La confusión un posible semillero de votos.

Fecha: 28 febrero, 2020 por: dariomartinez

Hay muchas formas de construir muros. Con miles de ladrillos de confusión

Leo en estos días una cita muy interesante de F.Bacon, uno de los más importantes filósofos de la modernidad y de la ciencia, dice: “con mayor celeridad emerge la verdad del error que de la confusión”. En el abrupto terreno de la política la verdad es difícil, al menos en un grado de abstracción y necesidad mínimo. Nuestras conductas son dispares, los intereses particulares plurales, el obrar colectivo imposible de pronosticar, la valoración de los resultados abierta y sometida al ineludible escrutinio ideológico. El obrar bien de todos, o siendo más precavidos de muchos, no sabemos si necesariamente conducirá a una materialización más real de una justicia social en forma de interés general. En una sociedad en marcha los planes de futuro han de ser prudentes, pero también hemos de reconocer que son, dada su naturaleza política, ficticios, virtuales, posibles, eso sí, siempre y cuando no se apueste por políticas utópicas ávidas por sacrificar el presente y poner en marcha planes de estabilidad estériles, ineficaces o simplemente desestabilizadores. Queda claro el hecho de que la posible verdad política es problemática. Pero por lo menos sí ha de poder darse un proceso bien meditado que permita entenderlo como coherente, como garante de un orden tan necesario para la convivencia como para el logro particular de nuestras aspiraciones más elevadas y sabias de libertad.

En nuestro país surge el problema cuando lo que domina es la mera confusión. La conducta de los ciudadanos españoles está sumida en la inmediatez. Dilatar el tiempo de cara al futuro parece inoportuno. La felicidad se agota en la satisfacción de cualquier tipo de falsa necesidad, ya sea caprichosa, indecorosa e incluso amoral.

Quienes han de servir de guías de nuestras trayectorias particulares de vida se atiborran de principios, en su abundancia y variabilidad se tornan vacíos; el ciudadano no sabe a dónde dirigir sus pesquisas prácticas. No hay principios coordinadores que permitan dar sentido a la estructura y al funcionamiento del Estado. En la confusión generalizada todo vale, o todo carece de interés. El nihilismo o la apatía se tornan carta de presentación de todo ciudadano dispuesto a vivir bien, sin altibajos, sin preocupaciones. La razón se colapsa, el error no se reconoce, el bien se ausenta, la justicia se debilita hasta someterla a la formalidad de la inacción. Un mal ejercicio práctico de vida, particular o colectivo, puede no tener consecuencias. Explorar las vías de la ilegalidad puede resultar beneficioso.

Vistas así las cosas en la confusión el Ejecutivo convierte desde su punto de vista cualquier tipo de actuación en impecable, el fallo no tiene cabida. En la sobreabundancia de principios no gana la verdad, domina la opinión, lo emocional, lo que sea fácil de aceptar por la mayoría sin falta de devanarse los sesos, en otras palabras: lo que pueda garantizar más votos. De este modo intentar pergeñar una política en beneficio del interés común se topa permanentemente con la imposibilidad de poder aunar un mínimo de coherencia, y esto porque es imposible engarzar lo que diecisiete comunidades autónomas quieren para sus ciudadanos. Esta es la realidad que hasta ahora ha hecho imposible por ejemplo un pacto de Estado por la Educación o un pacto que permita diseñar un Estado que pueda competir frente a otros con garantías, no frente a otras comunidades autónomas mirando cada una de ellas y de forma mezquina por sus intereses. En nuestra debilidad como nación política la fuerza de los otros. Construir muros de discordia entre vecinos transforma nuestra democracia en una forma de hacer política sometida a una irracional cadena de favores. Muy feudal ella.

En su esencia, su podredumbre: Auschwitz

Fecha: 28 enero, 2020 por: dariomartinez

La Noche de los Cristales Rotos. Un modo más de celebrar su cumpleaños

Un pasado recordado. Irrevocable pero con su impronta en el presente. Se injerta en nosotros para reorganizar con coherencia cada una de nuestras trayectorias de vida. Lo importante es asumirlo para poder dar lustre a un conjunto de saberes que nos permitan encarar como miembros de una sociedad en marcha un futuro mejor. Hemos de exigir, para interpretarlo con rigor y poder entenderlo y valorarlo en su justa magnitud, un análisis filosófico capaz de triturar la esencia misma de un movimiento que una vez activado pudo desencadenar en nombre de la salvación de la humanidad, de la superioridad de una raza, un proceso delirante y amoral que entendía al otro como no humano, como infrahumano,  como cosa prescindible, ausente de ser y por lo tanto con una existencia vacía que le convertía en justo merecedor de su aniquilación: «Si durante el comienzo y durante la Guerra bien se hubiera sometido a unos doce o quince mil de esos judíos corruptores de pueblos a los mismo gases venenosos que cientos de miles de nuestros mejores trabajadores de todas las clases y oficios tuvieron que soportar en el campo de batalla entonces no habría sido en vano el sacrificio de millones de nuestros compatriotas en las líneas del frente (…) Se trata en realidad de una clase [la judía] destinada a desaparecer y que desgraciadamente, arrastra a su ruina a un pueblo entero [el alemán]» Hitler, Adolf. Mi lucha, pág 422. Ed. Sigfrido, escribía el frustrado cabo austriaco allá por 1925.

