni españoles, todos ciudadanos del mundo, todos hijos de su pueblo, de su cultura, del lugar donde mejor puede brotar el espíritu salvífico en forma de gracia santificante y para evitar pruritos no deseados para los laicos en forma de cultura.

Su mal uso no es una broma

Fecha: 20 noviembre, 2020 por: dariomartinez

Es un sinsentido. Puede entenderse como un «oxímoron». En este caso consiste en añadir una etiqueta a una etiqueta. El uso del vocablo fascista está democratizado, acopiado por todos y usado de forma indiscriminada pierde su sentido, lo que no quiere decir que pierda su fuerza psicológica en forma de insulto del adversario político. Mitificar negativamente al adversario logra como efecto la mitificación positiva de quien lo profiere, así se resalta lo negativo para elevar las verdades y los parabienes ideológicos del auténtico adversario político. De dogma a dogma y tiro porque me toca. La confusión la regla, la nesciencia virtud, la apariencia como conjetura una caricatura de lo inteligible. Platón estorba.

De este modo las cosas ya no se sabe que significan. ¿Qué más da? Fascistas son todos y es nadie, en el fondo comienzan a ser simplemente los otros.

Para un fascista las urnas servían para ser rotas. Un Estado sin una armonía impuesta, exigida, tradicional, verdadera, es una simple locura de no gobernanza. Para el fascista el liberalismo es eso, otorgar una libertad sin norte, sin ideales, sin compromiso compartido, es el ejercicio mitificado y aplaudido de un nihilismo autodestructivo del mismísimo Estado. El fascista quiere el cambio a golpe de coacción colectiva y organizada, y quiere recuperar la tradición. Primero para acabar con el marxismo, por señalar con el dedo acusador de la desigualdad social a la propiedad privada y reivindicar en la dialéctica inexorable de la historia el fin de la idea de Dios por alienadora y opiácea ella. Segundo para acabar con el liberalismo. La usura no es virtud, es un simple contravalor.

El liberalismo es la decrepitud de un Estado atado a lo errático y sin ideales prestos para dirigirse a un «destino en lo universal», es la aceptación de la derrota como pueblo y patria. El liberalismo ha de ser repudiado, la Iglesia dará el golpe de gracia en España al liberalismo que persigue con ahínco un proyecto comercial y productivo sin dirigismos del Estado, sin fronteras, universal y sin trabas burocráticas. La Iglesia y el fascismo son por naturaleza beligerantes con el liberalismo (los nacionalismos no le irán a la zaga), de paso el Estado será una vez dirigido con el puño de hierro del fascismo una farsa democrática entendida como realización permanente del ideal en el presente en forma de movimiento.

Acabar con los estados-nación paridos por la modernidad frente al Antiguo Régimen es el zarpazo vengativo e irracional, por ser una farsa racionalmente perpetuada, del romanticismo. Tres sus enemigos efectivos:

1.- una Iglesia en la órbita no terrenal de una izquierda extravagante, fuera de la política, de las fronteras del Estado,

2.- un liberalismo sin barreras subvencionado por las grandes fortunas ávidas de pequeños estados sobredimensionados en lo financiero (que no en el comercial) para lavar sus teñidos dividendos,

3.- un nacionalismo empeñado en demoler los estados-nación realmente existentes.

Todos ellos constituyen un conglomerado ideológico perfecto para transformar la realidad en duda y confusión a modo de relato posmoderno abierto a la perpetua interpretación y ajeno a cualquier tipo de verdad, ya sea científica y/o filosófica. Todos ellos independientes pero todos ellos con un único finis operantis: acabar con el estado moderno por merma colectiva de sus privilegios. Su finis operis cada vez más cerca de la materialización en forma de feudalización de sus pequeñas parcelas de poder. Como representantes de sus respectivos pueblos, feligreses o consumidores satisfechos la acreditación de que su hacer, vía ejecutiva y de poder político, en caso de ser un error será adjudicado al pueblo.

