Kant y su Dios (IV)

Fecha: 25 octubre, 2020 por: dariomartinez

En las postrimerías, una de sus últimas obras impresas en vida del autor. De difícil lectura, poco atractiva: La metafísica de las costumbres. La obra más atrevida y visceral en defensa de la pena de muerte. Hoy sería objeto de censura. Una sombra alargada en la filosofa del humanista prusiano. Su vejez no le permitía explicar con soltura su saber práctico y racional y tampoco le permite darle un mínimo halo de belleza. Con todo la inercia de su pensar continúa.

Dios está en horas bajas. El repliegue de la religión es inminente. Demasiadas calamidades a sus espaldas. Un sinfín de guerras en su nombre. La animadversión hacia un monoteísmo venido a menos es explícita. La tolerancia religiosa es una virtud ilustrada pero lo es en tanto que encierran a la religión en lo meramente privado; concavidad impenetrable y acorazada de silencio. Las ciencias modernas se aupan a la cúspide de la república del saber.

Kant le da su golpe de gracia (estos son muchos, otros autores se merecerán la titularidad de dicha acción). El dogma ya no se puede explicar. La revelación sapiencial ya nunca más puede ser dogma. Será el germen de la hermeneútica inaugurada por Baugartem. El peso de las culpas, el ascetismo voluntario, la expiación de males autoimpuestos y seguidos de mandatos divinos, ya no son virtud. Son desacatos contra la ley moral humana que ha de luchar voluntaria y libremente contra los obstáculos fenoménicos, empíricos y hedonistas proporcionados por su naturaleza inmanente y animal. Su patología es consustancial, su fuste torcido no le abandonará, tampoco en épocas de ilustración como la suya. La ética es una lucha permanente contra los afectos. La prudencia por no ser nouménica una virtud dudosa.

Aquí quería llegar, a la ética kantiana. ¿Qué queda de Dios en ella? Nada. Nos dice el ya anciano filósofo ilustrado y alemán que escribe en alemán y especialmente para alemanes que quieren discernir la verdad y el bien obrar en el ámbito académico, como artistas de la razón consciente y premeditadamente ausentes de las tertulias de los salones de té del momento: «De aquí se desprende que en la ética, como filosofía pura práctica de la legislación interna, sólo sean concebibles para nosotros las relaciones morales del hombre con el hombre: pero qué tipo de relación existe más allá de esto entre Dios y el hombre es algo que sobrepasa sus límites por completo y nos resulta verdaderamente inconcebible: con lo cual se confirma lo que antes se afirmó: que la ética no puede ampliarse más allá de los límites de los deberes recíprocos de los hombres». Luego en las disputas legales entre hombres ampararse en la necesidad de jurar para que el legislativo puede acceder al desvelamiento voluntario y obediente por parte del declarante de la verdad en nombre de una voluntad infinita y que obliga por ser su capacidad de castigo transcendente, es en palabras de Kant, un mecanismo por el cual: «el juez lesiona a aquél a quien obliga a prestar juramento», entre otras razones porque se opone a la voluntad libre que ha de obedecer a la ley moral en uno mismo. Jurar en nombre de Dios para ser veraz en las declaraciones, ser fiel en las promesas, comprometerse con lo prometido en nombre de una voluntad ajena al sujeto de la acción no es otra cosa que mera creencia, en otras palabras: una superstición. Abiertamente es el momento de decir que esta nesciencia (Teología), este saber fatuo e incapaz de reconocer que no puede demostrar la existencia de Dios, es un síntoma inequívoco de una religión venida a menos. Pretender jurídicamente más veracidad y compromiso en lo que se sabe no es más que una coartada perversa. ¡Elimínese! Que tome las riendas de la sociedad civil amparado por una ética civil el nuevo hombre que en su persona representa a la humanidad en su universalidad.

