Este ángel exterminador

Fecha: 3 julio, 2019 por: dariomartinez

Hemos de triturar los espectros

Un maestro del cine. Una película magistral. Su trama inolvidable. Un algo, un fenómeno inexplicable impedía que las buenas gentes de las élites sociales allí reunidas para cenar copiosa y animadamente pudieran salir. El hacinamiento, las penurias y un dilatado espacio de tiempo activaban el desencuentro. En la necesidad surge nuestra naturaleza animal, el sobrevivir escapa al bien y al mal. Sin reglas todo vale, fuera de la sociedad política, de la ciudad, el hombre es lobo para el hombre a no ser, y aquí no es el caso, que un cabecilla lidere a un grupo que se muestre servil por miedo a represalias, es la conocida forma de poder carismática.

Trazado el preámbulo, vayamos al asunto que nos preocupa. La nueva legislatura debería poder investir como presidente al Sr. Sánchez, candidato oficialmente propuesto por el Rey Felipe VI, pero el entendimiento no es posible. La pluralidad es en este caso es una rémora para el acuerdo. Las fricciones entre grupos son permanentes, las alianzas frágiles e insuficientes. La tónica general hace que el resultado no sea otro que la ingobernabilidad de España, no hay salida a esta situación. Pero ahora ese algo que blinda sin saber cómo la salida a los huéspedes de la película de Buñuel tiene rostro, no es un fenómeno cualquiera, es un espectro y se llama: nacionalismo. Es de naturaleza secesionista, fragmentario, necesita de una nación política canónica que ha de clonar para debilitarla, negarla y poder llegar a ser un Estado de cultura sustancializado, puro, único, diferente y por supuesto libre y democrático. Negar las actuales naciones políticas canónicas es una premisa indispensable para poner en marcha su estrategia política, que no es otra que la de ingresar como pueblo en Europa. Por tanto no hay gobierno de la nación porque en el fondo este emponzoñamiento soterrado impide cualquier proyecto común con garantías. Los diputados no pueden salir de este atolladero político porque no se entienden, un ángel exterminador lo impide. Casi parafraseando a Marx y a Engels: “un espectro se cierne sobre Europa, el espectro del nacionalismo”. Unos creerán que nos llevará a la paz, otros, más escépticos, entre los que me encuentro (tomo partido, no valen medias tintas), creerán que dicho espectro nos puede llevar a la barbarie.

Una aritmética ambigua

Fecha: por: dariomartinez

Una cuestión abierta

Con asiduidad tratamos temas relacionados con la política. Como ciudadanos mostramos nuestros intereses. Es ineludible la emergencia de posiciones ideológicas irreconciliables. En ocasiones se necesita un asidero al que acogerse para poder salir, sino airoso, si vivo del debate, hallar ese lugar común sirve para templar ánimos, puede fraguar consensos en forma de  tópicos ajenos a la duda y fuera ya de la discusión.

Parece aceptado y recurrido: “sumar siempre es positivo”. Un análisis fiel a una disciplina tan precisa, sencilla y antigua como la aritmética no ofrece dudas. La suma de cardinales, de partes, da una totalidad. Siendo sus partes positivas siempre dará como resultado una cifra mayor. El todo es mayor que las partes. Luego de este modo cualquier país será mejor, siendo una nación de naciones o un Estado plurinacional. Traslademos el ejemplo a la política española. El razonamiento habitual es el siguiente, nuestro país es diverso, está constituido por muy diferentes entidades culturales (cuando no nacionales en la honda de Fichte), preservar dicha riqueza cultural es una exigencia que no admite discusión, aquí el debate se cancela, es obligado participar de dicha reflexión y aceptarla. Se roza el dogma pero cuestionarlo te sumerge en una posición incómoda, que más allá de tus argumentos ya predispone, al que finge escucharte, a poder tildarte justificadamente de derechas, de facha o de cavernícola.

