Dudar no es una patología

Fecha: 13 octubre, 2019 por: dariomartinez

Mejor: algunos somos Vesuvius

Dos autores forjaron sabiamente lo que hoy conocemos como filosofía alemana. Entendamos al menos la que está escrita en alemán, lo que no quiere decir que sea hecha por ciudadanos de una entidad política milenaria, internacionalmente homologada y reconocida como nación política. La reunificación vendrá más tarde. Volviendo al asunto que nos compete. Tanto Hegel como Marx entendían que el ser del hombre iba inexorablemente asociado a su relación de dominio de la naturaleza impersonal; el despegue de la misma, el desarrollo del sistema productivo desvinculaba al hombre de su no ser, de su alienación entendida como sometimiento a lo natural. El camino de la libertad era tortuoso, pero pasaba por la emancipación técnica y sabia de la naturaleza en una dialéctica tensa entre amo y siervo primero y entre clase trabajadora y burguesa después. El sistema productivo era el principal resorte del devenir del hombre. Marx entendió que el trabajo era la auténtica esencia humana, y más allá de las filosofías precedentes, de tocador diría, lo que se necesita es una buena articulación del sistema productivo con el fin de hacer al hombre dueño de sí mismo, o lo que es lo mismo: libre.

Las filosofías ilustradas de corte liberal serán beligerantes con la corriente marxista. De ningún modo algo que se entiende desde el origen como atributo del hombre, algo además acordado en un pacto ficción entre hombres libres que quieren dejar atrás su condición de esclavos de la naturaleza (entendida primero como mito, perverso y casi con voluntad, con capacidad de querer y desear, y hoy como mito oscuro, dominador, y benévolo  recuperado con fuerza por el ecologismo), no puede anularse mediante un proceso violento de colectivización de los medios de producción. La propiedad privada es el fundamento del sistema de producción capitalista, y con él de las democracias liberales, tanto de izquierdas como de derechas, actuales y pasadas.

Dicho esto. ¿Qué queda de la izquierda marxista entre las izquierdas de hoy? Nada, ni siquiera un conocimiento aproximado. A la izquierda indefinida de hoy parece que le trae al pairo la organización del Estado. Lo importante es la humanidad, la vida de la Tierra, ideas persuasivas pero que trascienden lo estrictamente político. Así se habla en nombre de los ciudadanos del mundo y se exige de todos los habitantes de nuestro planeta que lo que nos dicen los políticos del primer mundo sea de obligado y global cumplimiento. Y esto no es todo, quieren que todo ello se realice bajo la responsabilidad exclusiva del individuo y procuran además que los gobiernos ajenos a tales medidas realicen, sin nada que pueda devenir como alternativa que satisfaga sus necesidades, lo que los gobiernos del bienestar y sus organizaciones afines quieren; el problema es que exigirles esto conduciría a la mayoría de sus ciudadanos a la miseria. Todo ello por supuesto con el diálogo materializado en cumbres mundiales sobre el clima, pero como diría Stalin: ¿con cuántas divisiones cuenta Europa para poder obligar a Rusia, China, India y Brasil, entre otros (EE.UU. por ejemplo), a que se plieguen a sus demandas? ¿Sería prudente intentar siquiera ejecutarlo? ¿Iríamos otra vez a una nueva guerra mundial total dada la actual capacidad tecnológica y armamentística? ¿Podríamos decir que estamos iniciando una nueva era de guerra fría o paz caliente? En nombre de dichas consignas políticamente desconocidas por metafísicas se diseñan, en beneficio de las grandes corporaciones industriales, medidas severas de ajuste, despidos masivos, deslocalizaciones permanentes, y en definitiva la desarticulación forzosa de entre otros nuestro sistema productivo industrial. Lo peor es que no hay propuestas de choque alternativas, tampoco argumentos capaces de atisbar un mínimo de rigor que permita reconsiderar el hecho de que una política de Estado no puede ofrecer para su estabilidad y bien vivir de sus ciudadanos un decrecimiento permanente que facilite el empobrecimiento, la emigración de los más jóvenes y mejor preparados o el lento aumento anual de suicidios. La vuelta al pasado está lejos de ser una arcadia bucólica y feliz, por el contario creemos que se aproximaría más a la barbarie de la mera supervivencia de la inmensa mayoría.