En fin, Dios es barrido de la vida civil. El siglo XIX seguirá arremetiendo contra él, pero ya no será un Dios con el que el hombre mantenga una mínima relación, será un Dios entendido como mera ilusión, garante último de un sistema que sin él el edificio del saber y del hacer quedaría dañado en su geométrica estructura arquitectónica. Pero el edificio de Kant coloca como fundamento de su pensar no a Dios sino al hombre que lo parió como idea.

Más tarde. El juramento ya no será ante Dios sino ante el líder carismático de turno. Ahora el juramento será público, masivo, en nombre de otras realidades, ficticias, fanatizadas, fuertes, perversas, pero que obliga una vez realizado a cumplir, a «deber por deber». En ese margen de actuación práctica estará ausente la razón, no habrá espacio para sindéresis alguna, no se discutirá lo que está bien o mal. Ahora en el sistema político ya no habrá hombres que puedan obrar injustamente, habrá funcionarios que obrarán fielmente, funcionarios cuya razón privada les obligará a ser escrupulosamente legales.

¡Obedece no razones! Siglo XX. Mejor no olvidarlo, conocerlo, para entenderlo como lo que fue: una barbarie colectiva, no un mero relato entre tantos otros como nos pintan desde las cada vez más masivas filas posmodernas.

Dos artes: medicina y política

Fecha: 12 marzo, 2020 por: dariomartinez

 

Cautela. La mejor vacuna el buen hacer

Es su momento, el de la ciencia médica en todos sus frentes y el de la política como arte que ha de velar por el buen orden del Estado. Una y otra han de cooperar. De ser así las decisiones que se tomen podrán entenderse como prudentes. Ignoramos el futuro pero estamos obligados como ciudadanos a doblegar nuestro hacer particular e irresponsable sustituyéndolo por el buen hacer derivado de la escucha y del cumplimiento de lo que se nos aconseja y se nos comienza a mandar. Cautela, y que nuestros médicos puedan realizar su labor con sabiduría, que abracen el problema hasta dominarlo. Cautela, y que los políticos sepan ver con sus decisiones la trayectoria de vida del conjunto de los ciudadanos de este país.

Valga para estos días la perspicaz guía reflexiva del genial Espinosa. De acuerdo con su ética materialista la medicina se deberá entender como una labor que de acuerdo con la razón promociona la vida del individuo, es decir, se ajusta a la firmeza. Labor ética por excelencia dado que su saber hacer no es otra cosa que el mantenimiento de la vida. “El hombre libre (el médico especialmente) en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida”.  Y también la política, que sería ese arte que ha de velar, siguiendo a la razón, por el bien común entendido como la pervivencia del grupo. De acuerdo con esto podemos decir que la política se ajusta a la generosidad. Labor rigurosamente moral. “El fin del Estado no es otro que el de la paz y la seguridad de la vida. Por consiguiente, el mejor gobierno es aquel con el que los hombres pasan la vida en armonía y las leyes son cumplidas sin violaciones”.

Entre todos, y sobre todo con ellos, luchemos, seamos libres, para poder acometer con garantías de éxito el problema.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/38078/artes-medicina-politica.html

Arte y libertad

Fecha: 19 febrero, 2020 por: dariomartinez

Buen arte. Hace libre al espectador y por supuesto al autor.

Hablemos de la libertad en nuestro marco político. El fin del Estado es la libertad. Este individuo colectivo que ha de velar por el interés común no puede pretender legislarlo todo. El espacio individual de libertad, la particularidad asociada a cada uno de nosotros en tanto que ciudadanos, es algo que entre todos hemos de proteger.

El marco legal compartido ha de permitir que los ciudadanos sean libres. En España la libertad de expresión está consagrada, prácticamente se puede decir de todo. Se puede pedir abiertamente que España desaparezca, es decir que el orden constitucional actual deje de ser o al menos sea ineficaz, siendo sustituido por un orden un tanto arbitrario amparado por los pueblos que lo representan: muchos, variados, variopintos, ingobernables como unión, pero desde sus premisas absolutamente libres. Los límites a la libertad legalmente fijados son aquellos que inciden en la exaltación de la violencia irracional, en la apuesta en suma por la discriminación gratuita o incluso la eliminación física de quien se considera inferior desde la atalaya de la superioridad. La apología del terrorismo es condenable, esto es obvio, y aceptado por cualquiera en su sano juicio.