Podemos verlo como algo evidente claro y distinto,  es más, se entiende más allá de cualquier razonamiento, es intuitivamente cierto. La verdad de la aritmética se traslada a la verdad política y el resultado no puede ser otro que el mismo. Ahora bien, ¿qué es el todo que obtenemos como resultado? ¿España como entidad política? Por supuesto que no. El todo es una realidad entendida como la suma de partes materiales, como totalidades atributivas sustancializadas, que nada tienen que ver con España; se pueden en un futuro de libertad, democracia e independencia nacional y étnica entender, más o menos cohesionar, pero el todo será una suma de pueblos que culturalmente no constituyen parte de una entidad superior, global, entendida en un sentido distributivo que previamente las englobe.  Esta vez las partes no serán formales, no serán partes del todo, no será una relación del tipo género y especie. La suma de los diferentes naciones étnicas con estructuras de Estado ya clonadas lo que da como resultado es un todo que supone la desaparición de España por implosión como entidad política soberana y única. Luego la suma políticamente da como resultado la desintegración de la actual unidad en 17 realidades culturales diferentes, identitarias y puras, y es así porque se parte de un principio político que no es otro que España no existe, por tanto la suma es ajena a nada que tenga que ver con España como totalidad distributiva. Por cierto, en otros países, la suma sí enriquece a la entidad política que engloba sus partes entre otras razones porque no se cuestiona, y menos se niega. Así la diversidad cultural de totalidades nacionales entendidas distributivamente como Francia o Portugal sí las enriquecen, si suman. La suma de entidades culturales entendidas atributivamente en el seno de un todo que es negado por opresor, caótico, antidemocrático, feudal, violador de los derechos humanos, etc., no suma, divide, sirva como ejemplo los relativamente recientes casos de la URSS o Yugoslavia. ¿Hacia dónde queremos ir? Depende de nosotros, como seres humanos que trascienden cualquier categoría política promoveremos la desaparición de cualquier entidad política y reivindicaremos la naturaleza cultural y esencial como comunidad global y de ciudadanos del mundo o de ninguna parte, o lucharemos por la materialización de una Europa de los pueblos en la que cada nación derivada de la fragmentación y debilitamiento de cada nación canónica se integre en una macroestructura política transnacional (a vueltas con el ideal hitleriano), en cambio como ciudadanos españoles intentaremos formar parte de un proyecto político que sea más potente, amplíe sus posibilidades y permita una mejor justicia social.

La totalidad sin parámetros políticos precisos no aclara, confunde y en la mentira es más fácil que dominen los afectos y las pasiones, haciendo que las posibilidades de ser mejores se debiliten.

Viene de lejos

Fecha: 18 mayo, 2018 por: dariomartinez

En estos días se está materializando lo que se fue rumiando en diferentes despachos europeos ocupados por Puigdemont para que alguien de su entorno fuese investido presidente provisional de Cataluña. El elegido es el Sr. Quim Torra. Los medios de comunicación nos han mostrado en estos últimos días una selección de textos de calidad ínfima sobre lo que no sólo piensa el Sr. Torra sino sobre lo que es más íntimo, lo que es parte de su ser ideológicamente imperturbable, invariable, impermeable; ese ser es especialmente simple, es primitivo, no es otra cosa que un hediondo discurso apegado a la diferencia racial entre hombres, a una jerarquía natural, biológica, determinada, que muestra científicamente que unos grupos humanos son superiores a otros a nivel físico, intelectual, moral y cultural; un racismo que repudia el mestizaje por ser causa necesaria del deterioro de la ficticia pureza original; un racismo que se entiende como una evidencia científica inexpugnable, siendo muy socorrida la sangre, el ADN, el RH.  Recogen verdades del ámbito de lo estrictamente biológico y las trasladan al campo de lo político distorsionado la realidad, tergiversándola, doblegándola a sus propios intereses de casta, encarnándose ahora la verdad como metafísica, como mito, que directamente confunde y engaña.