Auschwitz no fue un hecho casual, ni mucho menos fruto de la paranoia de unos pocos, tampoco un hecho aislado y oculto a un pueblo como el alemán. El antisemitismo se sembró donde podía materializarse, dónde se podían poner en marcha marcos legales y políticos de presión con capacidad coercitiva, con fuerza para ser legales y a un mismo tiempo legitimados por una mayoría que aceptara el sino del pueblo judío, de los pueblos eslavos, del pueblo gitano, de los disidentes, de los deficientes psíquicos y físicos, de los homosexuales, de los promiscuos (a Hitler le preocupaba mucho el problema relacionado con la sífilis en las zonas obreras de la ciudades alemanas y austriacas). Su exterminio era la solución definitiva. La ciencia biológica, sus verdades en el campo de la genética, sus programas eugenésicos, en definitiva las verdades de una ciencia heredera de Darwin se trasladaban al campo de la política, se tergiversaban en beneficio de sus privilegios de clase, se convertían en doctrina, se amplificaban al conjunto de la humanidad, y definitivamente, estos fríos resultados de la ciencia, se espoleaban con mitos soteriológicos que autorizaban al héroe de turno a sacrificar el presente en aras a un futuro mejor. Todo ello en nombre de Dios, todo ello legitimado en tanto que pueblo elegido. Reivindicar a Lutero y su visceral antisemitismo, acudir a una ética kantiana en la que la obediencia ciega del funcionario haga que la razón privada como miembro del Estado le obligue sin dudar a cumplir con su deber,  someter su voluntad a una ley moral encarnada en la figura del Führer, y asumir que los designios de la historia son fruto de héroes que encarnan definitivamente el espíritu absoluto de Hegel; estos compromisos serán, entre otros, los mimbres que entrelacen toda una trama perversa que convirtió en servidores de la humanidad a los verdugos de Birkenau o Treblinka. Fieles representantes del Tercer Reich, camaradas de las temibles SS que lograban eludir el frente del Este, acólitos que cumplieron kantianamente con su deber hasta el final. De este modo su odio se tornó hábito, su ira flemática, sus vidas privadas tremendamente aburridas, simples, mermadas de momentos familiares, por su hacer en forma de exterminio en masa, merma que les producía, esta vez sí, un sentido y profundo arrepentimiento. Vidas las suyas sin ápice alguno de reconocimiento del error. Vidas sin generosidad, de interés por hacer de la otra persona alguien mejor. Todo esto, repito, no fue casual, fue premeditado.

Tampoco fue casual que en las Olimpiadas de Londres 2012, cuando se conmemoraban los 40 años del secuestro y asesinato de 11 miembros del equipo olímpico de Israel en Múnich, no hubiese ningún evento que recordase tal acto de barbarie terrorista. Un ejemplo, parece, del interés por dirigir el olvido histórico.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/37516/esencia-podredumbre-auschwitz.html

Algunos síntomas lógicos, que no eutáxicos

Fecha: 19 enero, 2020 por: dariomartinez

Aquí nos quieren, Parlamento Europeo ¿Unidos o divididos?

No han llegado todavía a los cien días de cortesía. El nuevo Gobierno inicia su andadura. Se prevén retos de enorme dificultad. La prudencia exigiría en muchos asuntos tantear el terreno sobre el que se va circular. Resultará imprescindible evitar actuar de forma maniquea y será preciso ampliar los horizontes del arte político a los límites precisos de la dialéctica entre estados, en este entramado los intereses generales de cada uno prevalecen sobre los demás, más allá de los vínculos, de los intercambios comerciales o de las buenas relaciones diplomáticas.

Si la nave del Estado no es bien dirigida los problemas no se podrán afrontar con garantías, todos resultarán inesperados,  si no inconcebibles. En el primer caso por querer hacer política en nombre de la humanidad, en el segundo por auparse a lomos de un fundamentalismo democrático que no da pie a la divergencia; de este modo quien no aprueba alguna medida política derivada desde la doctrina oficial es un antidemócrata.

Concretemos. Publicación del primer borrador sobre el reparto europeo en forma de «fondos verdes» a las comarcas más afectadas por la nueva reconversión industrial (eufemismo: transición ecológica). Asturias a la cabeza, en esto somos líderes.  Las actuaciones previas fueron dirigidas a salvar el planeta, la política energética del anterior gobierno en funciones se volcó en el intento absolutamente necesario por preservar a la humanidad del apocalipsis en forma de CO2 derivado de la actividad industrial, del transporte y de la ganadería intensiva (por cierto en proceso de liquidación). Los resultados impecables: bajada espectacular en la venta de vehículos, cierre definitivo de la práctica totalidad de los yacimientos mineros, estímulo al cierre por parte de las grandes corporaciones eléctricas de sus centrales térmicas y presiones medioambientales a las industrias electrointensivas. La actuación precisa, meditada, los resultados inmejorables. Asturias iba a dejar de estar negra por la contaminación, ahora estará negra por la falta de salidas de futuro. Con todo lo importante es pensar en positivo.

La responsable ministerial del actual Gobierno no lo entiende, el reparto la sorprende. La mayor parte de los «fondos verdes» van a Polonia, los yacimientos mineros abiertos su coartada, o a Alemania por poner en marcha una central térmica de alta capacidad. Ahora nos queda el recurso a la pataleta, pero, ojo, lidiamos desde la debilitada España, cuando no desaparecida, frente a la toda poderosa Alemania.

Otro síntoma. Nos devanamos los sesos para poder satisfacer las demandas de cada autonomía. España se entiende no como un todo distributivo, sino como un todo atributivo en el que cada una de sus partes o autonomías nada tienen que ver con España como entidad política soberana y común. Esas partes mantendrán relaciones asimétricas, los desequilibrios se agudizarán y las políticas mezquinas de cada Ejecutivo autonómico resultarán letales para las más débiles. Yendo hacia el cantonalismo nuestra democracia se encamina hacia un sistema político perverso, por ser a un tiempo democrático y feudal. Se legitima a través de los nuevos soviets posmodernos asamblearios, y se organiza por unas élites que privilegian sus interés particulares. Los nuevos señores, las nuevas élites pertenecientes a la nueva clase extractiva de valor, que no produce pero sí consume a manos llenas y se lo reparte solidariamente y de espaldas a las capas basales y productivas, obrarán con una escrupulosa ética de grupo, serán como una familia, la camaradería un hábito, el ejercicio de favores personales un deber. En este obrar legitimado el germen nacionalista resultará un activo eficaz para la vuelta a tiempos que creíamos superados. Lo peor es que su carácter reaccionario es apoyado sin fisuras por la nueva izquierda indefinida que habla en nombre de una humanidad que nadie conoce, una humanidad muy krausista ella, y a la vez  habla en nombre de los pueblos, ahora entendidos como naciones particulares articuladas en torno a la idea fuerza de cultura.  Se servirán de lo que queda de la actual España política. Desde ella y con la intención de aniquilarla podrán alcanzar sus objetivos: independizarse para verse como iguales y libres en Europa. Por supuesto dialogando y tolerándose como buenos demócratas en inglés.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/37407/sintomas-logicos.html

El ganador es el silencio

Fecha: 30 diciembre, 2019 por: dariomartinez

También en el espacio público.

