La mesa puede ser decisiva

Fecha: 27 noviembre, 2019 por: dariomartinez

La mesa algo más que una cosa

Continuamos con el Gobierno en funciones. Los representantes políticos elegidos por el conjunto de los españoles no se ponen de acuerdo para que se pueda investir por mayoría el presidente que ha de pilotar en principio, durante cuatro años, la nave del Estado.

Son necesarios pactos y acuerdos. La orientación inicial es hacia la llamada izquierda, entre los partidos homologados para hacer posible un pacto de gobierno estable y de progreso se encuentra el más que tradicional y liberal Partido Nacionalista Vasco. Con ellos el acuerdo es factible, no se sabe sobre qué, pero vaya por delante el sí de los jeltzales, es para ellos una ocasión de oro, la pintan calva, la capacidad de exigir, de asumir la fuerza imprescindible para legislar a favor de sus intereses está abierta, sólo requiere de la debilidad de un PSOE errático y de la aquiescencia de Unidas Podemos.

El problema está a la izquierda, otra fuerza nacionalista, secesionista declarada, se sube al tren del diálogo. Su prioridad es una mesa entre iguales, una negociación bilateral entre gobiernos representativos de dos Estados independientes y soberanos. Desde el inicio el diálogo se presenta como dirigido, la claudicación política de unos es la victoria de otros, y esto sin empezar hablar. No se puede sacar más rédito político con menos.

Vayamos a la mesa. Se anuncian los participantes, se fija la fecha, la hora y el lugar. Quienes dialogan se nutren de sus presupuestos ideológicos, defienden los intereses de los votantes a los que representan, los transmiten de forma hablada, son comunicados incluso antes de la reunión. Piensan y hablan, exponen sus propósitos políticos. Falta un tercer elemento y para ello la importancia decisiva de la mesa. Esta es el suelo de las manos, pero ahora es algo más que una cosa, es una herramienta imprescindible para materializar su doctrinario. No vale con manifestar lo que cada grupo de negociación busca, es prioritario que las manos realicen su tarea, no es tolerable que tras la reunión se enfanguen los problemas en dimes y diretes abiertos a interpretaciones permanentes. No es nada deseable que resulten eficaces para desactivar los posibles puntos de encuentro. Ahora, el grupo de ERC pide que todo ello quede plasmado por escrito en un documento; con él en la mano, si llega el caso, su poder se incrementará porque con él no sólo podrán ejecutar con más agilidad su proyecto político secesionista, sino que podrán obligar al otro abajo firmante a que coloque las fichas del poder nuclear del Estado a su disposición, y estas fichas de la partida negociadora no son otras que las judiciales y las legislativas.

Así las cosas nos encontraremos que unos pocos deciden sobre los más, y lo hacen sobre cuestiones cruciales que el conjunto de la sociedad civil ni siquiera sabía que podían diseñarse.

Espero equivocarme, que esto no sea un absurdo a lo Godot. Que sea triturada la irracionalidad en forma de inestabilidad derivada de lo que se pueda plasmar en una mesa. Que ésta no sea decisiva, que no deje de ser cosa, que no se convierta en una obra de arte secesionista.   

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/36703/mesa-puede-decisiva.html

Razones independientes para no votarles

Fecha: 15 noviembre, 2019 por: dariomartinez

También buscando un partido

Un resultado claro, abierto a interpretación por supuesto, para nada puro, el número de potenciales votantes que  no ejerció su derecho al voto durante las últimas elecciones generales ha aumentado. Las causas pueden ser muy diversas, no soy yo quién se permita el lujo de hablar en nombre de todos ellos, no estoy en condiciones, no considero que mi saber llegue a tal grado de iluminación. Le cedo el testigo a otros, siempre habrá osados que lo dictaminen en forma de axioma y en nombre de la ciencia.

Hablaré de mis razones. Dirigiré mis reflexiones hacia cada uno de los potenciales partidos políticos que con anterioridad a los resultados eran candidatos firmes a obtener un mayor o menor número de representantes en el Congreso de los diputados español.

De más a menos. Al ganador de las elecciones, el Partido Socialista, su trayectoria política no sólo alberga dudas sino que además destaca por ser errática. Confunde al votante, convence al convencido, más allá de lo que imprudentemente realice en política. Se muestra dispuesto a todo por dos ideas que no explica y que acepta de forma fundamentalista, no hay resquicio para la discrepancia. Una la idea de progreso, entendido tan frívolamente que se considera que todo cambio político por ellos perpetrado siempre e inexorablemente será a mejor; un optimismo colosal que los sitúa en la creencia de eso o de la existencia de la nieve frita, ¡igual da! Otra, la idea de una España federal que contente a todos, que perpetúe y asuma las diferencias entre ciudadanos españoles, que ahonde en el enfrentamiento, que fije barreas que eviten la confluencia o la igualdad de oportunidades, todo ello en la creencia de que a su vez, sin ver ningún tipo de contradicción, este modelo de Estado sentará las bases de una España soberana y constituida por ciudadanos con igualdad de oportunidades. Su entusiasmo, su análisis frívolo e infantil, no permite ver el desequilibrio lógico de fondo, el sinsentido de la propuesta. Por tanto, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones.