Reivindicar más Estado es hasta revolucionario. Serviría como mecanismo político al servicio de los ciudadanos, garantizaría la libertad de, fomentaría la alergia, avalaría la libertad para. De este modo cada uno estaría habilitado para poder pensar lo que quisiera, siendo la razón y su libertad la causa necesaria de su mejor ser como persona; pudiendo decir lo que piensa estaría habilitado prudentemente para combatir el odio, la ira y la envidia en forma de una falsa realidad fomentada desde las élites. Minorías ellas, clases extractivas de valor que consumen de las arcas del Estado y piden desde la plataforma de marfil de su sabio intelectualismo que el Estado que les paga desparezca.

El fascista es antimarxista y es además antiliberal. Quiere y desea un estado absolutamente controlado. Lo llamarán orden, y lo entenderán como un gran acuartelamiento civil. La fuerza manda, es la mejor manera de imponer los ideales. Es implacable, no admite disidencias, discrepancias, o dudas ante la autoridad. El líder es imprescindible, carismático, y un guía insustituible de la masa que ha de anclarse en la tradición, en el pasado de gloria que se ha de recuperar a golpe de pistola.

Insistimos: es antiliberal, luego llamar a un representante de VOX fascista a la vez que liberal carece de sentido, al menos histórico e ideológico. Es un hierro de madera político, o de otro modo: un marxismo liberal o un fascismo leninismo, igual da. A pesar de todo por habitual se torna normal y como tal, y dada la victoria moral de la desidia de la mayoría, la rebelde y pujante minoría tiene el campo expedito para hacer y deshacer a su antojo. No faltarán acólitos que les voten al interrumpir el sueño cada cuatro años.

En auxilio de la razón

Fecha: 30 julio, 2020 por: dariomartinez

De forma provisional el régimen de semilibertad de varios de los presos políticos catalanes condenados por sedición (más concretamente por intento de desintegración del pérfido Estado español) es cancelado. El efecto inmediato la vuelta a la cárcel. Obviamente el rechazo de sus principales afectados es palpable, público,  y notorio. No cabe duda que la estancia en un centro penitenciario es desagradable. Es triste porque limita al máximo la libertad de movimiento e impide que uno como persona se pueda enriquecer, es decir pueda potencialmente ser mejor y ampliar en función de su capacidad la libertad para hasta lo máximo de su ser en tanto que persona que vive con otras personas.

Sus argumentos de rechazo son múltiples. Básicamente giran en torno a lo que entienden como una actitud jurídica coactiva y amparada en la venganza. No son las leyes y la certeza a ellas asociadas las que sirven para revocar una decisión de excarcelación previa, son supuestos psicológicos, disfrazados de ley, los que dan con sus huesos un tiempo de permanencia más dilatado en la cárcel. La razón de estado es astuta y también despiadada. Ataca lo más sagrado, arremete contra la fe de quien obra en conciencia.  Esa fe inexpugnable, misteriosa, incognoscible, ajena a una realidad en forma de normas emanadas de una soberanía de todo el pueblo español; soberanía indivisible y que ha de entenderse como totalidad atributiva. De no ser así su fuerza o capacidad de obligar se diluirá en la charlatanería, y será incapaz de cambiar trayectorias de vida que resulten lesivas para el conjunto de la sociedad.

La vuelta a parcelas de poder político en régimen de feudalización no es progreso. Es una vuelta atrás peligrosa. Es el retorno a una libertad de conciencia, muy luterana ella, muy protestante, que justifica, con el rigor de la persuasión y la fuerza, el dominio de los más convencidos y que en un proceso de locura colectiva puede constituirse en mayoría. La vuelta al protagonismo de unos líderes iluminados y con el derecho autoadquirido para poder dirigir a los más, a las masas enfervorizadas y doblegadas al opio de una cultura (una vez secularizada la gracia divina) entendida como realidad absoluta. Idea con gran capacidad operativa y organizativa y habilitada para transformar lo que no es más que una utopía en consigna de acción política: «una nación (léase en el sentido étnico-cultural),  un Estado».

