Mentira, poder y prudencia política

Fecha: 12 mayo, 2020 por: dariomartinez

 

Un confinamiento más abierto. La libertad de movimiento aún controlada y con el riesgo latente a un indeseado rebrote de la enfermedad. Mal de grupo, de rebaño, que resulta imposible de controlar a nivel individual, por tanto abrir la mano a las decisiones voluntarias e individuales, creyendo que sin la intervención del Estado en su afán por controlar al individuo a través del poder de la coacción, la razón dirigirá el hacer de cada ciudadano y lo guiará inexorablemente hacia el bien, es simplemente un error moral, no solo ético, porque pone en peligro la existencia misma del grupo.

Pronto se cumplirán dos meses desde el inicio del estado de alarma. Muchas son las reflexiones, abundante la información sobre los acontecimientos, en ocasiones en directo, en el instante de los fenómenos, en un presente confuso y articulado por nuestro pasado. Todos queremos saber más para procurar ser más prudentes. Es obvio que formamos parte de una comunidad política llamada España (alguno seguirá preso de ideales aureolares afines a la locura y no lo querrá entender y así lo que es una lucha de clases de estilo feudal o democrático posmoderno –etic– se ofrece torticeramente como una lucha entre Estados –emic–  que necesitan dinamitar a la nación canónica para convertirse con el tiempo en naciones más débiles, limitadas y pobres, pero en sus élites más felices). Cada estado-nación fija sus políticas de lucha contra la pandemia en el ámbito de su territorio, dentro sus fronteras y ciñéndose al espacio delimitado y reconocido por el resto de Estados. Cada país aplica sus decisiones. En este periodo de calma, de inactividad, la capa basal del Estado se resiente y más cuando depende del turismo y los servicios a él asociados. Una paralización del sistema productivo puede generar situaciones no deseadas de tensión. El lobo de la distaxia del Estado puede mostrar sus fauces. Es obligado calmar ánimos, relajar tensiones, diluir la presión con ofertas de ocio, caso del fútbol profesional. Pero además es necesario mentir. Sin mentir, sin querer dejar atrás el infantil y arbitrario deseo kantiano de una ley moral entendida como imperativo categórico de la razón que anulaba por inmoral la mentira, incluso en situaciones de riesgo máximo para la propia vida, los problemas de convivencia se pueden agravar. Un mundo racionalmente perfecto de alcance universal, de la humanidad entendida por encima de la realidad como totalidad atributiva, ficticia, imposible en los finis operantis, puede convertirse en una realidad generadora de innumerables desastres mundiales en los finis operis. Líbreme la razón de quién habla en nombre de la humanidad, esa señora que avala cuando se la reivindica cualquier acción. La mentira es un recurso que ha de poder verse como eutáxico, facilita la pervivencia del Estado, de la sociedad política. Así un buen ejecutivo ha de procurar en la medida de sus posibilidades evitar situaciones de pánico que pongan en marcha acciones incontroladas, de anarquía, de depredación, de fuerza de unos contra otros. Aquí la mentira resulta terapéutica.

¿Por qué esta reflexión? Puede resultar extraña, una filosofía política dirigida hacia la mentira, un Sócrates contra las cuerdas, un Platón como enemigo de la sociedad abierta, un Platón que filosofa en favor de la propaganda del Estado como elemento disuasorio del querer aparente y gobernado por el alma concupiscible de la mayoría de los ciudadanos. Una crítica sin disimulo de todo fundamentalismo democrático, un disimulado guiño a la razón de estado de Maquiavelo.  La razón para dar cuenta de lo dicho es sencilla. El manejo de las cifras de contagiados y muertos por el SARS-CoV-2 en los diferentes países del mundo. El registro, sin entrar en detalles, sin un análisis sistemático que permita dilucidar cada caso concreto, es muy confuso. No está nada claro ni el positivo de cada diagnóstico ni están acreditadas las condiciones que permitan diagnosticar el fallecimiento por el COVID-19 de cada persona, es decir no se sabe aún a ciencia cierta qué criterios escoge cada país. Lo que sí sabemos es que son diferentes, y lo que sí es fácil concluir es que el manejo de dichos datos facilita el control de los que gobiernan sobre los gobernados, más allá de la posibilidad de otras medidas de coacción ajustadas a ley. Los datos exitosos de otros pueden ser la coartada perfecta para presentarse ante los suyos como un ejecutivo que con su hacer racional gestiona una crisis sin precedentes y con grado de éxito que sólo pude ser laudable. Pero no acaba aquí, esa ejercicio prudente de la mentira, en el hacer y en el decir (por eso es bueno no hacer demasiadas declaraciones públicas), arranca el beneplácito de terceros países y, en esta maniobra de ficción, se consagra toda una hegemonía política, sirviéndose de un mito, de una patraña, se justificará la política interna y externa de un Estado. En la plataforma europea es evidente que la sumisión de unos sirve para la eutaxia de otros, esta es la dialéctica de Estados. Es por ello que se auguran unas líneas maestras de la nueva política europea favorables a los que han salido ilesos de la pandemia, su jugada trampa puede salirles bien, sobre todo cuando no se cuestiona, se acepta, y se asume para poder ir, en una evidente situación de debilidad, a pedir mecanismos legislativos y económicos que permiten salir de la puesta en marcha de una verdad proclamada a los cuatro vientos (impacto de la pandemia) y que nos puede postergar a una esclavitud de deuda de larga duración, a una cantera de mano de obra barata, a un sistemático suicidio demográfico, a una desindustrialización feliz de nuestro ya mermado tejido productivo, a un aumento fulminante del paro y a una emigración de nuestros jóvenes sin precedentes.