Al partido líder de la oposición, el Partido Popular. Claro partido liberal, no lo oculta. Confía en los postulados de Locke, Adam Smith, David Ricardo, Stuart Mill, Tocqueville entre otros. Teóricos muchos de ellos del siglo XIX, otros anteriores, actualizados, pero no por ello trasnochados o superados. Están presentes, se ejercen sus presupuestos teóricos y se reivindican. Un Estado de mínimos es la mejor garantía para la igualdad, quizá no para la convivencia: aumento de desequilibrios sociales, ausencia del Estado en territorios nacionales, cesión de competencias esenciales en un afán de racionalización, en principio no costosa, de las arcas del Estado. Todo ello con el visto bueno de otros, incluidos los nacionalistas periféricos y el partido del Sr. Sánchez. Y no olvidar, en lo que a mí me atañe, su campaña de acoso y derribo de una materia como la Filosofía, un síntoma de una incredulidad tan imprudente que sólo se puede sostener en la falsa idea, repetida hasta la saciedad, de que todos somos filósofos, pero no sólo en un sentido espontáneo con la consiguiente mengua de la razón, sino en sentido académico; ahora según su diagnóstico, lo que otros sabios nos dijeron, el conocimiento minucioso de otros saberes en marcha y su trituración cuando la deriva es hacia la mentira, es cosa sencilla, no merece ningún esfuerzo, no requiere de apoyo ni de reconocimiento.  Por tanto, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones.

De Vox, la sorprendente tercera fuerza política. Partido situado en la derecha. Preocupado por distanciarse del partido que hasta hace nada ocupaba su espacio. Sus rivales los partidos independentistas, puede ser legítimo e incluso oneroso, pero presentan lados turbios especialmente peligrosos. Se adhieren  a una idea nada nueva embriagada de rencor, de tintes irracionales cuya fuerza en ciertos momentos puede resultar imparable. Repiten con una inusitada insistencia el problema de la inmigración, se centran en la ilegal la cual automáticamente asocian a la delincuencia. Obvian las bolsas de trabajo en negro, al margen de la ley, que son un reclamo para quien parte de la necesidad de subsistir a cualquier precio, pero cuando la situación económica no es la deseable la vía fácil para quien contrata fraudulentamente no es otra que el despido de trabajadores ajenos a cualquier tipo seguridad laboral o de subsidio por desempleo. En dichas bolsas de miseria, constituidas por personas puestas en la calle de un día para otro, los problemas crecen, pero el diagnóstico no apunta a sus causas sino a sus efectos. Dicha tergiversación se convierte en acicate para poner en marcha políticas de control que fácilmente pueden contar con el apoyo de muchos ciudadanos. Generar miedo, alentar la inestabilidad, puede ser una herramienta perfecta para el control de voluntades. Lo simple atrae. En otro orden, esta vez de naturaleza educativa. Apuestan por una libertad de elección de centro ilimitada, más allá de la disponibilidad de centros y de la residencia del educando y su familia; en su autonomía la flexibilidad curricular. Entre las comunidades autónomas con más centros concertados están el País Vasco y Cataluña, pueden verse como un espacio de libertad ideológica, pero también nos pueden poner sobre la pista de la penetrante ideología nacionalista. Como tapón a tal fábrica de rechazo de lo español se propone la intervención de la Alta Inspección Educativa. Mucha intención, poca fuerza. La libertad se pliega a la libertad de, en ese terreno ausente de obstáculos los centros de enseñanza se diferenciarán por su homogeneidad, es decir cada centro será una parte material del sistema que poco tendrá que ver con otros centros. La libertad para, las posibilidades que se les pueden ofrecer a los futuros alumnos para que desarrollen sus capacidades  y sus habilidades serán muy desiguales; la sociedad resultante estará mejor jerarquizada, una masa de ciudadanos satisfechos y dispuesta a obedecer como soldados felices que reconocen que es en ellos donde están las herramientas para ser mejores, más allá del sistema productivo y social en el que viven, que ahora sí será el mejor de los posibles, y una élite reconocida aupada al prestigio y tenedora de los hilos del poder que lucha por dominarlos y conservarlos en el marco de la ley por ellos fraguada. Quizás una análisis de corte marxista pero no por ello, creo, falto de sentido.

A la cuarta fuerza política, Unidas Podemos. Su renuncia como partido de izquierdas, que se dice, desde una posición emic, del universalismo. Su apoyo decidido a un nacionalismo rampante, secesionista, antiespañol, no ofrece tranquilidad. Su mala interpretación de los textos marxistas distorsiona su propuesta ideológica, se abraza al nacionalismo más rancio en aras a una tolerancia que se eleva por encima de algo que consideran tan pérfido como España. Juegan a entenderse con quienes ven en España una nación mito, una forma arrogante de ser asociada a algo inexistente como es la permanencia de una etnia  cargada de levadura negra y que nace con una raza débil como la visigoda. En fin, se niega a España, no ya como entidad herida y étnica, sino como entidad política, plural, infecta, con la posibilidad de poner en marcha un ortograma político que ponga en duda nuestra presencia en estas condiciones a la Unión Europea y que oriente su estar hacia lo que queda como resto de una naufragio: Iberoamérica, que no Latinoamérica. Por esto y otras razones, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones.