Hoy se nos vende como ideología irrefutable apuntalada por el saber inexpugnable de la mayoría de los científicos de bien (por descontado progresistas), con el añadido propagandístico e infantil que nos ofrece una sonrisa fatua, más emocional que racional, y una palmadita en la espalda del nuevo político de turno que una vez en el poder nos dice: “es por vuestro bien y el de vuestros hijos”. Pero no lo olvidemos: a partir de ahora van a ser más los que tendrán muchas papeletas para poder llegar a ser un parado de larga duración. Tal vez es el momento de al menos poder reflexionar y mostrarnos escépticos sobre la posibilidad de la no verdad de lo que desde Europa se entiende como axioma: “la lucha contra el cambio climático es una garantía de crecimiento económico”.

Un fenómeno atractivo: Europa

Fecha: 16 septiembre, 2019 por: dariomartinez

Mapa ficción a modo de sudoku

Está en boca de todos. Es una ilusión compartida. Hace tiempo una idea borrosa que en manos de Francia y Alemania condenó a casi todo un continente al desastre,  con todo hoy es indiscutible. Vivimos un momento en el que el referente político salvador y único carece de pathos, de mal encarnado que impida satisfacer nuestras necesidades más urgentes. Europa existe y lo hace como una entidad política poderosa, con fuerza para actuar legalmente en el terreno soberano de cada estado-nación.  En España el problema, en Europa la salvación; una Europa dominada por un espíritu, por un hacer de raíz protestante, sin ataduras morales ya caducas por católicas. Una Europa con rostro alegre que esconde un fondo poco amistoso. La Europa de hoy es fruto de un tratado, en el acuerdo cada uno de sus miembros cree poder extraer ventajas que favorezcan eficazmente a sus ciudadanos, en esta tesitura quien pone las condiciones del acuerdo, quien más potente es por real y por ser capaz de exigir más activando su autoridad es quien se lleva la parte más grande del pastel; el resto son comparsas que bailan su compás, pero no a regañadientes, no reconociendo la falta de autonomía, y en nuestro caso además no percatándose de la trayectoria de país orientado al descanso de los ciudadanos amigos y europeos, no intentando atajar nuestro devenir posindustrial con el goteo permanente de centros productivos fabriles de envergadura media o grande yéndose, no considerando el impulso a los nacionalismos fraccionarios de potencias que por encima del ideal europeo buscan lo mejor paras sus ciudadanos aprovechándose de sus vecinos del sur. Remar hacia Europa, como entidad política que está por hacer considerando a priori que por estar en la mente de todos ya tiene estatus de realidad política soberana, autónoma, y capaz de ofrecer un contrapeso a colosos como China y EE.UU., facilita la disolución de la naciones políticas más débiles por ser consideradas en esta era posestatal como prescindibles, y es así porque detrás subyacen entidades fraguadas en torno a élites adueñadas de la idea confusa y dominante de pueblo que intentan clonar al Estado-nación en el que se encuentran para entrar en una Europa que les acoja y les reconozca, esta vez sí, como independientes. Este paso no se ha dado aún, pero las democracias europeas homologadas expuestas a procesos de fuerza popular dominados por los sentimientos y de espaldas al rigor de la razón pueden desencadenar tensiones nuevas donde no las había. No lo olvidemos, no todo cambio brusco, revolucionario o progresista ha de conducir a lo mejor, también los cambios, independientemente de quien los lidere, pueden ser una rémora para el futuro. Traer más inestabilidad y por supuesto más miseria a cada uno de los ciudadanos que forman parte del actual conglomerado de países unidos por un tratado en el que cada cual vela en primer lugar por sus intereses, pasa inexorablemente por debilitar al otro. Lo importante pues es saber ver el engaño y no confundir el fenómeno Europa con una realidad, con un ser real, ontológicamente irrefutable  a nivel político. Por de pronto, lejos está de ser un Estado, entre otras razones por carecer de algunos de los elementos esenciales para ello como puedan ser: un Tribunal de Justicia capaz de disolver los sistemas jurídicos de los miembros que la integran con leyes orientadas al bien y además con fuerza coactiva suficiente como para obligar (v.g. una policía europea), o un sistema defensivo, diplomático y federativo compartido y reconocido internacionalmente. En cambio lo que sí existe y está en funcionamiento es un grupo de socios con intereses diferentes incapaces en multitud de ocasiones de llegar a acuerdos de mínimos. En esta tesitura es normal que algunos de sus miembros consideren la posibilidad de abandonar un tratado que para nada debilita su soberanía. Ya lo decían antiguos primeros ministros británicos, “quiero tanto a Alemania que prefiero que haya dos”. Obviamente con una, y más poderosa,  quizá las ventajas hasta ahora logradas se vean socavadas por fuerzas coactivas ajenas e incontrolables en el futuro.