Parece ser la tónica dominante. Nuestro presente en marcha avanza hacia no se sabe dónde. El pasado con el que se quiere contar es irrevocable, es el que nos ha tocado en suerte. De dichos restos nos hemos de nutrir de cara al futuro. Resulta imprescindible equiparse de aquellos que nos garanticen de forma prudente una mayor dosis de realidad, es decir más potencia, más posibilidades en el terreno de la dialéctica de estados en la que nos movemos. Hemos de medir nuestras fuerzas ante rivales poderosos, la mayoría de ellos aglutinados en torno a una idea de estado-nación incuestionable y que en su hacer persiguen el bienestar de sus ciudadanos, el interés general de los gobernados. En fin, la fragmentación interna es una oportunidad ni que pintada para debilitar exteriormente a un país.
Vayamos a lo de aquí. Reflexionemos mínimamente sobre la actual situación y uno de sus síntomas más destacados. Los protagonistas de la actividad política son los ciudadanos; el ejercicio sabio de sus derechos, el compromiso con sus deberes, es la mejor credencial para hacer de un país un territorio común más fuerte. Más allá de nuestro derecho al voto una manera de ejercer el sentido práctico de la política es la que se puede realizar a través del debate. Se ha de entender como combate de ideas, de buenos argumentos pergeñados por la razón y sometidos a la vía de la verdad. Debates confusos, difíciles, de continuos quiebros, de dudas, de soluciones parciales, de conflicto, de desequilibrios, de errores, de reconocimiento de nuestras limitaciones, cargados muchas veces de sentimientos, de sobreabundantes semilleros ideológicos fértiles para engendrar la mentira. En esta tesitura, el equiparse de ideas que articulen un discurso que haga ciudad, que haga de nuestro país un lugar mejor, requiere mucho esfuerzo, mucha constancia y momentos repletos de sinsabores. El problema que hoy existe es la imposibilidad de realizar a nivel de grupo ocasional un debate que abrace buenos argumentos. La tendencia, me parece, es que cuando se discute sobre algún tema relacionado con la política lo que domina es la falacia del argumento ad hominem. Los argumentos planteados no pueden ser nunca largos, extensos, precisos. La opinión impera, el relativismo capitanea en el falso diálogo, los dislates se toleran, y por fin la guinda del pastel es un asalto a la persona, previo interés por no querer escuchar los argumentos del rival. Como consecuencia de los tropiezos generalizados, hechos hábito, uno aprende. Como desenlace el silencio, asentir a temas que son cuestionables en aras a un falso reconocimiento de que en ellos no es posible la discusión sino el complaciente visto bueno. Vamos a la lapidación de la discusión, el debate en busca de lo mejor, de lo bello, del bien, de la justicia, el debate filosófico en el sentido griego y académico del término, está siendo enterrado por una posmodernidad en la que las dudosas verdades de la mayoría, por ser tales, por ser satisfactoriamente aceptadas, no permiten ser puestas en franca discusión. Sócrates hoy es condenado a muerte sin poder abrir la boca. Los temas dominantes por incuestionables crecen, la crítica se fagocita, la idiotez crece. Mal futuro nos aguarda. Espero equivocarme.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/37174/ganador-silencio.html

Un nuevo genio, un nuevo Aladino

Fecha: 12 diciembre, 2019 por: dariomartinez

E Iceta en Aladino

Un modesto Aladino, ni siquiera de cuento, frota la lámpara. Por las circunstancias extraordinarias en las que vivimos en España se le concede un  deseo, tres podría no ser sostenible, y más cuando los deseos ilimitados y costosos de muchos son moneda de curso corriente. Nuestro genio es bondadoso, escucha con atención y es prudente. Su fuerza para los milagros está debilitada. Con todo su inteligencia le permite hacer realidad lo imposible, sólo por una vez, pero con ella acredita su capacidad genial. El ciudadano aturdido y resuelto a pedir lo imposible, pero a bajo coste, le solicita como siervo fiel que resuelva un enigma ajeno a cualquier lógica con sentido. Ya no es el saber preciso y mitigador de miedos que pueda dar cuenta de la voluntad de Dios, ahora el tema de su angustia es otro. Titubea, mira a su alrededor, no teme por su pregunta, sino por la respuesta que se le pueda otorgar. Su nuevo saber le elevará. Le hará diferente, pero dado su grado de generosidad compartirá, aún a riesgo de su vida, como el filósofo de Platón que regresa a la caverna a orientar al que no sabe, su adquirida verdad. Un silencio incómodo, el genio no le apura, no muestra desagrado, le trata con benevolencia. Se impacienta pero sigue imperturbable, finge, pero es un gesto de aproximación, de confianza. Nuestro Aladino traga saliva, dilata el silencio, le mira a la cara con incredulidad y le pregunta: ¿cuántas naciones hay en España? No tarda, se muestra aliviado, un genio como él sabe la respuesta; en un acto pedagógico de gran agudeza comienza a contar a la vez que señala con el dedo índice un mapa político del Estado español (si fuese con el corazón la situación sería otra, quizá su recuento no fuese veraz, tal vez su razón quebrada le hubiera corrompido hasta mostrarlo como un genio maligno. Pero no, es un genio real, racional, infinito y bondadoso, con él la realidad y lo que el joven Aladino puede pensar es ajeno a cualquier tipo de lógica extraña). Con el dedo índice y con armoniosa precisión comienza: una, dos, tres,…, nueve. Aladino es un siervo aventajado, su constancia tiene premio, sus saberes previos le permiten con facilidad reconocer cada una de las naciones señaladas por el genio de la lámpara. Lo que nadie sabía ahora será por todos conocido ¿Será reconocido? ¿Será entendido? ¿Será fuente legitima de derecho soberano? ¿Serán asumidos por todos los ciudadanos españoles los afectos en forma de sentimiento compartido en torno a una nación étnica, cultural, que quiere ser Estado, afectos que brotan con la misma necesidad que las ideas guiadas por la razón? ¿Estamos dispuestos a sacrificar el presente, a abandonar nuestro pasado más inmediato, en aras a un progreso hacia no se sabe dónde y perfectamente indefinido?