Se permuta la voluntad de Dios por la voluntad individual. La conciencia pura es infinita, no hay realidad, ni norma, ni Estado que la pueda doblegar. La conciencia articula a su modo lo realmente existente. No sólo es una mera premisa que permita intentar entender el presente en marcha, es el principio articulador mismo. Está por encima de cualquier ley positiva, es un nuevo Dios, es un nuevo mesías, su hacer se torna implacable, impecable, ajeno a la crítica. La fe agrupa como nunca. Se convierte en principio coordinador de lo irreal y posible. Su alimento una ideología fácil de digerir: la felicidad entendida como pueblo independiente.

La realidad mermada hasta la nada no importa. La fe es auténtica si brota libremente, espontáneamente, de la tierra que la cobija. La ficción en origen es esencial. La mentira se generaliza, se hace mayoritaria, todos se lo creen, todos tienen sus buenas dosis de fe, todos pueden salvarse. La realidad ha de someterse a su voluntad. Estamos a un paso del desastre. La posmodernidad triunfante convierte todo lo que toca en mero relato, la coartada perfecta para salvar la conciencia, la fe más íntima y preciada.

¡Qué panorama! Leía en estos días a Jesús García Maestro «Contra las musas de la ira. El materialismo filosófico como teoría de la literatura». Decía que Espinosa en la modernidad fue un lobo para Dios. Lo trituró con la razón, le dio un cuerpo en forma de naturaleza infinita, absoluta y no en acto, es decir irreal. Le robó su voluntad y lo despojó por irracional de deseo alguno. Lo vació. Cervantes hizo lo mismo con su literatura. Su Quijote era un Dios, tan divino como el hombre puede llegar a ser. Operó en la ficción hasta el límite, se le dio por loco, pero su razón subyacente sobrevivió y volvió a aflorar al final de la novela y de su paso a la muerte. Dos autores magistrales, defensores de la razón, lobos para Dios, combatientes con la armadura del saber de los fantasmas de lo superfluo, de lo mezquino, tramposo, e irracional, de la fe como motor y aval de todo tipo de hacer por muy soez y terrible que sea.

Ahora necesitamos un lobo para los nacionalismos de allende o de aquende que pretenden hacer implosionar por caducos y opresores a los estados-nación nacidos con la modernidad y cuyo «finis operantis» desde su génesis no era otro que: el interés común, una mejor redistribución de la riqueza, una sociedad política de ciudadanos comprometidos e iguales ante la ley para ser tratados en su diversidad conforme a las ideas de bien y justicia.

Hemos de escoger en la filosofía un sistema que muestre críticamente los límites de todo tipo de nacionalismo hasta desactivar su eficacia, consecuencias, posibilidades, ficciones, y engaños. Hemos de rescatar lo mejor de la filosofía, en un sentido académico e inmerso en el presente, para demoler esos monstruos de la imaginación  y de la fe que nos pueden con eficacia mortal debilitar y someter. La filosofía la tenemos, poseemos un buen saber de segundo grado a modo de «symploké» platónica que puede volver a la caverna y dar cuenta del peligro que nos acecha. Tenemos los textos, hay lectores, conocemos a muchos de los autores que con su obra logran que el materialismo filosófico continúe su curso argumentativo hacia la verdad demoliendo el error. Falta un número más potente de intérpretes, de transductores, que lo eleven al terreno de lo académico e institucionalicen su sistematicidad para así poder articular un discurso más ajustado a la razón.

Con el materialismo filosófico de Gustavo Bueno podemos ser y  estar más firmes. Sortear los envites de la vida estando con el que fue su buen hacer reflexivo. Sistemas filosóficos como el suyo no hay muchos y menos escritos en español.