En fin, el fenómeno Europa es por ser algo extraordinario algo fuera de lo normal. De ser Europa una entidad política como otra cualquiera, de ser un país más de la ONU, simplemente no sería un fenómeno. Una última cuestión: ¿qué hay actualmente de pathos en lo que hoy conocemos y aceptamos como ethos? Ya se lo preguntaba el filósofo de la sospecha Nietzsche. Quizá lo sepamos entender a toro pasado.

Tan triste, tan frecuente

Fecha: 7 agosto, 2019 por: dariomartinez

¿Todo es posible en EE.UU.?

Y detrás de todo los grandes ideales. Estados Unidos vive un periodo de tensión local permanente. Los medios de comunicación la estimulan y la perpetúan. El miedo es generalizado, en él el consumidor medio del país se tranquiliza con el ejercicio libre y autónomo de periódicas compras compulsivas. Los discursos apocalípticos son cotidianos. El individuo sólo, vacío, y en el difícil equilibrio del abismo del todo o nada asume sin saberlo los versos del Höderling: “Pero donde está el peligro, crece también lo salvador”. El peligro es el fin del pueblo elegido, el pueblo estadounidense y con él su libertad, su democracia, su prosperidad sin límites. Los culpables los otros, especialmente los no blancos, anglosajones y protestantes. Es el momento para poder arriesgar la propia vida. No hay límites, los equilibrios morales siempre difíciles se tornan sencillos por falta de sindéresis, el maniqueísmo es nítido, dominante y lo más peligroso: habilitador para la puesta en práctica de una violencia gratuita que escapa al rigor de la ley.

Si a esta ira patrocinada por el Estado le facilitamos en nombre de la libertad y la democracia del pueblo un arma de combate para que pueda ser usada en un ámbito de convivencia que nada tiene que ver con la guerra entonces el resultado no puede ser otro que el de una historia reciente salpicada de actos de barbarie. Prácticas de aniquilación que no son humanas por estar vacías de cualquier tipo de criterio ético que al menos predisponga a saber decir que lo más importante es el mantenimiento y promoción hacia lo mejor de la vida. Si esto no está claro, si en nombre de un pueblo elegido ante la tesitura de evitar el fantasma del apocalipsis hispano, negro, musulmán, etc., todo vale, el goteo de víctimas continuará.

Hemos de evitar los dogmas fundamentados en la opinión, aquellos que se pliegan e impermeabilizan ante la posibilidad de poder intentar escuchar otros argumentos, han de crearse las condiciones necesarias para que sea posible un conjunto de figuras públicas que sea capaz de triturar las ideas más dañinas que golpean a los estadounidenses. Enrocarse en discursos fáciles y apostar por reivindicar la figura de Dios en nombre de dichos ideales permite que afloren salvadores despiadados que confunden sus ideales con la verdad, su odio con la razón, su ética biológica y racista con el bien. Pero lo peor de todo es que este mal encarnado no es algo que debamos adjudicar en exclusiva a individuos aislados y que autónomamente distorsionan la realidad al quedar excluidos de una felicidad que se les ofrece y que por mor de su mal hacer no alcanzan, es un problema derivado de su sistema político y como tal puede resultar implacable si es entendido como perfecto e incuestionable. Su mantenimiento resultará por tanto una necesidad bendecida y eficaz en su origen, es ahí en su liberalismo sin trabas, de conquista y depredador (primero del Oeste, hoy de un mundo globalizado) donde fragua sus éxitos, eso sí: siendo libre para expoliar y en el límite exterminar a los demás; éste es su lugar y para no darle la espalda ha de morar en el origen, esto conlleva que su misión sea civilizadora, universal, mesiánica y en nombre de su lugar a los demás nos queda replegarnos, someternos, obedecer. Esto es la paz americana, pero no debemos olvidar que la alternativa más plausible es la paz China. Esta es nuestra actual aporía, este es nuestro reto reflexivo más urgente. Nos queda elegir o estar atentos.

