No se juzgan las ideas

Fecha: 17 febrero, 2019 por: dariomartinez

 ¿Qué es lo que ha de ser juzgado según el amplio equipo de abogados de los acusados por el proceso secesionista en Cataluña? Nada, porque cada uno de los actos de sus defendidos deriva de nobles principios que nada tienen de dolosos. Así pues, las ideas son el mandato del pueblo, la energía vital en forma de espíritu que sirve de guía de actuación de aquellos que bajo dichas circunstancias sólo cumplieron con su deber, obrando en conciencia, ajustados al rigor de la razón práctica kantiana, cumpliendo así con un marco de convivencia por ellos instaurado hasta someterse humildemente  a la voluntad del pueblo. Pueblo conocido por quien tiene fe y pertenece a él. Y lo hicieron obedeciéndolo según el uso privado de la razón con el firme propósito de lograr la paz y con ella la independencia. Y este mandato es una exigencia máxima, un imperativo categórico, que guía su obrar y les conduce a la libertad, no en tanto que ciudadanos españoles, sino en tanto que humanos ahora elevados por encima de su condición de súbditos de un Estado que les oprime. Son un pueblo, son diferentes, y la razón en forma de mandato está de su lado. Su compromiso es un acto de fe, es un acto en conciencia, lo que quiere decir que todo derecho positivo, todo derecho que emane del Estado español será injusto e incluso ajeno a su reconocimiento ya que se entenderá como fuente de coacción. De ahí que muchos políticos independentistas catalanes consideren sin tapujos que la única solución justa es la absolución, dado que pensar no es delinquir. Y así nos dice el Sr. Junqueras. “”Estoy en un juicio político, se me acusa por mis ideas, no por mis hechos”.

El caso es que este ejercicio metafísico no es el asunto que va a ser juzgado. No son estos grandes ideales, es el contenido derivado de sus actos, de si son ajustados a nuestro marco jurídico de convivencia o no. Lo demás cuentos trascendentales propios de una impronta idealista alemana.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/33583/juzgan-ideas.html

A través del espejo de Utopía

Fecha: 24 diciembre, 2018 por: dariomartinez

El hombre sólo en el acá, Dios sólo en el allá cada vez más distante del interior de la reflexión silenciosa y ciega de cada uno de nosotros. Sobre este erial ¿cómo pergeñar un Estado ajustado a la razón? ¿En qué espejo mirar para intuir vía conocimiento lo que es el bien político? Tomás Moro no escatimaba esfuerzos en sus pesquisas, ellas le llevaban a dónde simplemente no es, enraizándose en lo que sólo puede ser una ficción: Utopía. Pero, ¿qué importancia comporta para la posterior acción política dicha idealidad? ¿Por qué asirnos de lo que sólo es en la imaginación? Se nos presenta en forma de fábula un mundo cuya sociedad civil es convergente, es decir, está organizada en base a una división social por todos asumida, la unidad es aquí impecable, cada uno, en tanto que miembro de un colectivo encarnado en el Estado, es consciente de su hacer, de su contribución positiva y permanente a la justicia de la ciudad. Esta temeraria ficción, y no únicamente ésta, resultará dañina al situarse en uno de los focos de mayor fuerza persuasiva de muchas de las doctrinas políticas construidas en el fango de las sociedades modernas y contemporáneas realmente existentes. Con la ejecución de dichos proyectos políticos se instaurará un proceder tanto impecable como implacable frente a la divergencia. En el acá, en el mundo del ciudadano como célula activa y sagrada de las sociedades políticas, a la hora de construir el futuro ideal y perfecto o a la hora de construir el pasado de la ya no existente Edad de Oro el presente simplemente claudicará o sencillamente será prescindible. La razón de Estado en forma de buen orden o eutaxia no dará tregua; al abrigo de la astuta razón las masas homogéneas de ciudadanos estarán lejos del orden bueno y justo de la Utopía de Moro y sí impregnadas de la putrefacción de una distopía ciega y alienante. Así la mayoría de la sociedad civil vivirá temerosa ante los embates de la arbitrariedad del líder carismático de turno, o se idiotizará ante el poder coactivo y en muchas ocasiones virtual del saber sin mácula de la ciencia y su hacer tecnológico, o bien delegará hasta la más rotunda de la sumisiones ante la autoridad sin límites engendrada por el partido ortodoxo, disciplinado y desvelador de lo que aún está por llegar.