Vayamos un poco más allá. Intentemos iluminar el asunto dándole brillo con buenos argumentos. Encuadremos nuestro análisis en el ámbito del arte. Aquí la libertad se entiende como ilimitada. Es una simple cuestión de gusto. Cada uno como espectador la recibe como quiera, la experimenta a su modo. La obra de arte es un fin en sí mismo. Su función cobra sentido si logra atrapar al espectador. Una buena obra ha de ser entendida y quien la sienta puede emocionarse. Este momento da como resultado una evasión temporal de la prosa de la vida. Siendo cuestión de gusto, el mal gusto, tanto del espectador como del artista, también tienen su sitio. La libertad de, muy moderna ella, reclamada, estimada, fácil de asimilar es inexpugnable, intocable. Pero a su lado hemos de reivindicar la libertad para, la libertad entendida como capacidad, habilidad, destreza personal para poder ser mejores personas, más reales, más potentes, en el seno de una sociedad de personas. Más capacidad dirigida a uno mismo y a los demás posibilitará que la sociedad sea mejor. De este modo la libertad ha de responder a las preguntas clave: ¿mis actos me hacen mejor persona? Y a un tiempo, ¿mis actos hacen que los otros sean mejores personas? Este tipo de libertad es más exigente, requiere de lucha, saber, rigor, de altas dosis de prudencia, de superación asumida del error, y por supuesto de reconocimiento social. El público es imprescindible. Ante el mal gusto nuestra respuesta como receptores de la obra de arte no ha de ser otra que la falta de emoción, el desprecio del no aprecio. Fijemos nuestra mirada crítica en lo bueno, en lo bello, en el arte cargado de esfuerzo, saber hacer, genialidad; démosle la espalda a lo fútil, hortera, grotesco, irrelevante, ineficaz en el sentido práctico por falta de sentido que pueda ser proyectado hacia cada una de nuestras trayectorias de vida particulares. Lo irrelevante no puede tener un protagonismo que no merece. Intentemos luchar por ser un público exigente. Abracemos una libertad que aliente la razón luchando porque cada uno de nosotros sea mejor.

No hagamos famoso, no le demos el momento de gloria, a quien por su mal hacer no es más que un cualquiera, o que simplemente no es capaz de desbancar a la cosa de su naturaleza y elevarla a arte dejando atrás el artefacto.

En el terreno de Freud

Fecha: 15 febrero, 2020 por: dariomartinez

O Gregorio Samsa o José K

Reciente. Una noche pasada de este mes de febrero. Podía ser una más, pero queda impresa en mi memoria por su impacto.  El sueño se tuerce, el descanso se agita, y la pesadilla me levanta de la cama. No pasa nada, todo en orden, menos yo. Reflexiono sobre lo vivido.  Lo aíslo de la duda metódica de Descartes, lo incorporo a mi trayectoria de vida e intento darle un sentido. Reconozco mis miedos. No son extraordinarios, pero los acompaño de lo que es mi persona.

Durante el descanso nocturno habitual y necesario que en mayor o menor medida ejecutamos para simplemente vivir nuestro cerebro sigue en marcha, es una especie de estabilidad dinámica. Nuestra trayectoria de vida nos hace personas, nos identifica como únicos, nos otorga una personalidad irrepetible. Nuestro presente nocturno es activo y en él podemos vivir momentos de ficción orientados hacia un futuro incierto. Dichas ficciones pueden tener su fuerza.

