El nuevo lugar de la Filosofía

Fecha: 27 octubre, 2018 por: dariomartinez

Es una noticia esperada, también peleada junto a muchos otros compañeros y ciudadanos inquietos por intentar saber. La Filosofía parece que puede recuperar su espacio en el ámbito de la educación no universitaria, quizá también su merecido tiempo. Es positivo porque se pretende establecer un currículum común en toda España, porque se desliga la Ética de la Religión, porque le confiere continuidad y porque deseamos que su carga horaria no sea tan ínfima que la convierta en una “maría”. El reciente acuerdo llega por ser una materia abierta que bien tratada necesariamente queda desvinculada de cualquier tipo de ideología, o lo que es lo mismo: de los privilegios de unos pocos en detrimento de los derechos de los más.

Pero, ¿por qué se llegó a este punto con el que fuera ministro de Educación Sr. Wert? Se partía de una visión muy clara de lo que es la filosofía, en forma de axioma indemostrado pero de gran fuerza práctica. Para muchos, la filosofía no era más que una forma de vida, cada vida es única y de forma espontánea, y más en el seno de un sistema político democrático, todos sabemos responder a las preguntas últimas que más directamente nos atañen, sabemos cuáles son los valores o virtudes que nos han de guiar hacia el bien. Por tanto, todos estamos capacitados para dar respuesta definitiva a los grandes interrogantes del pensar occidental: ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar?, ¿qué es el hombre? (Kant). Por supuesto esta habilidad innata y autónoma dada su naturaleza es ajena al error, a las majaderías, a las mentiras, a los instintos más bajos. Todos estos problemas estarían perfectamente dilucidados por cada uno de nosotros, sería la definitiva encarnación del conócete a ti mismo socrático. Así las cosas, pensaban nuestros más brillantes responsables políticos, para qué intentar explicar lo que otros pensadores argumentaron sobre la política, la ética, la verdad, la realidad como totalidad si todos somos, por el mero hecho de ser pensantes, filósofos de altura que hemos dejado atrás el mundo de la caverna, de la imaginación, de la mera opinión (Platón). En definitiva, ¡fuera el adoctrinamiento!, ¡fuera la reflexión de raíz griega!, ¡fuera la Filosofía de la enseñanza! Es curioso, pero procediendo así y con el que fuera ministro de Educación Sr. Wert, hubo más filósofos que nunca, el problema entonces no era que no se pensara sino que todos por el mero hecho de ser ciudadanos de este país automáticamente pensaban bien. Pero el resultado desgraciadamente fue que el mundo de la apariencia reinó, la llamada posverdad triunfó, el barullo en forma de ruido nos dominó. Sin referentes que pongan en marcha procesos reflexivos sistemáticos orientados a la verdad y encargados de deshacer mentiras, el salto a la barbarie está más próximo.

Si para algo valió el intento de fagocitar la Filosofía, de intentar resolver nuestros problemas más perentorios acudiendo al saber rigurosamente científico o al estrictamente innato fue para darnos cuenta de que el camino en la construcción de la verdad que nos queda es largo, que muchos de los problemas ante los que nos enfrentamos no son sencillos, que la razón cuenta en su mismo hacer con sus propios límites, pero que sin ella el mundo puede llegar a ser un erial vacío de normas, de sentido, en el que la ley del más fuerte acaudille nuestro destino, dejando de lado nuestra condición de individuos que queremos ser libres y a la vez iguales en el marco de una sociedad política que aspire a ser justa.

Una apuesta por la Filosofía

Fecha: 22 octubre, 2018 por: dariomartinez

Sincera y modestamente alegre. Nuevas noticias relacionadas con la Filosofía como saber académico orientado a la verdad y cuya tarea es la ingrata necesidad de deshacer mentiras  en un contexto de banalización y fundamentalismo afín al que podemos etiquetar como capitalismo emocional a mayor gloria del ahora atomizado e hipócrita individuo satisfecho.

Se confirma y lo recojo a través del siguiente enlace, disponible: http://redfilosofia.es/blog/2018/10/21/comunicado-de-la-red-espanola-de-filosofia/.

Se recoge el texto, íntegro. esperemos que se materialice pronto.

La Red Española de Filosofía desea mostrar su enorme satisfacción por el consenso logrado por las principales fuerzas políticas, en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados del pasado 17 de octubre, sobre la necesidad de un ciclo formativo de Filosofía de tres cursos que conlleva que la Historia de la Filosofía vuelva a ser obligatoria en 2º de Bachillerato para todas las modalidades. Asimismo, nos congratulamos de la respuesta positiva del Ministerio de Educación y Formación Profesional, en un comunicado posterior, a la propuesta de los representantes de la voluntad popular. El acuerdo logrado debe ser continuado para avanzar hacia un pacto por la Educación en España que construya la estabilidad institucional que necesita tanto el alumnado, junto a sus familias, como el profesorado, con la decisiva finalidad de garantizar un futuro alentador a las nuevas generaciones en nuestro país.

La unanimidad política a favor de la vuelta de la Filosofía se ha visto reflejada en la gran repercusión de ambas noticias, el acuerdo parlamentario y el comunicado de Dña. Isabel Celaá, ministra de Educación y Formación Profesional, en los medios de comunicación del país y en las redes sociales. El aplauso entusiasta de la opinión pública ha sido indudable y una gran ola de alegría cívica ha recorrido el país al conocer las novedades. Agradecemos todos los mensajes de enhorabuena recibidos.

La Red Española de Filosofía, sin embargo, estima necesaria la presencia de una asignatura troncal de Ética en 4º de la ESO, puesto que la enseñanza obligatoria debe incluir, como contenidos filosóficos esenciales de la educación, la reflexión crítica sobre los siguientes temas: -la integridad moral personal, -las directrices de una ética pública, – los principios de libertad, igualdad y solidaridad, -el pluralismo y la inclusión, – el valor de racionalidad de los procedimientos deliberativos y, finalmente, – los marcos normativos de la democracia, esto es, los derechos humanos y  las responsabilidades de la ciudadanía. Estos asuntos son fundamento imprescindible tanto de la educación moral como de la democracia, y necesitan una dotación horaria suficiente en el plan de estudios de secundaria. Minimizarlos, banalizarlos o eliminarlos, trae consigo el peligro indudable de un desfondamiento cívico.

Queremos mostrar la entera disponibilidad de la Red Española de Filosofía (que agrupa a cincuenta y seis asociaciones de Filosofía, al Instituto de Filosofía del CSIC y a los Decanatos y Departamentos de las universidades españolas), a colaborar con el Ministerio, y demás instituciones que así lo requieran, para la implantación de las medidas acordadas, y a cooperar en la construcción de un gran pacto por el futuro de la Educación en España.

Madrid, 20 de octubre de 2018

Sobre la realidad presente

Fecha: 7 febrero, 2018 por: dariomartinez

Nuestro célebre Don Quijote arranca su más gloriosa aventura a lomos de un corcel tan atrevido como su amo se lo permitía; en la indecisión nuestro caballero andante decide abrirse camino por los senderos escogidos por su fiel rocín, él decide inesperadamente el devenir de sus avatares: “y con esto se quietó y prosiguió su camino, sin llevar otro que el que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras”. Es ésta una trayectoria tan fantástica que marcará la aparente realidad de una vida que pasará a ser parte de nuestro entramado cultural.

Pues bien, cuando hablamos de la realidad necesitamos urgentemente delimitar el campo de reflexión. Es atractiva la vía abierta en su momento por un modo de pensar tan nuevo como fascinante, un modo que supo entender a su manera la complejidad de su época dando soluciones tan audaces como eficaces; los filósofos griegos, entre otros Parménides, Heráclito, Platón y Aristóteles, planteaban toda una gama de razonamientos acerca del ser y del no ser, del ser y del devenir, de lo real y de lo aparente. Son sus escritos una brújula ontológica que por suerte tenemos a mano, pero este no es el momento de hacer historia. Siendo conscientes del legado por ellos inaugurado y sin intención de dejarlos en el olvido positivista pretendemos dar luz a una realidad tan distante de ellos como cercana a nosotros: la realidad dada en nuestro presente. Dicha elección no pretende ser azarosa, ni menos aun queremos depositarla en voluntades ajenas, todo hay que decirlo, dominadas por la candidez propia de un Rocinante que guíe nuestro itinerario reflexivo.

Hoy nuestra realidad muestra una serie de elementos que la hace diferente. Dicha peculiaridad brota de la especialización científico-técnica parida durante la modernidad. Las ciencias, otrora siervas de una Teología venida a menos y una Filosofía que comenzaba a romper su ligazón más íntima con una idea, la de Dios, que triturada racionalmente pasaba a ser tan irreal como inoperante, inician un proceso de madurez sin parangón; ayudan a ello la imprenta, los nuevos descubrimientos geográficos y el nacimiento de unos estados nación que ven en el florecimiento del saber científico un arma capaz de satisfacer los intereses más obscenos, o más prudentes, demandados por los más fuertes grupos sociales de cada uno de ellos. Las nuevas ciencias racionalmente edificadas en las aulas-taller o laboratorios se ponen al servicio del sistema productivo y defensivo nacional. Los intereses son compartidos y esto produce no una situación de entendimiento sino de conflicto continuado, de enfrentamiento público entre estados que intentan velar por el bienestar de sus conciudadanos y que el marxismo entendió, creemos que erróneamente, como lucha de clases; propuesta teórico práctica que vería en la primera gran guerra su más severa refutación: la clase obrera alemana y la clase obrera francesa combatían a muerte por su país, la supuesta unidad de clase se tornaba estéril a la hora de intentar dirigir sus voluntades. Durante la segunda mitad del pasado siglo XX se logran apaciguar los tambores de guerra, de violencia gratuita irracionalmente colmada tras la derrota por eliminación del rival, gracias a una situación de equilibrio racionalmente calculada que evita el conflicto armado directo en forma de guerra nuclear total, situación que no es otra que la Guerra Fría protagonizada por los bloques americano y soviético. Pues bien, la realidad presente viene configurada por lo que se conoce como la era de la información, de la cibernética, de Telépolis como nos dice Javier Echeverría, donde los ámbitos privados se hacen públicos, fenómeno que tiene lugar en las casas y se articula a través de la TV e internet. Es el nuevo mundo real de Platón, la nueva Ciudad de Dios que San Agustín ofrecía al nuevo ser humano, al nuevo sujeto personal y agraciado que con su fe en el único Dios verdadero podía darle la espalda a la no verdad, a la Ciudad de los hombres desgraciados y dominados por los impulsos más innobles de su naturaleza pecadora y animal, es la realidad que hoy identificamos con la atractiva idea mito de la cultura, de la ciudad del ordenador, de internet, del idioma informático más amplio que no es otro que el inglés, de la eliminación virtual de toda frontera, de la ciudad que aspira a ser total haciendo del campo un espacio de actividad puramente urbano, es, por tanto, el momento de una nueva realidad personal: la del ciudadano de ninguna parte y de todas a la vez, la del ciudadano cosmopolita.

¿Y cómo es este nuevo protagonista cosmopolita que parece hacer realidad el ideal estoico? Del ascetismo estoico nada de nada, más bien todo lo contrario. Es el nuevo individuo consumidor que como cliente exige, tiene sus obligaciones pero también sus derechos, y que su grado de ambición trasciende cualquier tipo de dualismo político tradicional, llámese éste izquierda/derecha, capitalista/socialista, progresista/conservador, nacionalista/no nacionalista, &c., y lo traspasa porque en su intento de hacer consumible todo aquello que se le pone a su alcance intenta demoler las estructuras más tradicionales del Estado, y lo hace por el lado que peor encaja en la nebulosa ideológica de cada una de las mónadas libremente predispuestas para el consumo de aquellos productos que se pueden permitir y que satisfacen su individualidad personal, la de la estructura que tiene por esencia la defensa, por tanto, los ejércitos se diluirán en eufemismos propios de las más nobles y mejor aceptadas oenegés, sus actuaciones estarán encaminadas a la paz, y sus métodos en la medida de lo posible serán disuasorios, nunca violentos, y además ejecutados lejos de las fronteras nacionales; si el resultado es satisfactorio y recurrente la tendencia natural del cuerpo defensivo no será otra que la de su paulatina disolución, en momentos de paz perpetua no tendrá sentido su presencia. El ideal kantiano se pondrá por fin encima de la mesa tal y como viene recogido en los artículos preliminares de una paz perpetua entre estados: “Los ejércitos permanentes -miles perpetuus- deben desaparecer por completo con el tiempo. Los ejércitos permanentes son una incesante amenaza de guerra para los demás Estados, puesto que están siempre dispuestos y preparados para combatir” nos dice el köningsbergense pensando más en la paz prusiana de Federico Guillermo II que en la universal; la nueva práctica política en forma de democracia servirá de mecanismo ejecutor único e inexorable, el fin de la historia se hará realidad y Fuhuyama y otros portavoces de la buena nueva serán los “zaratustras” del siglo que acabamos de comenzar. Una vez iniciada esta fagocitación de la estructura defensiva del estado ya no tendrá sentido perpetuar su existencia mediante la formación de personas que puedan coincidir con los intereses comunes del conjunto. Los nuevos planes personales serán propios de cada uno de los nuevos grupos sociales y estos velarán por la permanencia de sus intereses, la educación pública se cuestionará y su paulatina disolución irá de la mano de la cada vez mayor debilidad del Estado.