Yo no tengo respuestas, si muchas dudas. Tampoco he tenido la suerte de toparme con ningún genio salido de una lámpara. Iceta en el personaje de Aladino hace un gran papel. Concedámosle su mérito, rindámosle los honores requeridos por un sistema que más que democrático se nos torna ante lo visto como timocrático.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/36924/nuevo-genio-nuevo-aladino.html

La mesa puede ser decisiva

Fecha: 27 noviembre, 2019 por: dariomartinez

La mesa algo más que una cosa

Continuamos con el Gobierno en funciones. Los representantes políticos elegidos por el conjunto de los españoles no se ponen de acuerdo para que se pueda investir por mayoría el presidente que ha de pilotar en principio, durante cuatro años, la nave del Estado.

Son necesarios pactos y acuerdos. La orientación inicial es hacia la llamada izquierda, entre los partidos homologados para hacer posible un pacto de gobierno estable y de progreso se encuentra el más que tradicional y liberal Partido Nacionalista Vasco. Con ellos el acuerdo es factible, no se sabe sobre qué, pero vaya por delante el sí de los jeltzales, es para ellos una ocasión de oro, la pintan calva, la capacidad de exigir, de asumir la fuerza imprescindible para legislar a favor de sus intereses está abierta, sólo requiere de la debilidad de un PSOE errático y de la aquiescencia de Unidas Podemos.

El problema está a la izquierda, otra fuerza nacionalista, secesionista declarada, se sube al tren del diálogo. Su prioridad es una mesa entre iguales, una negociación bilateral entre gobiernos representativos de dos Estados independientes y soberanos. Desde el inicio el diálogo se presenta como dirigido, la claudicación política de unos es la victoria de otros, y esto sin empezar hablar. No se puede sacar más rédito político con menos.

Vayamos a la mesa. Se anuncian los participantes, se fija la fecha, la hora y el lugar. Quienes dialogan se nutren de sus presupuestos ideológicos, defienden los intereses de los votantes a los que representan, los transmiten de forma hablada, son comunicados incluso antes de la reunión. Piensan y hablan, exponen sus propósitos políticos. Falta un tercer elemento y para ello la importancia decisiva de la mesa. Esta es el suelo de las manos, pero ahora es algo más que una cosa, es una herramienta imprescindible para materializar su doctrinario. No vale con manifestar lo que cada grupo de negociación busca, es prioritario que las manos realicen su tarea, no es tolerable que tras la reunión se enfanguen los problemas en dimes y diretes abiertos a interpretaciones permanentes. No es nada deseable que resulten eficaces para desactivar los posibles puntos de encuentro. Ahora, el grupo de ERC pide que todo ello quede plasmado por escrito en un documento; con él en la mano, si llega el caso, su poder se incrementará porque con él no sólo podrán ejecutar con más agilidad su proyecto político secesionista, sino que podrán obligar al otro abajo firmante a que coloque las fichas del poder nuclear del Estado a su disposición, y estas fichas de la partida negociadora no son otras que las judiciales y las legislativas.

Así las cosas nos encontraremos que unos pocos deciden sobre los más, y lo hacen sobre cuestiones cruciales que el conjunto de la sociedad civil ni siquiera sabía que podían diseñarse.

Espero equivocarme, que esto no sea un absurdo a lo Godot. Que sea triturada la irracionalidad en forma de inestabilidad derivada de lo que se pueda plasmar en una mesa. Que ésta no sea decisiva, que no deje de ser cosa, que no se convierta en una obra de arte secesionista.   

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/36703/mesa-puede-decisiva.html

Razones independientes para no votarles

Fecha: 15 noviembre, 2019 por: dariomartinez

También buscando un partido

Un resultado claro, abierto a interpretación por supuesto, para nada puro, el número de potenciales votantes que  no ejerció su derecho al voto durante las últimas elecciones generales ha aumentado. Las causas pueden ser muy diversas, no soy yo quién se permita el lujo de hablar en nombre de todos ellos, no estoy en condiciones, no considero que mi saber llegue a tal grado de iluminación. Le cedo el testigo a otros, siempre habrá osados que lo dictaminen en forma de axioma y en nombre de la ciencia.

Hablaré de mis razones. Dirigiré mis reflexiones hacia cada uno de los potenciales partidos políticos que con anterioridad a los resultados eran candidatos firmes a obtener un mayor o menor número de representantes en el Congreso de los diputados español.