Un sueño, una ficción que virtualmente actúa en el futuro. Comienza con una prueba inquietante, un examen de oposición, ya se sabe: “muchos los llamados pocos los escogidos”. El azar dispone el tema que he de resolver, las destrezas en forma de saber que he de plasmar sobre el papel. Me toca en suerte: Kafka. He de intentar resolverlo de modo coherente, pero el tema no lo permite. El castillo al que quiero llegar es lejano, muy lejano, no hay camino, no hay regreso, no hay posibilidad de buen hacer. El examen se complica, el tiempo me aplasta. En el intervalo, y sin percatarme, se me entrega la segunda parte de la prueba. Sigo ante las puertas de la ley, el proceso continúa sin resultado favorable alguno. Mis esfuerzos imposibles persisten, sigo fiel al sefardí holandés, pero Espinosa se derrumba. Como José K., Gregorio Samsa  o simplemente K. lo que en ese momento creo que es ficción se transforma en realidad. El revés de la nota una contingencia cada vez más firme. Con todo insisto, el sueño se deteriora, la pesadilla crece. Entrego la primera prueba, sé que Kafka ha resultado un escollo imposible por absurdo, la quiebra de la razón la victoria de la prueba. Me agarro a una esperanza, la segunda parte del ejercicio mi salvavidas. Le solicito al presidente del Tribunal examinador el segundo ejercicio. Ya se me ha dado, pero yo no lo tengo. Me agito pero no lo muestro. Acudo a mi puesto, en la mesa no hay nada. Quizás se lo llevó el viento, busco por todas partes. El agobio se instala en mí, el tiempo me es desfavorable, me estrangula, me limita las posibilidades. Lo encuentro pero al mismo tiempo pierdo la mesa que me servía de plataforma perfecta para plasmar mis habilidades y conocimientos. Repaso con la mirada otras posibilidades. Sólo una. Está próxima, pero está ocupada por un amigo. Se está comiendo una tortilla de patata. Está poco hecha y la grasa se desparrama por la superficie. Se interesa por mi situación pero no reconduce su conducta, primero su tortilla, después mi examen. Se lo muestro con el gesto, no le quiere decir nada porque me parece evidente. No da resultado. Se la acaba, se percata de mi apremio, me cede el sitio. Antes, muy amablemente limpia la mesa. Sin interés, sin necesidad alguna por hacerlo bien. Para ayudarme me quita el folio de las manos y lo deposita encima de una mesa aún ocultada por la grasa de la tortilla. La hoja de la prueba se estropea, no se puede hacer nada. Claudico. Me voy. Ni tan siquiera me muestro enfadado. Asumo la derrota ante una prueba que creía que podía superar con mis capacidades, para la que me había preparado. Dejo el edificio de mis males, intento olvidar. Otro amigo, este con poco tacto. Sigue a Kant, en un mundo gobernado por el sometimiento de todos al imperativo categórico, no hay resquicio para la mentira. Me interroga, me voy de la lengua, me fulmina con su discurso, me incapacita, ante la verdad me hundo. Pierdo toda esperanza. Ahora me he convertido en un horrible insecto: grande, poco grácil, estúpido.

Despierto. Tal vez podría ser pasto para los análisis del viejo Freud. Prefiero ahorrarle el trabajo.

Nuevo gobierno, quizá nueva propuesta orgánica sobre educación

Fecha: 11 enero, 2020 por: dariomartinez

No me esforzaré, lo reconozco. Me limitaré a recoger lo ya dicho en su momento en relación con una de las materias del departamento de Filosofía. Presumo, sin ser un genio, que las nuevas propuestas en materia educativa relacionadas con una asignatura que esté en sintonía con los nuevos inquilinos de la Moncloa pueden ir en esta línea. Más que un diseño progresista, será una maraña difusa de perfil reaccionario sustentada en una idea falsa, por imposible, de una humanidad en paz,  armónica y en equilibrio perfecto con la naturaleza (Krausse y su ecologismo decimonónico). Ahora reproduciré lo ya dicho en su momento, sin añadir ni quitar una coma, espero se me disculpe. También presumo que los problemas relacionados con las prácticas éticas y morales serán trasladados y reflejados en su inmensa mayoría fuera de nuestras fronteras. Así pues:

“Son frecuentes los debates sobre el contenido de una disciplina de dudosa impronta ideológica. Los apuntes argumentativos aquí recogidos son simplemente una muestra de descontento de una parte de un gremio, por lo que sabemos, abiertamente dividido como el de la Filosofía.