La baraja de los datos de la pandemia viene marcada. El juego no se materializa entre iguales. Europa vista desde Alemania y otros países favorables es una entidad en lucha permanente, es una biocenosis, una totalidad distributiva en la dialéctica de Estados y de clases sociales enfrentadas en la lucha por sus intereses. Europa vista desde España es una totalidad atributiva, formada por partes diferentes, pero que lucha por el bien de los ciudadanos europeos, de todos ellos, sin importar si son italianos o españoles, o catalanes, vascos, padanos o sicilianos. Una mentira que unos saben y otros infantilmente quieren ignorar.

España y la desunida Europa

Fecha: 3 abril, 2020 por: dariomartinez

Recopilación de artículos aquí publicados, con ligeras modificaciones, sobre el fenómeno que estamos viviendo y su especial excepcionalidad, más en una democracia homologada en la que se confina a la mayoría de su población por causa de un estado de alarma tardío, si bien dada esta situación de falta de recursos humanos, materiales y de previsión del Gobierno de España se tornó imprescindible para intentar atajar los efectos del COVID-19. A la espera de masivos test que permitan diagnosticar con rigor el estado de cada uno de los ciudadanos de este país.

Recuperado de El Catoblepas, revista crítica del presente. http://nodulo.org/ec/2020/n191p28.htm.

La Europa de la sinrazón

Fecha: 28 marzo, 2020 por: dariomartinez

A los hermanos De Witt que sufrieron la sinrazón en su Holanda natal

Se equivocaba Jorge Martínez, el líder del tan afamado grupo de los años 80 Ilegales cuando cantaba “¡Europa ha muerto!”. Para dejar de ser previamente hay que ser, para morir previamente hay que vivir. Pero más allá del ser o no ser, de existir o no existir, podemos valorar qué significa estar en la Unión Europea. Europa es un estar y su esencia no es otra que una disolución ficticia de fronteras, una farsa, que colma de mentiras una realidad voraz, tozuda, inapelable, y que no es otra que la existencia de un club para el que estar es competir, frente a potenciales competidores externos, ajenos al club, o entre los mismos miembros de la Unión. En Europa no domina la amistad, domina la lucha, la pugna sin límites por cada uno de los intereses particulares. La historia de Europa es una historia de discordia, de guerras, de desunión sistemática. Hoy amortiguada por el abrazo de oso estadounidense.

El estar en Europa en este presente en marcha pasa por entender que somos inmiscibles. El modo de afrontar la realidad viene diseñado por nebulosas ideológicas muy dispares. Pese a todo la dominante es amasada a fuego lento por demiurgos que no son visibles pero que son capaces de cambiar la verdad por la propaganda, de difundir hasta la saciedad la mentira en múltiples dosis de cultura popular fácil de digerir, que perforan inexorablemente las estructuras de aquellos estados que sin ser de su corriente aceptan con deportividad, con resignación si se quiere,  e incluso con buenas muestras de felicidad individual, y por qué no infantil, su dominio sobre nosotros. Ellos mandan, ellos dirigen, nosotros obedecemos, amando estar en una especie de nueva esclavitud posmoderna, y lo amamos siendo profundamente felices, egoístamente felices. Un Estado como el nuestro mermado, esclerotizado en su capa basal y cortical, es decir en su estructura productiva desligada de nuestro control, privatizada hasta impedir que nadie pueda exigir nada, desvirtuado en su sistema defensivo al menguarlo hasta dirigirlo hacia una paz universal de ciencia ficción, con un poder diplomático cambiante y que desconoce quiénes son nuestros amigos y nuestros enemigos, y con una política exterior que le da la espalda y acepta sin discrepancias internas nuestro papel de meras comparsas en un mundo que hemos heredado como garantes de lo peor del hacer humano en la historia en forma de levadura negra, de mito oscuro, negro legendario, que no es otra cosa que un poetizar mimetizado de imágenes de imágenes (propaganda), de doble mentira, de opinión de la opinión y que en nuestro sistema educativo no sólo lo intentamos triturar sino que lo aceptamos, lo difundimos y lo pretendemos mostrar como verdadero; un Estado así, insistimos, mancillado en su globalidad, no puede estar a la altura. Por no dirigir su capacidad y su prudencia ante lo que se venía encima, por no contar con nadie, por embarcarse en campañas de universalidad que borraban las fronteras, que desatendía el día a día, que ponía al mando a unas élites preparadas para acometer empresas estériles, o para activar conductas disfrazadas de democracia que no eran otra cosa que procesos de desestabilización interna alentados desde dentro y arreados con entusiasmo desde fuera. Un Estado digo, que acreditaba su mejor ser ante los otros en forma de la ridícula «marca España», una forma bastante hortera de convertir lo que políticamente hemos de ser en mera mercancía. Unas élites protestantilizadas en todo menos en el ascetismo, imbuidas de un gusto ilimitado por la novedad, de un deseo de poder fraguado más allá del esfuerzo asociado con el compromiso y el mérito, de un ansia de cambio por el cambio en el afán de garantizar un progreso ficción que por desconocido se nos muestra como soteriológico, y una cuantificación, en ocasiones disimulada, de todo lo que puede hacer de la política un servicio operativo y no fútil, sustituto de un hacer que debería ser y desgraciadamente no es dinámico, polémico, tenso, pero en el fondo estabilizador de nuestra sociedad en marcha.