¿Y cómo piensa el nuevo protagonista de nuestra realidad presente? ¿Qué es lo que conoce de la realidad? ¿Cómo se debe entender esta nueva ontología? La realidad no es otra cosa que aquello que el sujeto humano conoce, aquello a lo que accede vía lenguaje y que logra explicar y dominar mediante mecanismos racionales operatorios hoy muchos de ellos desarrollados en los laboratorios y puestos a disposición de las masas de individuos consumidores a través de las nuevas tecnologías; de este modo logra construir parcelas cada vez más amplias de realidad, cancela apariencias necesarias mostrando reflexivamente los mecanismos causales que determinan dichas realidades y las estructuras formales que las componen, es decir hace sensible lo que es y actúa. Lo que sucede es que a la vez el conocimiento se torna cada vez más especializado y así para ordenar, clasificar y diferenciar cada una de estas parcelas de realidad es necesaria la presencia de expertos cada vez mejor cualificados, de científicos o ingenieros capaces de “ver” aquello que ya no está al alcance del saber natural y orientado a la supervivencia sino a lo que se accede a través de un saber no natural y orientado a la verdad que exige para su domino un gran esfuerzo, con lo que se encontrará clausurado, dada su extremada complejidad, a la mayoría de los ciudadanos. Esta realidad absolutamente heterogénea, en perpetuo proceso de transformación, es ajena a cualquier intento de fundamentación definitivo o metafísico ya sea éste propuesto desde las filas idealistas (Kant) o materialistas (Lenin). La nueva realidad no es ajena al operar humano, la nueva realidad es física humana, no una sustancia o un ser eterno y universal lo que hace que la pregunta ontológica por excelencia ya no deba ser la tradicional qué es el ser sino qué es la materia, la cual entendemos como infecta, en proceso, histórica y fruto de la producción humana. Luego el ser de la ontología tradicional, o mejor aún, la materia de la nueva ontología se dice de muchas maneras como ya nos sugería en su Metafísica Aristóteles y es imposible entenderla de un modo armonioso ya que no todo está relacionado con todo. Además, la realidad ya no será dada como se propugnaba desde las filas del realismo ingenuo, ni será obra de la reflexión trascendental del ser humano como sugería el idealismo, sino que será producto del ser humano entendido como miembro de una comunidad, de una casta, de un grupo social concreto, de una nación o de un estado, cada uno de ellos dialécticamente enfrentado a otros en el marco de un proceso histórico inacabado. Insistimos, nuestra propuesta ontológica ya no será la del idealismo o la del realismo sino la del hiperrealismo, donde se rompe la dicotomía entre el sujeto y el objeto y se afirma la realidad como lo conocido. De este modo muchas de las nuevas sombras platónicas serán producidas por demiurgos muy diversos y de difícil identificación que proyectan sobre los consumidores imágenes o escritos capaces de adormecerlos en lo más profundo de la caverna; sus complejos mecanismos de construcción de apariencias en forma de lo que se da en llamar “realidad virtual” son epistemológicamente inaccesibles al que dio en llamar Ortega hombre masa. Y no sólo por la naturaleza del contenido que se proyecta, ni por los fines que persiguen los agentes que fabrican dicha mercancía virtual, sino por la sobreabundancia de información que no le permite discernir entre, por un lado, aquello que le pueda resultar al nuevo consumidor o ciudadano de la aldea global más útil, que le permita, acudiendo a Espinosa, al hombre masa de hoy o individuo flotante que se nos presenta como el fundamento mismo de nuestras democracias, ser más firme y perseverar en su ser de modo libre, es decir que pueda ser causa directa de buenas prácticas éticas o morales que le enriquezcan como persona y que le conduzcan a mayores cotas de alegría, de, por otro lado, aquello que simplemente le resulta inútil y le conduce a un empobrecimiento de su persona, haciéndole menos libre y por lo tanto más ignorante de las causas que determinan su ser. Por este motivo el desconcierto es generalizado, las trayectorias particulares de muchos de los ciudadanos que constituyen el conjunto de la humanidad están vacías de verdadero conocimiento, además son muy limitadas y no encuentran su sitio, o su salvación, en trayectorias comunes emanadas del estado que permitan garantizar no sólo su supervivencia sino también su bienestar. Y no lo encuentran porque sus intereses adolecen en muchas ocasiones de racionalidad, de un mínimo contenido que satisfaga los intereses del conjunto de la sociedad, del bien común que permita un orden bueno en el seno de la llamada sociedad civil, un orden en definitiva justo. Y esta situación se agrava si tenemos en cuenta que la llamada clase política se halla plegada a sus intereses de partido, y en este ensimismamiento dan la espalda a la sociedad civil desatendiendo de forma preocupante asuntos tan esenciales para el buen orden del estado, orden que permita su persistencia, como son los que directamente se hallan vinculados con la educación. De esta mediocre formación de las personas que forman parte del conjunto del estado deriva el actual desconcierto, al que España no es ni mucho menos ajena, desconcierto que tiene forma de crisis económica, pero que también muestra su cara más desgarradora en forma de prácticas vacías de cualquier tipo de virtud ética o moral, en forma de individuos flotantes tan amorales que solamente pueden ofrecernos comportamientos irracionales difíciles de asimilar.

Pero lo que resulta insultantemente más chocante es que el hiato entre el modo de entender la realidad construida por los diferentes grupos humanos a lo largo de la historia, y no debemos olvidar que ésta es obra de los vencedores, y la estructura dialéctica de la misma es cada vez más severo. Es así que se habla de globalización y humanidad al mismo tiempo que se obvia la existencia de un desequilibrio permanente entre dos mundos abiertamente enfrentados y cruelmente dependientes, dos mundos del que forman parte los estados pertenecientes al llamado grupo de los países desarrollados y que en la necesidad de mantener intacta su condición de dominadores articulan estructuras supranacionales, mundo dueño y gestor de las tecnologías más punteras, de la especialización y de la clausura al saber natural en donde dominan los científicos, los ingenieros y una mano de obra constituida por operarios cualificados que ejercen su labor evitando esfuerzos físicos propios de la relación directa del hombre con la naturaleza, y los cada vez más numerosos estados del tercer mundo o en vías de desarrollo que nos ofrecen, a todos y cada uno de los consumidores satisfechos del primer mundo, una inagotable cantera de mano de obra que en aras a la necesidad de sobrevivir están dispuestos a realizar todas aquellas labores que requieran, o bien un contacto directo con la naturaleza, o sea una menor tecnificación y por lo tanto un mayor grado de esfuerzo físico, o bien aquellas labores que requieran una mayor cota de desagrado en quienes ostentan la condición de ciudadanos del primer mundo, v.g. atención de nuestros mayores o participación en misiones de alto riesgo como profesionales en los diferentes ejércitos nacionales. Es en esta desigual realidad en marcha en donde la filosofía debe, junto a otros saberes ya dados: científicos, tecnológicos, políticos, religiosos, económicos, etc., introducir su bisturí racional y crítico para sofocar o simplemente deshacer, en la medida de sus posibilidades, una situación de permanente conflicto, y hacerlo de forma prioritaria en el orden ético, moral y jurídico. Es un deber que no sólo debe mostrar las apariencias para clausurarlas racionalmente, sino que también debe contradecir al mismo Hegel y reclamar: ¡no todo lo real es racional! Y es un deber que de ser desatendido filosóficamente será tratado desde otras parcelas del saber, desde otras perspectivas ya sean gnoseológicas o no, bien sea desde las filas positivistas que reconocen como única verdad la que brota de la ciencia, si bien dejan sin explicar muchas de las controversias sociales más urgentes, bien sea desde las filas metafísicas que en su búsqueda de la verdad última olvidan la realidad y no logran explicarla y menos dominarla. Otras alternativas pueden incluso ser más peligrosas. La renuncia voluntaria al conocimiento de la realidad arriba a un posicionamiento nihilista tan irresponsable como irracional, irresponsable porque asume sin más la realidad dada y no pretende ni entenderla ni transformarla si el caso lo requiere, e irracional porque otorga al todo vale categoría de fundamento práctico.

Que nuestro encuentro como filósofos con la realidad presente no sea ya tardío y nos haga claudicar al modo del ilustre Don Quijote de la Mancha: “Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; querría hacerla de tal modo, que diese a entender que no había sido mi vida tan mala que dejase renombre de loco, que, puesto que lo he sido, no querría confirmar esta verdad en mi muerte”.

Bibliografía

Gustavo Bueno Martínez (1990). Materia. Oviedo, Pentalfa, 97 págs.
– Gustavo Bueno Martínez (1992). Teoría del cierre categoría. Tomo I. Oviedo, Pentalfa, 366 págs.

Javier Echeverría (1999). Telépolis. Barcelona, Destino, 188 págs.
– Pelayo García Suárez (2000). Diccionario filosófico. Oviedo. Pentalfa, 742 págs

Pablo Huerga Melcón (2009). El fin de la educación. Oviedo, Eikasia 190 págs.
– Inmanuel Kant (2008). Sobre la paz perpetua. Madrid, Tecnos, 69 págs.

– Platón. República, Libro VII (1993). Edición, traducción y notas. Santiago González Escudero. Oviedo, Pentalfa, 160-239 págs.

 

* Platón: La caverna. Libro VII, 514ª-517c. “ Pues bien, ve ahora a lo largo de ese tabique, unos hombres que transportan toda clase de objetos, que aparecen por encima del muro, y las figuras de hombres y animales, labradas a piedra, en madera y en toda clases de materiales; y entre estos portadores, naturalmente, unos irán hablando y otros en silencio”

* http://www.danieltubau.com/Tang/images/platoncavernahoehle.jpeg

Lo inadecuado de la reflexión sobre la muerte

Fecha: por: dariomartinez

Resumen
Se entreteje un discurso sobre la muerte con la vista puesta en la vida. Se defiende la necesidad de la razón como mecanismo imprescindible para dar sentido a la vida. En contrapartida se recogen algunos de los síntomas de nuestra sociedad actual, síntomas que podemos identificar a través del concepto de muerte, concepto aliado a las filosofías más firmemente entusiasmadas con el irracionalismo. Como sistema de clasificación del concepto de muerte se introduce la idea de espacio antropológico de Gustavo Bueno, permite diseccionarla en sus diferentes usos y campos de realidad, y permite entenderlo más allá de la clásica distinción bimembre de la realidad en naturaleza/cultura, materia/ espíritu. Ejercicio filosófico que queremos desarrollar como necesariamente dialéctico. Finalmente se llevará a cabo un breve tratamiento sobre el problema de la eutanasia.

1.- Del origen de la muerte como tema central

Fue Hegel, a su modo, uno de los más grandes filósofos de la vida. Su discurrir filosófico sistemático no es más que un intento serio por dar carpetazo al sentido último de la vida, pero en un sentido que va más allá de lo intimo, de lo individual, así daba un paso más y se instalaba en la colectividad, en el espíritu del pueblo «Volkgeist» y todas y cada una de sus manifestaciones más excelsas: arte, religión y filosofía. Cada uno de los espíritus que articula son fenómenos de la vida. Es Hegel el que se atreve a hacer de la filosofía una ciencia (más tarde Husserl) capaz de atrapar de modo concluyente lo universal concreto, la Idea. Es un saber plenamente racional, es una forma mimética de la realidad en su conjunto, es el sistema más racional jamás ideado, es el fin de la filosofía por imposibilidad de superación; tras Kant sí era posible hacer mejor filosofía, tras Hegel sólo es posible reconocer su acierto. Es realidad, es razón, es verdad. Todo se articula al modo geométrico, con un Dios de naturaleza humana y aprehensible no dispuesto a ser conceptualizado como absolutamente infinito, es decir, como incognoscible o inaccesible al saber racional humana de modo definitivo, de este modo la idea de Dios no se podría clausurar, su infinitud permitiría el devenir, el cambio en el saber humano, todo sería en Él pero Éste no se agotaría; esta condición de infinitud es obvia en Spinoza, pero Hegel, buen conocer del judío holandés no quiere dejar resquicios al escepticismo y así propone la presencia de un Dios absolutamente cognoscible. Los sentimientos, las pasiones, lo irracional son episodios de dudosa eficacia, estériles a la hora de pretender atrapar lo real, son fases que necesariamente debemos superar «überwindung», no hay espacio para la reflexión seria de aquello que resulta cuando menos perjudicial por ser esquivo a la razón, o con sus propias palabras, por ser parte de un entramado que se nos muestra como «una astucia de la razón». Dichas ataduras de la razón en forma de devenir aspiran a la necesidad en forma de auténtica libertad. Esta nueva realidad articulada filosóficamente debe ser anunciada y promovida y tomará como epicentro de su actividad a la nación alemana, a su lengua en el mejor vehículo posible para su exposición entre otras por ser una lengua viva (recogiendo el guante de Fichte), es decir, no muerta o sometida al pensar ajeno, extraño, extranjero o simplemente de raíz latina y no libre1. Luego el esfuerzo de Hegel gira en torno a la vida, será un buen punto de arranque para las posteriores corrientes vitalistas que tienen como uno de sus más firmes defensores a Ortega. Será, pues, la reflexión sobre la muerte un ocaso de la razón desde el momento en el que la vida se desvirtúa en favor de un fundamento como la muerte entendido como dador de sentido último.