De Ciudadanos. Partido que deja de lado la socialdemocracia, se postula como liberal. Apoya con un entusiasmo endiablado, por estar cargado de una benevolencia orteguiana sin parangón, una Europa que entienden como entidad política salvadora y no como acicate de nuestra debilidad como nación política, porque no lo olvidemos, para nuestros amigos del norte somos parte de una subunión ficticia envuelta en un acrónimo poco alentador (¡y eso que somos un  país al que le gusta el cerdo y sabe de sus manjares!) como PIGS. Pues bien, están ciegos a eso, no saben de la historia de Europa en actual actividad, no comprenden su condición de países protestantes que ven en el catolicismo un enemigo y todo lo que sea su fe una impostura, una herejía o simplemente una fuente de inferioridad ineludible. Su arrogancia, más nuestra asimilación de sus estrategias de forma deportiva, nos fagocita, pero no nos quita un ápice de felicidad. ¡Qué triste! Por esto y otras razones, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones.

Por último los partidos nacionalistas, los trataré en un bloque, pero no lo haré yo, me limitaré a dejarlos hablar a ellos. Dos referencias ideológicas que subyacen en su actual programa político y que hace que entre ellos se entiendan, da igual que sean de Galicia, País Vasco, Navarra, Cataluña, Valencia o Baleares. Por un lado, su núcleo duro, perfectamente protegido por un cinturón impermeable a cualquier erosión de su doctrinario fundamental, consiste en argumentar a través de la puesta en marcha de una heurística negativa que garantice su diferencia (es importante desplegar un discurso que ensalce las diferencias y que a un tiempo homogenice a todo un colectivo), la idea de pueblo entendido como sujeto político con voluntad soberana, y por otro lado, argumentar a través de una heurística positiva que les obligue a fijar un enemigo, feroz, antidemocrático, inculto, opresor, con una historia marcada por la Leyenda Negra del que no se quiere saber nada (a no ser lo que se considera la deuda pendiente). De este modo su libertad como pueblo sólo puede emanar de su independencia. El marco europeo les resulta atractivo, su tibieza les fortalece, su insistencia en ser reconocidos internacionalmente es su baza principal. Pero dejémosles hablar. Que sean ellos los que nos muestren sus credenciales de progreso, por cierto, idea que no sé exactamente qué es lo que quiere decir. Por esto y otras razones, no debo votarles, no puedo, no lo hago. Me mantengo firme en mis consideraciones. Toca citar, acudo a Josep o Mossén Armengou, prologado por el honorable Jordi Pujol: “”cualquiera que no siga el mandato nacional es un degenerado, la desnacionalización un crimen (…) El hombre desnacionalizado en todo caso, sólo puede reclamar nueve palmos de cuerda y un árbol seco en el que colgarse. Y, aún más, que se pudra colgado al aire, sin que su cuerpo espurio contamine la madre tierra de la que se ha avergonzado” Extraído de Caja, Francisco (2009). La raza catalana. El núcleo doctrinal del catalanismo, pág. 327. Ed. Encuentro. Madrid. Otra perla, del fundador del PNV, cito: “Los maketos nuestros moros (…) ¡el maketo he ahí a nuestro enemigo! Y no me refiero a una clase determinada de maketos sino a todas en general: todos los maketos, aristócratas y plebeyos, burgueses y proletarios, sabios e ignorantes, buenos y malos, todos son enemigos de nuestra patria, más o menos francos, pero siempre encarnizados”. Arana Goiri, Sabino (1995) La patria de los vascos, pág. 155. Ed. R&B. San Sebastián. Por cierto, los maketos son los españoles, incluidos los guipuzcoanos, los alaveses y los catalanes. Para Arana estos quieren incluir a los españoles, el buen vasco, el bizkaino, ha de rechazarlos, lo importante es mantener la raza. El nacionalismo aquí tratado es el étnico, no el político. Hoy indefendible, pero algún poso parece permanecer inerme. Hay más citas, pero no es el momento ni el lugar. Abierto a una lectura serena, que cada uno saque sus conclusiones. Subrayar que el libro de Caja cuenta con otro volumen, y uno de sus más ilustres protagonistas no es otro que el antiguo Presidente de Cataluña, el Sr. Jordi Pujol, no tiene desperdicio, nos orienta a la hora de interpretar lo que sucede.

Parece tras lo dicho que mi recorrido por la política guarda cierta semejanza con la vida de un personaje que llevó su compromiso y sus ataques contra los grandes sistemas filosóficos de su momento hasta el límite de la discrepancia,   el genial Diógenes. Él buscaba a plena luz del día, bajo esa luz tan maravillosa como es la griega, un hombre con una lámpara. Yo como él busco en un momento de iluminación como es el actual a un partido político que pueda representarme y tenga opciones reales de poder poner en marcha planes de gobierno dirigidos a la estabilidad (eutaxia), persiguiendo un difícil y problemático equilibrio. Con la intención de elaborar soluciones parciales a problemas permanentes que intenten materializar políticas acomodadas a la justicia social, todo ello elaborando discursos orientados a la parrehesia, actitud y hacer que inevitablemente compromete al buen político hacia el bien, y que exige de él sabiduría y prudencia.

No lo comparto

Fecha: 8 noviembre, 2019 por: dariomartinez

Es otra opción, quizá no arbitraria

“Desde luego no parece el mejor momento para que el buen demócrata de marras se quede en casita a ver qué pasa”, lo podemos leer en su periódico del día 08 de noviembre. Lo suscribe el que fuera Presidente del Principado de Asturias, el Sr. Pedro de Silva. Lo que nos quiere decir es que el buen demócrata irá a votar, que dada su capacidad elevada e intelectual eludirá los extremos, se dejará guiar por la razón hacia la única posibilidad moderada, sensata y con posibilidades de victoria, en pocas palabras nos pide el voto para su partido: el PSOE. Legítimo, previsible, aceptado. Todo correcto, no merece otra cosa que el asentimiento. Es algo que entra dentro de la dinámica democrática. Hay varios representantes y cada uno de los ciudadanos españoles mayores de edad elegimos. No hacerlo, y más en estos momentos de perversión populista aglutinada en torno a la derecha, a la izquierda, y no lo olvidemos al nacionalismo, es poco coherente, cuando no irracional por ser un mero sinsentido.