Mal equipados en este naufragio vírico no hay manos tendidas que nos ayuden. Todo lo contrario. Nuestros amigos del norte, especialmente los holandeses, siguen fieles a su modo de estar. Nos dice Weber: “como aquel capitán holandés que por ganar dinero estaba dispuesto a navegar por los infiernos, aunque se le quemasen las velas”.  La fe en el trabajo, la fe en un Dios inexpugnable, infinito, con voluntad absolutamente libre, incognoscible y al que se le concede el derecho a decidir sin coartadas, y menos humanas, quién ha de vivir y quién ha de morir. Hoy los infiernos los conocemos y si las velas que se han de quemar son las de otros mejor. Que cada palo aguante su vela.

Esperemos reconstruir nuestra nave. Nos veremos. Podremos superar con el buen hacer las vicisitudes, podremos vencer. Se hizo una vez, en el campo de fútbol, se venció con ese arte bello y armonioso capaz de convertir en espectáculo un juego de equipo dirigido por los pies, y se derrotó a un rival que sólo veía en la victoria o en la derrota la voluntad de Dios, más allá del buen hacer deportivo o del cumplimiento de las reglas de juego. ¡Menudo asidero de la razón! No lo olvidemos: lo justo no resulta de la voluntad arbitraria de Dios, imposible desde la razón, tal y como creen los protestantes, sino que lo que Dios quiere lo quiere porque es racional, tal y como creen los católicos. Luego lo racional y justo se impone a la voluntad libre de Dios. Cuestión de matices sí, pero es lo que hace que en Holanda se considere que el vivir o morir dependa exclusivamente y como causa última de Dios y su voluntad libre, y se considere además que el trabajo es el salvoconducto para la eternidad. Vivir para trabajar, sin trabajo no hay salvación. Luego si los ancianos no trabajan entonces, ¿para qué tanta asistencia, tantos recursos, tantos médicos, tantas UCIs, tanto gasto en definitiva? Qué Dios decida, nos dicen nuestros vecinos. Que cada enfermo asuma consciente e individualmente su destino.

Lo peor es que nos dan lecciones, se tienen por sensatos y nosotros lo asumimos. La nieve frita es posible, siempre y cuando ellos nos lo digan. Y no olvidemos que desde su óptica lo que realmente es no necesita existir. La voluntad humana puede ser sin cuerpo. Espinosa contagiado, enfermo, no por el polvo de su pulir meticuloso, sino por un virus parido por la ciencia, preparado para ser en el laboratorio, y que ahora sin barreras está en condiciones de poder acabar con el soporte de la vida: el cuerpo.

A mis amigos Cristina y Piquero que están en Madrid

Toca remar

Fecha: 16 marzo, 2020 por: dariomartinez

¡Rema y vive 41! Ahora toca. A tantos trabajadores

Momento muy difícil. Para los que deben trabajar exponiendo su salud, para los que no pueden trabajar y han de asumir la posibilidad de un paro forzoso sin retribución alguna que crearía situaciones de penuria para él y su familia.

Todo sabido pero de obligado reconocimiento. El momento es diferente. Es un fenómeno imprevisto. Rompe las reglas de juego del sistema de producción de nuestro país.  La economía se expone a una crisis de larga duración. El sistema se debilita en su conjunto. Se está deteriorando en el ámbito de la producción, de la cadena de distribución y por supuesto de la venta. Es un mal momentáneamente sistemático, se anquilosa en el conjunto y falla en cada una de sus partes. El sistema se desequilibra,  al no estar armonizado, con sus tensiones, con sus problemas, con sus reglas de mercado reguladas por principios por todos compartidos y que hemos de entender como los propios del libre mercado de mercancías.