Hegel despierta, que duda cabe, gran atractivo en la filosofía del momento. Es obvia en Marx, su idea de dialéctica será pieza clave en su programa reflexivo. Pero no todo es entusiasmo, Hegel despierta los recelos más sonados en la filosofía del siglo XIX; no es sólo su carácter metafísico, su exposición tortuosa y en ocasiones ininteligible, es sobre todo su asfixiante concepto de razón. Casi siguiendo las leyes de Newton, se muestra como la fuerza de la razón hegeliana provoca una reacción equiparable a su acción original pero lógicamente en sentido inverso; la irracionalidad cobrará pleno protagonismo y ahora la filosofía cambiará el rumbo de su temática. Del suicidio de la razón que tanto atemorizaba al Descartes del Discurso del Método como momento del discurrir reflexivo que es obligado superar, se pasa a lo pasional como cúspide del ser hombre, el ideal romántico toma forma de verdadera filosofía, se da paso a otro tipo de reflexión ajena a la tradición griega, se abre el camino de las no académicas filosofías orientales. Otras formas de hacer filosofía son posibles y otras temáticas necesarias, entre otras: el lenguaje, el silencio, la angustia, la culpa, la contingencia, la nada, la libertad y muy especialmente la muerte que es el cuerpo de nuestra deliberación. El pensamiento orientado a la verdad se torna aparente, simplemente falso y decadente, es necesaria una crítica severa y una superación intelectual novedosa. La filosofía en sentido académico, asociada a unas ciencias que comienzan a ocupar un lugar cada vez más destacado, se diluye en otras manifestaciones humanas, se hace laxa y se hace estética («gnoseología inferior» diría su fundador Baugartem), aflora con gran fuerza el interés por lo poético, la moda, lo individual entendido como conciencia de sí auténtica o religiosa como sucede en el caso de Kierkegaard que abomina de todo lo externo o universal en el sentido hegeliano. Lo auténtico se experimentará, es existencia cambiante, de la quietud medieval y de la que es herencia directa la filosofía moderna y su preocupación por el ser se pasa al cambio, al perpetuo movimiento ausente de fundamento, desaparece cualquier asidero gnoseológico o axiológico como necesidad permanente de libertad individual. Luego este hacerse, este constituirse en verdadero en sí pasa por un proceso de toma de conciencia o para sí inagotable; somos seres limitados dominados por la angustia de la imposibilidad de nuestro en sí; somos pura intención vacía de contenido original. Esta angustia insuperable se alimenta de nuestra limitación, se nutre de nuestra constatación de seres limitados, de seres que hallan su límite de irrealización última en la muerte. Y a la vez nuestra existencia limitada está abierta a infinitud de posibilidades que nos constituyen como libres en el sentido de ausencia total de trabas que inhabiliten nuestro quehacer cotidiano, somos recurriendo al tan manido lema sartreano: «seres condenados a ser libres». Pero este sentido miope y dominador actualmente de libertad obvia la libertad entendida como libertad para, es decir, deja de lado aquella libertad que se constituye como tal por obra del individuo persona que en el seno de una sociedad de personas con su obrar se enriquece como tal, luego se entendería no libertad como aquel conjunto de acciones que marcan una trayectoria empobrecedora de la persona en el seno de una sociedad de personas; como casos límite de empobrecimiento personal estarían: el suicidio, acto de máxima gravedad hacia uno mismo en tanto que dicha acción es irreversible, y el asesinato como caso límite de violencia gratuita hacia otra persona. La muerte en sus dos formas de interrupción violenta que hemos señalado son los casos más evidentes de conducta no ética o cacoética, y si hablamos de dichos actos como ejecutados al margen de normas por todos compartidas y ajustadas, aunque sea débilmente, a la idea de justicia o de bien2 , hablaremos de actos propios de individuos despersonalizados, amorales y por tanto ajenos a cualquier proyecto socialmente compartido, serían sin más dilaciones individuos que podríamos calificar de imbéciles morales. Este dilema de comportamiento ausente de compromiso social es el que en su defensa de la libertad de no logra superar el existencialismo, el todo vale, el pobre intento de salvaguardar nuestra libertad borrando cualquier atadura normativa y socialmente compartida no es la solución, simplemente nos convierte en esclavos de nuestras pasiones o en seres que luchan como iguales por su vida, lucha que vendrá gobernada por la ley del más fuerte y de ahí a un sistema político encarnado en el soberano absoluto sólo media un nexo necesario en forma de ley natural3 .

2.- Sobre los diferentes sentidos del término muerte

Pero el concepto de muerte no sólo va asociado a la vida humana. Su contenido significativo cubre amplias zonas de la realidad, espacios claramente diferenciados sin que esto suponga una yuxtaposición. Como primer analogado vendría vinculado con el ser humano en tanto que somos nosotros los que tomamos conciencia plena del sentido de la muerte, comprensión que nos va constituyendo y que transciende nuestra mera existencia. Negamos, pues, la existencia de otros seres no humanos capaces de razonar sobre tal evento. No daremos coartada a supersticiones sustentadas en componentes psicológicos que sólo pueden ser evaluados, diagnosticados, e incluso curados en tanto son considerados como enfermos, como fenómenos subjetivos vacíos de verdadero contenido ontológico, es decir, de existencia real efectiva. Rechazamos la existencia de otras personas dotadas de razón con figura no humana que estén capacitadas para dar cuenta del sentido de la muerte y que posean la capacidad no mecánica para dar muerte o prolongar nuestra vida más allá de nuestra existencia corporal. Negamos la existencia de Dios como ser existente, como ser con vida (en el caso de la religión cristiana monoteísta dicha vida se entenderá como eterna) y de otros númenes ajenos al Dios de nuestra tradición judeocristiana: demonios4 , extraterrestres, licántropos, vampiros, otros seres mitológicos, &c. Pero el concepto de muerte tiene una aplicación mucho más amplia, se puede perfectamente aplicar a seres de muy diferente condición, seres que se pueden decir de muchas maneras haciendo que el término muerte oscile entre lo análogo y lo equívoco siguiendo la tradicional distinción escolástica de raíz aristotélica. Para clasificar y mostrar sus diferentes sentidos nos valdremos de la teoría antropológica y materialista del profesor Gustavo Bueno5 . Para ella acudiremos al llamado espacio antropológico y en él situaremos nuestro objeto de reflexión que no es otro que el de la muerte. Como es bien sabido el espacio antropológico es trimembre, se articula alrededor de tres ejes y contiene como protagonista relacional, como núcleo de la función, al hombre. Por tanto el sentido de la idea de muerte tendrá diferentes acepciones en función del eje en el que sea tratada. Vayamos por partes y despleguemos nuestra división.

a) Eje radial del espacio antropológico. Hace referencia a las relaciones del hombre con la naturaleza, con la physis griega, con aquel contenido de la realidad sujeto a relaciones necesarias, presidido por nexos causales impersonales. El hombre mantiene una relación que va encaminada al mantenimiento de su existencia, procura conocer lo que le rodea, sus ciclos, sus características últimas en forma de leyes naturales. Conocerlo significa dominarlo, asimilarlo en beneficio propio. Nuestra existencia depende de otros seres que nos pueden proporcionar el aporte energético necesario. Son seres vivos, dotados de movimiento, que nacen, crecen y se reproducen; como tales también mueren. Nuestra existencia depende de que no los aniquilemos, de que su explotación pueda ser repetida, es decir, domesticada. La muerte se sobreentiende como fin de la vida y tiene un sentido análogo al que se emplea con el hombre. Ahora bien, también se aplica el término a otros seres no vivos. Así una estrella como nuestro Sol muere, estos astros pueden morir por su alta actividad energética, por la falta de combustible o la transformación de hidrógeno en átomos de helio y su posterior paso a elementos más pesados como el carbono, el nitrógeno o el oxígeno, la liberación de energía se incrementa, su tamaño se agiganta y pasa a denominarse gigante roja, paulatinamente la concentración de elementos más pesados aumenta la gravedad hasta su límite máximo dando lugar a otra figura estelar que recibe el nombre de enana blanca, posteriormente y finalmente pasará a ser un agujero negro, es decir, la estrella por efecto de la gravedad se contrae si bien su muerte por implosión no es la única causa del fin de las estrellas, estas también pueden transformarse en supernovas fruto de una gran explosión, se producirá en aquellas estrellas cuya masa inicial es muy alta y que por lo tanto el consumo de energía será más lento y la pérdida de materia menor. De este modo se puede hablar en un sentido equívoco de muerte de una estrella. No es un ser vivo pero con dicho lenguaje podemos conocer mejor su proceso evolutivo, su ciclo existencial.

También en un sentido semejante se habla de la vida de los isótopos de uranio, su radiactividad perdura largo tiempo, se estima que unos miles y decenas de miles de años, de ahí que sea imprescindible la construcción de cementerios nucleares donde depositar dichos residuos aún contaminantes. Luego también en las ciencias físicas se usa con sentido el concepto de muerte, pero nuestra obligación como filósofos va más allá de dicha categorización propia del campo científico, entre otras razones porque dicho concepto también es usado en otros ámbitos, ya sean: políticos, religiosos, estéticos, jurídicos, etc. Nuestro análisis filosófico debe rebasar los métodos de análisis de las diferentes parcelas del saber, y este rebasamiento consiste en el análisis crítico de dicha idea con el fin de clasificar, diferenciar y comparar, en otras palabras: para entender el entretejimiento de las diferentes concepciones categoriales que obviamente no son un campo específico de ninguna disciplina científica, a no ser que se pretenda recorrer un camino que sólo conduce a posiciones reduccionistas de corte positivista.

b) Eje angular del espacio antropológico. Representaría a aquellas entidades no humanas que tienen inteligencia y voluntad (¿Dios cristiano?, ¿Dios musulmán?, ¿Dios judío?, ¿demonio? ¿animales? ¿extraterrestres?), que nos vigilan, nos acechan, adoramos, suplicamos, tememos, en definitiva, con las que mantenemos una especial relación. Estas entidades, verdaderamente, sólo pueden ser los animales, pero considerados no como algo «bueno para comer» sino como númenes ante los que los hombres experimentan atracción o temor y que sienten como fuerzas superiores de índole religioso, y cuyas relaciones reales y no metafísicas con los hombres son religiosas. Es el fundamento de la religión, la religación entendida como relación asimétrica: el hombre no es igual al ser que adora u odia, dicha verdadera religación se da entre el hombre y los númenes realmente existentes, los animales salvajes. No pueden incluirse en el eje radial hasta que no están domesticados, es decir, en el periodo que se corresponde con el Neolítico, momento, además, en el que los dioses se comienzan a elevar a los cielos y cobran figura zoomorfa primero (tauro, capricornio, escorpio) y antropomorfa después (sagitario, dioses del antiguo egipcio que introducen seres mitad hombre mitad animal: Horus, Apis, Anubis, etc.). Esto no quiere decir que se hayan de excluir necesariamente brotes de religiosidad en nuestro presente, de este asunto hablaremos un poco más adelante con más detenimiento. Pero el proceso racionalizador humano en sus diferentes etapas de desarrollo cultural conducen inexorablemente al ateísmo religioso. De este modo el politeísmo de los primeros momentos de nuestra civilización occidental se somete al rigor lógico y observacional, se racionaliza para adaptarlo al entorno de la ciudad primero y del imperio después. Es San Agustín quien allá por el siglo IV d.n.e. tritura el politeísmo de las religiones paganas del momento La Ciudad de Dios, lo que desemboca en una corriente doctrinal, tanto religiosa como política, que hará del monoteísmo no sólo una necesidad de fe sino de razón práctica, los restos del Imperio Romano Occidental sólo se pueden ordenar acudiendo a un pathos por todos compartido, dicho asidero moral tendrá como fundamento último a un Dios único, trino y creador. Es la antesala del ateísmo, la teología dogmática y natural del periodo medieval equiparará a los pensadores modernos del instrumento necesario para rematar tal acontecimiento, del Dios religioso se pasa al Dios de los filósofos, al deísmo. Será un Dios agonizante, sometido a las leyes de la razón y de la lógica, un Dios parido por la reflexión humana que está condenado a muerte en las manos de Nietzsche: «Mas cuando Zaratustra estuvo sólo, habló así a su corazón: “¡Será posible!¡Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto”»6 . Pero el alemán de gran bigote aniquila también al Dios de la filosofía, la falta de higiene mental romántica abre las compuertas a la más consolidada irracionalidad vista en sus formas más variopintas: nihilismo, existencialismo, relativismo o estructuralismo. Ya antes Lutero había dado muerte al Dios racional de los filósofos escolásticos con su iusnaturalismo cristiano voluntarista, concretamente al Dios de santo Tomás de Aquino, su Dios (teísmo) es personal7, voluntarioso, infinitamente libre, incognoscible y por tanto caprichoso, tiránico. Lutero, y no sólo él, también antes Duns Escoto y Ockham8 mantienen que las leyes de las comunidades políticas sólo son verdaderas leyes si derivan de la ley divina entendida ahora como mandato que emana de la voluntad arbitraria de Dios, carente de toda limitación, carente de cualquier tipo de sometimiento divino a la razón. Lo bueno y justo depende de la voluntad divina, si Dios decide obligar al hombre al asesinato y al robo esto deberá ser considerado como justo en tanto que emana de su libre voluntad. Lutero deduce de aquí que el auténtico cristiano no necesita ni al Estado ni a sus leyes, pues para obrar justamente le basta con obedecer los preceptos divinos. Sólo el infiel debe someterse al imperio de la ley positiva y obra del Estado y esto porque desconoce la voluntad de Dios y está privado del don de la gracia, es a éste al que debe aplicársele la ley de la espada9 . Por tanto, la muerte del Dios filosófico conduce irreversiblemente a la arbitrariedad, o para decirlo con más claridad: termina en el fenómeno Auschwitz como paradigma de la muerte y la sin razón10. El discurso filosófico se ve truncado, asoma el cientificismo más feroz y se alía a ideologías de naturaleza racial donde se produce una transmutación irreparable del deber por la necesidad; el concepto de raza es el elemento fundamentador y empírico de la superioridad de un grupo humano sobre el resto, y a esta barbarie sin límites racionales se le añade un desprecio mayúsculo por una evidencia ética tan importante como la del respeto a la vida humana; desprecio que sólo precisa considerar al otro como no humano para poner en funcionamiento sus planes de exterminio. Sin verdaderas evidencias éticas y científicas sobre las que reflexionar filosóficamente todo está permitido.