Pero hay algo que no nos dice. Muchos potenciales votantes encontramos que los partidos políticos de izquierda, digamos los de trayectoria más asentada y mejor reconocidos, en concreto los que salen en televisión y tienen posibilidades reales de aglutinar los votos suficientes para obtener representación en el Congreso de los diputados, nos han dejado huérfanos. Lo han hecho especialmente por su abrazo, este sí que es de oso, al nacionalismo. Su deriva hacia una derecha ramplona, con pretensiones de volver a un pasado de fantasía en forma de arcadia pastoril capaz de cobijar a unos pocos elegidos, un nacionalismo necesariamente excluyente, de tintes étnicos, como señala acertadamente su compañero y alto representanta de la Unión para Asuntos Exteriores europeo el Sr. Borrel, hace a dichos partidos irreconocibles al ser mancillada por lo particular su ideología universalista de base. Es esta situación silenciada la que produce en muchos ciudadanos desasosiego. Esta vuelta a los sentimientos como prioridad, al hecho diferencial como hecho vivido propio, esta forma de entender la política en favor de un grupo reducido y en disputa con el vecino, esta perpetuación de las diferencias en forma de obstáculos insalvables, hace que el demócrata de marras piense en otras alternativas para el día de las elecciones. El votar no es una obligación y en este caso no lo es por una razón muy sencilla: por incomparecencia de una izquierda que articule una vía de gobierno orientada al conjunto de los ciudadanos españoles, que busque el equilibrio y no un Estado autonómico cada vez más federal y asimétrico. El objetivo debería ser el de un Estado plural en el que las peculiaridades de cada comunidad sean valiosas por ser abiertas y entregadas a la aspiración de universalidad, donde entenderlas no cueste un triunfo o implique una forma legal de mantener a raya al de fuera; que lo diferente sea apreciado, por los más, no por los menos en un intento de diferenciación cerrada; que lo peculiar como decía el profesor Bueno no sea un contravalor.

En esta biocenosis entre comunidades autónomas Asturias corre en clara desventaja. Por eso muchas personas que apostamos por una izquierda política abrazada a la razón, dejando de lado los privilegios de unos pocos que se autoerigen como adalides del devenir de todos sin que sepamos realmente cuál es la naturaleza real de esa diferencia que los hace mejores, no vamos a votar.

Estos nuevos dioses irresponsables

Fecha: 17 octubre, 2019 por: dariomartinez

Otros insuflan la ira

“Oh dioses, queréis favorecer al pernicioso Aquiles, el cual concibe pensamientos no razonables, tiene en su pecho un ánimo inflexible y medita cosas feroces, como un león que dejándose llevar por su gran fuerza y espíritu soberbio, se encamina a los rebaños de los hombres para aderezarse un festín: de igual modo perdió Aquiles la piedad y ni siquiera conserva el pudor que tanto favorece o daña a los varones” Se puede leer en el canto XXIV de la Iliada de Homero. Nos puede ayudar a entender lo que está sucediendo en Cataluña. No me interesa tanto la ira y el odio de Aquiles. El problema grave se ubica en aquellos que estimulan, alientan, espolean y en definitiva favorecen al pernicioso y hábil guerrero de los aqueos. Ejecuta sus acciones sin coacciones, no obedece ya a nadie, se eleva gracias a su necesidad de venganza por encima de las normas, no se somete a las leyes, no atiende a códigos asumidos por todos, no responde a ningún tipo de premisa que podamos encuadrar entre el bien y el mal. Sus acciones prácticas son amorales, carecen de ética, no entienden ni pueden asumir que el otro es un igual. Son actos de barbarie, bestiales, sin límites, sin autoría responsable mínimamente razonable.

Esos dioses, esos demiurgos que manejan los hilos de forma astuta, son los auténticos responsables, los instigadores de un destino que ellos mismos se encargan de favorecer. No son ellos los que quieren desentenderse de esos actos de barbarie, son con ellos con los que ven colmados sus deseos. A estos dioses se les teme. El silencio cómplice los protege…y los mantiene vivos. Pero la época del bronce tocaba a su fin. El mundo de los héroes y los dioses caprichosos debía ser purgado, triturado racionalmente. Para ello los griegos se equiparon de la razón y explicaron sus propuestas con el uso de mitos luminosos. La Edad del Hierro era una nueva oportunidad. Hacía falta valor, rigor, y la puesta en marcha de una filosofía académica, implantada políticamente, que deshiciera mitos perversos que impidiesen la convivencia.

Los nuevos y falsos dioses de la época griega fueron reducidos al ámbito de lo privado. En la vida pública se intentó fraguar un sistema democrático, con sus sombras: la esclavitud o el ninguneo y sometimiento de la mujer al hombre por su naturaleza débil, pero también con sus aciertos. Se eliminaba la esclavitud de deuda, se prestigiaba al ser humano en su condición de ciudadano, se procuraba formar a los más jóvenes en un sistema educativo orientado a hacer más ciudad, se institucionalizaba la igualdad en la palabra, la igualdad de derechos, y se procuraba que todo ciudadano fuese libre para argumentar en beneficio del interés general. La verdad, la justicia y la belleza las ideas guía. Esperaban que todo ello contribuyese a la estabilidad de la ciudad, esto era hacer buena política. Lo intentaron, con sus limitaciones, con sus errores, y nos legaron una forma de intentar hacer las cosas. Solos, sin dioses, con nuestras herramientas del saber.