Pues bien, dicha naturaleza superior sólo logra eclosionar en una tierra fértil, fuera de ahí las ramas del árbol se secan. La tierra hace al pueblo, la comunidad nacional, no política, hace al individuo, la etnia eleva al ser humano, más allá del estado, más allá de la política, más allá de las leyes. Es la razón de ser de todo verdadero ser humano, obviamente catalán, es lo que lo eleva sin necesidad de acudir a nada trascendental, es lo que gratuitamente justifica que no jure o prometa la Constitución.

Lo que aquí escribo se puede consultar en los textos de tantos ideólogos nacionalistas catalanes que ya desde el siglo XIX vienen moldeando a muchos otros Srs. Torra, viene de lejos. Luego no es casual este fenómeno racial como elemento homogeneizador del nacionalismo étnico, es causal, es la palpable concreción de una trayectoria cuyo hilo inexorablemente conduce al odio.

También el Sr. Pujol es responsable ideológico. Con él la denuncia fue dulcificada y su figura a nivel político español asumida. En este odio hasta hace poco disimulado estaba el padre del actual nacionalismo secesionista catalán al que nos hemos de enfrentar dialécticamente y legalmente, artífice al que no sólo se le toleró psicológicamente sino que también se le tuvo que tolerar lógicamente al renunciar a la petición de pruebas, a la denuncia masiva de sus prejuicios raciales y a la elaboración de buenos argumentos que triturasen sus propuestas.

Todos los catalanes merecen algo tan bello y tan difícil en política como vivir bien, siendo más libres para poder ser mejores en función de sus capacidades y habilidades, siendo iguales y mereciendo el respeto y la igualdad en el uso de la palabra para así poder construir una sociedad más justa y democrática.

¿Qué pasa con la violencia?

Fecha: 9 abril, 2018 por: dariomartinez

¿Qué pasa con la violencia?
7 de Abril del 2018 – Darío Martínez Rodríguez (Pola de Siero)

Los jueces alemanes lo tienen claro, la violencia del anterior presidente de Cataluña no logró doblegar al Estado, luego su acción no es condenable. Es una cuestión hermenéutica sobre qué entienden por violencia. Parece obvio que su interpretación oscila entre el ser o el no ser, no hay grados de violencia cuando el asunto del que se trata es el de un delito de rebelión o en el código penal alemán de alta traición. Es una cuestión de carácter ontológico, esencial. Desde sus presupuestos, sí podemos entender como un acto de rebelión el golpe de estado perpetrado el 23-F dado que 347 de los 350 diputados presentes en el Parlamento español se doblegaron ante las amenazas más que violentas e irracionales del teniente coronel Tejero. En el caso de que no hubiese sido así, es decir, que por ejemplo sólo tres se hubiesen doblegado, el acto de Tejero al no haber coaccionado a los representantes políticos del Estado hubiese podido ser considerado como no violento. Cuando menos resultaría una decisión curiosa, cuando no sorprendente, por estar, según creemos, en las antípodas de la razón, la cobardía pasaría a ser virtud y el compromiso político con España pasaría a ser inmoral.

El asunto se ha de centrar en la idea de violencia. Pero, ¿qué es? Rastreando en la tradición griega, hoy por cierto ninguneada, con el mismo Aristóteles, se puede decir que «hay violencia y coacción siempre que la causa que obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos; y no hay violencia desde el momento que la causa es interior y que está en los seres mismos que obran». ¿Esto significa que siempre ha de ser como democráticamente se cree irracional y condenable? Ni mucho menos, y esto contra los fundamentalistas democráticos, en muchas situaciones el ejercicio de una buena labor, de una labor justa, requiere por parte de quien ostenta la autoridad del ejercicio de la violencia con el fin de obligar al que voluntariamente no quiere a hacer aquello que le puede resultar más beneficioso, así al orientarlo hacia la virtud de la sabiduría (ahora nada menos que con Platón, ¡casi nada!, se entenderá como un acto que permite sacar al esclavo, al satisfecho y que no sabe, de la caverna); por ejemplo, el profesor en el aula ha de obligar al alumno, ha de ejercer su autoridad navegando entre el ordeno y mando y el mero consejo, siendo consciente de que el alumno hoy atesora en líneas generales una tendencia natural al reposo, al no hacer, a vivir conscientemente y plenamente satisfecho.