Volviendo a los casos concretos de asesinatos indiscriminados y gratuitos que parecen resultar ya cotidianos en Estados Unidos, señalar como última reflexión que todo cambio legal profundo en la capa conjuntiva del Estado se entenderá como distópico, así abolir o limitar la segunda enmienda recogida en la Constitución de los Estados Unidos parecerá una quimera por tratarse desde el inicio de una tarea imposible.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/35350/triste-frecuente.html

No se juzgan las ideas

Fecha: 17 febrero, 2019 por: dariomartinez

 ¿Qué es lo que ha de ser juzgado según el amplio equipo de abogados de los acusados por el proceso secesionista en Cataluña? Nada, porque cada uno de los actos de sus defendidos deriva de nobles principios que nada tienen de dolosos. Así pues, las ideas son el mandato del pueblo, la energía vital en forma de espíritu que sirve de guía de actuación de aquellos que bajo dichas circunstancias sólo cumplieron con su deber, obrando en conciencia, ajustados al rigor de la razón práctica kantiana, cumpliendo así con un marco de convivencia por ellos instaurado hasta someterse humildemente  a la voluntad del pueblo. Pueblo conocido por quien tiene fe y pertenece a él. Y lo hicieron obedeciéndolo según el uso privado de la razón con el firme propósito de lograr la paz y con ella la independencia. Y este mandato es una exigencia máxima, un imperativo categórico, que guía su obrar y les conduce a la libertad, no en tanto que ciudadanos españoles, sino en tanto que humanos ahora elevados por encima de su condición de súbditos de un Estado que les oprime. Son un pueblo, son diferentes, y la razón en forma de mandato está de su lado. Su compromiso es un acto de fe, es un acto en conciencia, lo que quiere decir que todo derecho positivo, todo derecho que emane del Estado español será injusto e incluso ajeno a su reconocimiento ya que se entenderá como fuente de coacción. De ahí que muchos políticos independentistas catalanes consideren sin tapujos que la única solución justa es la absolución, dado que pensar no es delinquir. Y así nos dice el Sr. Junqueras. “»Estoy en un juicio político, se me acusa por mis ideas, no por mis hechos».

El caso es que este ejercicio metafísico no es el asunto que va a ser juzgado. No son estos grandes ideales, es el contenido derivado de sus actos, de si son ajustados a nuestro marco jurídico de convivencia o no. Lo demás cuentos trascendentales propios de una impronta idealista alemana.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/33583/juzgan-ideas.html