Pues bien. En las jornadas de estos últimos días en Cataluña lo que vemos es el retorno de diminutos Aquiles agrupados y llenos de ira, sin pudor, sin razón. La historia se repite. Pero lo que no se repite es la puesta en escena de un ejercicio reflexivo que pueda demoler la insidia inmersa en mitos tan oscuros y pérfidos como los cobijados en el nacionalismo étnico que reivindica, una vez clonada España en su estructura de Estado, su claudicación. Además los responsables intelectuales, ahora con la boca pequeña, se desligan de unas acciones que de forma incuestionable se entienden por todos como violentas. Nos recuerda el sabio Espinosa: el arrepentimiento es doblemente mezquino, por desligar lo que uno hace de lo que es y por no reconocer ni por asomo el error. En esas estamos.

Dudar no es una patología

Fecha: 13 octubre, 2019 por: dariomartinez

Mejor: algunos somos Vesuvius

Dos autores forjaron sabiamente lo que hoy conocemos como filosofía alemana. Entendamos al menos la que está escrita en alemán, lo que no quiere decir que sea hecha por ciudadanos de una entidad política milenaria, internacionalmente homologada y reconocida como nación política. La reunificación vendrá más tarde. Volviendo al asunto que nos compete. Tanto Hegel como Marx entendían que el ser del hombre iba inexorablemente asociado a su relación de dominio de la naturaleza impersonal; el despegue de la misma, el desarrollo del sistema productivo desvinculaba al hombre de su no ser, de su alienación entendida como sometimiento a lo natural. El camino de la libertad era tortuoso, pero pasaba por la emancipación técnica y sabia de la naturaleza en una dialéctica tensa entre amo y siervo primero y entre clase trabajadora y burguesa después. El sistema productivo era el principal resorte del devenir del hombre. Marx entendió que el trabajo era la auténtica esencia humana, y más allá de las filosofías precedentes, de tocador diría, lo que se necesita es una buena articulación del sistema productivo con el fin de hacer al hombre dueño de sí mismo, o lo que es lo mismo: libre.

Las filosofías ilustradas de corte liberal serán beligerantes con la corriente marxista. De ningún modo algo que se entiende desde el origen como atributo del hombre, algo además acordado en un pacto ficción entre hombres libres que quieren dejar atrás su condición de esclavos de la naturaleza (entendida primero como mito, perverso y casi con voluntad, con capacidad de querer y desear, y hoy como mito oscuro, dominador, y benévolo  recuperado con fuerza por el ecologismo), no puede anularse mediante un proceso violento de colectivización de los medios de producción. La propiedad privada es el fundamento del sistema de producción capitalista, y con él de las democracias liberales, tanto de izquierdas como de derechas, actuales y pasadas.

Dicho esto. ¿Qué queda de la izquierda marxista entre las izquierdas de hoy? Nada, ni siquiera un conocimiento aproximado. A la izquierda indefinida de hoy parece que le trae al pairo la organización del Estado. Lo importante es la humanidad, la vida de la Tierra, ideas persuasivas pero que trascienden lo estrictamente político. Así se habla en nombre de los ciudadanos del mundo y se exige de todos los habitantes de nuestro planeta que lo que nos dicen los políticos del primer mundo sea de obligado y global cumplimiento. Y esto no es todo, quieren que todo ello se realice bajo la responsabilidad exclusiva del individuo y procuran además que los gobiernos ajenos a tales medidas realicen, sin nada que pueda devenir como alternativa que satisfaga sus necesidades, lo que los gobiernos del bienestar y sus organizaciones afines quieren; el problema es que exigirles esto conduciría a la mayoría de sus ciudadanos a la miseria. Todo ello por supuesto con el diálogo materializado en cumbres mundiales sobre el clima, pero como diría Stalin: ¿con cuántas divisiones cuenta Europa para poder obligar a Rusia, China, India y Brasil, entre otros (EE.UU. por ejemplo), a que se plieguen a sus demandas? ¿Sería prudente intentar siquiera ejecutarlo? ¿Iríamos otra vez a una nueva guerra mundial total dada la actual capacidad tecnológica y armamentística? ¿Podríamos decir que estamos iniciando una nueva era de guerra fría o paz caliente? En nombre de dichas consignas políticamente desconocidas por metafísicas se diseñan, en beneficio de las grandes corporaciones industriales, medidas severas de ajuste, despidos masivos, deslocalizaciones permanentes, y en definitiva la desarticulación forzosa de entre otros nuestro sistema productivo industrial. Lo peor es que no hay propuestas de choque alternativas, tampoco argumentos capaces de atisbar un mínimo de rigor que permita reconsiderar el hecho de que una política de Estado no puede ofrecer para su estabilidad y bien vivir de sus ciudadanos un decrecimiento permanente que facilite el empobrecimiento, la emigración de los más jóvenes y mejor preparados o el lento aumento anual de suicidios. La vuelta al pasado está lejos de ser una arcadia bucólica y feliz, por el contario creemos que se aproximaría más a la barbarie de la mera supervivencia de la inmensa mayoría.