Se está iniciando una inercia peligrosa de quietud. Estamos en una situación de calma, de demasiada calma, no hay consumo pletórico, hay un consumo restringido impuesto por la limitación necesaria de la libertad de movimiento para evitar contagios. Sectores como los servicios se ven directamente afectados. Toca una segunda navegación para intentar salir del colapso de la nave del Estado. Hemos de navegar sin vientos, cada uno en su parcela, según sus capacidades, asumiendo que en algunos casos estará por encima de sus necesidades. Esta segunda navegación es dura, no hay fuerza ajena que nos impulse. Es una navegación en solitario, no hay vecinos que nos ayuden, y menos nuestros socios ricos de Europa. Solos hemos de intentarlo. No es momento de motines a bordo en forma de sabotajes o fraudes que puedan poner en peligro el sistema gestor y redistributivo de los pocos bienes con los que contamos para afrontar este reto. Hemos de garantizar el funcionamiento de nuestro sistema productivo y la atención debida y merecida de los ciudadanos más desfavorecidos de este país. Tampoco es tiempo para disputas ineficaces e inoperantes que rayen el desacato o la desobediencia. Quienes los intenten, se muestran, quienes se muestran serán recordados por todos.

Cuando por fin comiencen a soplar vientos favorables que nos orienten hacia lo mejor, hacia la consecución de un país que nos ofrezca más posibilidades, donde ya no sea necesario remar para vivir encadenados a las fauces de la enfermedad o de la muerte derivadas de la eficacia de un virus por el momento inexpugnable, será, repito, en ese momento más próximo al bien cuando podamos reconocer con una luz nítida, fraguada por la verdad y la pedagogía de mitos iluminadores, las mentiras, las cadenas de la falsedad que nos ataban a una falsa satisfacción perturbada por sentimientos embriagadores con capacidad para el desorden, la desestabilización y la disputa egoísta y mezquina entre comunidades autónomas.

Sobran los malos presagios. Debemos intentarlo, luchando, cuidándonos. Subamos a la nave de Platón, podrá ser nuestra guía, la estrella fija que nos muestre el norte.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/38147/toca-remar.html

La confusión un posible semillero de votos

Fecha: 28 febrero, 2020 por: dariomartinez

Hay muchas formas de construir muros. Con miles de ladrillos de confusión

Leo en estos días una cita muy interesante de F.Bacon, uno de los más importantes filósofos de la modernidad y de la ciencia, dice: “con mayor celeridad emerge la verdad del error que de la confusión”. En el abrupto terreno de la política la verdad es difícil, al menos en un grado de abstracción y necesidad mínimo. Nuestras conductas son dispares, los intereses particulares plurales, el obrar colectivo imposible de pronosticar, la valoración de los resultados abierta y sometida al ineludible escrutinio ideológico. El obrar bien de todos, o siendo más precavidos de muchos, no sabemos si necesariamente conducirá a una materialización más real de una justicia social en forma de interés general. En una sociedad en marcha los planes de futuro han de ser prudentes, pero también hemos de reconocer que son, dada su naturaleza política, ficticios, virtuales, posibles, eso sí, siempre y cuando no se apueste por políticas utópicas ávidas por sacrificar el presente y poner en marcha planes de estabilidad estériles, ineficaces o simplemente desestabilizadores. Queda claro el hecho de que la posible verdad política es problemática. Pero por lo menos sí ha de poder darse un proceso bien meditado que permita entenderlo como coherente, como garante de un orden tan necesario para la convivencia como para el logro particular de nuestras aspiraciones más elevadas y sabias de libertad.

Quienes han de servir de guías de nuestras trayectorias particulares de vida se atiborran de principios, en su abundancia y variabilidad se tornan vacíos; el ciudadano no sabe a dónde dirigir sus pesquisas prácticas. No hay principios coordinadores que permitan dar sentido a la estructura y al funcionamiento del Estado. En la confusión generalizada todo vale, o todo carece de interés. El nihilismo o la apatía se tornan carta de presentación de todo ciudadano dispuesto a vivir bien, sin altibajos, sin preocupaciones. La razón se colapsa, el error no se reconoce, el bien se ausenta, la justicia se debilita hasta someterla a la formalidad de la inacción. Un mal ejercicio práctico de vida, particular o colectivo, puede no tener consecuencias. Explorar las vías de la ilegalidad puede resultar beneficioso.

En nuestro país surge el problema cuando lo que domina es la mera confusión. La conducta de los ciudadanos españoles está sumida en la inmediatez. Dilatar el tiempo de cara al futuro parece inoportuno. La felicidad se agota en la satisfacción de cualquier tipo de falsa necesidad, ya sea caprichosa, indecorosa e incluso amoral.