Pero la muerte del Dios de las religiones terciarias, caso del Dios monoteísta cristiano a cargo de Nietzsche, no elimina un modo de reflexionar entendido como meramente aparente. El vacío no es simplemente anunciado y superado filosóficamente como creen entender hoy las filosofías postmodernas con Lyotard o Vattimo entre sus más firmes defensores (fin de la modernidad, pensamiento débil con fundamento en una nueva idea de caridad laica respectivamente), dicho espacio sin contenido reflexivo de naturaleza racional es cubierto, sustituido, por una nueva vuelta a la religiosidad que se creía, sino superada, si residual; hablamos de una religiosidad que retorna al politeísmo en forma de religiones orientales y que se pone en marcha en muchas ocasiones vía grupos cerrados con carácter sectario. De la desorientación generalizada y de la falta de sentido de la vida emana un cada vez más numeroso grupo de individuos flotantes que persiguen soluciones fáciles. Pero no es sólo éste un síntoma de nuestra sociedad contemporánea, en relación con la muerte se ha instalado la idea generalizada de la consideración ética de seres que hasta el momento eran entendidos como irracionales, se equiparan sus derechos a los de los hombres por elevación y así se habla de los derechos universales de los animales, del bienestar animal, &c. Y en este orden comprensivo de la realidad animal se nos quiere hacer entender que muerte y fallecimiento son conceptos redundantes, son sinónimos y, por tanto, el mismo sentido tiene la expresión “murió un animal X” que la expresión “falleció un animal X”. Esta equiparación ética entre animales y hombres más que proteger a los primeros lo que hace es degradar nuestra condición, devaluar nuestros derechos y ofrecernos la posibilidad de un comportamiento hacia otros grupos humanos simplemente amoral o, en tanto que individuos, no ético. Y lo dicho no es una fantasía parida desde la imaginación, es un fenómeno tristemente frecuente; Peter Singer, en su libro de 1975 Liberación animal, es el referente filosófico en la lucha por la defensa de los derechos de los animales (en nuestro país es el célebre Jesús Mosterín y su famosa obre intitulada ¡Vivan los animales!), equipara la lucha de los derechos animales con la lucha de los negros a favor de su dignidad como personas. Una lectura no precipitada deja entrever su afinidad por la igualdad entre los derechos de los animales y la de los negros, afinidad que recuerda a las clasificaciones antropológicas más célebres del siglo XIX, clasificaciones que entendidas como rigurosamente científicas certificaban la condición de animalidad de aquellos seres humanos que aunque con figura de hombre no permitían catalogarlos como tales dado que el conjunto de sus manifestaciones culturales eran las propias de salvajes no elevados a la condición de seres humanos civilizados. No es, pues, extraño que fuesen tratados como animales, claro está, que desde posicionamientos claramente racistas. El recorrido ya ha sido multitud de veces andado y sus consecuencias convenientemente condenadas, pero ahora el mismo camino no parte de la degradación humana sino que se inicia en la elevación ética de los animales para situarla en el mismo nivel normativo, es decir, jurídico y axiológico (con las repercusiones que esto acarrea a nivel ontológico, v.g. un feto de menos de tres meses no es un ser humano, luego igual da deshacerse de un feto con figura humana que de un feto animal, y esto democráticamente aprobado en nuestro país desde las filas que se llaman progresistas sin advertir que cometen un error mayúsculo al hacer coincidir ontológicamente al ser humano con el ser persona, sin ver la diferencia entre un ser humano que es individuo de la especie humana como pueda serlo un Homo antecesor y que es identificado desde coordenadas biológicas, y un ser persona cuyo estatus ontológico viene determinado socialmente, es decir, brota de un sociedad de personas que lo reconoce como tal para garantizarle unos derechos que lo protejan en su etapa inicial de indefensión; así, su eliminación, su muerte, no es un simple acto de extirpación con fines terapéuticos y de estabilidad emocional de la madre  e indirectamente del padre y si me apuran de los abuelos  sino un acto de asesinato. El aborto y el infanticidio son parámetros objetivos que permiten valorar el grado de civilización de una sociedad. Son altamente frecuentes en pueblos aislados y bárbaros, también en las sociedades industrializadas del siglo XIX donde las desigualdades propias del capitalismo salvaje obligaban a muchas madres a desembarazarse violentamente de sus hijos para poder sobrevivir tal y como relata detalladamente el antropólogo materialista cultural Marvin Harris en su libro Caníbales y reyes )11 . No es casual que se haya generalizado tal grado de confusión y en especial en los medios de comunicación. Con la disputa del último mundial de fútbol saltó a la fama el pulpo Paul. Se decía que tenía una gran capacidad para pronosticar los resultados de los encuentros finales del campeonato; España era la favorita, no sólo para los espectadores, sino que también para el cefalópodo más famoso de este siglo. Recientemente los telediarios abrieron con la noticia del fallecimiento del pulpo Paul, en Galicia y muchos lugares de España y Europa se siguió tal acontecimiento con tristeza. En la prensa escrita se iba en la misma dirección, el diario El Mundo recoge así la noticia:

«Fallece el pulpo Paul, famoso por predecir las victorias de ‘La Roja’ en el Mundial
El pulpo Paul se apoya sobre una réplica de la Copa. Martes 26/10/2010. Diario El Mundo.

El pulpo Paul, que predijo la victoria de la selección española en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, ha muerto en el acuario Sea Life en Oberhausen en el que vivía, cuando estaba a punto de cumplir tres años. Pese a que decenas de zoológicos de toda España mostraron su interés en acoger al famoso oráculo, el pulpo no cambió finalmente de residencia. Sus cuidadores no estaban dispuestos a dejarle marchar. En la localidad gallega de Carballiño, de la que el pulpo Paul era hijo predilecto, están hoy de luto. Ya nadie más podrá disfrutar de sus predicciones, retransmitidas incluso por televisión. En países de todo el mundo y en los idiomas más insospechados, se escriben improvisados obituarios en los que quedará constancia del, hasta ahora, más ilustre de los cefalópodos, el Pulpo Paul. Después de pronosticar acertadamente los sucesivos resultados de partidos de fútbol del Mundial de Sudáfrica, se convirtió en un auténtico oráculo de la postmodernidad y la empresa propietaria del acuario alemán donde vivía, sociedad Sea Life Deutschland GmbH, se vio obligada a proteger su nombre como marca comercial en los 27 países de la UE, dada la invasión de productos con el logotipo del pulpo, que abarcaban desde productos náuticos y ropa de deporte hasta los objetos más insospechados, como calculadoras, pinceles, sombreros, juguetes, extintores…y en estos últimos meses, hasta decoraciones para árboles de Navidad».

Vemos que el titular es directo: habla del fallecimiento de Paul. Que se sepa sólo pueden fallecer las personas, lo que sucede es que dicho animal carece de figura humana, pero ha demostrado, a ojos de los ciudadanos europeos que se tienen por sabios, como un ser dotado de inteligencia, de razón, lo que le habilitaba para poder deliberar con prudencia sobre acontecimientos futuros, será visto, pues, como un especialista deportivo. Es decir, el pulpo Paul es un ser numinoso y como tal fallece dado que está dotado de personalidad. Aparece un tipo de religiosidad que se tenía por superada pero que nos conduce a una situación de superstición y barbarie propia de hordas, tribus o poblados protagonistas de nuestra era más prístina con la paradoja de que esto sucede en el actual presente, y en él se tiene como la culminación cultural y política más brillante a La Europa de la democracia y de la defensa de los Derechos Humanos, a la comunidad de pueblos o naciones, igual da, donde ha sabido florecer mejor la razón de raíz griega.

c) Eje circular del espacio antropológico. Es el eje donde se sitúan las relaciones del hombre consigo mismo. O sea, del hombre con otros hombres, no hace referencia a una relación puramente reflexiva como cuando un hombre piensa en sí mismo, menos aún se pretende caer en un posicionamiento solipsista en el que sea inútil cualquier acercamiento a un saber cuando menos comunicable, o con Heidegger, un saber auténtico y presidido por el silencio que no es otra cosa que el refugio de la sin razón. Dentro de este heterogéneo conjunto de vínculos estarían las relaciones morales, propias de un grupo político, religioso, social, o las propias de una comunidad o Estado, también podríamos encuadrar dentro de este eje las relaciones lingüísticas, económicas, de parentesco, políticas, artísticas, &c. Es aquí donde el término muerte cobra su sentido pleno. Desde casi el inicio del razonamiento filosófico el tema de la muerte ocupó un lugar privilegiado. La filosofía en un sentido académico nace con Platón, el ateniense de anchas espaldas trata el asunto directamente en uno de sus más célebres Diálogos: Fedón. Por boca de Sócrates Platón demuestra la inmortalidad del alma, lo interesante para nuestro tema es que logra huir de la angustia, de la muerte, propiedades que suponen un estrangulamiento de la razón. Lo logra de una manera magistral: lo inmortal es aquello que permanece, lo invariable, lo verdadero y real, son las Ideas. Su duración eterna en el tiempo viene de su naturaleza universal, y lo que las convierte en universales para los hombres es el recuerdo, la reminiscencia. En pocas palabras, la inmortalidad encuentra su lugar en el recuerdo, y las Ideas, en tanto que universales y accesibles a la razón humana, se hallan presentes en nosotros. Luego nuestro obrar comparte la posibilidad de acceder a lo imperecedero, a lo que perdurará en el recuerdo de las generaciones de hombres posteriores ya que formará parte de su misma existencia. Hay realizaciones que alcanzan la cota de universales, que trascienden la existencia misma de sus protagonistas y que permiten recordar sus resultados porque estos son los que nos permiten entender, criticar y dominar la realidad del momento. La figura de Platón, y como él otros muchos, es inmortal y a sus espaldas están insoldables sus obras filosóficas en forma de diálogos; textos que hoy se han institucionalizado y que forman parte de nuestro currículo académico obligatorio en la etapa de bachillerato (esperemos que los nuevos vientos de barbarie cientificista y relativista no dobleguen a quien supo soportar los vaivenes de la historia durante tanto tiempo). Pero este no es el lugar para hacer una breve historia de la filosofía en sentido doxográfico para resolver el tema de la muerte. Son muchas las corrientes filosóficas que tratan el asunto, en ellas la muerte representa un límite de racionalidad, más allá de él nos instalamos en lo incognoscible, pero lo que verdaderamente interesa es situar nuestra marco de discurso reflexivo dentro de los límites marcados por un evento de carácter irreversible como la muerte. La muerte es un experiencia irrepetible, única, lo que la hace no decible para quien la experimenta. Es un hecho cotidiano, no por ello traumático, pero que sólo puede ser comunicable desde la vida. Lo que queremos subrayar es que el debate de ideas riguroso, al modo geométrico, no es sobre la muerte, es sobre la vida y lo más importante, es ahí donde debemos encontrar los argumentos mejores para hacer que nuestras trayectorias vitales estén orientadas a la perfección. No existen recetas definitivas, no tiene un sentido predeterminado que haga de nuestra existencia una realidad ajena a nuestra persona, no somos simplemente arrojados y conducidos por derroteros ya prefijados por otros o por un ser entendido como apertura o Da-sein al modo ontológico hedegggeriano, somos individuos que, en tanto que personas, orientamos libremente nuestras trayectorias de vida e intentamos en la medida de lo posible desactivar todo tipo de propuestas pseudofilosóficas impregnadas de falsos sentidos de la vida, falsos porque se arrogan un conocimiento, por revelación o por intuición, de su verdadero sentido, lo que hace que estén en condiciones de comunicarnos la naturaleza última de la muerte; son estos los profetas, los fanáticos, los iluminados, los telepredicadores que hablan en nombre de la Humanidad o de un grupo elegido con el fin de trasladar a sus acólitos un mensaje salvífico (a los críticos por el contrario el mensaje será de muerte), quien no participe de dichas fantasías, o bien se le intenta convencer mediante una técnica dialogada, o bien, de no resultar eficaz, se sustituirá por la necesidad de intervenir violentamente, quedará justificada la muerte de otro individuo siempre y cuando la causa de tal procedimiento emane del verdadero sentido de la vida. Luego el verdadero sentido de la vida es dialéctico, es un combate contra los fundamentalismos de la vida, y por ende contra la muerte, dado que no hay sentido de la vida del individuo persona que no pase por la necesidad ética y moral de perseverar en su existencia. Y nos debemos alegrar de esta ausencia dogmática de normas que permitan dar cuenta del significado último de nuestra existencia porque es ahí donde tiene cabida la libertad.

No podemos concluir el tema de la muerte sin acudir a quien desde su condición de inmortal sigue siendo el mejor hoplita del que disponemos en el campo de la filosofía de la vida, de la filosofía crítica: Baruch de Espinosa. Es este judío holandés emigrante portugués y de padres españoles el que nos dice:

«Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida.

Demostración: Un hombre libre, esto es, un hombre que vive sólo según el dictamen de la razón, no se deja llevar por el miedo a la muerte (…), sino que desea el bien directamente (…), esto es (…), desea obrar, vivir o conservar su ser poniendo como fundamento la búsqueda de su propia utilidad, y, por ello, en nada piensa menos que en la muerte, sino que su sabiduría es una meditación de la vida. Q.E.D»12 .

Nos preguntamos después de la cita recogida ¿qué sabiduría hay en un autor como Heidegger cuyo pensar versa especialmente sobre la muerte? Lo cierto es que el existencialismo del alemán y el de Sartre nos condujeron a una cómoda cohabitación con lo irracional. La muerte se adueñó de multitud de discursos provocando una salida urgente a lo inevitable. Hoy los pensamientos en sentido filosófico laxo, como forma de vida, dominan. Nuestras librerías se impregnan de libros de autoayuda y pseudociencias certificándose así la muerte a manos de sus propios protagonistas de la filosofía de corte académica y origen platónico. La filosofía crítica es un saber más y muere por falta de auténtico fundamento«Ab-grund», su condición es la de renunciar a dar sentido al ser (a la vida) y así:

«Buscando el sentido del ser el ser ahí se encuentra llamado en una dirección que lo despoja, lo desfundamenta y lo hace “saltar” a un abismo que es el de su constitutiva mortalidad»13 .

Seguimos muriendo como siempre pero también se está muriendo normativamente, racionalmente, nuestra quehacer en tanto que somos hombres que nos relacionamos con otros hombres; en el eje circular del espacio antropológico domina la muerte entendida como fin de la razón y de la verdad; muere el discurso político (fin de las ideologías, fin de la izquierdas y de las derechas, fin de la historia que nos decía Fukuyama), muere el discurso científico (Feyerabend y su todo vale), muere el arte (ya no encuentra su espacio y su necesidad de popularidad lo convierte en muchos casos en una propuesta ajena al saber hacer, a la tecné griega), muere la religión por falta de soluciones creíbles, sólo perdura viva la idea de cultura metafísicamente entendida, se seculariza la idea de gracia y ahora el individuo ya no pertenece a una u otra religión sino que pertenece a una cultura u otra y es esta condición de pertenencia la que nos garantiza la actual salvación como pueblo, los nacionalismos están de enhorabuena.