Hoy se nos vende como ideología irrefutable apuntalada por el saber inexpugnable de la mayoría de los científicos de bien (por descontado progresistas), con el añadido propagandístico e infantil que nos ofrece una sonrisa fatua, más emocional que racional, y una palmadita en la espalda del nuevo político de turno que una vez en el poder nos dice: “es por vuestro bien y el de vuestros hijos”. Pero no lo olvidemos: a partir de ahora van a ser más los que tendrán muchas papeletas para poder llegar a ser un parado de larga duración. Tal vez es el momento de al menos poder reflexionar y mostrarnos escépticos sobre la posibilidad de la no verdad de lo que desde Europa se entiende como axioma: “la lucha contra el cambio climático es una garantía de crecimiento económico”.

Un fenómeno atractivo: Europa

Fecha: 16 septiembre, 2019 por: dariomartinez

Mapa ficción a modo de sudoku

Está en boca de todos. Es una ilusión compartida. Hace tiempo una idea borrosa que en manos de Francia y Alemania condenó a casi todo un continente al desastre,  con todo hoy es indiscutible. Vivimos un momento en el que el referente político salvador y único carece de pathos, de mal encarnado que impida satisfacer nuestras necesidades más urgentes. Europa existe y lo hace como una entidad política poderosa, con fuerza para actuar legalmente en el terreno soberano de cada estado-nación.  En España el problema, en Europa la salvación; una Europa dominada por un espíritu, por un hacer de raíz protestante, sin ataduras morales ya caducas por católicas. Una Europa con rostro alegre que esconde un fondo poco amistoso. La Europa de hoy es fruto de un tratado, en el acuerdo cada uno de sus miembros cree poder extraer ventajas que favorezcan eficazmente a sus ciudadanos, en esta tesitura quien pone las condiciones del acuerdo, quien más potente es por real y por ser capaz de exigir más activando su autoridad es quien se lleva la parte más grande del pastel; el resto son comparsas que bailan su compás, pero no a regañadientes, no reconociendo la falta de autonomía, y en nuestro caso además no percatándose de la trayectoria de país orientado al descanso de los ciudadanos amigos y europeos, no intentando atajar nuestro devenir posindustrial con el goteo permanente de centros productivos fabriles de envergadura media o grande yéndose, no considerando el impulso a los nacionalismos fraccionarios de potencias que por encima del ideal europeo buscan lo mejor paras sus ciudadanos aprovechándose de sus vecinos del sur. Remar hacia Europa, como entidad política que está por hacer considerando a priori que por estar en la mente de todos ya tiene estatus de realidad política soberana, autónoma, y capaz de ofrecer un contrapeso a colosos como China y EE.UU., facilita la disolución de la naciones políticas más débiles por ser consideradas en esta era posestatal como prescindibles, y es así porque detrás subyacen entidades fraguadas en torno a élites adueñadas de la idea confusa y dominante de pueblo que intentan clonar al Estado-nación en el que se encuentran para entrar en una Europa que les acoja y les reconozca, esta vez sí, como independientes. Este paso no se ha dado aún, pero las democracias europeas homologadas expuestas a procesos de fuerza popular dominados por los sentimientos y de espaldas al rigor de la razón pueden desencadenar tensiones nuevas donde no las había. No lo olvidemos, no todo cambio brusco, revolucionario o progresista ha de conducir a lo mejor, también los cambios, independientemente de quien los lidere, pueden ser una rémora para el futuro. Traer más inestabilidad y por supuesto más miseria a cada uno de los ciudadanos que forman parte del actual conglomerado de países unidos por un tratado en el que cada cual vela en primer lugar por sus intereses, pasa inexorablemente por debilitar al otro. Lo importante pues es saber ver el engaño y no confundir el fenómeno Europa con una realidad, con un ser real, ontológicamente irrefutable  a nivel político. Por de pronto, lejos está de ser un Estado, entre otras razones por carecer de algunos de los elementos esenciales para ello como puedan ser: un Tribunal de Justicia capaz de disolver los sistemas jurídicos de los miembros que la integran con leyes orientadas al bien y además con fuerza coactiva suficiente como para obligar (v.g. una policía europea), o un sistema defensivo, diplomático y federativo compartido y reconocido internacionalmente. En cambio lo que sí existe y está en funcionamiento es un grupo de socios con intereses diferentes incapaces en multitud de ocasiones de llegar a acuerdos de mínimos. En esta tesitura es normal que algunos de sus miembros consideren la posibilidad de abandonar un tratado que para nada debilita su soberanía. Ya lo decían antiguos primeros ministros británicos, “quiero tanto a Alemania que prefiero que haya dos”. Obviamente con una, y más poderosa,  quizá las ventajas hasta ahora logradas se vean socavadas por fuerzas coactivas ajenas e incontrolables en el futuro.

En fin, el fenómeno Europa es por ser algo extraordinario algo fuera de lo normal. De ser Europa una entidad política como otra cualquiera, de ser un país más de la ONU, simplemente no sería un fenómeno. Una última cuestión: ¿qué hay actualmente de pathos en lo que hoy conocemos y aceptamos como ethos? Ya se lo preguntaba el filósofo de la sospecha Nietzsche. Quizá lo sepamos entender a toro pasado.

Tan triste, tan frecuente

Fecha: 7 agosto, 2019 por: dariomartinez

¿Todo es posible en EE.UU.?