A través del espejo de Utopía

Fecha: 24 diciembre, 2018 por: dariomartinez

El hombre sólo en el acá, Dios sólo en el allá cada vez más distante del interior de la reflexión silenciosa y ciega de cada uno de nosotros. Sobre este erial ¿cómo pergeñar un Estado ajustado a la razón? ¿En qué espejo mirar para intuir vía conocimiento lo que es el bien político? Tomás Moro no escatimaba esfuerzos en sus pesquisas, ellas le llevaban a dónde simplemente no es, enraizándose en lo que sólo puede ser una ficción: Utopía. Pero, ¿qué importancia comporta para la posterior acción política dicha idealidad? ¿Por qué asirnos de lo que sólo es en la imaginación? Se nos presenta en forma de fábula un mundo cuya sociedad civil es convergente, es decir, está organizada en base a una división social por todos asumida, la unidad es aquí impecable, cada uno, en tanto que miembro de un colectivo encarnado en el Estado, es consciente de su hacer, de su contribución positiva y permanente a la justicia de la ciudad. Esta temeraria ficción, y no únicamente ésta, resultará dañina al situarse en uno de los focos de mayor fuerza persuasiva de muchas de las doctrinas políticas construidas en el fango de las sociedades modernas y contemporáneas realmente existentes. Con la ejecución de dichos proyectos políticos se instaurará un proceder tanto impecable como implacable frente a la divergencia. En el acá, en el mundo del ciudadano como célula activa y sagrada de las sociedades políticas, a la hora de construir el futuro ideal y perfecto o a la hora de construir el pasado de la ya no existente Edad de Oro el presente simplemente claudicará o sencillamente será prescindible. La razón de Estado en forma de buen orden o eutaxia no dará tregua; al abrigo de la astuta razón las masas homogéneas de ciudadanos estarán lejos del orden bueno y justo de la Utopía de Moro y sí impregnadas de la putrefacción de una distopía ciega y alienante. Así la mayoría de la sociedad civil vivirá temerosa ante los embates de la arbitrariedad del líder carismático de turno, o se idiotizará ante el poder coactivo y en muchas ocasiones virtual del saber sin mácula de la ciencia y su hacer tecnológico, o bien delegará hasta la más rotunda de la sumisiones ante la autoridad sin límites engendrada por el partido ortodoxo, disciplinado y desvelador de lo que aún está por llegar.

¿Y sin utopía? El presente como fin de la historia y la misión de perpetuar y extender hasta la frontera de la globalización su existencia y su poder, sea por la senda de la convicción o de la coacción en forma de embargo o guerra. Democracia, capitalismo y pueblo elegido sus ingredientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

El fantasma del pacto educativo

Fecha: 2 diciembre, 2018 por: dariomartinez

Nos decía Platón que en lo más profundo de la caverna sólo podíamos contemplar fantasmas. La imaginación y como mucho el asiento seguro de una creencia ajena a la verdad eran la causa segura para poder explicar dichos fenómenos sujetos a la mera conjetura, a la perpetua duda, a la confusión. Hoy perfectamente nos vemos inmersos en esta situación, lo ya planteado por Platón se nos vende como posverdad. La caverna es el lugar ideal para forjar mentiras ilusionantes con fuertes cargas de emoción y con la intención de atrapar a la mayoría. El propósito es mantener inalterables los privilegios de unos pocos y repartirlos en recintos de poder independientes. Un mecanismo de superación de falsos poderes en un marco como es el de nuestro país sería el Estado, entendido como sujeto político que en su hacer diario debería velar por la igualdad de sus ciudadanos y construir un marco legal orientado a la justicia. Un Estado débil y dividido no tendrá la capacidad de obligar, de ir por encima de los feudos autónomos de poder cuasi caciquiles.

En suma, en este país es imposible alcanzar un pacto de Estado por la Educación (ya no digamos nacional, idea maldita asociada al binomio incólume España/Franco) porque el Estado no está capacitado para tal fin, y no lo está por su imposibilidad para habilitar mecanismos que perseveren en el interés común. Dicha quimera es un fantasma que se nos vende como posibilidad abstrayendo una realidad administrativa a nivel educativo que se resiste a tener nada que ver con un proyecto que aspire a lo mejor para conjunto de los ciudadanos españoles. Es obvio que tal pacto iría en beneficio de todos pero desde las periferias de este país lo que se quiere es lo mejor de los suyos, por supuesto fomentado su hecho identitario. Esto facilita una relación asimétrica que estrangula cada vez más a las regiones más pobres. Mermando la capacidad del Estado hasta la anorexia, desalojando a la escuela pública de sus recintos de acción, controlando lo ya debilitado a nivel autonómico, el posible pacto educativo es simplemente imposible. No es casual, si causal, que entre las comunidades autónomas donde la escuela pública ocupa un porcentaje más reducido estén el País Vasco y Cataluña. No es casual, si causal, que sea en ellas donde más se pugna por la secesión, fragmentación, de España. Por cierto, su apuesta nacionalista y liberal cuenta con el salvoconducto de muchas de nuestras erráticas izquierdas.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/32869/fantasma-pacto-educativo.html

Escupitajo verosímil

Fecha: 25 noviembre, 2018 por: dariomartinez

No podemos saber si es verdad o mentira. El supuesto gesto de impotencia infantil, absurdo en una persona que se tiene por adulta, es sospechoso de ser creíble, al menos resulta verosímil al escuchar al ministro de Exteriores, señor Borrell.