Brotes negros que no verdes

Fecha: 21 julio, 2020 por: dariomartinez

1.- Un primer diagnóstico

Siguen aumentando los contagios. Las autoridades sanitarias de cada una de nuestras autonomías se han adherido hasta hace bien poco a la responsabilidad individual. Se recomienda, se aconseja, se advierte, se sugiere. La política ejecutada consistió en apelar al principio de existencia de un ciudadano formado, concienciado, voluntarioso, libre, para poder seleccionar lo que en cada momento debe hacer. Es obvio que se trabaja con una baraja trucada.

Las medidas adoptadas estaban impregnadas de lo que cada uno debería ser, en lo mejor de cada uno, ajustado a los valores fundamentales e incuestionables sobre lo que todos creemos entender como Estado social y de derecho; un equilibrio, una armonía, un perfecto orden, entre el individuo, el ciudadano, y el grupo. Pero la realidad es tozuda. La sociedad española entendida como un todo distributivo venido a menos y espoleado hacia un reparto asimétrico de los bienes inicialmente compartidos se dirige hacia la arbitrariedad. Un Estado así no limita las diferencias sino que extiende lo desequilibrios en nombre de indentidades que se suponen y por su abstracción no se sabe qué son. Resultan eficaces para dar cuenta y tergiversar lo concreto y privilegiar a un tiempo a sus respectivos feudos de poder.

2.- Del ser, no del deber ser

Los ciudadanos españoles son de carne y hueso. Su cuerpo y su yo son uno, nada tienen de especial con respecto al resto de los demás mortales. Su yo, su mente, su conciencia, es su cuerpo, su hacer. Son inseparables, aunque sólo sea para vivir.

Kant apelaba a una razón práctica pura, sin coacciones, absolutamente libre, apoyado en un Dios desconocido, casi superfluo, como garante de un imperativo categórico que no podía admitir excepciones, que doblegaba las circunstancias a la voluntad como representación práctica de lo que debe hacerse, que prescribía un buen hacer práctico esclavo de la ley moral que aspiraba a lo más elevado, a la santidad, al hacer trascendental y en favor de la humanidad en su totalidad. Esa libertad sin coacciones no podía errar, era ajena a la mentira…y en realidad era un sujeto sin manos.

No hay duda. El pietista Kant no se había leído a Espinosa. El hombre puede ser razón pero dominan en él los afectos. Se ocupó de reflexionar sobre lo que los hombres son, no sobre lo que le gustaría que fuesen. No los elevó, pero tampoco los condenó. Los menos, los más sabios, podían alcanzar el estatus de divinos por acciones orientadas al mantenimiento de la vida de los demás.

El Dios de las religiones de estirpe literaria, no sagrada, no desea, no tiene voluntad, es naturaleza «natura naturans», es impersonal, es perfecto, es geométrico, pero no es acto, es decir no existe. La condena asegurada. La censura a las puertas de su casa. Su miseria, su prohibición de acceso a la república del saber, a la recepción e interpretación de su reflexionar racional a lo más prestigioso del pensamiento académico imposible en vida. Un clandestino que debía ser especialmente cauteloso. Callar lo que pensaba y plasmar sobre el papel lo que en público no podía decir (en términos de Kant: “no podía ejercer su libertad privada”).