La nueva disciplina estrella se nos presenta como una muestra sapiencial práctica, esto es: ética y moral, encaramada en la cúspide del debate público. Eludiremos los asuntos referidos al gremio, es obvio, que cada uno, si bien dividido, persigue el mayor número de horas para sí, pero por esta misma razón el supuesto buen argumentar se torna relativo, referido al grupo, más allá de él, queda exento de validez, y por tanto irá en detrimento de sus particulares intereses. No existe lo bueno y mejor, las horas que cada uno de los departamentos reclamamos, para todos. Pero vayamos al meollo de la cuestión, sometámonos a lo que hay, a la dictadura de lo dado, y después valoremos.

Lo que era la gran perla de la nueva Ley Orgánica Educativa (LOE) se reduce a la ridícula presencia de una hora en el cuarto curso de la ESO (antes la prematuramente envejecida Ética e hija bastarda de la LOGSE contaba con dos horas en casi toda España) en aquellas comunidades gobernadas por el Partido Popular, a la sazón, la oposición política e ideológica al ejecutivo socialista liderado por ZP ¿Y a qué se debe esta decisión política? No es este el lugar para dilucidar tal cuestión. Evitaremos futuras interpretaciones malintencionadas aclarando que muchos de los puntos de vista que esgrimiremos no son en absoluto coincidentes con el principal partido de la oposición. Algunos de sus miembros ya han tragado el anterior anzuelo.

¿Qué contenidos de la nueva disciplina merecen ser puestos en suspenso? ¿Qué consecuencias conllevan? Organicemos nuestro discurso:

1.- La Educación para la Ciudadanía (EpC), al igual que la primigenia Ética, mantiene la confusión entre los términos ética y moral. La confusión se consolida, se afianza, los gestores en materia de educación de nuestro país desprecian intencionadamente cualquier criterio diferenciador entre ambas. Instalados en su plataforma nominalista consideran como disquisición metafísica el adentrarse en el intento de definición de dos términos de raigambre griega y romana con contenidos diferentes. Incluso se aprecia, en el terreno político, la asociación errónea entre moral y derecha, y ética e izquierda.

2.- El preámbulo de la disciplina reflejado en la nueva LOE reivindica una perspectiva claramente relativista. El oscurantista mito de la cultura no permite discriminar, clasificar, sistematizar, criticar e incluso valorar sobre cuestiones prácticas propias de sociedades diferentes a la nuestra. Todas las culturas son igualmente respetables, luego tanta validez moral, tanta buena práctica social, puede tener una tradición de raigambre cultural como la ablación, traumático método de esterilización sexual sobre las mujeres, o la lapidación como mecanismo legalmente elegido para ejecutar una condena.

3.- Viene intitulada la nueva disciplina como Educación para la Ciudadanía. Así, en primer lugar, se acepta sin ningún atisbo de rubor que los receptores de la asignatura son individuos no formados aún como ciudadanos, se duda de su capacidad como miembros activos de una sociedad en marcha, se supone, por tanto, que con la ejecución de sus contenidos cívicos, la nueva formación en valores del alumnado, permitirá forjar nuevos individuos comprometidos con la moral y la ética, igual da, del presente. Permitirá estar, como diría el mismo Ortega, a la altura de los tiempos. En segundo lugar, fruto de una ideología imbuida en la globalización, en el fin de las fronteras, en el vació real de términos tan rancios como nación (en sentido político, de génesis revolucionaria francesa y propia de la izquierda liberal, donde la soberanía se traslada del Rey –Antiguo Régimen– al pueblo), el individuo será ciudadano del mundo, ciudadano de todos los sitios y de ninguno, ciudadano de Canadá, Uruguay, Ucrania, o Galicia, Andalucía, Murcia,&c.; de esta manera, se abren las puertas a la existencia de tantas EpC como pueblos históricos se reconozcan, las propuestas nacionalistas estarán de enhorabuena: Educación para la Ciudadanía valenciana, madrileña, vasca, &c. Por encima de los derechos de los ciudadanos estarán ahora los Derechos Humanos, no los derechos agrupados en torno a un estado-nación sino los derechos de los ciudadanos del mundo. Así el derecho positivo de cada estado no tendrá capacidad para obligar, su formalismo a ultranza permitirá que sea legítimo no cumplir las leyes; sin capacidad coactiva las leyes se tornarán superfluas. Ahora el verdadero derecho aspirará en todos los frentes a ser trasnacional.