¿Y sin utopía? El presente como fin de la historia y la misión de perpetuar y extender hasta la frontera de la globalización su existencia y su poder, sea por la senda de la convicción o de la coacción en forma de embargo o guerra. Democracia, capitalismo y pueblo elegido sus ingredientes.

 

 

 

 

 

 

 

 

El fantasma del pacto educativo

Fecha: 2 diciembre, 2018 por: dariomartinez

Nos decía Platón que en lo más profundo de la caverna sólo podíamos contemplar fantasmas. La imaginación y como mucho el asiento seguro de una creencia ajena a la verdad eran la causa segura para poder explicar dichos fenómenos sujetos a la mera conjetura, a la perpetua duda, a la confusión. Hoy perfectamente nos vemos inmersos en esta situación, lo ya planteado por Platón se nos vende como posverdad. La caverna es el lugar ideal para forjar mentiras ilusionantes con fuertes cargas de emoción y con la intención de atrapar a la mayoría. El propósito es mantener inalterables los privilegios de unos pocos y repartirlos en recintos de poder independientes. Un mecanismo de superación de falsos poderes en un marco como es el de nuestro país sería el Estado, entendido como sujeto político que en su hacer diario debería velar por la igualdad de sus ciudadanos y construir un marco legal orientado a la justicia. Un Estado débil y dividido no tendrá la capacidad de obligar, de ir por encima de los feudos autónomos de poder cuasi caciquiles.

En suma, en este país es imposible alcanzar un pacto de Estado por la Educación (ya no digamos nacional, idea maldita asociada al binomio incólume España/Franco) porque el Estado no está capacitado para tal fin, y no lo está por su imposibilidad para habilitar mecanismos que perseveren en el interés común. Dicha quimera es un fantasma que se nos vende como posibilidad abstrayendo una realidad administrativa a nivel educativo que se resiste a tener nada que ver con un proyecto que aspire a lo mejor para conjunto de los ciudadanos españoles. Es obvio que tal pacto iría en beneficio de todos pero desde las periferias de este país lo que se quiere es lo mejor de los suyos, por supuesto fomentado su hecho identitario. Esto facilita una relación asimétrica que estrangula cada vez más a las regiones más pobres. Mermando la capacidad del Estado hasta la anorexia, desalojando a la escuela pública de sus recintos de acción, controlando lo ya debilitado a nivel autonómico, el posible pacto educativo es simplemente imposible. No es casual, si causal, que entre las comunidades autónomas donde la escuela pública ocupa un porcentaje más reducido estén el País Vasco y Cataluña. No es casual, si causal, que sea en ellas donde más se pugna por la secesión, fragmentación, de España. Por cierto, su apuesta nacionalista y liberal cuenta con el salvoconducto de muchas de nuestras erráticas izquierdas.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/32869/fantasma-pacto-educativo.html

Escupitajo verosímil

Fecha: 25 noviembre, 2018 por: dariomartinez

No podemos saber si es verdad o mentira. El supuesto gesto de impotencia infantil, absurdo en una persona que se tiene por adulta, es sospechoso de ser creíble, al menos resulta verosímil al escuchar al ministro de Exteriores, señor Borrell.

En el Parlamento español, sede supuestamente de una deliberación atiborrada de argumentos, de ideas paridas con un brillo tal que permitan dar cuenta de nuestros problemas políticos, se nos ofrecen escupitajos o puestas en escena teatralizadas hasta el sinsentido, es decir, ni tan siquiera opiniones vagas cuajadas de creencias e imaginación, ocurrencias persuasivas e ineficaces, o simplemente bravatas sin recorrido e imposibles por utópicas o inmaduras. Hoy hemos llegado a gestos groseros, de ínfimo grado de respeto, descorteses, mal educados. De este modo el hacer político, aspirante a lo justo, al buen orden del Estado, se diluye en banalidades derivadas de enfrentamientos personales que nada tienen que ver con el interés común.