En el Parlamento español, sede supuestamente de una deliberación atiborrada de argumentos, de ideas paridas con un brillo tal que permitan dar cuenta de nuestros problemas políticos, se nos ofrecen escupitajos o puestas en escena teatralizadas hasta el sinsentido, es decir, ni tan siquiera opiniones vagas cuajadas de creencias e imaginación, ocurrencias persuasivas e ineficaces, o simplemente bravatas sin recorrido e imposibles por utópicas o inmaduras. Hoy hemos llegado a gestos groseros, de ínfimo grado de respeto, descorteses, mal educados. De este modo el hacer político, aspirante a lo justo, al buen orden del Estado, se diluye en banalidades derivadas de enfrentamientos personales que nada tienen que ver con el interés común.

Pero la pregunta es la siguiente: ¿por qué esta situación de desprestigio generalizado? Lanzo la siguiente hipótesis, puede también ser entendida como verosímil. Los diputados que ocupan la totalidad del arco parlamentario a nivel ético no son iguales, sus discursos no están presididos por la igualdad en la palabra, fundamento clave para los padres de la democracia en la antigua Atenas. Esto sucede porque ciertos representantes políticos sólo ven en todo lo que ellos identifican como español una mediocre y antidemocrática manifestación franquista que, como tal, ha de ser tratada con el más absoluto desprecio. Lógicamente, en esta situación de desigualdad ellos se tienen, dada su autoestima elevada y un análisis ideológico simple que distorsiona la realidad, por superiores. Despersonalizar al otro, eliminarle todo atisbo de dignidad, les habilita a conductas ajenas al buen hacer que se ha de suponer en el ejercicio de la política. A esto se le llama prejuicio y da lugar a opiniones carentes de rigor que pueden habilitar al que se las cree a actuar violentamente. En definitiva, ese gesto, de ser cierto, es un síntoma de ira, de rabia, de sentimientos primitivos ajenos al saber con sentido.

Por desgracia, parece ser el momento del adiós a la razón.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/32802/escupitajo-verosimil.html

¡Nuevo estatuto para Cataluña!

Fecha: 7 septiembre, 2018 por: dariomartinez

Es un futurible, sinceramente ignoro lo que nos deparará el devenir político. Tratemos la siguiente posibilidad. En un arrebato de sincera falsa conciencia y haciendo lo que no se quiere ni pretende, suponemos que bajo el disfraz de un diálogo entre bambalinas y de espaldas a los ciudadanos españoles, el presidente Torra acepta celebrar un referéndum pactado sobre un estatuto que les dé más autogobierno dentro de la actual y debilitada España. Si este es el caso creo poder adivinar (insisto no sé el futuro, titubeo en el presente y creo conocer algo del pasado) que entre su articulado se hallaría una mención explícita a la condición de nación política de Cataluña, no en el preámbulo como en el anterior estatuto y que el Tribunal Constitucional tumbó. ¿Qué significa esto? Sin titubeos: que Cataluña sería soberana, así el plan pergeñado de forma más prudente por los líderes de ERC estaría en una vía legal directa a la independencia vía referéndum vinculante, la justicia española nada podría enmendar y menos legalmente condenar, la comunidad internacional, de triunfar la independencia determinada por los ahora soberanos ciudadanos catalanes, se apresuraría a abrir sus embajadas en la nueva capital de la República independiente, España como estado-nación simplemente no sería y lo que es peor, los ciudadanos nativos y residentes simplemente serían más pobres en el ya triturado territorio español, territorio que sería sin más una simple periferia europea desindustrializada, generosa en el sector servicios y de gran atractivo turístico, en definitiva: a más Europa menos España ¡Qué fatal error de diagnóstico de Ortega y Gasset que veía que nuestro problema era España y nuestra salvación Europa!