3.- Un apunte sobre la muerte como proceso eutanásico

Finalmente la muerte ocupa un lugar privilegiado en las sociedades capaces de gestionar tecnológicamente dicho momento final de la vida. La joven Bioética se interna en este asunto con el objetivo de dar solución a un problema novedoso: la eutanasia operatoria, es decir, la de aquellos que voluntariamente solicitan su muerte para eliminar un sufrimiento insoportable y que necesitan de terceras personas para materializar su deseo. Bajo este prisma se ha colado en nuestra sociedad la idea de una legislación que despenalice la práctica eutanásica cuando ésta se entiende como un procedimiento sujeto a lo que se conoce como muerte digna. No es el lugar para reflexionar sobre tan complejo problema14 , pero es interesante señalar que lo que esconde tal propósito, en principio algo sencillo y bien intencionado, puede ser mucho más complejo. La muerte puede ser sobrevenida y ésta, a su vez, violenta o natural. Una muerte violenta, por atentado terrorista, puede ser eutanásica dado que en ella hay ausencia de sufrimiento; así se suele decir, por boca de aquellas personas que son sus más directos allegados: «al menos no sufrió al morir». La confusión se presenta cuando “bueno” se entiende en un plano psicológico como no sufrimiento, como digno, placentero, no perturbador del alma, y se quiere trasladar ese mismo sentido al ámbito jurídico, es decir, como ajustado a la norma ética, moral o jurídica. Pero este tratamiento tan simple puede acarrear consecuencias contradictorias cuando el asunto va dirigido a casos en los que los procesos eutanásicos son puestos en marcha con individuos cuya muerte se entiende, al margen de cualquier tipo de intervención externa u operatoria, como sobrevenida. Vayamos a un caso concreto de relativa actualidad en nuestro país. Haciendo memoria, rescatando una controversia. La eutanasia clínica operada al tetrapléjico gallego Ramón Sampedro fue particular. No sólo porque el sujeto pedía o exigía la muerte sino porque se encontraba entre personas. En este caso sus más próximos allegados, y sus amigos, se mantenían vinculados a Sampedro no por el deseo generoso (principio ético fundamental) de que viviera Sampedro sino por el deseo expreso, alentado, sugerido, sostenido, planeado de acabar con la vida que consideran indigna de ser vivida, o sea: lo indigno no es la muerte, sino la vida de tetrapléjico que soportaba, padecía, el moribundo. Aquí valdría decir que «hay amores que matan». Cabría sugerir la proximidad de este caso con el de De Juana Chaos; éste decidió voluntariamente prolongar su estado de inanición hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte, esto es, al igual que Sampedro, decidió prescindir de la vida; ahora bien, el Estado tenía la obligación moral de preservar su vida, yendo incluso contra su voluntad. ¿Sería, en este caso, generoso el colaborar con la decisión libre De Juana Chaos? Obviamente, los defensores a ultranza de la vida, de la erradicación de la pena de muerte, alertarían de tal inmoral decisión y se posicionarían del lado del Estado, pero curiosamente en el caso de Sampedro se respeta escrupulosamente la decisión libre de la persona, de su voluntad, siendo su trayectoria vital a nivel ético (no firme pero sí generosa, diría Espinosa) y moral intachable, en cambio, en el caso de De Juana Chaos no se respeta esa misma decisión libre, de su voluntad autónoma, siendo su trayectoria vital a nivel ético asesina y a nivel moral reprobable. Como consecuencia, se articulan soluciones diferentes: quitarle la vida, por indigna, a Sampedro y mantenérsela, por digna, a De Juana Chaos. Lo que queremos dejar claro es que no es lo mismo activar un proceso eutanásico sobre individuos cuya muerte se entiende como sobrevenida que en aquellos sobre los que la muerte es operada externamente cuando los pacientes están en una situación evidente de despersonalización, y tampoco es lo mismo articular un proceso eutanásico sobre individuos que a lo largo de su trayectoria vital han logrado constituirse con sus actos en personas que sobre aquellos que ni de lejos han alcanzado tal reconocimiento social.

 

1 «En el círculo de la lengua alemana el hecho de llevar a la incomprensibilidad u oscuridad se produce solamente, o bien por torpeza, o bien por omisión malintencionada; debe evitarse, y como medio auxiliar siempre se puede recurrir a la traducción a un alemán verdadero y correcto. Pero en las lenguas neolatinas esta incomprensibilidad es natural y originaria, y ningún medio puede evitarla, al no disponer de una lengua viva en que poder verificar la muerte y, siendo exactos, al no tener una lengua madre». Véase FICHTE, J.G. Discursos a la nación alemana, pág. 105. Traducción de Luis A. Acosta y María Jesús Varela. Ediciones Orbis. Barcelona 1984.

2{2}Actualmente son frecuentes los actos de inmolación por parte de individuos de confesión musulmana. Su acción acude a preceptos morales compartidos por muchos miembros de su confesión, dichos presupuestos prácticos hunden su raíz en la filosofía aristotélica «Así pues, el denominado intelecto del alma –me refiero al intelecto con que el alma razona y enjuicia- no es en acto ninguno de los entes antes de inteligir. De ahí que sería igualmente ilógico que estuviera mezclado con el cuerpo» Véase ARISTÓTELES, Acerca del alma III, 3, 429a21-25. Ed. Gredos. Introducción traducción y notas de Tomás Calvo Martínez. Madrid 1994; desde este punto de vista el alma es ajena al cuerpo, es mera forma el alma intelectual, es pura potencia o receptor de todo tipo de formas, luego es común a todos los individuos, es universal, o lo que es lo mismo, no muere con el individuo, y por tanto el cuerpo no es dador de individualidad, es, pues, prescindible. El aquinatense se centraría en esta situación y haría encajar a Aristóteles con los presupuestos cristianos, entre otros la idea de que el cuerpo es imprescindible, es dador de individualidad y su eliminación es sin más dilaciones: pecado.

3 Véase HOBBES, Thomas. Leviatán o la materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil, págs. 113-167, capítulos XIII-XVII. Ed. Alianza. Madrid 2009.

4 «La Iglesia se ve de vez en cuando en la necesidad de recordarles [a los ateos y teístas] que el Diablo es un ser personal. Lo ha hecho Pablo VI; también Juan Pablo II, y lo mismo el Catecismo de la Iglesia Católica» FERNÁNDEZ TRESGUERRES, Alfonso. Satán. La otra historia de Dios, pág. 29. Ed. Eikasia. Oviedo 2006.

5 Véase BUENO MARTÍNEZ, Gustavo. El Basilisco, número 5, noviembre-diciembre 1978, páginas 57-69. Oviedo.

6 NIETZSCHE, Friedrich. Así habló Zaratustra, pág. 36. Alianza editorial. Madrid 2002.

7 Para el teísmo la existencia de Dios es una evidencia en sí misma, frente a las posturas ateas. Pero su propuesta va más allá y se orienta frente al deísmo que aspira a entenderlo racionalmente; Dios existe pero nuestro saber limitado no puede más que conformarse con acceder a dicha idea suprema a través de la fe revelada, la teología tendrá su radio de reflexión presidido por los sentimientos y la persuasión y la filosofía se ocupará de los asuntos humanos gobernados por la razón; la separación entre ambos saberes debe ser nítida. Quien tiene verdadera fe conoce a la persona divina, conoce a Dios y su voluntad. Pero el problema surge cuando debemos reconocer críticamente quién conoce realmente a Dios. Nuestra voluntad está subordinada a un ser que se entiende como omnisciente y omnipotente, y será libre cuando nuestro obrar satisfaga los deseos de su autoridad. Así, pues, lo que importa es agradar a Dios, sólo a El se le otorga el derecho de juzgar nuestras obras; se impone la ascesis, el rigor, la inevitable necesidad de dominar nuestros deseos más obscenos con el objetivo de salvaguardar lo más importante: la pureza de la conciencia individual, ya que es en ella donde reside el salvoconducto para la salvación. Sólo se ha de responder ante Dios, Éste juzgará benévolamente las acciones de aquellos que creen en su persona. Para los teístas, y especialmente los protestantes, el enriquecimiento personal es señal de fe; si al verdadero creyente le va bien es porque Dios lo quiere así. Por tanto, cada uno busca lo mejor para sí y sólo obedece a Dios. Quien no cree debe someterse a las leyes humanas, es decir, a las de aquel que no las necesita y que se vale de dicho derecho positivo para mostrar su autoridad. Es obvio que el creyente está por encima del hereje y si es necesario utiliza la espada para convencerlo de su error. Si de la conciencia individual pasamos a la colectiva en forma de pueblo o nación nos instalamos en un régimen político pergeñado por la necesidad de salvaguardar su estatus frente a todos aquellos que por las razones que sean intenten debilitarlo. Son muchos los ejemplos de este tipo, desde los calvinistas a los más recientes Boers holandeses en la Sudáfrica del apartheid pasando por el nacionalsocialismo alemán. Entre los miembros de su grupo de elegidos mostraron su solidaridad pero frente a terceros: herejes, negros o infrahumanos, judíos o alimañas, mostraron su más severa autoridad en forma de exterminio, tolerancia del desprecio, o simplemente mediante la más sutil explotación de sus recursos: el colonialismo holandés e ingles destacó por su depredación. Vemos difícil que en estas condiciones puede presentársenos como posible un gobierno no tiránico. Para más detalles que puedan esclarecer más este asunto puede consultarse. WEBER, Max La ética protestante y el «espíritu del capitalismo». Alianza editorial. Madrid 2001 y BUENO MARTINEZ, Gustavo. España frente a Europa. Alba editorial. Barcelona 1999.
8 Véase DUNS ESCOTO. Tratado del primer principio. Traducción de A.Castaño. Editorial Aguilar. Buenos Aires 1979 y DE OCKHAM, Guillermo. Tratado sobre los principio de Teología. Traducción de Luis Farré. Editorial Aguilar. Madrid 1985.
9 Véase LUTERO, Martín. Escritos políticos. Ed. Tecnos. Estudio preliminar y traducción de Joaquín Abellán. Madrid 2008.

1010 Sobre esta problemática es apropiada la obra de la Escuela de Frankfurt, especialmente la referida a Theodor Adorno y Max Horkheimer.
1111 LAHOZ PASTOR, José María. Cuestiones sobre el aborto. El Catoblepas, nº 95, enero nodulo.org/ec/2010/n095p09.htm.

1212 ESPINOSA, Baruch de. Ética demostrada según el orden geométrico. Proposición LXVII, pág. 309. Ediciones Orbis. Introducción, traducción y notas de Vidal Peña. Madrid 1980.

1313 VATTIMO, Gianni. Más allá del sujeto, pág.101. Ediciones Paidós. Barcelona 1989.

1414 Véase BUENO MARTÍNEZ, Gustavo. ¿Qué es la Bioética? Cuestión quinta. La eutanasia desde una perspectiva bioética, págs. 128-132. Ed. Pentalfa. Oviedo 2001.

Alicia Forever

Fecha: por: dariomartinez

1.- Entusiasmo y utopía: el fenómeno Obama

Hay eslóganes ampliamente asimilados en nuestra sociedad y que gozan de una buena salud. De su actualidad erróneamente se puede derivar su originalidad. Se reconoce su fuerza persuasiva desde los albores de nuestra tradición cultural, ya el sofista Gorgias hacia gala de ello en su glosa dedicada a Helena, en ella presagiaba el poder demoledor de la palabra en el seno de una democracia. La demagogia se hacía fuerte allí donde debía triunfar el discurso con sentido. En el quehacer de la política la verdad, el bien y la razón se ausentaban de la vida de los atenienses. Los discursos paridos por la reflexión filosófica eran sustituidos por los más directos y atractivos mensajes sofísticos, sus discursos apelaban a las emociones, a los sentimientos, iban directamente al corazón de los ciudadanos. Ganarse el interés de la mayoría era ganarse el poder. Pero el ardid consistía en eludir el compromiso político en favor de la eutaxia de la polis y de la formación de buenos ciudadanos, esto provocaba tensiones internas en la polis ateniense o distaxia y además daba como resultado poco afortunado el de la formación de ciudadanos satisfechos. En este marco de irracionalidad el desafío de Sócrates resultaba incómodo, tanto que pagó con su vida. Su propuesta reflexiva trascendió su época, no logró ser acallada. Hoy existen abundantes figuras comprometidas con la crítica filosófica, pero a diferencia del más ejemplar de los ciudadanos atenienses, no logran acceder con su mensaje a los sectores más directamente implicados en el control político de la sociedad. Si el medio era la palabra en el espacio público o en la misma casa del aristócrata Calías, hoy es básicamente la TV, y quien no acceda a ella está fuera del juego político. En ella domina la imagen junto a la palabra. En ella domina un trabajo entre bastidores encomiable en el que se selecciona la imagen deseada y se selecciona el mensaje más atractivo; el público o consumidor de TV es el que manda {1}. A los expertos encargados de captar la atención del público del que dependerán no les falta perspicacia.

La atención de nuestro artículo gravitará sobre estos constreñidos enunciados capaces de lograr con tan poco un efecto tan potente, o con Espinosa tan real, como es el de canalizar en la dirección deseada las energías voluntarias de sus receptores, ya sean en forma de electores, consumidores o de ciudadanos que deben apoyar un proyecto deportivo de la magnitud de la organización de unos juegos olímpicos. Son simples chispazos de atracción, instantes de deseos que automáticamente parecen aproximar a muchos de aquellos que inicialmente no sólo presentan diferentes inquietudes, sino que públicamente muestran ideologías políticas irreconciliables, ya sean estas de izquierdas o de derechas, o incluso credos abiertamente hostiles. Dulce aproximación que no requiere más esfuerzo que el del entusiasmo de cuya naturaleza Tresguerres da buena cuenta:

«Porque es un hecho que no resulta raro que el entusiasmo ciegue, que distorsione la realidad y el relieve de las cosas, haciendo perder, a la vez, toda capacidad crítica, pues si bien es verdad que supone un importante estímulo para la acción, sea especulativa o práctica, también lo es que si la razón titubea en gobernarlo, tal acción puede emprender un camino independiente de ella, y no sólo sin la razón o al margen de la razón, sino incluso contra ella: puede el entusiasmo engendrar –digámoslo de una vez— la más absoluta y completa irracionalidad» {2}.

Se persuade a la gente, a los ciudadanos de un estado, con el fin de gestionar una mercancía asumida como necesaria o con el objetivo de que participe decididamente de un proyecto político escatológico.