Pero la pregunta es la siguiente: ¿por qué esta situación de desprestigio generalizado? Lanzo la siguiente hipótesis, puede también ser entendida como verosímil. Los diputados que ocupan la totalidad del arco parlamentario a nivel ético no son iguales, sus discursos no están presididos por la igualdad en la palabra, fundamento clave para los padres de la democracia en la antigua Atenas. Esto sucede porque ciertos representantes políticos sólo ven en todo lo que ellos identifican como español una mediocre y antidemocrática manifestación franquista que, como tal, ha de ser tratada con el más absoluto desprecio. Lógicamente, en esta situación de desigualdad ellos se tienen, dada su autoestima elevada y un análisis ideológico simple que distorsiona la realidad, por superiores. Despersonalizar al otro, eliminarle todo atisbo de dignidad, les habilita a conductas ajenas al buen hacer que se ha de suponer en el ejercicio de la política. A esto se le llama prejuicio y da lugar a opiniones carentes de rigor que pueden habilitar al que se las cree a actuar violentamente. En definitiva, ese gesto, de ser cierto, es un síntoma de ira, de rabia, de sentimientos primitivos ajenos al saber con sentido.

Por desgracia, parece ser el momento del adiós a la razón.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/32802/escupitajo-verosimil.html

¡Nuevo estatuto para Cataluña!

Fecha: 7 septiembre, 2018 por: dariomartinez

Es un futurible, sinceramente ignoro lo que nos deparará el devenir político. Tratemos la siguiente posibilidad. En un arrebato de sincera falsa conciencia y haciendo lo que no se quiere ni pretende, suponemos que bajo el disfraz de un diálogo entre bambalinas y de espaldas a los ciudadanos españoles, el presidente Torra acepta celebrar un referéndum pactado sobre un estatuto que les dé más autogobierno dentro de la actual y debilitada España. Si este es el caso creo poder adivinar (insisto no sé el futuro, titubeo en el presente y creo conocer algo del pasado) que entre su articulado se hallaría una mención explícita a la condición de nación política de Cataluña, no en el preámbulo como en el anterior estatuto y que el Tribunal Constitucional tumbó. ¿Qué significa esto? Sin titubeos: que Cataluña sería soberana, así el plan pergeñado de forma más prudente por los líderes de ERC estaría en una vía legal directa a la independencia vía referéndum vinculante, la justicia española nada podría enmendar y menos legalmente condenar, la comunidad internacional, de triunfar la independencia determinada por los ahora soberanos ciudadanos catalanes, se apresuraría a abrir sus embajadas en la nueva capital de la República independiente, España como estado-nación simplemente no sería y lo que es peor, los ciudadanos nativos y residentes simplemente serían más pobres en el ya triturado territorio español, territorio que sería sin más una simple periferia europea desindustrializada, generosa en el sector servicios y de gran atractivo turístico, en definitiva: a más Europa menos España ¡Qué fatal error de diagnóstico de Ortega y Gasset que veía que nuestro problema era España y nuestra salvación Europa!

¿Por qué toda esta perorata? Porque en manos de la presidencia del Gobierno está un señor que a pregunta de su compañero Patxi López sobre qué significa para él nación simplemente fue capaz a balbucear una infantil y pobre respuesta: “un sentimiento que tienen muchísimos ciudadanos, por ejemplo en Cataluña o el País Vasco, por razones históricas, lingüísticas o culturales”. ¡Vamos apañados! No diferencia entre nación étnica, a la que sin saberlo alude, de la nación política, soberana y que es más fuerte si su poder reside en el conjunto de sus ciudadanos unidos en la dialéctica de la historia de lucha por el bienestar y la supervivencia frente a otras naciones políticas. Desunirnos nos debilita, nos empobrece, nos conduce a un neofeudalismo tribal sólo habilitado para repartir la miseria. Se condenan las izquierdas que se suban a lomos del conservador y necio tigre nacionalista. Se condenan las derechas si creen que nuestro Estado no es más que una mercancía: “marca España”, y se condenan por cursis y por desatender las demandas más urgentes de sus silenciados ciudadanos, no sólo vale el tanto tengo tanto soy.

Por último, una pregunta para la reflexión, bajo estos augurios: ¿es factible que el actual gobierno, y más si en futuras elecciones apuntala su poder, comience a cambiar a los miembros del Tribunal Constitucional para así allanarles el terreno a los nacionalistas periféricos e independentistas? Veremos.