¿Por qué toda esta perorata? Porque en manos de la presidencia del Gobierno está un señor que a pregunta de su compañero Patxi López sobre qué significa para él nación simplemente fue capaz a balbucear una infantil y pobre respuesta: «un sentimiento que tienen muchísimos ciudadanos, por ejemplo en Cataluña o el País Vasco, por razones históricas, lingüísticas o culturales». ¡Vamos apañados! No diferencia entre nación étnica, a la que sin saberlo alude, de la nación política, soberana y que es más fuerte si su poder reside en el conjunto de sus ciudadanos unidos en la dialéctica de la historia de lucha por el bienestar y la supervivencia frente a otras naciones políticas. Desunirnos nos debilita, nos empobrece, nos conduce a un neofeudalismo tribal sólo habilitado para repartir la miseria. Se condenan las izquierdas que se suban a lomos del conservador y necio tigre nacionalista. Se condenan las derechas si creen que nuestro Estado no es más que una mercancía: «marca España», y se condenan por cursis y por desatender las demandas más urgentes de sus silenciados ciudadanos, no sólo vale el tanto tengo tanto soy.

Por último, una pregunta para la reflexión, bajo estos augurios: ¿es factible que el actual gobierno, y más si en futuras elecciones apuntala su poder, comience a cambiar a los miembros del Tribunal Constitucional para así allanarles el terreno a los nacionalistas periféricos e independentistas? Veremos.

 

Viene de lejos

Fecha: 18 mayo, 2018 por: dariomartinez

En estos días se está materializando lo que se fue rumiando en diferentes despachos europeos ocupados por Puigdemont para que alguien de su entorno fuese investido presidente provisional de Cataluña. El elegido es el Sr. Quim Torra. Los medios de comunicación nos han mostrado en estos últimos días una selección de textos de calidad ínfima sobre lo que no sólo piensa el Sr. Torra sino sobre lo que es más íntimo, lo que es parte de su ser ideológicamente imperturbable, invariable, impermeable; ese ser es especialmente simple, es primitivo, no es otra cosa que un hediondo discurso apegado a la diferencia racial entre hombres, a una jerarquía natural, biológica, determinada, que muestra científicamente que unos grupos humanos son superiores a otros a nivel físico, intelectual, moral y cultural; un racismo que repudia el mestizaje por ser causa necesaria del deterioro de la ficticia pureza original; un racismo que se entiende como una evidencia científica inexpugnable, siendo muy socorrida la sangre, el ADN, el RH.  Recogen verdades del ámbito de lo estrictamente biológico y las trasladan al campo de lo político distorsionado la realidad, tergiversándola, doblegándola a sus propios intereses de casta, encarnándose ahora la verdad como metafísica, como mito, que directamente confunde y engaña.

Pues bien, dicha naturaleza superior sólo logra eclosionar en una tierra fértil, fuera de ahí las ramas del árbol se secan. La tierra hace al pueblo, la comunidad nacional, no política, hace al individuo, la etnia eleva al ser humano, más allá del estado, más allá de la política, más allá de las leyes. Es la razón de ser de todo verdadero ser humano, obviamente catalán, es lo que lo eleva sin necesidad de acudir a nada trascendental, es lo que gratuitamente justifica que no jure o prometa la Constitución.

Lo que aquí escribo se puede consultar en los textos de tantos ideólogos nacionalistas catalanes que ya desde el siglo XIX vienen moldeando a muchos otros Srs. Torra, viene de lejos. Luego no es casual este fenómeno racial como elemento homogeneizador del nacionalismo étnico, es causal, es la palpable concreción de una trayectoria cuyo hilo inexorablemente conduce al odio.

También el Sr. Pujol es responsable ideológico. Con él la denuncia fue dulcificada y su figura a nivel político español asumida. En este odio hasta hace poco disimulado estaba el padre del actual nacionalismo secesionista catalán al que nos hemos de enfrentar dialécticamente y legalmente, artífice al que no sólo se le toleró psicológicamente sino que también se le tuvo que tolerar lógicamente al renunciar a la petición de pruebas, a la denuncia masiva de sus prejuicios raciales y a la elaboración de buenos argumentos que triturasen sus propuestas.