4.- Se pretende acríticamente ofertar valores con vocación universal cuando en realidad su alcance es mucho más reducido. Valores como tolerancia, diálogo, no violencia, solidaridad, articularán el comportamiento práctico de los nuevos ciudadanos del mundo o de cada una de las comunidades. La tolerancia será respetar al otro aunque esté equivocado, su opinión es lo prioritario, y escudada en un fundamento tan endeble como el de ser “mía”, así automáticamente adquirirá rango de verdad. No olvidemos que con Kant el sentimiento es un autoconocimiento que permite mostrar con rigor nuestra identidad, todo sentimiento es identitario y todo sentimiento merece el máximo grado de respeto; es autónomo, libre y en él nadie se puede inmiscuir; el núcleo ideológico de los nacionalismos es como vemos kantiano, es de raíz filosófica alemana. En muchas ocasiones, tolerar es combatir el error con buenos argumentos, haciendo ver a nuestro interlocutor la magnitud de su equivocación. No actuar dialécticamente, combativamente, frente al error es un acto de falsa conciencia ajeno a todas luces a la virtud. Diálogo sin límites, panacea de la resolución de todo conflicto, sin percatarse de la existencia de situaciones que se sostienen pacíficamente gracias al encuentro surgido de la ausencia de diálogo sobre asuntos de especial sensibilidad política, moral o ética. No violencia como si esta siempre fuese irracional; no es fútil subrayar la racionalidad propia de prácticas científicas experimentales, en la investigación médica por ejemplo se trata con ratones con el objetivo de paliar patologías humanas graves, caso del cáncer, y es evidente que los roedores objeto de experimentación son elegidos contra su “voluntad”, son coaccionados, no se someten por gusto; y no digamos en el caso de las prácticas violentas, de unir y separar, propias de muchas intervenciones quirúrgicas. Solidaridad entendida con alcance universal cuando puede ser jurídicamente, políticamente y moralmente reprobable. Un grupo de ladrones o de asesinos actúa solidariamente con cada uno de sus miembros, pero sus actos prácticos frente a terceros son inaceptables y ni mucho menos virtuosos.

5.- En relación con la joya de la corona de la nueva asignatura, la persecución por todos los medios, no violentos, dialogados, de la paz. Pero, ¿cómo la entendemos? Universalmente no es propia de este mundo, estaría en el ámbito de lo celestial, de ahí que muchas de las propuestas del actual ínclito de la Moncloa, coincidan, sin que los voceros de la buena nueva (léase Alianza de Civilizaciones) se den cuenta, con la Santa Sede. La pregunta que debe hacerse para comenzar a entenderse es: ¿qué paz? Y esta tiene una respuesta, la de los vencedores (Hegel), la que viene tras la consecución de la victoria por medios no pacíficos, en muchos casos bélicos. Por tanto, existen diversas paces, y a la historia nos remitimos: la paz romana, la paz soviética, la paz cristiana, la paz musulmana, la paz americana, con contenidos diferentes y en ocasiones enfrentados a muerte. Por este motivo, en el mal llamado “proceso de paz vasco” (supone una guerra previa no existente, o al menos que se sepa objetivamente no declarada) se habla de ideas diferentes, la coincidencia es estrictamente fonética, más allá de las emisiones de aire, acudiendo a su contenido, el término paz se torna equívoco; para unos será la victoria de Euskalerría, la independencia del Estado español, la anexión de Navarra y el País Vasco Francés, la instauración de un modelo político socialista y la abolición de la propiedad privada, y para otros será la del Estado autonómico, la de la Constitución de 1978, la de una democracia capitalista de corte socialdemócrata respetuosa con la propiedad privada. Y, en la misma línea, se habla de “Cultura de la paz”, dando a entender la incultura de la guerra, como si esta fuese no humana y bestial, siempre irracional y gratuita. 