 

Viene de lejos

Fecha: 18 mayo, 2018 por: dariomartinez

En estos días se está materializando lo que se fue rumiando en diferentes despachos europeos ocupados por Puigdemont para que alguien de su entorno fuese investido presidente provisional de Cataluña. El elegido es el Sr. Quim Torra. Los medios de comunicación nos han mostrado en estos últimos días una selección de textos de calidad ínfima sobre lo que no sólo piensa el Sr. Torra sino sobre lo que es más íntimo, lo que es parte de su ser ideológicamente imperturbable, invariable, impermeable; ese ser es especialmente simple, es primitivo, no es otra cosa que un hediondo discurso apegado a la diferencia racial entre hombres, a una jerarquía natural, biológica, determinada, que muestra científicamente que unos grupos humanos son superiores a otros a nivel físico, intelectual, moral y cultural; un racismo que repudia el mestizaje por ser causa necesaria del deterioro de la ficticia pureza original; un racismo que se entiende como una evidencia científica inexpugnable, siendo muy socorrida la sangre, el ADN, el RH.  Recogen verdades del ámbito de lo estrictamente biológico y las trasladan al campo de lo político distorsionado la realidad, tergiversándola, doblegándola a sus propios intereses de casta, encarnándose ahora la verdad como metafísica, como mito, que directamente confunde y engaña.

Pues bien, dicha naturaleza superior sólo logra eclosionar en una tierra fértil, fuera de ahí las ramas del árbol se secan. La tierra hace al pueblo, la comunidad nacional, no política, hace al individuo, la etnia eleva al ser humano, más allá del estado, más allá de la política, más allá de las leyes. Es la razón de ser de todo verdadero ser humano, obviamente catalán, es lo que lo eleva sin necesidad de acudir a nada trascendental, es lo que gratuitamente justifica que no jure o prometa la Constitución.

Lo que aquí escribo se puede consultar en los textos de tantos ideólogos nacionalistas catalanes que ya desde el siglo XIX vienen moldeando a muchos otros Srs. Torra, viene de lejos. Luego no es casual este fenómeno racial como elemento homogeneizador del nacionalismo étnico, es causal, es la palpable concreción de una trayectoria cuyo hilo inexorablemente conduce al odio.

También el Sr. Pujol es responsable ideológico. Con él la denuncia fue dulcificada y su figura a nivel político español asumida. En este odio hasta hace poco disimulado estaba el padre del actual nacionalismo secesionista catalán al que nos hemos de enfrentar dialécticamente y legalmente, artífice al que no sólo se le toleró psicológicamente sino que también se le tuvo que tolerar lógicamente al renunciar a la petición de pruebas, a la denuncia masiva de sus prejuicios raciales y a la elaboración de buenos argumentos que triturasen sus propuestas.

Todos los catalanes merecen algo tan bello y tan difícil en política como vivir bien, siendo más libres para poder ser mejores en función de sus capacidades y habilidades, siendo iguales y mereciendo el respeto y la igualdad en el uso de la palabra para así poder construir una sociedad más justa y democrática.

Sobre la paz, ¿qué paz?

Fecha: 4 mayo, 2018 por: dariomartinez

He podido leer en el día de hoy y en su periódico la siguiente noticia: El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ha afirmado, tras darse a conocer el comunicado de ETA en el que anuncia su disolución, que “aquí estamos, a favor de Euskal Herria, a favor de la libertad, a favor de la paz” Este mensaje, redactado en euskera, se recoge en su cuenta oficial de twitter.

Verdaderamente si lo escuchamos engolfados en cualquier forma desconocida de ignorancia puede resultar atractivo. Puede incluso entenderse como un acto de compromiso serio, capaz de atraer el interés y los favores de quienes sin ser de aquí se adentran en este mar de sirenas. Pero seamos cautos, acompañemos nuestro combate crítico y dialéctico de la sabia virtud de la prudencia. Preguntémonos al modo socrático qué es lo que quiere decir realmente Otegi cuando habla de ideas tan elevadas como las de libertad y de paz. ¿Qué entiende por paz? ¿Cómo se alcanza la paz? El líder abertzale lo tiene claro pero es necesario explicar con rigor lo que nos quiere decir, entenderlo quizá nos ayude a saber tomar partido en tanto que ciudadanos comprometidos con el interés general del país al que pertenecemos.