Y detrás de todo los grandes ideales. Estados Unidos vive un periodo de tensión local permanente. Los medios de comunicación la estimulan y la perpetúan. El miedo es generalizado, en él el consumidor medio del país se tranquiliza con el ejercicio libre y autónomo de periódicas compras compulsivas. Los discursos apocalípticos son cotidianos. El individuo sólo, vacío, y en el difícil equilibrio del abismo del todo o nada asume sin saberlo los versos del Höderling: “Pero donde está el peligro, crece también lo salvador”. El peligro es el fin del pueblo elegido, el pueblo estadounidense y con él su libertad, su democracia, su prosperidad sin límites. Los culpables los otros, especialmente los no blancos, anglosajones y protestantes. Es el momento para poder arriesgar la propia vida. No hay límites, los equilibrios morales siempre difíciles se tornan sencillos por falta de sindéresis, el maniqueísmo es nítido, dominante y lo más peligroso: habilitador para la puesta en práctica de una violencia gratuita que escapa al rigor de la ley.

Si a esta ira patrocinada por el Estado le facilitamos en nombre de la libertad y la democracia del pueblo un arma de combate para que pueda ser usada en un ámbito de convivencia que nada tiene que ver con la guerra entonces el resultado no puede ser otro que el de una historia reciente salpicada de actos de barbarie. Prácticas de aniquilación que no son humanas por estar vacías de cualquier tipo de criterio ético que al menos predisponga a saber decir que lo más importante es el mantenimiento y promoción hacia lo mejor de la vida. Si esto no está claro, si en nombre de un pueblo elegido ante la tesitura de evitar el fantasma del apocalipsis hispano, negro, musulmán, etc., todo vale, el goteo de víctimas continuará.

Hemos de evitar los dogmas fundamentados en la opinión, aquellos que se pliegan e impermeabilizan ante la posibilidad de poder intentar escuchar otros argumentos, han de crearse las condiciones necesarias para que sea posible un conjunto de figuras públicas que sea capaz de triturar las ideas más dañinas que golpean a los estadounidenses. Enrocarse en discursos fáciles y apostar por reivindicar la figura de Dios en nombre de dichos ideales permite que afloren salvadores despiadados que confunden sus ideales con la verdad, su odio con la razón, su ética biológica y racista con el bien. Pero lo peor de todo es que este mal encarnado no es algo que debamos adjudicar en exclusiva a individuos aislados y que autónomamente distorsionan la realidad al quedar excluidos de una felicidad que se les ofrece y que por mor de su mal hacer no alcanzan, es un problema derivado de su sistema político y como tal puede resultar implacable si es entendido como perfecto e incuestionable. Su mantenimiento resultará por tanto una necesidad bendecida y eficaz en su origen, es ahí en su liberalismo sin trabas, de conquista y depredador (primero del Oeste, hoy de un mundo globalizado) donde fragua sus éxitos, eso sí: siendo libre para expoliar y en el límite exterminar a los demás; éste es su lugar y para no darle la espalda ha de morar en el origen, esto conlleva que su misión sea civilizadora, universal, mesiánica y en nombre de su lugar a los demás nos queda replegarnos, someternos, obedecer. Esto es la paz americana, pero no debemos olvidar que la alternativa más plausible es la paz China. Esta es nuestra actual aporía, este es nuestro reto reflexivo más urgente. Nos queda elegir o estar atentos.

Volviendo a los casos concretos de asesinatos indiscriminados y gratuitos que parecen resultar ya cotidianos en Estados Unidos, señalar como última reflexión que todo cambio legal profundo en la capa conjuntiva del Estado se entenderá como distópico, así abolir o limitar la segunda enmienda recogida en la Constitución de los Estados Unidos parecerá una quimera por tratarse desde el inicio de una tarea imposible.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/35350/triste-frecuente.html

No se juzgan las ideas

Fecha: 17 febrero, 2019 por: dariomartinez

 ¿Qué es lo que ha de ser juzgado según el amplio equipo de abogados de los acusados por el proceso secesionista en Cataluña? Nada, porque cada uno de los actos de sus defendidos deriva de nobles principios que nada tienen de dolosos. Así pues, las ideas son el mandato del pueblo, la energía vital en forma de espíritu que sirve de guía de actuación de aquellos que bajo dichas circunstancias sólo cumplieron con su deber, obrando en conciencia, ajustados al rigor de la razón práctica kantiana, cumpliendo así con un marco de convivencia por ellos instaurado hasta someterse humildemente  a la voluntad del pueblo. Pueblo conocido por quien tiene fe y pertenece a él. Y lo hicieron obedeciéndolo según el uso privado de la razón con el firme propósito de lograr la paz y con ella la independencia. Y este mandato es una exigencia máxima, un imperativo categórico, que guía su obrar y les conduce a la libertad, no en tanto que ciudadanos españoles, sino en tanto que humanos ahora elevados por encima de su condición de súbditos de un Estado que les oprime. Son un pueblo, son diferentes, y la razón en forma de mandato está de su lado. Su compromiso es un acto de fe, es un acto en conciencia, lo que quiere decir que todo derecho positivo, todo derecho que emane del Estado español será injusto e incluso ajeno a su reconocimiento ya que se entenderá como fuente de coacción. De ahí que muchos políticos independentistas catalanes consideren sin tapujos que la única solución justa es la absolución, dado que pensar no es delinquir. Y así nos dice el Sr. Junqueras. “»Estoy en un juicio político, se me acusa por mis ideas, no por mis hechos».