 

En estos momentos se espera que de las políticas económicas americanas arrecie la tan esperada superación de la crisis {3}; gran parte de la sociedad norteamericana, al menos la que voluntariamente votó al candidato demócrata, parece haber respondido con entusiasmo al atractivo llamamiento del que hoy es su actual presidente: “ Yes we can”, al carecer de verdadero contenido logra cuajar con relativa facilidad en la idiosincrasia norteamericana, cada uno puede añadir lo que quiera, cada uno puede entenderlo como más le convenga, y así todos y cada uno de los ciudadanos estadounidenses participarán libremente de un proyecto común que está por definir. Los votantes norteamericanos equipados de la dosis precisa de entusiasmo se transformarán en devotos defensores de un ideal político sin definir, se aproximarán a él a través de una fe firme en un líder carismático. Se eludirá la razón, la crítica se ausentará, y la nueva realidad se tornará por fin accesible. Pero esta falta de precisión no es gratuita. El que hasta hace muy poco era candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos erigía su campaña electoral sobre una realidad cuestionada bajo el mandato republicano de George W. Bush: la del liderazgo político y económico como nación y miembro más destacado de la OTAN (Francia aunque miembro destacado persevera en su autonomía y así se permite el lujo, todo hay que decirlo con la intención de favorecer sus propios intereses, de sellar contratos militares millonarios con la emergente China) ; dicho de otro modo, el actual mundo globalizado necesitaba un país que capitaneara e intentara dar solución eficazmente a todos y cada uno de los proyectos mas acuciantes del momento, requería por tanto la presencia clara de una pujante potencia económica, militar y política, de una unión de naciones que compartiesen un interés común garante de su bienestar en forma de democracia homologada y con fundamento en un consumo continuado de sus ciudadanos (hoy entendido desde una posición políticamente correcta como responsable, lo que viene a querer decir que hasta la fecha era irresponsable, o sostenible, lo que viene a querer decir que hasta la fecha era insostenible y para recordárnoslo con todos los medios tecnológicos a su alcance está el que fuera vicepresidente de las administración Clinton y premio Nobel de la Paz Al Gore; la nueva senda productiva debe ir por otros derroteros y debe ser mucho más selecta, es decir, alojará a todas aquellas potencias económicas que acrediten un elevado grado de desarrollo tecnológico, o lo que viene a ser los mismo, a todas aquellas economías del primer mundo que no se pueden permitir el lujo de perder un ápice de su mordida consumista en favor de las economías emergentes de China y la India cuyas poblaciones suman una tercera parte de los potenciales compradores). Este liderazgo internacional sólo cobra pleno sentido si se entiende como imperio, categoría política académicamente en desuso {4} pero que explícitamente se reconoce en ejercicio. El pueblo norteamericano vio en Obama esta capacidad de liderazgo, y reconoció en él su apelación a la participación activa de sus proyectos. Cada uno de ellos se encontró con la posibilidad de inmiscuirse como parte protagonista de un plan de alcance global, un plan confuso, y más concretamente, utópico dado que se le reconoce la dificultad de su real materialización; supondrá tiempo, sacrificios (soldados recibidos con honores en ataúdes y cubiertos con la bandera nacional, incremento presupuestario para el mantenimiento de un ejercito colosal que ronda una cifra que va más allá del medio billón de dólares anuales), que acarreará momentos de duda ciudadana reflejados en las bajadas de popularidad como presidente registradas a través de las encuestas, esfuerzos jurídicos de lenta tramitación y de difícil encaje legal como el de la base militar y centro penitenciario situado en el terreno alquilado de la isla de Cuba, hablamos de Guantánamo, &c. Así pues, un plan que simplemente exigía de los ciudadanos norteamericanos buenas dosis de entusiasmo, es decir: desconocimiento racional del alcance real de la maquinaria que iba a ser puesta en marcha. Como fuente de inspiración los sentimientos o si acaso la intuición de no se sabe qué pero que se entiende como verdadero, una puesta en escena de una filosofía espontánea al alcance de todos, reflexión laxa que permite a los ciudadanos norteamericanos aproximarse o vislumbrar tímidamente la meta del proyecto a ejecutar pero que, al mismo tiempo, nos ofrecen un desconcierto generalizado ante las variables y dificultades que se van a ir abriendo en el camino. Dicho proyecto es en sí mismo utópico porque en su desenvolvimiento se confía en la consecución de una paz perpetua al modo kantiano {5}, es de algún modo la nueva Ciudad del Sol de Campanella pero esta vez aquí en la Tierra, y es un intento que menoscaba otros intereses, otros proyectos utópicos enfrentados y que quieren cobrar vida a través de mecanismos tan violentos como los de los fanatismos islamistas, fundamentalismos tan irracionales que habilitan moralmente a sus fieles a actos terroristas en los que su vida, el mantenimiento de su cuerpo, es prescindible, acto tan poco firme y tan poco generoso éticamente que sólo merece nuestro más contundente desprecio{6}; estos y otros enemigos declarados lo ven como un nuevo orden mundial liderado por una norteamérica que ofrece paz a cambio de control económico en forma de capitalismo controlado y limitado por instituciones democráticas diseñadas ad hoc. Hegel, ya en el siglo XIX, nos advertía de este fenómeno de dominio del pueblo a través de lo irracional y más concretamente de los sentimientos y de la intuición, si bien pensando en las limitaciones kantianas en el orden moral y religioso, limitaciones que sólo dejaban un pequeño resquicio a las ilusiones trascendentales pero necesarias y con fundamento en la razón práctica, que no teórica dado que sólo logra establecer verdades apofánticas o sujetas a perpetuo debate, y en la libertad en tanto que seres humanos, barreras a la razón teórica que el sistema holista del más fiel de los filósofos prusianos {7}, no estaba dispuesto a aceptar, de este modo señala Hegel:

“La intuición y el sentimiento coinciden en ser conciencia irreflexiva. Contra esto debe hacerse resaltar que el hombre es un ser pensante; que se diferencia del animal por el pensamiento…El sentimiento es la forma menor que un contenido puede tener; en ella existe lo menos posible. Mientras permanece tan solo en el sentimiento, hállase todavía encubierto y enteramente indeterminado. Lo que se tiene en el sentimiento es completamente subjetivo, y sólo existe de un modo subjetivo” {8}.

La renovada confianza en un líder imperial como Obama encuentra pleno sentido si somos capaces de entender que en la dialéctica política se persigue el buen orden o eutaxia de los estados y este objetivo pasa por la necesidad de garantizar bajo el paraguas de las democracias occidentales el consumo masivo, dicha estrategia, por tanto, pasa por controlar indirectamente al nuevo gigante asiático: China {9}. Pero que el nuevo inquilino de la Casa Blanca lograra el apoyo incondicional de muchos de sus compatriotas y de otros ciudadanos que sin ser de allí participaran con entusiasmo de ese mismo proyecto, especialmente los europeos {10}, no excluye para nada la posibilidad de que otros mandatarios presos de ese mismo interés por atraerse la voluntades de la gente se percatarán de la necesidad de apelar a lo más irreflexivo, a los sentimientos, con el fin de garantizarse sus simpatías.

2.- De la razón al sentimiento nacional

Asistimos en España al descuartizamiento más prolongado y consensuado desde el inicio de nuestra joven democracia de la razón. Pero, ¿qué entendemos por razón? Brevemente, operar humano {12}, ya sea este en el sentido del hacer, del construir siguiendo reglas bien definidas de actuación encaminadas a la supervivencia o a la verdad como pueda ser el caso de la ciencias (reconociendo en las humanas un grado de complejidad más elevado dado que en dicho orden se incluyen las operaciones apotéticas de los sujetos, operaciones de imposible neutralización, v.g. las ciencias jurídicas, en las que a la verdad se añaden contenidos prácticos como el bien, la justicia, la libertad, &c). En ellas las operaciones son depositarias de rigor lógico y permiten ordenar, clasificar, discernir, en definitiva construir parcelas de la realidad cada vez más amplias, conociendo sus mecanismos causales y sus estructuras formales con el fin de triturar las apariencias y mostrar su naturaleza infecta, histórica y en perpetuo proceso de transformación. Pero también son propios de la razón otros saberes tan heterogéneos como los políticos, los religiosos, los artísticos, los tecnológicos, &c., cuya cota de verdad es más discutida y al mismo tiempo más permeable a la irracionalidad. Y a su lado, y siendo la otra cara de la moneda del ejercicio de la razón que queremos mostrar, la filosofía como deshacer dirigido y comprometido con la inhabilitación reflexiva de todo presunto saber que se muestre como definitivo, incuestionable o simplemente como dogmático; el enemigo del fundamentalismo, ya sea este religioso, político, científico, o mismamente filosófico, obliga a la verdadera filosofía a perpetuarse en su papel de tábano socrático.

“El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación. La Constitución Española, en su artículo segundo, reconoce la realidad nacional de Cataluña como nacionalidad” {13}.

Con esta reliquia pseudojurídica se intenta materializar una idea de estado-nación que si bien en ciernes sólo necesita del reconocimiento del resto de los socios de la Unión Europea para ponerse en marcha. Las consecuencias que de aquí se pueden derivar es mejor no atenderlas, pero sí cabe decir que sería interesante que muchos de los dirigentes encargados de pilotar la nave del Estado (en este caso el español y en tanto que reconocido internacionalmente y con asiento en la ONU también la nación) se percataran, bajo el abrigo de la prudencia, de las posibilidades que se abren y de los peligros que encierran para su eutaxia. Atendiendo al contenido de la cita inicial de este apartado, por lo pronto nos percatamos del alto grado de irracionalidad romántica que lo envuelve. La nación no es otra cosa que un sentimiento colectivo impregnado de deseos ajenos a la razón. De hecho se asocia dicho sentimiento a una supuesta voluntad libre capaz de ajustar su alcance a un territorio con fronteras bien definidas o nación con existencia propia {14}, de esta espontánea voluntad brota una realidad identitaria en forma de espíritu del pueblo o lengua común, en nuestro caso evitando la lengua española, que necesita cristalizar en forma de derecho positivo para adquirir su condición de ser, de ser entendido como realidad y por tanto como racionalidad y verdad. Este proyecto político arropado en su misma raíz de contenidos claramente irracionales cala sin una mínima crítica rigurosa en los ciudadanos, y no sólo eso, sino que además logra disponerlos entusiásticamente en la consecución del mismo. De momento permanecen garantizadas las normas mínimas de convivencia, al menos con respecto a Cataluña {15}, si bien a la espera de lo que dictamine el Tribunal Constitucional, órgano que parece mostrar recelos jurídicos si se le otorga la condición de nación a Cataluña dado que automáticamente la soberanía no residiría en el conjunto de la nación española sino en cada una de las partes que constituyen el Estado español, o lo que es los mismo: no existiría España como totalidad distributiva sino como totalidad atributiva, dando lugar a que cada Comunidad Autónoma actuase en función de sus intereses y lógicamente al margen de los intereses comunes de España como nación que compite junto a otras naciones, ya sean europeas o no, por su bienestar, lucha que podríamos entender en términos biológicos como una biocenosis {16}. Pero dicho entusiasmo no tiene la cualidad de detenerse en el conjunto de la ciudadanía catalana, avanza hasta las más altas esferas del poder y una vez allí se instala y acomoda en una ideología que por su estructura es capaz de hacer encajar cualquier cosa; forma de pensamiento presa de la estructura de un partido, el socialista, imposibilitado para enfrentarse racionalmente al nuevo reto de la organización del Estado, partido que desea trasladar al conjunto de la sociedad española su estructura federal, propuesta que cuenta con el aliento de muchos de los intelectuales, v.g. Juan Luis Cebrián entre otras figuras públicas destacadas, más afines y que se muestra, ya no miope, sino ciega ante el hecho de que la vertebración del estado federal pasa necesariamente por la cesión de soberanía de aquellas regiones, naciones étnicas, o actualmente Comunidades Autónomas, en favor de una entidad política al abrigo de un proyecto común como nación. Y ciega o simplemente infantil cuando se quiere dar a entender que el concepto de nación es un término vacío de contenido, se supone racional, y dada esa presunta realidad, al menos en sentido jurídico, tan poco perniciosa como los actos de un infant@ (Alicia por ejemplo) {17}. Esta perspectiva de corte nominalista le permite al actual inquilino de la Moncloa atravesar el espejo y adentrase en lo que el considera el nuevo mundo real sin el más mínimo esfuerzo intelectual, o sea intuitivamente, gnósticamente. Pero la realidad se muestra tozuda y ahora la problemática, tras atravesar el itinerario político por la vía del referéndum popular, tras ser aprobada por la mayoría de los representantes políticos catalanes y españoles en sus respectivos parlamentos, nos conduce a la reapertura de un debate que en estos momentos de crisis económica y elevada tasa de paro debería ser sino innecesario si al menos secundario.

 

3.- Ciudadanía europea: el advenimiento de un proyecto común. Alicia y Madrid

¿Qué proyecto logra atraer el interés común de la mayoría de las diferentes fuerzas políticas españolas? Aunque por muy diversas razones la apuesta es clara: la construcción política de Europa. El proyecto es viejo y cobró vida con el fin del Antiguo Régimen. Del rey la soberanía pasa a la nación, pero en un primer momento la verdadera nación no es otra que la francesa. Su constitución así lo determina, pero a la vez no deja claro a quién va dirigida, y no queda claro porque se homologan los derechos humanos a los derechos de los ciudadanos franceses; de dicha constitución brotará una interpretación tan ambiciosa como crucial para el devenir del conjunto de las que posteriormente serán las diferentes naciones europeas. Napoleón quiere trasladar dichos derechos de ciudadanía a todos los europeos, desde Berlín a Lisboa, desde Londres a Moscú. Las guerras napoleónicas serán el primer intento serio de trasladar los ideales de la revolución francesa, los ideales de la ilustración, al conjunto de los ciudadanos europeos. Ciertamente sucedió que dichos ideales, entendidos como esferas de verdad absoluta, necesaria y universal, no podían ser asimilados por aquellos que simplemente no existían; no había tal ciudadanía europea, lo que muchos filósofos del momento vieron como un avance de la razón, caso de los alemanes o de muchos intelectuales españoles, no era más que el firme propósito de extender la ciudadanía francesa al conjunto del continente europeo, al conjunto de unos nuevos ciudadanos que antes que franceses, o lo que es lo mismo ciudadanos europeos, eran ciudadanos alemanes o españoles. Las diferentes guerras contra Napoleón mostraron bien a las claras que la Europa que se ofrecía no era otra cosa que una sinécdoque de Francia, una nueva entidad política postestatal pero con capital en París, con el francés como lengua vehicular de la razón, de la filosofía, de la ciencia, del arte, &c. El proyecto fracasa con Napoleón pero la propuesta sigue viva. El testigo es recogido por el alumno que fuera en su momento más aventajado: Alemania. A dicha estrategia ayuda su privilegiada situación geopolítica, ocupa el corazón de Europa. El romanticismo enciende la mecha de la expansión alemana por todo el continente. Es la nueva nación alemana la depositaria de lo mejor del espíritu de un pueblo, es ella la nueva luz de la razón, es ella la cuna de la libertad en forma de ruptura del yugo del sacro imperio romano, es, pues, ella la que debe dirigir los destinos de los ciudadanos europeos {18}, de la civilización europea que tanto entusiasmó a Ortega. Nietzsche avanzó alguna idea, pero sobre todo parió un conglomerado ideológico en forma de filosofía intencionadamente no sistemática, crítica, embriagada de aforismos capaces de albergar los intereses más dispares y de servir de coartada al mejor postor. La ideología nacionalsocialista pretenderá marcar el rumbo de Europa, de la Europa de los pueblos, de la federación política de las naciones étnicas lideradas por su líder natural. Sería el momento de la superación definitiva de los estados-nación, sería el momento de la verdadera Alemania, de la ciudadanía alemana o lo que es lo mismo, de la ciudadanía europea, primero étnicamente pura y luego políticamente real.