3.- El ser del SARS- CoV-2

A hombros de Espinosa. Los brotes de la Covid-19 aumentan, se teme la llegada de una trasmisión comunitaria. El confinamiento una posibilidad de futuro plausible en ciertos territorios de España.  Marco Aurelio decía: «El universo, mudanza; la vida, firmeza» y  Gustavo Bueno atrapaba dicha máxima para su filosofar. Esta pandemia es puro devenir. Marcada por un ser impersonal sin vida, sin capacidad para reproducirse, que existe, que no es una ficción parida por la imaginación y divulgada al gran público como un relato verosímil y del que sólo podemos dudar como pontifican los persuasivos posmodernos. Es una realidad que permanece en su ser, que lucha por mantenerse, que tiene un «conatus» hasta ahora tan poderoso como para no poder ser dominado tecnológicamente, es decir no poder médicamente triturarlo hasta su no ser o al menos doblegarlo hasta su inacción. Curiosa existencia que es mucho más que un fenómeno psicológico. La enfermedad muta, está activa, no es propositiva, pero sus consecuencias nos afectan.

Esta enfermedad puede poner en riesgo nuestras vidas. Sabiamente hemos de velar por el mantenimiento de nuestro ser, permanecer firmes. Hemos de reflexionar sobre la vida. Es la ciencia médica la que mejor puede controlar esta realidad. Aquí no valen las supersticiones, los pseudosaberes, o lo extravagante. Tampoco las medicinas alternativas o las soluciones milagrosas de carácter gnóstico, imposibles de someterse a método alguno, de diagnosticar con el rigor necesario su cierre categorial coordinado por principios anantrópicos y comprometidos con el rigor de una hacer asociado a la verdad y con forma de ley,  imposibles de enseñar, y lo que es peor: sólo para elegidos. La vida requiere de saber, de firmeza y esta es la verdadera libertad. Es lucha, es capacidad y su resultado no es otro que los límites de nuestra libertad de.

Lo triste, en el sentido de hacer práctico humano no orientado hacia la vida y el enriquecimiento de nuestra persona en el seno de un sociedad de personas, es que los actos dominados por la ideología de la felicidad y por el «hago lo que me da la gana» sino generalizados sí son más frecuentes de lo deseado, y lo deseado en este caso ha de ser el interés común, el bienestar de la mayoría, la vida en común y en buen orden (eutaxia), es decir libres de la temida enfermedad vírica que nos azota.

Falacias y no buenos argumentos

Fecha: 13 julio, 2020 por: dariomartinez

Hoy los discursos públicos no son capaces de despegar de la opinión. La paloma de la razón de Kant ya no necesita alcanzar el vacío para no volar, para no alcanzar la verdad. La mutación nihilista ha hecho que le sea prescindible, de paloma a gallina. Es difícil argumentar, dar brillo a ideas a partir de términos, palabras y conceptos apoyados en saberes seguros que puedan dilucidar las posibles causas de los problemas y vislumbrar las posibles soluciones limitadas y problemáticas que se nos ofrecen en el ámbito de lo estrictamente humano, y más concretamente de lo político entendido como buen orden del Estado.

Sin una filosofía académica reconocida e incorporada para su discusión al ámbito académico los límites de la razón se diluyen, se convierten en frágiles burbujas expuestas a la fácil desaparición. En el mundo del puro relato posmoderno todo es isovalente. El respeto psicológico manda. En cambio el respeto lógico y orientado al rigor de la verdad en forma de construcción de un decir bien organizado en forma de «symploké» está casi condenado. Los falsos argumentos dominan. Las falacias se ejecutan con absoluta impunidad. La democracia se convierte con paso firme en «oclocracia», gobierno de la mayoría no preparada para dar cuenta de los problemas que ponen en peligro la estabilidad misma del Estado. Las parcelas del poder en España se feudalizan. Uno de los síntomas más eficaces de nuestra estructura autonómica del Estado es la manera tan sencilla de eludir responsabilidades. El falso argumento es una herramienta poderosa. Lo sabían los sofistas, por ello lo alentaban y lo estimulaban, lo de menos era el cumplimiento de las leyes u orientar su saber hacia la verdad, una verdad que habría de construirse a través de un lenguaje en forma de silogismo problemático, no demostrativo o científico. Este silogismo dialéctico se apoya en el acuerdo de la opinión de la mayoría, está abierto a discusión, es el argumento más probable, y de él se han de extraer siguiendo los pasos precisos, lógicos, las conclusiones pertinentes. Entre las premisas y las conclusiones no han de darse pasos o transiciones incorrectas. Hemos de eludir las falacias, los raciocinios interesadamente erróneos, las mentiras dirigidas a los privilegios de unos pocos y a la debilidad del Estado.