El razonamiento que se nos ofrece obedece a un encadenamiento lógico impecable. Es un procedimiento deductivo, en forma de cascada que va de unas premisas asumidas como indudables y que han de conducir, al margen de cualquier sindéresis que se precie, de cualquier sabia distinción entre lo que está bien o lo que está mal, a la conclusión deseada: la paz. Ni el mismo Aristóteles podría ponerlo en cuestión si no fuese por la ambigüedad semántica que se esconde tras la idea mito, en este caso dominadora y confusa, de paz.

La paz que se nos ofrece parte de un postulado que no es posible cuestionar ni demostrar: España no existe, luego su “aquí” es algo diferente, es algo étnicamente puro, diferenciador, original, auténtico, prístino y que como colectividad no es otra cosa que una ficción llamada Euskal Herria homogeneizada en torno a un patrimonio lingüístico común (las llamadas siete provincias vascas que a no ser en su imaginario colectivo jamás existieron como entidad política, y menos como entidad nacional con soberanía en el conjunto de los ciudadanos vascos). Con la lengua como herramienta de diferenciación resulta más fácil crear estructuras de estado independientes, con la lengua el ideal se materializa en lo cotidiano, el ideal se hace carne.

Al amparo de su coartada ideológica y con la mirada puesta en un futuro que él y otros elegidos como él logran vislumbrar, los nuevos ciudadanos, una vez recuperado un patrimonio oculto bajo el poder distorsionador, devaluador,  del estado opresor español, serán por fin libres, no habrá obstáculos que puedan impedir su realización, su proyecto emancipador triunfante podrá iniciar un proceso de afianzamiento de un presente esta vez presidido por la paz. Y ahora la paz será la paz auténtica, una paz emanada de una realidad política republicana y socialista una vez se haya superado la fase presidida por el antagonismo de clases justificado por el sistema de producción capitalista y se haya abolido la propiedad privada. Será una paz democrática y quizá en el límite no representativa, sino directa y ejecutada a través de comités o soviets versión posmoderna, una paz que permitirá que sus ciudadanos se entiendan y puedan llegar a consensos que materialicen en forma de buen argumento el llamado interés común que ha de presidir toda forma recta de gobierno, claro está siempre y cuando se expresen en euskera o en inglés.

En definitiva, en Europa y fuera de España su paz, en España y fuera de Europa su beligerancia, o lo que es lo mismo: en la implosión de España su paz y nuestro no ser político actual. En esta división no se suma, simplemente todos perdemos cotas de soberanía (ellos y nosotros), además de debilitarnos como país frente a terceros estados-nación internamente unidos en el seno de esta lucha sin cuartel por la supervivencia y la estabilidad que es la Unión Europea.

 

 

La banalización del fascismo, un mal

Fecha: 23 abril, 2018 por: dariomartinez

Mussolini capta a las masas

Atado por la memoria, hoy aspiro a saber qué es el fascismo. Mi memoria me sumerge en el presente, me expulsa de la historia (ésta empieza cuando acaba la memoria, nos decía Herodoto). Con la mochila de lo que pude intentar entender me acopié de lo imprescindible para poder saber que el fascismo no es una broma, si acaso una pesadilla hecha realidad que puso a las puertas de muchos hogares al mismo Hades.
El fascismo fue un movimiento político que ha de entenderse como enfrentado al comunismo, principalmente por su condición de ateísmo no disimulado y su interés por eliminar, en favor de la igualdad, toda división social que ilegítimamente privilegiara a un grupo de individuos frente a otros. Ha de entenderse también como enfrentado al sistema de producción capitalista con su respectiva coartada ideológica: la democracia. El movimiento fascista, a grandes rasgos, apuesta por un liderazgo carismático perfectamente reconocido, especialmente por las masas; la existencia de un partido único entendido no como un partido al uso sino como un movimiento, como un organismo; un procedimiento en el ejercicio del poder rigurosamente jerarquizado y fiel, la estructura del poder de arriba abajo es incuestionable, tanto en situaciones políticas dominadas por la estabilidad, como en situaciones políticas dominadas por la excepcionalidad; una puesta en escena interesada en la captación del público asociada a una representación perfectamente preparada, maestros en el uso de discursos emocionales dirigidos a los males más perentorios del auditorio de turno, para después identificar a los culpables y proclamar sin dudar la solución final a sus males, solución que legítimamente puede pasar por el uso de la violencia gratuita; falta de fisuras, así la uniformidad ideológica ha de ser vista, se promoverá incluso la necesidad de una militancia que se haga ostensible, más allá de lo meramente privado, y para ello es imprescindible un vestuario compartido: camisa parda, camisa negra, camisa azul, saludo brazo derecho en alto y mano extendida, etc.; cada forma de fascismo se adecuará a su nación, el nazismo alemán al privilegio de la raza, el fascismo italiano a su otrora grandeza imperial, el falangismo español al catolicismo dominante de las zonas rurales de nuestro país; por último, anula la elección periódica de los representantes políticos por ser una cuestión prescindible y a la vez un mecanismo de legitimación irracional de la mediocridad en forma de ignorancia o simple vulgaridad.