De más a menos. Al ganador de las elecciones, el Partido Socialista, su trayectoria política no sólo alberga dudas sino que además destaca por ser errática. Confunde al votante, convence al convencido, más allá de lo que imprudentemente realice en política. Se muestra dispuesto a todo por dos ideas que no explica y que acepta de forma fundamentalista, no hay resquicio para la discrepancia. Una la idea de progreso, entendido tan frívolamente que se considera que todo cambio político por ellos perpetrado siempre e inexorablemente será a mejor; un optimismo colosal que los sitúa en la creencia de eso o de la existencia de la nieve frita, ¡igual da! Otra, la idea de una España federal que contente a todos, que perpetúe y asuma las diferencias entre ciudadanos españoles, que ahonde en el enfrentamiento, que fije barreas que eviten la confluencia o la igualdad de oportunidades, todo ello en la creencia de que a su vez, sin ver ningún tipo de contradicción, este modelo de Estado sentará las bases de una España soberana y constituida por ciudadanos con igualdad de oportunidades. Su entusiasmo, su análisis frívolo e infantil, no permite ver el desequilibrio lógico de fondo, el sinsentido de la propuesta. Por tanto, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones.

Al partido líder de la oposición, el Partido Popular. Claro partido liberal, no lo oculta. Confía en los postulados de Locke, Adam Smith, David Ricardo, Stuart Mill, Tocqueville entre otros. Teóricos muchos de ellos del siglo XIX, otros anteriores, actualizados, pero no por ello trasnochados o superados. Están presentes, se ejercen sus presupuestos teóricos y se reivindican. Un Estado de mínimos es la mejor garantía para la igualdad, quizá no para la convivencia: aumento de desequilibrios sociales, ausencia del Estado en territorios nacionales, cesión de competencias esenciales en un afán de racionalización, en principio no costosa, de las arcas del Estado. Todo ello con el visto bueno de otros, incluidos los nacionalistas periféricos y el partido del Sr. Sánchez. Y no olvidar, en lo que a mí me atañe, su campaña de acoso y derribo de una materia como la Filosofía, un síntoma de una incredulidad tan imprudente que sólo se puede sostener en la falsa idea, repetida hasta la saciedad, de que todos somos filósofos, pero no sólo en un sentido espontáneo con la consiguiente mengua de la razón, sino en sentido académico; ahora según su diagnóstico, lo que otros sabios nos dijeron, el conocimiento minucioso de otros saberes en marcha y su trituración cuando la deriva es hacia la mentira, es cosa sencilla, no merece ningún esfuerzo, no requiere de apoyo ni de reconocimiento.  Por tanto, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones.

De Vox, la sorprendente tercera fuerza política. Partido situado en la derecha. Preocupado por distanciarse del partido que hasta hace nada ocupaba su espacio. Sus rivales los partidos independentistas, puede ser legítimo e incluso oneroso, pero presentan lados turbios especialmente peligrosos. Se adhieren  a una idea nada nueva embriagada de rencor, de tintes irracionales cuya fuerza en ciertos momentos puede resultar imparable. Repiten con una inusitada insistencia el problema de la inmigración, se centran en la ilegal la cual automáticamente asocian a la delincuencia. Obvian las bolsas de trabajo en negro, al margen de la ley, que son un reclamo para quien parte de la necesidad de subsistir a cualquier precio, pero cuando la situación económica no es la deseable la vía fácil para quien contrata fraudulentamente no es otra que el despido de trabajadores ajenos a cualquier tipo seguridad laboral o de subsidio por desempleo. En dichas bolsas de miseria, constituidas por personas puestas en la calle de un día para otro, los problemas crecen, pero el diagnóstico no apunta a sus causas sino a sus efectos. Dicha tergiversación se convierte en acicate para poner en marcha políticas de control que fácilmente pueden contar con el apoyo de muchos ciudadanos. Generar miedo, alentar la inestabilidad, puede ser una herramienta perfecta para el control de voluntades. Lo simple atrae. En otro orden, esta vez de naturaleza educativa. Apuestan por una libertad de elección de centro ilimitada, más allá de la disponibilidad de centros y de la residencia del educando y su familia; en su autonomía la flexibilidad curricular. Entre las comunidades autónomas con más centros concertados están el País Vasco y Cataluña, pueden verse como un espacio de libertad ideológica, pero también nos pueden poner sobre la pista de la penetrante ideología nacionalista. Como tapón a tal fábrica de rechazo de lo español se propone la intervención de la Alta Inspección Educativa. Mucha intención, poca fuerza. La libertad se pliega a la libertad de, en ese terreno ausente de obstáculos los centros de enseñanza se diferenciarán por su homogeneidad, es decir cada centro será una parte material del sistema que poco tendrá que ver con otros centros. La libertad para, las posibilidades que se les pueden ofrecer a los futuros alumnos para que desarrollen sus capacidades  y sus habilidades serán muy desiguales; la sociedad resultante estará mejor jerarquizada, una masa de ciudadanos satisfechos y dispuesta a obedecer como soldados felices que reconocen que es en ellos donde están las herramientas para ser mejores, más allá del sistema productivo y social en el que viven, que ahora sí será el mejor de los posibles, y una élite reconocida aupada al prestigio y tenedora de los hilos del poder que lucha por dominarlos y conservarlos en el marco de la ley por ellos fraguada. Quizás una análisis de corte marxista pero no por ello, creo, falto de sentido.

A la cuarta fuerza política, Unidas Podemos. Su renuncia como partido de izquierdas, que se dice, desde una posición emic, del universalismo. Su apoyo decidido a un nacionalismo rampante, secesionista, antiespañol, no ofrece tranquilidad. Su mala interpretación de los textos marxistas distorsiona su propuesta ideológica, se abraza al nacionalismo más rancio en aras a una tolerancia que se eleva por encima de algo que consideran tan pérfido como España. Juegan a entenderse con quienes ven en España una nación mito, una forma arrogante de ser asociada a algo inexistente como es la permanencia de una etnia  cargada de levadura negra y que nace con una raza débil como la visigoda. En fin, se niega a España, no ya como entidad herida y étnica, sino como entidad política, plural, infecta, con la posibilidad de poner en marcha un ortograma político que ponga en duda nuestra presencia en estas condiciones a la Unión Europea y que oriente su estar hacia lo que queda como resto de una naufragio: Iberoamérica, que no Latinoamérica. Por esto y otras razones, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones.