¿Qué nos queda hoy? Una Europa que tiende a la fragmentación y una Alemania que tiende, como única excepción en toda Europa, a la unificación {19}. Desintegración que no desagrada a las grandes potencias europeas cuando el asunto se circunscribe a España. Desde el Reino Unido se garantiza un apoyo decidido a la difusión y al conocimiento del inglés, quizá con el tiempo se reconozca como lengua oficial en Euskadi o en Catalunya dado que siendo futuros miembros de derecho de la Europa de los pueblos el español resultará ser una mera reliquia cultural o simplemente la lengua de un estado ya superado y que por cierto se considerará que nunca existió como nación. Desde Francia hasta hace bien poco se confiaba pasivamente en la desintegración de España vía desestabilización terrorista; ETA encontraba en Francia algo más que un refugio para sus comandos. Y podría entonces entenderse la actual cooperación franco española en el campo de la lucha contra el terrorismo etarra como un intento real de frenar los proyectos hegemónicos alemanes. Hoy Alemania es la nación europea que más fomenta el catalán en sus fronteras, tal vez porque sea en ella donde más interés despierta el español.

Históricamente la lucha por la vida de las diferentes naciones europeas es obvia salvo que se quiera ver como una entidad depositaria de los valores más nobles que han recorrido su historia, o bien, que se quieran ocultar con un alarde sin parangón de desmemoria histórica las guerras que siempre fueron protagonistas de la presente Europa. Virtudes prácticas que por arte de birlibirloque han podido desprenderse de toda contaminación de estirpe cristiana, se acude para ello al auxilio de Rousseau y su buen salvaje como depósito ideal del proyecto ético europeo, ser solitario, bípedo, en plena sintonía con la naturaleza y que tras los avances paleontológicos del pasado siglo no nos queda otro remedio que identificar con el Pithecantropus erectus, y también al auxilio de un Kant tan riguroso en su formalismo ético que sólo encuentra como fundamento práctico una idea ilusoria como la de Dios, tan débil que puede ser sin más sustituida por cualquier otra idea: la nación, la sangre alemana, la ciudadanía europea, &c; los resultados éticos kantianos también los podemos interpretar como desalentadores, y esto porque la razón sólo está habilitada para fundamentar la práctica humana en una idea tan vaga como la de la idea de Dios. Obtenemos, pues, un individuo prácticamente desprovisto de razón pura práctica, un individuo natural sin ciudadanía, o mejor aún, ciudadano de todos los sitios y que no acaba de encontrar su sentido de la vida. E insistimos, a pesar de que se supone la inexistencia de cualquier mácula de raíz cristiana en el orden ético y moral, se protegen con celo muchos de sus monumentos en tanto que fuente capaz de satisfacer las necesidades estéticas de los nuevos ciudadanos europeos. Se deben conservar como centros de interés turístico pero también como triunfos de la razón ya que ha sido ella, su laicismo, su agnosticismo de corte relativista y que suspende el juicio crítico ante cualquier manifestación supranatural, no así ante toda aquella manifestación que lleve la etiqueta de católica (religión terciaria, monoteísta y que cuando menos ha pasado el largo filtro de la tradición escolástica y de la ciencia moderna, filtro que ha servido para depurarla, obligándola a replegarse frente a otros saberes más potentes, pero que también ha servido para darle un mayor grado de racionalidad {20}), la que ha construido un verdadero entramado de valores éticos y morales comunes para todos los ciudadanos europeos, valores tan indiscutibles que simplemente necesitan mostrarse vía enseñanza pública. No obstante, el resultado no es tan edificante, se confunde ética y moral, se sobreentiende lo que quiere decir solidaridad, no se sabe qué es un ciudadano europeo, se asume irreflexivamente la idea de paz (basta con preguntar qué paz y el interlocutor queda totalmente desconcertado), pero eso es lo de menos. Quizá con un número de acólitos bien entrenados sea suficiente, quizá con la eliminación paulatina de todos aquellos profesores de la enseñanza que puedan resultar molestos también, muchos del gremio filosófico que no quieren para nada doblegarse a fundamentalismos de corte tribal {21}.

En esta Europa inexistente, expuesta como la única utopía creíble es donde se ahogó el irracionalismo de los responsables directos de la oferta de Madrid como candidata a la organización de los Juegos Olímpicos del año 2016. Tras un duro golpe como candidata para los juegos del año 2012, duro porque se apostó fuerte y sobre todo porque se compitió con la cabeza fría, o sea, reconociendo las posibilidades de éxito que tenía una ciudad europea; el viejo continente se decantó por Pekín para el año 2008, era lógico pensar que China y muchos países asiáticos se volcasen con una ciudad europea para la celebración de los juegos del año 2012. Londres venció y lo hizo en la final frente a París, siendo Madrid la tercera en discordia. Por entonces se decía que de haber superado ese penúltimo corte Madrid se hubiese hecho con la victoria. Se fue a la final con los deberes hechos, las instalaciones en marcha, el beneplácito de la ciudadanía madrileña y por extensión de la española, con los problemas de la ausencia de mar resueltos al contar con Valencia, una ciudad que se estaba preparando como merecía la ocasión y que fue sede de un acontecimiento de interés mundial como la Copa América de vela. Tras esta vicisitud, difícil de superar, se decide competir nuevamente por la organización de los Juegos Olímpicos de 2016. París con más dosis de racionalidad decide dejarlo para mejor ocasión. Moscú junto a Roma hacen otro tanto, son conscientes de que el continente europeo no puede albergar dos acontecimientos deportivos de tal magnitud consecutivos. Sólo se atreve Madrid. La decisión puede resultar racionalmente calculada si se atiende al hecho de que dicha celebración puede ser el mecanismo ideal para sanear las cuentas del ayuntamiento. También tendría sentido porque en el debe de Madrid está el ser la única capital de los grandes países europeos que aún no ha organizado unos juegos olímpicos. Pero esto no se puede decir, es atrevido y poco prudente acudir a dicha cita olímpica como ciudad candidata mostrando todas tus cartas. Entonces, ¿qué pensaban los responsables madrileños con el Sr. Gallardón a la cabeza y con el entusiasmo siempre bienintencionado de las autoridades de la Comunidad madrileña y del Gobierno central? Que Madrid en vista del esfuerzo organizativo y de instalaciones ya puesto en marcha iba a contar con el apoyo de sus socios europeos. Si Madrid, a pesar de las diferencias en el seno de España, de las disputas políticas y de la percepción desde la periferia de que es ella la que somete al resto de las comunidades y no entiende sus inquietudes porque en el fondo no es plural, ni tolerante, ni progresista, cuenta con el apoyo de todas y cada una de ellas para la celebración de dicho evento, ¿por qué no vamos a poder hacer el mismo razonamiento, tan simple como falso, y pensar que el resto de la Unión Europea haría otro tanto? Si todos compartimos los mismos valores, todos somos ciudadanos europeos, todos, a pesar de nuestras diferencias, queremos lo mejor para la Unión y obviamos que cada uno de sus miembros es soberano y vela por sus intereses, y que formamos parte de una comunidad entendida como biocenosis, entonces la ilegitimidad del paso del pensar al ser se hace evidente. Pero dicho fraude a la razón se vendió con el entusiasmo propio de la más simple exposición irracional. Vistos los resultados del líder mundial del momento era fácil pensar que con una estrategia de trabajo semejante se podrían obtener los objetivos deseados. Del “Yes we can” se pasaba al “Tengo una corazonada”, eslogan pegadizo, de un atractivo irresistible, por encima (o por debajo) de cualquier rivalidad política. Alicia acreditaba con creces que gozaba de buena salud, tan buena que incluso se multiplicaba. Si primero tenía el rostro de sonrisa perpetúa de nuestro presidente del gobierno ahora encanecía un poco, se le hacían más prominentes las cejas, se ajustaba unas gruesas gafas y sin más accedía al país de las maravillas, al país de la organización de los Juegos Olímpicos de 2016. Su optimismo era fruto de una realidad que ya se vislumbraba. La razón mostraba claros signos de debilidad debido a su ocultación entre una maraña de sentimientos con forma de corazonadas. Pero dicha predisposición generalizada, dicho optimismo, en absoluto tenía que ver con la realidad, nada más que era un fraude de raíz psicológica disfrazado de doctrina ontológica.

 

Los resultados pueden ser interpretados de muchas maneras, son necesarios pero insuficientes, por lo que se hace necesario equiparse de hipótesis coherentes que den cuenta de los mismos entre otras razones porque la votación de los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) es secreta*.

* El resultado de las tres votaciones fue el siguiente:

Primera Segunda Tercera

Río de Janeiro 26 46 66

Madrid 28 29 32

Tokio 22 20

Chicago 18

Abstenciones 1 1 1

Total 95 96 99

Tras la primera votación celebrada en Copenhague el equilibrio entre las tres candidatas finalistas era más que evidente, sólo seis votos separaban a la candidatura más votada de Madrid de su tercer rival: Tokio. La votación posterior iba a ser ya decisiva. Prácticamente todos, sino la totalidad de los votos de la primera candidata eliminada, es decir, Chicago, fueron directamente a Río de Janeiro. ¿Qué países podemos considerar que apoyaron inicialmente la candidatura estadounidense? El efecto Obama como ya habíamos visto con anterioridad había sido recibido por los dirigentes europeos con gran entusiasmo. Parece plausible sugerir que también habría supuesto en los miembros europeos del COI idéntico efecto. Los 18 votos que por ser insuficientes impidieron continuar a Chicago fueron directamente a parar a la ciudad brasileña (obtuvo como refleja el gráfico 46 votos en la segunda sesión cuya aritmética no deja lugar a dudas, a los 18 de Chicago se sumaron los 2 que pierde Tokio) y estos son votos de los vecinos europeos de Madrid, son votos que presumiblemente provinieran de países como Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, &c, son los votos de una Unión Europea que a bombo y platillo se vende como políticamente unida pero que en la realidad trabaja desunida, esto es, trabaja como una entidad que no logra superar la condición de estado-nación de cada uno de sus socios, que no logra desembarazarse de la necesidad de garantizar el bienestar de los ciudadanos que particularmente representa. Y es esta realidad propia de la caverna platónica la que con pertinaz interés se adueña de nuestros dirigentes y se apodera de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos españoles, realidad dominada de apariencias que impide prever racionalmente muchas de las consecuencias derivadas de los proyectos deportivos puestos en ejercicio. Y no sólo eso, sino que también cancela cualquier propuesta crítica orientada a la verdad, y dicho acto de mala fe se materializa cuando no se reflexiona racionalmente sobre las causas necesarias que puedan dar cuenta de los resultados obtenidos. De este modo, resulta obligado eludir cualquier intento de explicación, a la opinión pública española se le oculta que fueron los intereses particulares de los diferentes estados nación que conforman la actual Unión Europea los que tumbaron los propósitos organizativos de la ciudad de Madrid para las futuras olimpiadas de 2016. Pertenecer a la Europa del Tratado de Lisboa, a la Europa de los burócratas que instalados en su torre de marfil elaboran una Constitución de tocador y a espaldas de los ciudadanos de los diferentes países que la constituyen, significa no cuestionarse, aceptar dogmáticamente, todo aquello que emane de sus adentros aunque en ello se socaven los intereses de los madrileños y por añadidura de los españoles. Cabe suponer que si se acepta la derrota con tal grado de deportividad, aunque sería más justo decir que con tal grado de fidelidad ya que emana de un entusiasmo herido pero francamente activo, nos podrán ver como socios incondicionales. Pero cuidado, y como venimos diciendo desde el inicio del artículo, del lado del entusiasmo y el optimismo no está la razón, la crítica, la verdad, el saber, la prudencia, sino algo que va más allá de la ignorancia, la estupidez, postura esquiva al cambio, al reconocimiento del error, o sencillamente al intento de mejora.

 

{1} Véase Gustavo Bueno. Telebasura y democracia, pág. 195. Eiciones B. Barcelona 2002.

{2} Véase Alfonso Fernández Tresguerres, Del entusiasmo. http://www.nodulo.org/ec/2007/n069p03.htm.

{3} Todos sabemos, sin ser para nada expertos, que la locomotora económica no es otra que EE.UU., si allí se activa el consumo es casi inevitable que la recuperación se traslade también al este del Atlántico. Alemania y Francia ya parece que se han subido al tren, tal vez porque sus exportaciones han iniciado la senda del crecimiento.

{4} Así en su reflexión crítica sobre la idea de Imperio el profesor Gustavo Bueno afirma: “Creemos poder constatar, como cuestión de hecho, que el término «imperio», en sentido político, ocupa en nuestros días, en una tabla de valoraciones, un lugar opuesto al que ocupa el término «nación». En efecto, mientras que el término «nación» y sus derivados, como nacionalista, nacionalismo, etc., se sitúan en los lugares más altos en las escalas de prestigio, el término «imperio», y sus derivaciones, como imperialismo, imperialista, ocupan los lugares más bajos de estas escalas, incluso el lugar ínfimo…, sería ridículo pretender zanjar los problemas en torno a la Idea de Imperio mediante valoraciones de esta índole, como sería ridículo que el «zoólogo pacifista» pretendiese distraer el interés científico por los lobos, en cuanto animales depredadores, en beneficio de las investigaciones sobre las ovejas” Gustavo Bueno. España frente a Europa, págs. 173-174. Alba Editorial. Barcelona 2000. Hoy de los cuentos infantiles se ha adueñado un pacifismo simplón entendido como no violencia, claro ésta que al mismo tiempo se entenderá dogmáticamente y necesariamente como irracional cuando se muestra como violencia, y así el malvado lobo feroz no morirá a monos del cazador que extrae de él a la tierna Caperucita, la salvará sí pero a condición de que perdone al lobo dándole la vida y la libertad que le permita ir al bosque. Aquí el ridículo no es una posibilidad es una constatación que fluye de un manantial de armonismo bienintencionado capaz de impregnar todos los órdenes de la actividad diaria.