No podemos obviar que la política es difícil y lo es porque ha de tratar con ciudadanos de carne y hueso, ciudadanos en los que dominan las afecciones, las pasiones, los intereses propios, y no la razón. La política ha de pensarse con la mirada puesta en lo que los ciudadanos son, no en lo que deberían ser dando lugar a una forma de reflexionar errónea porque no puede penetrar en lo inexistente. De ser como debería ser el ejercicio de la político sería más sencillo, menos problemático, más previsible, menos exigente.

En estos días. Un brote de la COVID-19 se detecta en Cataluña, entre otros muchos territorios de España (o el Estado español si no queremos herir sensibilidades). La campaña de recogida de fruta está en su momento más intenso. El trabajo ajeno a procesos tecnológicos requiere de un gran esfuerzo. La cantera del tercer mundo es inagotable. En este caso, según las informaciones de las que disponemos,  hablamos de ciudadanos marroquíes y argelinos en su mayoría. Es un trabajo temporal. La eficacia se exige. El trabajo ha de ser riguroso, profesional, sometido a escasos errores, en el límite ninguno. Se ha de intentar recogerlo todo, y además bien, o sea con prontitud y ajustándose a los ritmos del campo. En la cadena de producción, del campo a la mesa, el coste mínimo de inicio es norma. Los productos del campo en origen son económicos, este hecho es por todos conocido. La inversión en capital fijo es estable, mínima, el trabajo de recolección no requiere de la destreza de un operador que domine una tecnología que medie entre el individuo y la naturaleza. Requiere fuerza, tesón, paciencia, y aceptación de lo rutinario como necesidad ineludible. La inversión en capital variable, sueldos, es la suficiente para mantener la vida aquí y a la vez tener la esperanza de poder prosperar en su tierra natal. Pues bien, con el hacinamiento y unas condiciones de vida limitadas, sin lujos, con las comodidades justas las posibilidades para que aparezca un foco de contagios son elevadas. Saltan las alarmas. Las competencias sanitarias ahora están transferidas a la comunidad autónoma catalana. Aparece un problema de envergadura. Se ha de hacer un buen diagnóstico, entender las causas del contagio, pero también es la oportunidad para el discurso fácil, el pseudoargumento, el silogismo sofístico, no dialéctico, apoyado en la opinión de la mayoría y cuyo tránsito de las premisas a la conclusión siendo ilógico resulta irrefutable, por dogmático no por veraz.  La falacia es muy simple. Se trata de ofrecer al ciudadano catalán una causa como fenómeno directamente relacionado con un hecho, causa que es aparente, engañosa, pero que resulta persuasiva, dominante, e indiscutible. Dicha falsa correlación es una mera coincidencia en el tiempo, pero no es una cuestión con forma de ley impersonal y determinante del problema sanitario planteado. La causa no es ni puede ser el Estado español, y en el mejor de los casos sería por su no hacer, más que por su hacer. Las causas son otras, ya más arriba sugeridas, y la responsabilidad de un buen gobernante es intentar trabajar con buenos argumentos para intentar atajar o resolver los problemas de sus ciudadanos, no de los ciudadanos tal y como deberían ser y ellos los quieren ver.