Vistas así las cosas, en la confusión de todos los ejecutivos, y de este en particular, convierten desde su punto de vista cualquier tipo de actuación en impecable, el fallo no tiene cabida. Pero en la sobreabundancia de principios no gana la verdad, domina la opinión, lo emocional, lo que sea fácil de aceptar por la mayoría sin falta de devanarse los sesos, en otras palabras: lo que pueda garantizar más votos. De este modo intentar pergeñar una política en beneficio del interés común se topa permanentemente con la imposibilidad de poder aunar un mínimo de coherencia, y esto porque es imposible engarzar lo que diecisiete comunidades autónomas quieren para sus ciudadanos. Esta es la realidad que hasta ahora ha hecho imposible por ejemplo un pacto de Estado por la Educación o un pacto que permita diseñar un Estado que pueda competir frente a otros con garantías, no frente a otras comunidades autónomas mirando cada una de ellas y de forma mezquina por sus intereses. En nuestra debilidad como nación política la fuerza de los otros. Construir muros de discordia entre vecinos transforma nuestra democracia en una forma de hacer política sometida a una irracional cadena de favores. Muy feudal ella.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/37961/confusion-posible-semillero-votos.html

En su esencia, su podredumbre: Auschwitz

Fecha: 28 enero, 2020 por: dariomartinez

La Noche de los Cristales Rotos. Un modo más de celebrar su cumpleaños

Un pasado recordado. Irrevocable pero con su impronta en el presente. Se injerta en nosotros para reorganizar con coherencia cada una de nuestras trayectorias de vida. Lo importante es asumirlo para poder dar lustre a un conjunto de saberes que nos permitan encarar como miembros de una sociedad en marcha un futuro mejor. Hemos de exigir, para interpretarlo con rigor y poder entenderlo y valorarlo en su justa magnitud, un análisis filosófico capaz de triturar la esencia misma de un movimiento que una vez activado pudo desencadenar en nombre de la salvación de la humanidad, de la superioridad de una raza, un proceso delirante y amoral que entendía al otro como no humano, como infrahumano,  como cosa prescindible, ausente de ser y por lo tanto con una existencia vacía que le convertía en justo merecedor de su aniquilación: «Si durante el comienzo y durante la Guerra bien se hubiera sometido a unos doce o quince mil de esos judíos corruptores de pueblos a los mismo gases venenosos que cientos de miles de nuestros mejores trabajadores de todas las clases y oficios tuvieron que soportar en el campo de batalla entonces no habría sido en vano el sacrificio de millones de nuestros compatriotas en las líneas del frente (…) Se trata en realidad de una clase [la judía] destinada a desaparecer y que desgraciadamente, arrastra a su ruina a un pueblo entero [el alemán]» Hitler, Adolf. Mi lucha, pág 422. Ed. Sigfrido, escribía el frustrado cabo austriaco allá por 1925.

Auschwitz no fue un hecho casual, ni mucho menos fruto de la paranoia de unos pocos, tampoco un hecho aislado y oculto a un pueblo como el alemán. El antisemitismo se sembró donde podía materializarse, dónde se podían poner en marcha marcos legales y políticos de presión con capacidad coercitiva, con fuerza para ser legales y a un mismo tiempo legitimados por una mayoría que aceptara el sino del pueblo judío, de los pueblos eslavos, del pueblo gitano, de los disidentes, de los deficientes psíquicos y físicos, de los homosexuales, de los promiscuos (a Hitler le preocupaba mucho el problema relacionado con la sífilis en las zonas obreras de la ciudades alemanas y austriacas). Su exterminio era la solución definitiva. La ciencia biológica, sus verdades en el campo de la genética, sus programas eugenésicos, en definitiva las verdades de una ciencia heredera de Darwin se trasladaban al campo de la política, se tergiversaban en beneficio de sus privilegios de clase, se convertían en doctrina, se amplificaban al conjunto de la humanidad, y definitivamente, estos fríos resultados de la ciencia, se espoleaban con mitos soteriológicos que autorizaban al héroe de turno a sacrificar el presente en aras a un futuro mejor. Todo ello en nombre de Dios, todo ello legitimado en tanto que pueblo elegido. Reivindicar a Lutero y su visceral antisemitismo, acudir a una ética kantiana en la que la obediencia ciega del funcionario haga que la razón privada como miembro del Estado le obligue sin dudar a cumplir con su deber,  someter su voluntad a una ley moral encarnada en la figura del Führer, y asumir que los designios de la historia son fruto de héroes que encarnan definitivamente el espíritu absoluto de Hegel; estos compromisos serán, entre otros, los mimbres que entrelacen toda una trama perversa que convirtió en servidores de la humanidad a los verdugos de Birkenau o Treblinka. Fieles representantes del Tercer Reich, camaradas de las temibles SS que lograban eludir el frente del Este, acólitos que cumplieron kantianamente con su deber hasta el final. De este modo su odio se tornó hábito, su ira flemática, sus vidas privadas tremendamente aburridas, simples, mermadas de momentos familiares, por su hacer en forma de exterminio en masa, merma que les producía, esta vez sí, un sentido y profundo arrepentimiento. Vidas las suyas sin ápice alguno de reconocimiento del error. Vidas sin generosidad, de interés por hacer de la otra persona alguien mejor. Todo esto, repito, no fue casual, fue premeditado.