El caso es que este ejercicio metafísico no es el asunto que va a ser juzgado. No son estos grandes ideales, es el contenido derivado de sus actos, de si son ajustados a nuestro marco jurídico de convivencia o no. Lo demás cuentos trascendentales propios de una impronta idealista alemana.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/33583/juzgan-ideas.html

A través del espejo de Utopía

Fecha: 24 diciembre, 2018 por: dariomartinez

El hombre sólo en el acá, Dios sólo en el allá cada vez más distante del interior de la reflexión silenciosa y ciega de cada uno de nosotros. Sobre este erial ¿cómo pergeñar un Estado ajustado a la razón? ¿En qué espejo mirar para intuir vía conocimiento lo que es el bien político? Tomás Moro no escatimaba esfuerzos en sus pesquisas, ellas le llevaban a dónde simplemente no es, enraizándose en lo que sólo puede ser una ficción: Utopía. Pero, ¿qué importancia comporta para la posterior acción política dicha idealidad? ¿Por qué asirnos de lo que sólo es en la imaginación? Se nos presenta en forma de fábula un mundo cuya sociedad civil es convergente, es decir, está organizada en base a una división social por todos asumida, la unidad es aquí impecable, cada uno, en tanto que miembro de un colectivo encarnado en el Estado, es consciente de su hacer, de su contribución positiva y permanente a la justicia de la ciudad. Esta temeraria ficción, y no únicamente ésta, resultará dañina al situarse en uno de los focos de mayor fuerza persuasiva de muchas de las doctrinas políticas construidas en el fango de las sociedades modernas y contemporáneas realmente existentes. Con la ejecución de dichos proyectos políticos se instaurará un proceder tanto impecable como implacable frente a la divergencia. En el acá, en el mundo del ciudadano como célula activa y sagrada de las sociedades políticas, a la hora de construir el futuro ideal y perfecto o a la hora de construir el pasado de la ya no existente Edad de Oro el presente simplemente claudicará o sencillamente será prescindible. La razón de Estado en forma de buen orden o eutaxia no dará tregua; al abrigo de la astuta razón las masas homogéneas de ciudadanos estarán lejos del orden bueno y justo de la Utopía de Moro y sí impregnadas de la putrefacción de una distopía ciega y alienante. Así la mayoría de la sociedad civil vivirá temerosa ante los embates de la arbitrariedad del líder carismático de turno, o se idiotizará ante el poder coactivo y en muchas ocasiones virtual del saber sin mácula de la ciencia y su hacer tecnológico, o bien delegará hasta la más rotunda de la sumisiones ante la autoridad sin límites engendrada por el partido ortodoxo, disciplinado y desvelador de lo que aún está por llegar.

¿Y sin utopía? El presente como fin de la historia y la misión de perpetuar y extender hasta la frontera de la globalización su existencia y su poder, sea por la senda de la convicción o de la coacción en forma de embargo o guerra. Democracia, capitalismo y pueblo elegido sus ingredientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

El fantasma del pacto educativo

Fecha: 2 diciembre, 2018 por: dariomartinez

Nos decía Platón que en lo más profundo de la caverna sólo podíamos contemplar fantasmas. La imaginación y como mucho el asiento seguro de una creencia ajena a la verdad eran la causa segura para poder explicar dichos fenómenos sujetos a la mera conjetura, a la perpetua duda, a la confusión. Hoy perfectamente nos vemos inmersos en esta situación, lo ya planteado por Platón se nos vende como posverdad. La caverna es el lugar ideal para forjar mentiras ilusionantes con fuertes cargas de emoción y con la intención de atrapar a la mayoría. El propósito es mantener inalterables los privilegios de unos pocos y repartirlos en recintos de poder independientes. Un mecanismo de superación de falsos poderes en un marco como es el de nuestro país sería el Estado, entendido como sujeto político que en su hacer diario debería velar por la igualdad de sus ciudadanos y construir un marco legal orientado a la justicia. Un Estado débil y dividido no tendrá la capacidad de obligar, de ir por encima de los feudos autónomos de poder cuasi caciquiles.

En suma, en este país es imposible alcanzar un pacto de Estado por la Educación (ya no digamos nacional, idea maldita asociada al binomio incólume España/Franco) porque el Estado no está capacitado para tal fin, y no lo está por su imposibilidad para habilitar mecanismos que perseveren en el interés común. Dicha quimera es un fantasma que se nos vende como posibilidad abstrayendo una realidad administrativa a nivel educativo que se resiste a tener nada que ver con un proyecto que aspire a lo mejor para conjunto de los ciudadanos españoles. Es obvio que tal pacto iría en beneficio de todos pero desde las periferias de este país lo que se quiere es lo mejor de los suyos, por supuesto fomentado su hecho identitario. Esto facilita una relación asimétrica que estrangula cada vez más a las regiones más pobres. Mermando la capacidad del Estado hasta la anorexia, desalojando a la escuela pública de sus recintos de acción, controlando lo ya debilitado a nivel autonómico, el posible pacto educativo es simplemente imposible. No es casual, si causal, que entre las comunidades autónomas donde la escuela pública ocupa un porcentaje más reducido estén el País Vasco y Cataluña. No es casual, si causal, que sea en ellas donde más se pugna por la secesión, fragmentación, de España. Por cierto, su apuesta nacionalista y liberal cuenta con el salvoconducto de muchas de nuestras erráticas izquierdas.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/32869/fantasma-pacto-educativo.html