Todos los catalanes merecen algo tan bello y tan difícil en política como vivir bien, siendo más libres para poder ser mejores en función de sus capacidades y habilidades, siendo iguales y mereciendo el respeto y la igualdad en el uso de la palabra para así poder construir una sociedad más justa y democrática.

Sobre la paz, ¿qué paz?

Fecha: 4 mayo, 2018 por: dariomartinez

He podido leer en el día de hoy y en su periódico la siguiente noticia: El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ha afirmado, tras darse a conocer el comunicado de ETA en el que anuncia su disolución, que «aquí estamos, a favor de Euskal Herria, a favor de la libertad, a favor de la paz» Este mensaje, redactado en euskera, se recoge en su cuenta oficial de twitter.

Verdaderamente si lo escuchamos engolfados en cualquier forma desconocida de ignorancia puede resultar atractivo. Puede incluso entenderse como un acto de compromiso serio, capaz de atraer el interés y los favores de quienes sin ser de aquí se adentran en este mar de sirenas. Pero seamos cautos, acompañemos nuestro combate crítico y dialéctico de la sabia virtud de la prudencia. Preguntémonos al modo socrático qué es lo que quiere decir realmente Otegi cuando habla de ideas tan elevadas como las de libertad y de paz. ¿Qué entiende por paz? ¿Cómo se alcanza la paz? El líder abertzale lo tiene claro pero es necesario explicar con rigor lo que nos quiere decir, entenderlo quizá nos ayude a saber tomar partido en tanto que ciudadanos comprometidos con el interés general del país al que pertenecemos.

El razonamiento que se nos ofrece obedece a un encadenamiento lógico impecable. Es un procedimiento deductivo, en forma de cascada que va de unas premisas asumidas como indudables y que han de conducir, al margen de cualquier sindéresis que se precie, de cualquier sabia distinción entre lo que está bien o lo que está mal, a la conclusión deseada: la paz. Ni el mismo Aristóteles podría ponerlo en cuestión si no fuese por la ambigüedad semántica que se esconde tras la idea mito, en este caso dominadora y confusa, de paz.

La paz que se nos ofrece parte de un postulado que no es posible cuestionar ni demostrar: España no existe, luego su “aquí” es algo diferente, es algo étnicamente puro, diferenciador, original, auténtico, prístino y que como colectividad no es otra cosa que una ficción llamada Euskal Herria homogeneizada en torno a un patrimonio lingüístico común (las llamadas siete provincias vascas que a no ser en su imaginario colectivo jamás existieron como entidad política, y menos como entidad nacional con soberanía en el conjunto de los ciudadanos vascos). Con la lengua como herramienta de diferenciación resulta más fácil crear estructuras de estado independientes, con la lengua el ideal se materializa en lo cotidiano, el ideal se hace carne.

Al amparo de su coartada ideológica y con la mirada puesta en un futuro que él y otros elegidos como él logran vislumbrar, los nuevos ciudadanos, una vez recuperado un patrimonio oculto bajo el poder distorsionador, devaluador,  del estado opresor español, serán por fin libres, no habrá obstáculos que puedan impedir su realización, su proyecto emancipador triunfante podrá iniciar un proceso de afianzamiento de un presente esta vez presidido por la paz. Y ahora la paz será la paz auténtica, una paz emanada de una realidad política republicana y socialista una vez se haya superado la fase presidida por el antagonismo de clases justificado por el sistema de producción capitalista y se haya abolido la propiedad privada. Será una paz democrática y quizá en el límite no representativa, sino directa y ejecutada a través de comités o soviets versión posmoderna, una paz que permitirá que sus ciudadanos se entiendan y puedan llegar a consensos que materialicen en forma de buen argumento el llamado interés común que ha de presidir toda forma recta de gobierno, claro está siempre y cuando se expresen en euskera o en inglés.

En definitiva, en Europa y fuera de España su paz, en España y fuera de Europa su beligerancia, o lo que es lo mismo: en la implosión de España su paz y nuestro no ser político actual. En esta división no se suma, simplemente todos perdemos cotas de soberanía (ellos y nosotros), además de debilitarnos como país frente a terceros estados-nación internamente unidos en el seno de esta lucha sin cuartel por la supervivencia y la estabilidad que es la Unión Europea.