De Ciudadanos. Partido que deja de lado la socialdemocracia, se postula como liberal. Apoya con un entusiasmo endiablado, por estar cargado de una benevolencia orteguiana sin parangón, una Europa que entienden como entidad política salvadora y no como acicate de nuestra debilidad como nación política, porque no lo olvidemos, para nuestros amigos del norte somos parte de una subunión ficticia envuelta en un acrónimo poco alentador (¡y eso que somos un  país al que le gusta el cerdo y sabe de sus manjares!) como PIGS. Pues bien, están ciegos a eso, no saben de la historia de Europa en actual actividad, no comprenden su condición de países protestantes que ven en el catolicismo un enemigo y todo lo que sea su fe una impostura, una herejía o simplemente una fuente de inferioridad ineludible. Su arrogancia, más nuestra asimilación de sus estrategias de forma deportiva, nos fagocita, pero no nos quita un ápice de felicidad. ¡Qué triste! Por esto y otras razones, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones.

Por último los partidos nacionalistas, los trataré en un bloque, pero no lo haré yo, me limitaré a dejarlos hablar a ellos. Dos referencias ideológicas que subyacen en su actual programa político y que hace que entre ellos se entiendan, da igual que sean de Galicia, País Vasco, Navarra, Cataluña, Valencia o Baleares. Por un lado, su núcleo duro, perfectamente protegido por un cinturón impermeable a cualquier erosión de su doctrinario fundamental, consiste en argumentar a través de la puesta en marcha de una heurística negativa que garantice su diferencia (es importante desplegar un discurso que ensalce las diferencias y que a un tiempo homogenice a todo un colectivo), la idea de pueblo entendido como sujeto político con voluntad soberana, y por otro lado, argumentar a través de una heurística positiva que les obligue a fijar un enemigo, feroz, antidemocrático, inculto, opresor, con una historia marcada por la Leyenda Negra del que no se quiere saber nada (a no ser lo que se considera la deuda pendiente). De este modo su libertad como pueblo sólo puede emanar de su independencia. El marco europeo les resulta atractivo, su tibieza les fortalece, su insistencia en ser reconocidos internacionalmente es su baza principal. Pero dejémosles hablar. Que sean ellos los que nos muestren sus credenciales de progreso, por cierto, idea que no sé exactamente qué es lo que quiere decir. Por esto y otras razones, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones. Toca citar, acudo a Josep o Mossén Armengou, prologado por el honorable Jordi Pujol: “”cualquiera que no siga el mandato nacional es un degenerado, la desnacionalización un crimen (…) El hombre desnacionalizado en todo caso, sólo puede reclamar nueve palmos de cuerda y un árbol seco en el que colgarse. Y, aún más, que se pudra colgado al aire, sin que su cuerpo espurio contamine la madre tierra de la que se ha avergonzado” Extraído de Caja, Francisco (2009). La raza catalana. El núcleo doctrinal del catalanismo, pág. 327. Ed. Encuentro. Madrid. Otra perla, del fundador del PNV, cito: “Los maketos nuestros moros (…) ¡el maketo he ahí a nuestro enemigo! Y no me refiero a una clase determinada de maketos sino a todas en general: todos los maketos, aristócratas y plebeyos, burgueses y proletarios, sabios e ignorantes, buenos y malos, todos son enemigos de nuestra patria, más o menos francos, pero siempre encarnizados”. Arana Goiri, Sabino (1995) La patria de los vascos, pág. 155. Ed. R&B. San Sebastián. Por cierto, los maketos son los españoles, incluidos los guipuzcoanos, los alaveses y los catalanes. Para Arana estos quieren incluir a los españoles, el buen vasco, el bizkaino, ha de rechazarlos, lo importante es mantener la raza. El nacionalismo aquí tratado es el étnico, no el político. Hoy indefendible, pero algún poso parece permanecer inerme. Hay más citas, pero no es el momento ni el lugar. Abierto a una lectura serena, que cada uno saque sus conclusiones. Subrayar que el libro de Caja cuenta con otro volumen, y uno de sus más ilustres protagonistas no es otro que el antiguo Presidente de Cataluña, el Sr. Jordi Pujol, no tiene desperdicio, nos orienta a la hora de interpretar lo que sucede.

Parece tras lo dicho que mi recorrido por la política guarda cierta semejanza con la vida de un personaje que llevó su compromiso y sus ataques contra los grandes sistemas filosóficos de su momento hasta el límite de la discrepancia,   el genial Diógenes. Él buscaba a plena luz del día, bajo esa luz tan maravillosa como es la griega, un hombre con una lámpara. Yo como él busco en un momento de iluminación como es el actual a un partido político que pueda representarme y tenga opciones reales de poder poner en marcha planes de gobierno dirigidos a la estabilidad (eutaxia), persiguiendo un difícil y problemático equilibrio. Con la intención de elaborar soluciones parciales a problemas permanentes que intenten materializar políticas acomodadas a la justicia social, todo ello elaborando discursos orientados a la parrehesia, actitud y hacer que inevitablemente compromete al buen político hacia el bien, y que exige de él sabiduría y prudencia.

No lo comparto

Fecha: 8 noviembre, 2019 por: dariomartinez

Es otra opción, quizá no arbitraria

“Desde luego no parece el mejor momento para que el buen demócrata de marras se quede en casita a ver qué pasa”, lo podemos leer en su periódico del día 08 de noviembre. Lo suscribe el que fuera Presidente del Principado de Asturias, el Sr. Pedro de Silva. Lo que nos quiere decir es que el buen demócrata irá a votar, que dada su capacidad elevada e intelectual eludirá los extremos, se dejará guiar por la razón hacia la única posibilidad moderada, sensata y con posibilidades de victoria, en pocas palabras nos pide el voto para su partido: el PSOE. Legítimo, previsible, aceptado. Todo correcto, no merece otra cosa que el asentimiento. Es algo que entra dentro de la dinámica democrática. Hay varios representantes y cada uno de los ciudadanos españoles mayores de edad elegimos. No hacerlo, y más en estos momentos de perversión populista aglutinada en torno a la derecha, a la izquierda, y no lo olvidemos al nacionalismo, es poco coherente, cuando no irracional por ser un mero sinsentido.