En definitiva, etiquetar a alguien de fascista supone algo muy serio, muy alejado de la trivialidad o de la ocurrencia del iluminado de turno. Al generalizarlo desvirtuamos el fascismo, al desvirtuarlo lo acabamos ignorando, y cuando el monstruo pueda otra vez volver a asomar sus garras, la mayoría, impregnada del insano hábito de la desafección, simplemente no se enterará o lo que es peor: ayudará con su acción inconsciente a que prospere.

La Sra. Colau, alcaldesa de Barcelona, debería procurar cuando menos ser prudente, no vaya a ser que con su soberbio no saber logre un propósito que en principio creemos que nadie desea. Y no olvidemos que disentir de su doctrina ideológica no significa ser fascista, de no ser así estaríamos abocados a tener que considerar a la Sra. Colau una iluminada en posesión de la verdad política, eterna e impecable, que la podría habilitar a considerar al otro, al que no piensa como ella, como un antidemócrata sobre el que es fácil mostrarse implacable.

Darío Martínez Rodríguez, Pola de Siero

¿Qué pasa con la violencia?

Fecha: 9 abril, 2018 por: dariomartinez

¿Qué pasa con la violencia?
7 de Abril del 2018 – Darío Martínez Rodríguez (Pola de Siero)

Los jueces alemanes lo tienen claro, la violencia del anterior presidente de Cataluña no logró doblegar al Estado, luego su acción no es condenable. Es una cuestión hermenéutica sobre qué entienden por violencia. Parece obvio que su interpretación oscila entre el ser o el no ser, no hay grados de violencia cuando el asunto del que se trata es el de un delito de rebelión o en el código penal alemán de alta traición. Es una cuestión de carácter ontológico, esencial. Desde sus presupuestos, sí podemos entender como un acto de rebelión el golpe de estado perpetrado el 23-F dado que 347 de los 350 diputados presentes en el Parlamento español se doblegaron ante las amenazas más que violentas e irracionales del teniente coronel Tejero. En el caso de que no hubiese sido así, es decir, que por ejemplo sólo tres se hubiesen doblegado, el acto de Tejero al no haber coaccionado a los representantes políticos del Estado hubiese podido ser considerado como no violento. Cuando menos resultaría una decisión curiosa, cuando no sorprendente, por estar, según creemos, en las antípodas de la razón, la cobardía pasaría a ser virtud y el compromiso político con España pasaría a ser inmoral.

El asunto se ha de centrar en la idea de violencia. Pero, ¿qué es? Rastreando en la tradición griega, hoy por cierto ninguneada, con el mismo Aristóteles, se puede decir que “hay violencia y coacción siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos; y no hay violencia desde el momento que la causa es interior y que está en los seres mismos que obran”. ¿Esto significa que siempre ha de ser como democráticamente se cree irracional y condenable? Ni mucho menos, y esto contra los fundamentalistas democráticos, en muchas situaciones el ejercicio de una buena labor, de una labor justa, requiere por parte de quien ostenta la autoridad del ejercicio de la violencia con el fin de obligar al que voluntariamente no quiere a hacer aquello que le puede resultar más beneficioso, así al orientarlo hacia la virtud de la sabiduría (ahora nada menos que con Platón, ¡casi nada!, se entenderá como un acto que permite sacar al esclavo, al satisfecho y que no sabe, de la caverna); por ejemplo, el profesor en el aula ha de obligar al alumno, ha de ejercer su autoridad navegando entre el ordeno y mando y el mero consejo, siendo consciente de que el alumno hoy atesora en líneas generales una tendencia natural al reposo, al no hacer, a vivir conscientemente y plenamente satisfecho.