Tampoco fue casual que en las Olimpiadas de Londres 2012, cuando se conmemoraban los 40 años del secuestro y asesinato de 11 miembros del equipo olímpico de Israel en Múnich, no hubiese ningún evento que recordase tal acto de barbarie terrorista. Un ejemplo, parece, del interés por dirigir el olvido histórico.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/37516/esencia-podredumbre-auschwitz.html

Algunos síntomas lógicos, que no eutáxicos

Fecha: 19 enero, 2020 por: dariomartinez

Aquí nos quieren, Parlamento Europeo ¿Unidos o divididos?

No han llegado todavía a los cien días de cortesía. El nuevo Gobierno inicia su andadura. Se prevén retos de enorme dificultad. La prudencia exigiría en muchos asuntos tantear el terreno sobre el que se va circular. Resultará imprescindible evitar actuar de forma maniquea y será preciso ampliar los horizontes del arte político a los límites precisos de la dialéctica entre estados, en este entramado los intereses generales de cada uno prevalecen sobre los demás, más allá de los vínculos, de los intercambios comerciales o de las buenas relaciones diplomáticas.

Si la nave del Estado no es bien dirigida los problemas no se podrán afrontar con garantías, todos resultarán inesperados,  si no inconcebibles. En el primer caso por querer hacer política en nombre de la humanidad, en el segundo por auparse a lomos de un fundamentalismo democrático que no da pie a la divergencia; de este modo quien no aprueba alguna medida política derivada desde la doctrina oficial es un antidemócrata.

Concretemos. Publicación del primer borrador sobre el reparto europeo en forma de «fondos verdes» a las comarcas más afectadas por la nueva reconversión industrial (eufemismo: transición ecológica). Asturias a la cabeza, en esto somos líderes.  Las actuaciones previas fueron dirigidas a salvar el planeta, la política energética del anterior gobierno en funciones se volcó en el intento absolutamente necesario por preservar a la humanidad del apocalipsis en forma de CO2 derivado de la actividad industrial, del transporte y de la ganadería intensiva (por cierto en proceso de liquidación). Los resultados impecables: bajada espectacular en la venta de vehículos, cierre definitivo de la práctica totalidad de los yacimientos mineros, estímulo al cierre por parte de las grandes corporaciones eléctricas de sus centrales térmicas y presiones medioambientales a las industrias electrointensivas. La actuación precisa, meditada, los resultados inmejorables. Asturias iba a dejar de estar negra por la contaminación, ahora estará negra por la falta de salidas de futuro. Con todo lo importante es pensar en positivo.

La responsable ministerial del actual Gobierno no lo entiende, el reparto la sorprende. La mayor parte de los «fondos verdes» van a Polonia, los yacimientos mineros abiertos su coartada, o a Alemania por poner en marcha una central térmica de alta capacidad. Ahora nos queda el recurso a la pataleta, pero, ojo, lidiamos desde la debilitada España, cuando no desaparecida, frente a la toda poderosa Alemania.

Otro síntoma. Nos devanamos los sesos para poder satisfacer las demandas de cada autonomía. España se entiende no como un todo distributivo, sino como un todo atributivo en el que cada una de sus partes o autonomías nada tienen que ver con España como entidad política soberana y común. Esas partes mantendrán relaciones asimétricas, los desequilibrios se agudizarán y las políticas mezquinas de cada Ejecutivo autonómico resultarán letales para las más débiles. Yendo hacia el cantonalismo nuestra democracia se encamina hacia un sistema político perverso, por ser a un tiempo democrático y feudal. Se legitima a través de los nuevos soviets posmodernos asamblearios, y se organiza por unas élites que privilegian sus interés particulares. Los nuevos señores, las nuevas élites pertenecientes a la nueva clase extractiva de valor, que no produce pero sí consume a manos llenas y se lo reparte solidariamente y de espaldas a las capas basales y productivas, obrarán con una escrupulosa ética de grupo, serán como una familia, la camaradería un hábito, el ejercicio de favores personales un deber. En este obrar legitimado el germen nacionalista resultará un activo eficaz para la vuelta a tiempos que creíamos superados. Lo peor es que su carácter reaccionario es apoyado sin fisuras por la nueva izquierda indefinida que habla en nombre de una humanidad que nadie conoce, una humanidad muy krausista ella, y a la vez  habla en nombre de los pueblos, ahora entendidos como naciones particulares articuladas en torno a la idea fuerza de cultura.  Se servirán de lo que queda de la actual España política. Desde ella y con la intención de aniquilarla podrán alcanzar sus objetivos: independizarse para verse como iguales y libres en Europa. Por supuesto dialogando y tolerándose como buenos demócratas en inglés.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/37407/sintomas-logicos.html

El ganador es el silencio

Fecha: 30 diciembre, 2019 por: dariomartinez

También en el espacio público.