Pero hay algo que no nos dice. Muchos potenciales votantes encontramos que los partidos políticos de izquierda, digamos los de trayectoria más asentada y mejor reconocidos, en concreto los que salen en televisión y tienen posibilidades reales de aglutinar los votos suficientes para obtener representación en el Congreso de los diputados, nos han dejado huérfanos. Lo han hecho especialmente por su abrazo, este sí que es de oso, al nacionalismo. Su deriva hacia una derecha ramplona, con pretensiones de volver a un pasado de fantasía en forma de arcadia pastoril capaz de cobijar a unos pocos elegidos, un nacionalismo necesariamente excluyente, de tintes étnicos, como señala acertadamente su compañero y alto representanta de la Unión para Asuntos Exteriores europeo el Sr. Borrel, hace a dichos partidos irreconocibles al ser mancillada por lo particular su ideología universalista de base. Es esta situación silenciada la que produce en muchos ciudadanos desasosiego. Esta vuelta a los sentimientos como prioridad, al hecho diferencial como hecho vivido propio, esta forma de entender la política en favor de un grupo reducido y en disputa con el vecino, esta perpetuación de las diferencias en forma de obstáculos insalvables, hace que el demócrata de marras piense en otras alternativas para el día de las elecciones. El votar no es una obligación y en este caso no lo es por una razón muy sencilla: por incomparecencia de una izquierda que articule una vía de gobierno orientada al conjunto de los ciudadanos españoles, que busque el equilibrio y no un Estado autonómico cada vez más federal y asimétrico. El objetivo debería ser el de un Estado plural en el que las peculiaridades de cada comunidad sean valiosas por ser abiertas y entregadas a la aspiración de universalidad, donde entenderlas no cueste un triunfo o implique una forma legal de mantener a raya al de fuera; que lo diferente sea apreciado, por los más, no por los menos en un intento de diferenciación cerrada; que lo peculiar como decía el profesor Bueno no sea un contravalor.

En esta biocenosis entre comunidades autónomas Asturias corre en clara desventaja. Por eso muchas personas que apostamos por una izquierda política abrazada a la razón, dejando de lado los privilegios de unos pocos que se autoerigen como adalides del devenir de todos sin que sepamos realmente cuál es la naturaleza real de esa diferencia que los hace mejores, no vamos a votar.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/36703/mesa-puede-decisiva.html

Estos nuevos dioses irresponsables

Fecha: 17 octubre, 2019 por: dariomartinez

Otros insuflan la ira

“Oh dioses, queréis favorecer al pernicioso Aquiles, el cual concibe pensamientos no razonables, tiene en su pecho un ánimo inflexible y medita cosas feroces, como un león que dejándose llevar por su gran fuerza y espíritu soberbio, se encamina a los rebaños de los hombres para aderezarse un festín: de igual modo perdió Aquiles la piedad y ni siquiera conserva el pudor que tanto favorece o daña a los varones” Se puede leer en el canto XXIV de la Iliada de Homero. Nos puede ayudar a entender lo que está sucediendo en Cataluña. No me interesa tanto la ira y el odio de Aquiles. El problema grave se ubica en aquellos que estimulan, alientan, espolean y en definitiva favorecen al pernicioso y hábil guerrero de los aqueos. Ejecuta sus acciones sin coacciones, no obedece ya a nadie, se eleva gracias a su necesidad de venganza por encima de las normas, no se somete a las leyes, no atiende a códigos asumidos por todos, no responde a ningún tipo de premisa que podamos encuadrar entre el bien y el mal. Sus acciones prácticas son amorales, carecen de ética, no entienden ni pueden asumir que el otro es un igual. Son actos de barbarie, bestiales, sin límites, sin autoría responsable mínimamente razonable.

Esos dioses, esos demiurgos que manejan los hilos de forma astuta, son los auténticos responsables, los instigadores de un destino que ellos mismos se encargan de favorecer. No son ellos los que quieren desentenderse de esos actos de barbarie, son con ellos con los que ven colmados sus deseos. A estos dioses se les teme. El silencio cómplice los protege…y los mantiene vivos. Pero la época del bronce tocaba a su fin. El mundo de los héroes y los dioses caprichosos debía ser purgado, triturado racionalmente. Para ello los griegos se equiparon de la razón y explicaron sus propuestas con el uso de mitos luminosos. La Edad del Hierro era una nueva oportunidad. Hacía falta valor, rigor, y la puesta en marcha de una filosofía académica, implantada políticamente, que deshiciera mitos perversos que impidiesen la convivencia.

Los nuevos y falsos dioses de la época griega fueron reducidos al ámbito de lo privado. En la vida pública se intentó fraguar un sistema democrático, con sus sombras: la esclavitud o el ninguneo y sometimiento de la mujer al hombre por su naturaleza débil, pero también con sus aciertos. Se eliminaba la esclavitud de deuda, se prestigiaba al ser humano en su condición de ciudadano, se procuraba formar a los más jóvenes en un sistema educativo orientado a hacer más ciudad, se institucionalizaba la igualdad en la palabra, la igualdad de derechos, y se procuraba que todo ciudadano fuese libre para argumentar en beneficio del interés general. La verdad, la justicia y la belleza las ideas guía. Esperaban que todo ello contribuyese a la estabilidad de la ciudad, esto era hacer buena política. Lo intentaron, con sus limitaciones, con sus errores, y nos legaron una forma de intentar hacer las cosas. Solos, sin dioses, con nuestras herramientas del saber.