Volviendo al tema. Las acciones emprendidas por el anterior gobierno de Cataluña, ¿hicieron que se doblegara el Estado? Parece que no, sus capas conjuntiva, basal, y cortical permanecieron esencialmente inalteradas, con variaciones pero no de carácter irreversible. Los jueces alemanes están en lo cierto. Ahora bien, ¿lo que hicieron los ciudadanos catalanes en ese momento de tensión derivado del 1-O obedeció a una causa exterior a ellos o no? La respuesta está en cada uno de nosotros, somos tan soberanos como ellos en tanto que ciudadanos españoles para juzgarlo. Me pregunto, con dicha acción temeraria liderada por el Sr. Puigdemont, ¿mejoró la convivencia en Cataluña?, ¿mejoró su situación económica?, ¿disminuyó la tensión?, ¿introdujo, como haber propio de su acción política, un conjunto de soluciones parciales a los problemas de los catalanes que permitiese hablar con sentido de un mayor grado de estabilidad?, ¿hizo posible que se pudiese hablar de cualquier asunto y libremente en Cataluña?, ¿se garantizó la libre circulación por la comunidad autónoma de Cataluña de personas y mercancías? En definitiva, y ahora apuntando a los jueces alemanes: ¿lo que obligó a hacer lo que hicieron muchos ciudadanos en Cataluña y muchas empresas, sin llegar a doblegar al Estado, es voluntario u obedece a causas externas a ellos, es decir a coacciones ajenas a la ley? Cada lector es libre de responder y por supuesto juzgar.

Darío Martínez Rodríguez, profesor, Pola de Siero

Guardiola se sabe la lección

Fecha: 28 febrero, 2018 por: dariomartinez

Guardiola se sabe la lección

Sublimes las recientes declaraciones del entrenador del Manchester City. Nos implora nuestra comprensión. Para ello defiende a los fugados de la justicia española y a los presos preventivos por orden judicial del proceso secesionista catalán, entendido como mecanismo pergeñado para destruir España como estado-nación políticamente reconocido en los foros internacionales de más prestigio, apelando a su humanidad y a la humanidad de sus paisanos. ¡Qué derroche de amor al prójimo! Llega al corazón, lo conquista. El público inglés y gran parte del español sin duda mostrarán su admiración o al menos su empatía por tan en apariencia dulces palabras de un entrenador tan comprometido con los Derechos Humanos. Pero en realidad, más allá de toda apariencia ¿qué hay?, ¿qué argumentos articular en forma de discurso bien entretejido que permitan desenmascarar al astuto Guardiola? En clave filosófica y política lo que nos dice es lo siguiente: él no es español, él es humano y por lo tanto persona, y los que defiende tampoco son españoles, son humanos y por lo tanto personas, es decir, niega en términos políticos su condición de ciudadano español y por supuesto la de quienes están perseguidos por la ley y que él defiende, y lo hace porque está firmemente convencido de que España no existe, de que no existen los españoles sino los catalanes, los murcianos, los andaluces, los vascos, etc., y no existen porque siendo españoles están muy lejos de poder ser humanos y mucho menos personas ya que dicha condición viene dada por la pertenencia a una comunidad entendida en términos identitarios y culturales que se agrupa alrededor de la etnia (Fichte lo llamaba estado de cultura), luego fuera de la etnia uno no es ni siquiera humano o si acaso un ser humano inferior. Tritura la especie, ser español, en el género, ser humano, y hablando en coordenadas exclusivamente éticas lo que se está escondiendo es que la condición de ciudadano español en tanto que miembro de España simplemente no existe.

Quizá se leyó a Pi Margall: “antes que español, hombre, pese a quien pese”. ¿Diría lo mismo si dijésemos: “antes que catalán, hombre, pesa a quien pese”?