{5} “Los ejércitos permanentes -miles perpetuus- deben desaparecer por completo con el tiempo. Los ejércitos permanentes son una incesante amenaza de guerra para los demás Estados, puesto que están siempre dispuestos y preparados para combatir” nos dice el königsbergense pensando más en la paz prusiana que en la universal. Véase Inmanuel Kant. La paz Perpetua, pág. 7. Traducción de Joaquín Abellán. Editorial Tecnos. Madrid 2008.

 

{6} “Una idea que excluya la existencia de nuestro cuerpo no puede darse en nuestra alma, sino que le es contraria (…), el primordial y principal esfuerzo de nuestra alma será el de afirmar la existencia de nuestro cuerpo, y, por tanto, una idea que niegue la existencia de nuestro cuerpo es contraria a nuestra alma”, o también “Referido a la fortaleza de todas las acciones que derivan de los afectos que se remiten al alma en cuanto que entiende, y divido a aquella en firmeza y generosidad. Por «firmeza» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza en conservar su ser, en virtud del solo dictamen de la razón. Por «generosidad» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza, en virtud del solo dictamen de la razón, en ayudar a los demás hombres y a unirse a ellos mediante la amistad. Y así, refiero a la firmeza aquellas acciones que buscan sólo la utilidad del agente, y a la generosidad aquellas que buscan también la utilidad de otro. Así pues, la templanza, la sobriedad y la presencia de ánimo en los peligros, etc., son clases de firmeza; la modestia, la clemencia, etc., son clases de generosidad”. Por tanto, podríamos añadir que los males éticos por excelencia son el suicidio o falta máxima de firmeza, y el asesinato o falta máxima de generosidad. Y esto porque ambas acciones, no virtuosas o cacoéticas, son irreversibles. Baruch de Espinosa. Ética demostrada según el orden geométrico, págs. 194-195 y 242. Introducción, traducción y notas a cargo de Vidal Peña. Editora Nacional. Madrid 1984.

{7} “Cabe preguntarse si no tendríamos razón cuando dijimos que Hegel nos ponía frente a una apología de Dios y de Prusia al mismo tiempo y si no estará perfectamente claro que el Estado que Hegel nos manda que adoremos como la Idea Divina sobre la Tierra es, simplemente, la Prusia de Federico Guillermo que va de 1800 a 1830”. Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, pág 265, Editorial Paidós. Barcelona 2006.

{8} G.W.F. Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, págs 53-54. Introducción de José Ortega y Gasset y traducción de José Gaos. Editorial Alianza. Madrid 2004. Hoy y en la misma línea hegeliana se podría decir: lo que diferencia al ser humano del animal no es otra cosa que la cultura. Seguimos presos del mito de la cultura y a la vez seguimos siendo esclavos de una antropología filosófica mutilada, de una antropología bimembre que ubica en el sinsentido más propio del marxismo vulgar, del positivismo decimonónico o analítico del siglo pasado a toda manifestación humana vinculada con la religión (o la superstición en tanto que meramente irracional).

{9} Para una consulta rigurosa sobre el papel actual como nueva potencia emergente de la República Popular China y su programa político, económico y militar puede verse la revista digital El Catoblepas y concretamente su sección Ante la China. Véase http://www.nodulo.org/ec/

{10} Se barajaba la posibilidad de que el nuevo líder de la Unión Europea, su nuevo presidente, sea el británico Tony Blair. Es obvia la especial relación que tiene el Reino Unido con EE.UU., ambos líderes tienen como lengua materna el inglés, ambos presentan credenciales ideológicas comunes, Blair como militante del partido laborista británico, y Obama como líder del partido demócrata norteamericano, y más importante aún, ambos son conscientes del papel de cada uno de los estados que representa (la Unión Europea debe entenderse como un postestado sin olvidar que la soberanía reside en cada uno de los 27 estados nación que la constituyen a la vez que reside en la nueva ciudadanía europea tras el negociado en los despachos Tratado de Lisboa {11}), el primero como líder global y el segundo como socio fiel y necesario para poder limitar las aspiraciones de liderazgo mundial de la China de Hu Jintao. El resultado fue otro y lo fue por las reticencias de Alemania y Francia. Eligiendo al ex primer ministro británico se le concedía demasiado protagonismo al Reino Unido, así que mejor tomar una solución más equilibrada, el Alto Representante de la política exterior europea pasaría a ser la británica Catherine Ashton y como Presidente de la Unión el belga Van Rompuy, candidato discreto y muy del gusto de los dos dragones europeos.

 

{11} Tratado de Lisboa por el que se modifican el Tratado de la Unión Europea y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, firmado en Lisboa el 13 de diciembre de 2007. Diario Oficial de la Unión Europea 17.12.200. El artículo 17 queda modificado como sigue:

a) En el apartado 1, las palabras «será complementaria y no sustitutiva de la ciudadanía nacional» se sustituyen por «se añade a la ciudadanía nacional sin sustituirla». La cursiva es nuestra.

{12} No es exclusivo del hombre, los animales más próximos a nosotros como demuestran muchos estudios etológicos también son capaces de operar racionalmente. Ellos elaboran a través de pautas normadas útiles rudimentarios: pajas para sorber hormigas, ramajes a modo de cama donde combatir el cansancio, &c., es decir, también tienen cultura extrasomática aunque ésta sea muy elemental.

{13} http://www.gencat.cat/generalitat/cas/estatut/preambul.htm, la cursiva es nuestra.

{14} “De la misma manera que, sin lugar a duda, es cierto que allí donde hay una lengua específica debe de existir también una nación específica con derecho a ocuparse de sus asuntos con autonomía y a gobernarse ella misma” J.G. Fichte. Discursos a la nación alemana, pág. 228. Traducción de Luis A. Acosta y María Jesús Varela. Ediciones Orbis. Barcelona 1984.

{15} En un pasado reciente no era así, allí existía un grupo armado capaz de matar utilizando los métodos propios de una banda terrorista, es decir: actuando arbitrariamente, mostrando una señal de identificación que pudiera evitar cualquier grado de confusión a la hora de reconocer su autoría, y atemorizando a las posibles víctimas con el objetivo de hacer de estas unas colaboradas indirectas de su proyecto, a través del silencio, evitando cualquier tipo de denuncia pública de lo que está aconteciendo, o a través del pago del llamado impuesto revolucionario para mantener económicamente las actividades de la banda. Ese grupo se llamaba Terra Lliure el cual nunca dejó de mostrar sus simpatías por la actividad político militar de la banda terrorista ETA (actualmente débil, básicamente por la falta de ingresos, el encarcelamiento de muchos de sus dirigentes, la decidida colaboración francesa y la actuación política conjunta de los dos grandes partidos políticos españoles), simpatías que gozaban de una excelente salud gracias a un sentimiento común: el odio (no salimos de la irracionalidad romántica, del enturbamiento de la razón) a España.

{16} “Una «biocenosis» no es una «población», es decir, un «colectivo» constituido por organismos de una misma especie, como pudiera serlo un enjambre de abejas o un bosque de hayas. Una biocenosis es una sociedad constituida por organismos de especies diversas, animales o vegetales…pero en un grado de interacción mutua e interdependencia tal que pueda hablarse de una unidad superorgánica, asentada en un hábitat y «autosostenida». (…). Ahora bien, es imprescindible tener en cuenta que la armonía que permite el autosostenimiento de una biocenosis dada, no es tanto la armonía del amor y de la paz [como fruto de un entusiasmo si parangón cree nuestro Presidente del Gobierno J. L. Rodríguez Zapatero]…, cuanto la armonía de la lucha por la vida entre sus miembros de la biocenosis”. Y un poco más adelante nos advierte: “Europa, según su historia efectiva, se ajusta más a la estructura de una biocenosis antropológica que a la estructura de una sociedad de personas regida por la justicia, la caridad o la fraternidad” El añadido entre corchetes es nuestro. Véase Gustavo Bueno, Op. Cit., págs. 406-408.

{17} Véase Gustavo Bueno, Zapatero y el pensamiento Alicia. Un presidente en el país de las maravillas. Ed. Temas de Hoy. Madrid 2006.

{18} Perla del idealismo alemán obra de Fichte, la cita es un tanto larga pero merece la pena ser recogida: “En la nación que hasta hoy día se llama a sí misma pueblo por antonomasia o alemanes, ha irrumpido en los tiempos modernos, por lo menos hasta hoy, la originariedad, se ha manifestado la fuerza creadora de lo nuevo…todo aquel que cree en la espiritualidad y en la libertad de esta espiritualidad y desee su desarrollo eterno dentro de la libertad, no importa donde halla nacido ni en qué idioma hable, es de nuestra raza, nos pertenece y se unirá a nosotros. El que cree en el estancamiento, el retroceso, la danza circular, o sencillamente pone al timón del gobierno del mundo una naturaleza muerta, donde quiera que haya nacido y hable el idioma que hable, no es alemán, es extraño a nosotros, y es de desear que se separe de nosotros por completo y cuanto antes mejor”. Y podríamos añadir para completar a Fichte, si no se separa lo eliminamos nosotros. Véase J.G. Fichte. Op. Cit., págs. 152-153.

{19} Decía con una buena dosis de ironía el ya fallecido Presidente de la República francesa, François Mitterrand, y antes de la caída del Muro de Berlín: “amo tanto a Alemania que prefiero que haya dos”. Por cierto, en la misma línea la primera dama por aquel entonces británica Margaret Thatcher.

{20} Véase Gustavo Bueno et alii, Dios salve la razón, págs. 57-92. Ed. Encuentro. Madrid 2008.

{21} Es un simple dato, puede ser sencillamente anecdótico, carecer para la gran mayoría de interés, pero desde el punto de vista que venimos defendiendo a lo largo del artículo presumo que pueda ser cuando menos significativo y alertarnos de la presencia de pequeños movimientos orientados a la que podríamos llamar barbarie autonómica. El fundamentalismo de corte nacionalista no puede verse cuestionado filosóficamente. No hay mejor medida para la perdurabilidad del proyecto que la de eliminar paulatinamente la filosofía del ámbito académico. Otros fundamentalismos aunque estos de corte religioso e islamista promueven una idéntica estrategia purificadora, así podemos leer en el diario El País, jueves 3 de Septiembre de 2009: “Jameneí dijo esta semana que el estudio de las ciencias sociales “promueve las dudas y la incertidumbre”, y pidió a los “defensores ardientes del islam” que revisen su enseñaza en las universidades. “Muchas de las humanidades y las artes liberales se basan en filosofías cuyos fundamentos son el materialismo y la incredulidad en las enseñanzas divinas e islámicas”, dijo Jameneí el pasado domingo. El estudio de asignaturas como la filosofía o la sociología incomoda al régimen iraní tanto como los intercambios y los viajes académicos”. Las cursivas son nuestras. Para avalar lo dicho: oferta pública de empleo de la Generalitat de Catalunya para Profesores de Enseñaza Secundaria año 2009 desglosada por especialidades y recogida a través de su página web oficial http://www20.gencat.cat/portal/site/Educacio/menuitem.

A Pedro Olalla

Fecha: 31 enero, 2018 por: dariomartinez

¡Qué maravilla! Emociona ver que un paisano con el que sin saber compartiste días de tu infancia en tu pequeño pueblo pueda albergar con gran personalidad un saber sobre Grecia, desde la clásica hasta la de hoy, tan radical, tan certero, tan bello. Su película intitulada “Grecia en el aire” (al igual que su libro) es una joya, y lo es porque sabe trasmitir modestamente lo que le han dado los griegos: la posibilidad de querer saber más, de indagar en la apariencia en forma de conjetura o simple opinión, para demolerla y construir un discurso bien argumentado, dialéctico, abierto a la disputa y que aspira nada más y nada menos a que seamos mejores ciudadanos, es decir, responsables y capaces de gobernar y juzgar aquello que nos atañe en el día a día para procurar velar por el sostenimiento, siempre difícil, del interés común. Reivindicar la política, la democracia en concreto, de raíz griega, reivindicar a filósofos de la talla de Sócrates, Platón o Aristóteles es no sólo audaz y atrevido, es revolucionario en palabras de Pedro, y no sólo eso, añado yo: es hacer Filosofía de naturaleza crítica, académica, apoyándose en otros saberes tal y como se muestra en la película, es siguiendo la estela del filósofo de anchas espaldas, aspirar al bien desde los saberes ciertos que trituran los pseudosaberes encerrados en el eterno sí o no, en el eterno relativismo apático y de naturaleza nihilista de hoy que conduce a la desafección (mal político por excelencia para los ciudadanos atenienses). Insisto, me he emocionado porque estoy seguro de sentir lo que Pedro Olalla quiere trasmitir y creo e intento además y modestamente entenderlo.

En definitiva, eliminar la Filosofía académica (y en extensión las humanidades: Música, Latín, Griego…) del sistema educativo o pretender que, por el mero hecho de pensar uno ya es espontáneamente ajeno a todo tipo majaderías, es un fenómeno de un tiempo que se aproxima a la barbarie. Lo peor es que quien lo lidera son nuestros más brillantes políticos y hombres de negocios, ¡qué pena! No colaboremos como ciudadanos con nuestra desidia y al menos mostremos la audacia de disentir.

Reconozcamos como espectadores en el teatro el buen hacer reflexivo de Pedro Olalla y aupémoslo a Olimpo del que quiere saber más a través del noble esfuerzo orientado a la felicidad propia del hombre medio prudente en el seno de una sociedad bien gobernada y justa (Aristóteles).

Gracias de todo corazón. Qué se repitan tus trabajos y que nos honres con tu presencia.