6.- Y definitivamente, solamente mencionar el resbaladizo tratamiento ante el que se enfrentará el profesorado al tener que argumentar sobre cuestiones reñidas en ocasiones con la razón, al adentrarse en asuntos del campo de los sentimientos, del comportamiento individual, de sus relaciones amistosas, etc.”

De la violencia y su diferente alcance

Fecha: 30 septiembre, 2019 por: dariomartinez

¿Indiscutible?

Nos dice Celáa: “el diálogo frente a la crispación y frente al camino del desorden o incluso de la posible violencia”. Bajo estas cándidas palabras subyace una idea que de alguna manera nos sugiere que toda acción, por supuesto democrática, ha de ser siempre ajena a la violencia. Pero no debemos olvidar que toda acción coactiva, dada su naturaleza esencialmente violenta, y toda ley en el caso de que no sea voluntariamente cumplida requerirá para materializarse de una fuerza autorizada por un juez que sea capaz de obligar, obviamente utilizando la violencia; uno no va a la cárcel por libre decisión, va porque le obligan.

El despropósito está en que hoy se asume que toda violencia es inmoral, es un  recurso incluso irracional, y sin cabida posible en un Estado de derecho como el nuestro. Esto nos obliga a entender que todo acto caracterizado públicamente como violento ha de ser perseguido. En este confuso terreno de reflexión quien en principio más tiene que perder, si es medianamente hábil, juega con ventaja, y lo hace porque la opinión pública en general, de la mano de los generadores de opinión, no aclaran la diferencia entre violencia legal y violencia ilegal y menos entre violencia y terrorismo. Las tesis panglosianas por fáciles son atractivas. Así los actos de los CDR (Comités de Defensa de la República) pueden en la confusión ser entendidos y calificados de violentos al igual que pueden ser vistos como violentos los actos de los miembros de la Guardia Civil, y esto porque desde el punto de vista del Gobierno español las acciones de los CDR detenidos son violentas en tanto que con ellas obligan a terceros contra su voluntad, en el límite pudiendo poner en riesgo su vida,  o porque potencialmente pueden tener la capacidad de poder provocar daños materiales en instalaciones de suministro esenciales de la comunidad catalana. Al estar al margen de la ley resultan condenables e intolerables por ser ajenas al diálogo (sobrentendido como no violento). El problema es que desde el punto de vista del Gobierno de Cataluña toda intervención coactiva que use la fuerza (y no de la palabra) al derivar de un Estado cuya legalidad no quieren reconocer y si quieren doblegar, la consideran violenta. Al final todos son violentos, las flores dejan paso a las armas, a los explosivos, al secretismo y a una tensión permanente entre una ciudadanía condenada al silencio.

Intentando mermar la confusión general. No toda violencia es inmoral, hay actos violentos nobles, actos como el de empujar con fuerza a un peatón en riesgo cierto de atropello para evitar su muerte. Y por último, los actos terroristas son algo más que actos violentos. El terrorismo que se está juzgando y por el que hasta ahora han sido encausados los siete miembros de los CDR se caracterizaría por actuar de forma arbitraria, sin previo aviso, dejando una marca que los identificase con su grupo y objetivos políticos, y a su vez exigiría que las victimas estuviesen sometidas a un miedo imprevisible asociado involuntariamente a un silencio cómplice.

La obligación de una ministra portavoz del Gobierno es aclarar no confundir a la opinión pública con términos que dulcifican y enredan acciones que exigen de todos nosotros un compromiso de condena máximo.