 

Del sumidero de la censura

Fecha: 7 julio, 2020 por: dariomartinez

No voy a negar que es un tema que levanta pasiones. Resulta directamente vivido por todos, de él todos podemos decir algo, siempre que nuestro juicio no sea en extremo débil o simplemente uno no esté enfermo. Le sucede también a ideas como la de tiempo y la de justicia, todos las conocen, todos tienen su opinión al respecto, pero lo curioso del caso es que la situación se complica al preguntar de forma directa sobre el asunto. La interrogación socrática es cuando menos dolorosa. No gusta, tendemos públicamente a obviarla. Estamos más seguros en el terreno de lo compartido y no rumiado. Con el nihilismo triunfante el campo compartido para la reflexión se estrecha. Cada opinión particular se consolida, al ser exclusiva se estima como única, diferente y lo que es peor original. El tópico pierde las causas que lo materializan y se presenta como apariencia desconocida, más creíble que, por supuesto, sabida. La imaginación sin el apoyo de la razón ya no inventa ficciones atractivas, bellas, misteriosas, apasionantes, poéticas, sino que se construyen sin ningún tipo de sentido procesos falsos de reflexión cargados del mal del irracionalismo. Amparados por la posmodernidad lo mediocre domina por atractivo. Lo extravagante pasa a ser extraordinario y peligrosamente mayoritario. Las nuevas adhesiones requieren de fe, se convierten en doctrinas amparadas en principios evidentes de autoridad, se cancela el debate como combate geometrizado de ideas paridas por conceptos categoriales rigurosos, se consolidan como dogma y se exponen como fundamento inexpugnable, ajeno a la duda, a la crítica en el sentido de clasificación, jerarquización, discriminación, y sistematización, y se llega por fin a la censura a modo de heurística negativa fácil.

¿Qué pasa hoy con la censura? Al preguntarlo para negarla el interlocutor suele salir por la vía individual, se cae en una especie de solipsismo posmoderno, se analiza la vivencia propia y se traslada a todos, no acreditando la verdad de la conclusión, pero sí dando crédito a la verosimilitud del diagnóstico. Se suspende el juicio, se cancela la discusión, no se puede dar un paso más, la verdad se desprecia al sumergirse en lo psicológico, en fenómenos asociados a los sentimientos, las pasiones, las emociones. “Yo lo veo y lo entiendo así, tú lo ves y lo entiendes de otro modo”. Eterno empate. La salida de la caverna de Platón una utopía, cuando no una quimera. La labor posmoderna todo un triunfo. Todo es un relato y el que más persuade no es el propietario del argumento comprometido con la verdad sino aquel que guarda mejor las formas y no permite dañar ninguna sensibilidad. ¿Dónde queda el lema “antes la verdad que la paz”? Pero la pregunta es: ¿se puede libremente, es decir, se puede orientar el discurso hacia lo mejor, la justicia, la verdad y el bien y poder debatir sin coacciones que de algún modo limiten el saber? De otra forma, ¿hay censura? En caso afirmativo, ¿de qué tipo/s de censura/s hablamos? Es un tema de calado, estoy seguro de que no resolveré la mayoría de las dudas, quedarán muchos matices en el tintero, temas sin recoger pero al menos será un apunte. Vaya por delante, hay censuras. La censura es la cancelación de todo discurso que tenga como propósito el enriquecimiento de la persona, la construcción racional y rigurosa de verdades, lo mejor, la libertad y el interés común para el conjunto de los ciudadanos (la estabilidad del Estado), su eliminación tiene como consecuencia el fomento del odio, la ira y lo pasional, hasta un fanatismo capaz de habilitar cualquier acto de violencia gratuita contra la integridad de una persona o grupo de personas.