Parece ser la tónica dominante. Nuestro presente en marcha avanza hacia no se sabe dónde. El pasado con el que se quiere contar es irrevocable, es el que nos ha tocado en suerte. De dichos restos nos hemos de nutrir de cara al futuro. Resulta imprescindible equiparse de aquellos que nos garanticen de forma prudente una mayor dosis de realidad, es decir más potencia, más posibilidades en el terreno de la dialéctica de estados en la que nos movemos. Hemos de medir nuestras fuerzas ante rivales poderosos, la mayoría de ellos aglutinados en torno a una idea de estado-nación incuestionable y que en su hacer persiguen el bienestar de sus ciudadanos, el interés general de los gobernados. En fin, la fragmentación interna es una oportunidad ni que pintada para debilitar exteriormente a un país.
Vayamos a lo de aquí. Reflexionemos mínimamente sobre la actual situación y uno de sus síntomas más destacados. Los protagonistas de la actividad política son los ciudadanos; el ejercicio sabio de sus derechos, el compromiso con sus deberes, es la mejor credencial para hacer de un país un territorio común más fuerte. Más allá de nuestro derecho al voto una manera de ejercer el sentido práctico de la política es la que se puede realizar a través del debate. Se ha de entender como combate de ideas, de buenos argumentos pergeñados por la razón y sometidos a la vía de la verdad. Debates confusos, difíciles, de continuos quiebros, de dudas, de soluciones parciales, de conflicto, de desequilibrios, de errores, de reconocimiento de nuestras limitaciones, cargados muchas veces de sentimientos, de sobreabundantes semilleros ideológicos fértiles para engendrar la mentira. En esta tesitura, el equiparse de ideas que articulen un discurso que haga ciudad, que haga de nuestro país un lugar mejor, requiere mucho esfuerzo, mucha constancia y momentos repletos de sinsabores. El problema que hoy existe es la imposibilidad de realizar a nivel de grupo ocasional un debate que abrace buenos argumentos. La tendencia, me parece, es que cuando se discute sobre algún tema relacionado con la política lo que domina es la falacia del argumento ad hominem. Los argumentos planteados no pueden ser nunca largos, extensos, precisos. La opinión impera, el relativismo capitanea en el falso diálogo, los dislates se toleran, y por fin la guinda del pastel es un asalto a la persona, previo interés por no querer escuchar los argumentos del rival. Como consecuencia de los tropiezos generalizados, hechos hábito, uno aprende. Como desenlace el silencio, asentir a temas que son cuestionables en aras a un falso reconocimiento de que en ellos no es posible la discusión sino el complaciente visto bueno. Vamos a la lapidación de la discusión, el debate en busca de lo mejor, de lo bello, del bien, de la justicia, el debate filosófico en el sentido griego y académico del término, está siendo enterrado por una posmodernidad en la que las dudosas verdades de la mayoría, por ser tales, por ser satisfactoriamente aceptadas, no permiten ser puestas en franca discusión. Sócrates hoy es condenado a muerte sin poder abrir la boca. Los temas dominantes por incuestionables crecen, la crítica se fagocita, la idiotez crece. Mal futuro nos aguarda. Espero equivocarme.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/37174/ganador-silencio.html

Un nuevo genio, un nuevo Aladino

Fecha: 12 diciembre, 2019 por: dariomartinez

E Iceta en Aladino

Un modesto Aladino, ni siquiera de cuento, frota la lámpara. Por las circunstancias extraordinarias en las que vivimos en España se le concede un  deseo, tres podría no ser sostenible, y más cuando los deseos ilimitados y costosos de muchos son moneda de curso corriente. Nuestro genio es bondadoso, escucha con atención y es prudente. Su fuerza para los milagros está debilitada. Con todo su inteligencia le permite hacer realidad lo imposible, sólo por una vez, pero con ella acredita su capacidad genial. El ciudadano aturdido y resuelto a pedir lo imposible, pero a bajo coste, le solicita como siervo fiel que resuelva un enigma ajeno a cualquier lógica con sentido. Ya no es el saber preciso y mitigador de miedos que pueda dar cuenta de la voluntad de Dios, ahora el tema de su angustia es otro. Titubea, mira a su alrededor, no teme por su pregunta, sino por la respuesta que se le pueda otorgar. Su nuevo saber le elevará. Le hará diferente, pero dado su grado de generosidad compartirá, aún a riesgo de su vida, como el filósofo de Platón que regresa a la caverna a orientar al que no sabe, su adquirida verdad. Un silencio incómodo, el genio no le apura, no muestra desagrado, le trata con benevolencia. Se impacienta pero sigue imperturbable, finge, pero es un gesto de aproximación, de confianza. Nuestro Aladino traga saliva, dilata el silencio, le mira a la cara con incredulidad y le pregunta: ¿cuántas naciones hay en España? No tarda, se muestra aliviado, un genio como él sabe la respuesta; en un acto pedagógico de gran agudeza comienza a contar a la vez que señala con el dedo índice un mapa político del Estado español (si fuese con el corazón la situación sería otra, quizá su recuento no fuese veraz, tal vez su razón quebrada le hubiera corrompido hasta mostrarlo como un genio maligno. Pero no, es un genio real, racional, infinito y bondadoso, con él la realidad y lo que el joven Aladino puede pensar es ajeno a cualquier tipo de lógica extraña). Con el dedo índice y con armoniosa precisión comienza: una, dos, tres,…, nueve. Aladino es un siervo aventajado, su constancia tiene premio, sus saberes previos le permiten con facilidad reconocer cada una de las naciones señaladas por el genio de la lámpara. Lo que nadie sabía ahora será por todos conocido ¿Será reconocido? ¿Será entendido? ¿Será fuente legitima de derecho soberano? ¿Serán asumidos por todos los ciudadanos españoles los afectos en forma de sentimiento compartido en torno a una nación étnica, cultural, que quiere ser Estado, afectos que brotan con la misma necesidad que las ideas guiadas por la razón? ¿Estamos dispuestos a sacrificar el presente, a abandonar nuestro pasado más inmediato, en aras a un progreso hacia no se sabe dónde y perfectamente indefinido?