Volviendo al tema. Las acciones emprendidas por el anterior gobierno de Cataluña, ¿hicieron que se doblegara el Estado? Parece que no, sus capas conjuntiva, basal, y cortical permanecieron esencialmente inalteradas, con variaciones pero no de carácter irreversible. Los jueces alemanes están en lo cierto. Ahora bien, ¿lo que hicieron los ciudadanos catalanes en ese momento de tensión derivado del 1-O obedeció a una causa exterior a ellos o no? La respuesta está en cada uno de nosotros, somos tan soberanos como ellos en tanto que ciudadanos españoles para juzgarlo. Me pregunto, con dicha acción temeraria liderada por el Sr. Puigdemont, ¿mejoró la convivencia en Cataluña?, ¿mejoró su situación económica?, ¿disminuyó la tensión?, ¿introdujo, como haber propio de su acción política, un conjunto de soluciones parciales a los problemas de los catalanes que permitiese hablar con sentido de un mayor grado de estabilidad?, ¿hizo posible que se pudiese hablar de cualquier asunto y libremente en Cataluña?, ¿se garantizó la libre circulación por la comunidad autónoma de Cataluña de personas y mercancías? En definitiva, y ahora apuntando a los jueces alemanes: ¿lo que obligó a hacer lo que hicieron muchos ciudadanos en Cataluña y muchas empresas, sin llegar a doblegar al Estado, es voluntario u obedece a causas externas a ellos, es decir a coacciones ajenas a la ley? Cada lector es libre de responder y por supuesto juzgar.

Darío Martínez Rodríguez, profesor, Pola de Siero

Guardiola se sabe la lección

Fecha: 28 febrero, 2018 por: dariomartinez

Guardiola se sabe la lección

Sublimes las recientes declaraciones del entrenador del Manchester City. Nos implora nuestra comprensión. Para ello defiende a los fugados de la justicia española y a los presos preventivos por orden judicial del proceso secesionista catalán, entendido como mecanismo pergeñado para destruir España como estado-nación políticamente reconocido en los foros internacionales de más prestigio, apelando a su humanidad y a la humanidad de sus paisanos. ¡Qué derroche de amor al prójimo! Llega al corazón, lo conquista. El público inglés y gran parte del español sin duda mostrarán su admiración o al menos su empatía por tan en apariencia dulces palabras de un entrenador tan comprometido con los Derechos Humanos. Pero en realidad, más allá de toda apariencia ¿qué hay?, ¿qué argumentos articular en forma de discurso bien entretejido que permitan desenmascarar al astuto Guardiola? En clave filosófica y política lo que nos dice es lo siguiente: él no es español, él es humano y por lo tanto persona, y los que defiende tampoco son españoles, son humanos y por lo tanto personas, es decir, niega en términos políticos su condición de ciudadano español y por supuesto la de quienes están perseguidos por la ley y que él defiende, y lo hace porque está firmemente convencido de que España no existe, de que no existen los españoles sino los catalanes, los murcianos, los andaluces, los vascos, etc., y no existen porque siendo españoles están muy lejos de poder ser humanos y mucho menos personas ya que dicha condición viene dada por la pertenencia a una comunidad entendida en términos identitarios y culturales que se agrupa alrededor de la etnia (Fichte lo llamaba estado de cultura), luego fuera de la etnia uno no es ni siquiera humano o si acaso un ser humano inferior. Tritura la especie, ser español, en el género, ser humano, y hablando en coordenadas exclusivamente éticas lo que se está escondiendo es que la condición de ciudadano español en tanto que miembro de España simplemente no existe.

Quizá se leyó a Pi Margall: “antes que español, hombre, pese a quien pese”. ¿Diría lo mismo si dijésemos: “antes que catalán, hombre, pesa a quien pese”?