La censura hoy existe. No es algo exclusivo de nuestro presente en marcha. Nietzsche quiso acabar con un dios que ya estaba muerto por imposibilidad lógica y carencia de voluntad. Al matarlo a él lo que logró fue la muerte de la verdad y la puesta en solfa de toda realidad. El asesinato del dios nietzschano es irracional porque acaba con la ontología general y reduce las regiones de lo real a lo físico, a lo positivo según sus palabras, al único mundo existente. Convierte lo psicológico en fisiológico o biológico y vacía de contenidos las regiones de lo estrictamente anantrópico y universal. El gallo del relativismo posmoderno. Con Schopenhauer lo real se transforma en voluntad, para ser no necesita existir, es mera posibilidad, no hay lógica, no hay principio de contradicción, Husserl intentará un imposible: sistematizar fenomenológicamente lo incognoscible. En el fragor de inicios del siglo XX de la nada lo misterioso, lo absoluto, lo no conceptualizado, lo ajeno a las ciencias institucionalizadas y cargadas de verdades sistemáticas, se impone, y lo hace para dar cuenta de lo concreto, de sus regiones de lo real, de una forma particular, torticera, azarosa, pero atractiva, cautivadora. Sin asideros de verdad todo es posible.

Por tanto la censura existe y se acepta como desconocimiento, ignorancia premeditada de la verdad fraguada en los laboratorios, construida con esfuerzo, sistematizada, derivada de principios anatrópicos que coordinan los teoremas y las teorías, que categorizan las diferentes parcelas de la realidad, que muestran la imposibilidad de una armonización perfecta por irracional y utópica, que fustiga los reduccionismos por metafísicos. Verdades construidas por especialistas, abstractas, no democráticas, institucionalizadas y hoy puestas en el disparadero de la fatuidad desde las trincheras de nuestras universidades. Repito, estos saberes están censurados a una mayor cantidad de población, le son desconocidos por falta de competencia para poder entenderlos.

Pero la censura no se reduce al desconocimiento de saberes complejos. Hay censura ideológica, política, artística, no solo una censura jurídica dirigida a la penalización racional de la exaltación de la muerte, de la violencia gratuita amparada en la raza, en el pueblo puro, en la etnia o en la tribu, sino que comienza a proliferar un tipo de censura de la mayoría que no quiere ni por asomo posibilitar el debate hacia lo mejor, la verdad o el bien. Y todo comienza por las élites académicas y políticas que en su condición de transductores, de intérpretes de lo correcto, de lo que ha de asimilarse, enseñarse, e institucionalizarse en favor de sus privilegios mezquinos y feudales disfrazados de la fuerza de una mayoría entendida como totalidad atributiva independiente, soberana y por supuesto autónoma, de modo performativo nos venden como saber obligado. En el nuevo populismo posmoderno, en la nueva democracia trufada y dañada hasta convertirla en «oclocracia», la disidencia en forma de discrepancia se censura, se rechaza, se le impide acceder al reconocimiento público, a no ser que sea para vilipendiarla, etiquetarla o destriparla con argumentos ad hominen. Hoy no se permite decir, incluso en los círculos de la amistad, aquello que pueda dañar u ofender a los oídos piadosos  «piarum aurum ofensiva»,  a los ya convencidos. Esta censura de la multitud da como resultado la autocensura. El mantenimiento de la amistad y de los lazos familiares pasan desgraciadamente  por el silencio. La ética se atomiza en forma de individualidades diminutas inalterables por el empeño asfixiante de una moral en forma de pathos dominante que logra con mayor frecuencia alcanzar las cotas seguras del derecho al cristalizar como leyes. Espinosa tuvo cautela y logró no ser linchado en la plaza pública holandesa de su época, hoy la prudencia se requiere para no ser vituperado en el círculo de los más allegados. A su vez  la bioética se fortalece interesadamente como ideología dominante gracias al apoyo de una censura articulada en la ignorancia de asuntos contaminados desde su génesis y analizados con una simplicidad capaz de obviar la complejidad de los problemas relacionados con los individuos entendidos como personas derivados de los avances tecnológicos y científicos en campos como la biomedicina (v.g. eutanasia, aborto, clonación, vientres de alquiler).

Prueba: nunca como hasta ahora hubo tal número de personas tachadas de fascistas. Desde la filas de la llamada derecha, como desde las filas de la llamada izquierda, tanto monta monta tanto.