Yo no tengo respuestas, si muchas dudas. Tampoco he tenido la suerte de toparme con ningún genio salido de una lámpara. Iceta en el personaje de Aladino hace un gran papel. Concedámosle su mérito, rindámosle los honores requeridos por un sistema que más que democrático se nos torna ante lo visto como timocrático.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/36924/nuevo-genio-nuevo-aladino.html

La mesa puede ser decisiva

Fecha: 27 noviembre, 2019 por: dariomartinez

La mesa algo más que una cosa

Continuamos con el Gobierno en funciones. Los representantes políticos elegidos por el conjunto de los españoles no se ponen de acuerdo para que se pueda investir por mayoría el presidente que ha de pilotar en principio, durante cuatro años, la nave del Estado.

Son necesarios pactos y acuerdos. La orientación inicial es hacia la llamada izquierda, entre los partidos homologados para hacer posible un pacto de gobierno estable y de progreso se encuentra el más que tradicional y liberal Partido Nacionalista Vasco. Con ellos el acuerdo es factible, no se sabe sobre qué, pero vaya por delante el sí de los jeltzales, es para ellos una ocasión de oro, la pintan calva, la capacidad de exigir, de asumir la fuerza imprescindible para legislar a favor de sus intereses está abierta, sólo requiere de la debilidad de un PSOE errático y de la aquiescencia de Unidas Podemos.

El problema está a la izquierda, otra fuerza nacionalista, secesionista declarada, se sube al tren del diálogo. Su prioridad es una mesa entre iguales, una negociación bilateral entre gobiernos representativos de dos Estados independientes y soberanos. Desde el inicio el diálogo se presenta como dirigido, la claudicación política de unos es la victoria de otros, y esto sin empezar hablar. No se puede sacar más rédito político con menos.

Vayamos a la mesa. Se anuncian los participantes, se fija la fecha, la hora y el lugar. Quienes dialogan se nutren de sus presupuestos ideológicos, defienden los intereses de los votantes a los que representan, los transmiten de forma hablada, son comunicados incluso antes de la reunión. Piensan y hablan, exponen sus propósitos políticos. Falta un tercer elemento y para ello la importancia decisiva de la mesa. Esta es el suelo de las manos, pero ahora es algo más que una cosa, es una herramienta imprescindible para materializar su doctrinario. No vale con manifestar lo que cada grupo de negociación busca, es prioritario que las manos realicen su tarea, no es tolerable que tras la reunión se enfanguen los problemas en dimes y diretes abiertos a interpretaciones permanentes. No es nada deseable que resulten eficaces para desactivar los posibles puntos de encuentro. Ahora, el grupo de ERC pide que todo ello quede plasmado por escrito en un documento; con él en la mano, si llega el caso, su poder se incrementará porque con él no sólo podrán ejecutar con más agilidad su proyecto político secesionista, sino que podrán obligar al otro abajo firmante a que coloque las fichas del poder nuclear del Estado a su disposición, y estas fichas de la partida negociadora no son otras que las judiciales y las legislativas.

Así las cosas nos encontraremos que unos pocos deciden sobre los más, y lo hacen sobre cuestiones cruciales que el conjunto de la sociedad civil ni siquiera sabía que podían diseñarse.

Espero equivocarme, que esto no sea un absurdo a lo Godot. Que sea triturada la irracionalidad en forma de inestabilidad derivada de lo que se pueda plasmar en una mesa. Que ésta no sea decisiva, que no deje de ser cosa, que no se convierta en una obra de arte secesionista.   

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/36703/mesa-puede-decisiva.html