Pues bien. En las jornadas de estos últimos días en Cataluña lo que vemos es el retorno de diminutos Aquiles agrupados y llenos de ira, sin pudor, sin razón. La historia se repite. Pero lo que no se repite es la puesta en escena de un ejercicio reflexivo que pueda demoler la insidia inmersa en mitos tan oscuros y pérfidos como los cobijados en el nacionalismo étnico que reivindica, una vez clonada España en su estructura de Estado, su claudicación. Además los responsables intelectuales, ahora con la boca pequeña, se desligan de unas acciones que de forma incuestionable se entienden por todos como violentas. Nos recuerda el sabio Espinosa: el arrepentimiento es doblemente mezquino, por desligar lo que uno hace de lo que es y por no reconocer ni por asomo el error. En esas estamos.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/36163/estos-nuevos-dioses-irresponsables.html

Dudar no es una patología

Fecha: 13 octubre, 2019 por: dariomartinez

Mejor: algunos somos Vesuvius

Dos autores forjaron sabiamente lo que hoy conocemos como filosofía alemana. Entendamos al menos la que está escrita en alemán, lo que no quiere decir que sea hecha por ciudadanos de una entidad política milenaria, internacionalmente homologada y reconocida como nación política. La reunificación vendrá más tarde. Volviendo al asunto que nos compete. Tanto Hegel como Marx entendían que el ser del hombre iba inexorablemente asociado a su relación de dominio de la naturaleza impersonal; el despegue de la misma, el desarrollo del sistema productivo desvinculaba al hombre de su no ser, de su alienación entendida como sometimiento a lo natural. El camino de la libertad era tortuoso, pero pasaba por la emancipación técnica y sabia de la naturaleza en una dialéctica tensa entre amo y siervo primero y entre clase trabajadora y burguesa después. El sistema productivo era el principal resorte del devenir del hombre. Marx entendió que el trabajo era la auténtica esencia humana, y más allá de las filosofías precedentes, de tocador diría, lo que se necesita es una buena articulación del sistema productivo con el fin de hacer al hombre dueño de sí mismo, o lo que es lo mismo: libre.

Las filosofías ilustradas de corte liberal serán beligerantes con la corriente marxista. De ningún modo algo que se entiende desde el origen como atributo del hombre, algo además acordado en un pacto ficción entre hombres libres que quieren dejar atrás su condición de esclavos de la naturaleza (entendida primero como mito, perverso y casi con voluntad, con capacidad de querer y desear, y hoy como mito oscuro, dominador, y benévolo  recuperado con fuerza por el ecologismo), no puede anularse mediante un proceso violento de colectivización de los medios de producción. La propiedad privada es el fundamento del sistema de producción capitalista, y con él de las democracias liberales, tanto de izquierdas como de derechas, actuales y pasadas.

Dicho esto. ¿Qué queda de la izquierda marxista entre las izquierdas de hoy? Nada, ni siquiera un conocimiento aproximado. A la izquierda indefinida de hoy parece que le trae al pairo la organización del Estado. Lo importante es la humanidad, la vida de la Tierra, ideas persuasivas pero que trascienden lo estrictamente político. Así se habla en nombre de los ciudadanos del mundo y se exige de todos los habitantes de nuestro planeta que lo que nos dicen los políticos del primer mundo sea de obligado y global cumplimiento. Y esto no es todo, quieren que todo ello se realice bajo la responsabilidad exclusiva del individuo y procuran además que los gobiernos ajenos a tales medidas realicen, sin nada que pueda devenir como alternativa que satisfaga sus necesidades, lo que los gobiernos del bienestar y sus organizaciones afines quieren; el problema es que exigirles esto conduciría a la mayoría de sus ciudadanos a la miseria. Todo ello por supuesto con el diálogo materializado en cumbres mundiales sobre el clima, pero como diría Stalin: ¿con cuántas divisiones cuenta Europa para poder obligar a Rusia, China, India y Brasil, entre otros (EE.UU. por ejemplo), a que se plieguen a sus demandas? ¿Sería prudente intentar siquiera ejecutarlo? ¿Iríamos otra vez a una nueva guerra mundial total dada la actual capacidad tecnológica y armamentística? ¿Podríamos decir que estamos iniciando una nueva era de guerra fría o paz caliente? En nombre de dichas consignas políticamente desconocidas por metafísicas se diseñan, en beneficio de las grandes corporaciones industriales, medidas severas de ajuste, despidos masivos, deslocalizaciones permanentes, y en definitiva la desarticulación forzosa de entre otros nuestro sistema productivo industrial. Lo peor es que no hay propuestas de choque alternativas, tampoco argumentos capaces de atisbar un mínimo de rigor que permita reconsiderar el hecho de que una política de Estado no puede ofrecer para su estabilidad y bien vivir de sus ciudadanos un decrecimiento permanente que facilite el empobrecimiento, la emigración de los más jóvenes y mejor preparados o el lento aumento anual de suicidios. La vuelta al pasado está lejos de ser una arcadia bucólica y feliz, por el contario creemos que se aproximaría más a la barbarie de la mera supervivencia de la inmensa mayoría.

Hoy se nos vende como ideología irrefutable apuntalada por el saber inexpugnable de la mayoría de los científicos de bien (por descontado progresistas), con el añadido propagandístico e infantil que nos ofrece una sonrisa fatua, más emocional que racional, y una palmadita en la espalda del nuevo político de turno que una vez en el poder nos dice: “es por vuestro bien y el de vuestros hijos”. Pero no lo olvidemos: a partir de ahora van a ser más los que tendrán muchas papeletas para poder llegar a ser un parado de larga duración. Tal vez es el momento de al menos poder reflexionar y mostrarnos escépticos sobre la posibilidad de la no verdad de lo que desde Europa se entiende como axioma: “la lucha contra el cambio climático es una garantía de crecimiento económico”.