En fin, en un Estado de derecho la ley ha de tener la fuerza suficiente para poder obligar, coaccionar, a aquel o aquellos que atenten contra el interés general y la justicia. La aplicación de la ley exige del uso legítimo de la violencia, uso no irracional y menos despreciable. Un ley que no es capaz de obligar no es una buena ley.

 

Conflicto entre ética y política

Fecha: 15 agosto, 2019 por: dariomartinez

 

Más allá de las fronteras

El hogar del que un día fue el mundo antiguo dominado por el Imperio romano hoy es una tumba o una vía muerta a ninguna parte. El interés creciente de muchos individuos por huir de su situación de miseria por falta de recursos propios, de iras tribales sin un derecho que fije límites, de gobiernos ajenos a la justicia social en un Estado propio depauperado y con escasas posibilidades, hace del riesgo de la propia vida una necesidad. Como individuos, como personas, nuestra obligación es velar por el mantenimiento de la vida y además es obligación de todos luchar por promocionarla, por hacerla mejor. Este acto ético por excelencia se llama generosidad. Si este acto por razones que no es el momento de analizar no es posible hacerlo en el origen, la obligación entonces pasará a ser un deber en forma de imperativo en la fase final; es decir en el momento en que estas personas una vez rescatadas en el mar pidan ser llevadas a un puerto seguro donde tengan al menos una mínima opción de poder ser libres, de luchar por ser mejores y de mantener su vida. Insistimos: en este terreno los actos humanos son entre individuos, la persona individual en tanto que es como nosotros, más allá de nuestras diferencias culturales o socioeconómicas, ha de ser tratada bajo parámetros estrictamente éticos.

Ahora bien, el mismo asunto ha de ser visto también desde parámetros políticos. Los ejecutivos europeos, principalmente Italia y Malta, con el beneplácito del silencio del resto de sus socios o con un hacer diplomático pasivo, se niegan a dar entrada en sus aguas primero y ahora en sus puertos, tras la decisión de un tribunal de la región de Lacio, al buque «Open Arms» con inmigrantes (aclarar que desde el punto de vista de los países europeos son inmigrantes, desde el punto de vista de los individuos que están a bordo son emigrantes, se trasladan de un Estado a otro en busca de posibilidades de futuro y de una nueva vida que les otorgue derechos y deberes. En el terreno político no hay migrantes porque hablamos en un contexto ineludible de fronteras nacionales). Los gobiernos de cada país han de luchar por mantener la vida de sus ciudadanos, del Estado, para ello han de poner en marcha medidas políticas que den estabilidad, medidas de justicia política que permitan dar soluciones parciales a problemas endémicos, diluir las desigualdades sociales, evitar conflictos internos que conduzcan al desorden, en el caso límite a guerras civiles, atender a las reivindicaciones de los diferentes grupos sociales para poder en la medida de posible satisfacer sus demandas. Tarea poco reconocida, ingrata, pero que de orientarse al equilibrio de la justicia hará del gobernante un buen estadista.

Por tanto, la justicia política en muchas ocasiones le da la espalda a la justicia social – es decir la política a la ética-, y esto hace que en este caso particular muchos individuos se vean en terreno de nadie o fondeados sin poder atracar en un puerto que les pueda asistir, siendo así arrastrados contra su voluntad al abismo de la muerte por inanición.

Por todo ello este asunto no ha de verse en exclusiva desde el prisma ético ni desde el prisma político, no debemos olvidar que el problema será siempre en sus posibles soluciones limitado. Es indispensable triturar la idea infantil y buenista que vaticina una respuesta definitiva y armónica entre ética y política. Los filósofos griegos ya lo sabían, de ahí que a partir de ellos fuese siempre tema prioritario de reflexión, desde una filosofía política y una ética que trabajando con ideas sólo podía alcanzar soluciones orientadas a la verdad; razonables, sí, pero sobre todo problemáticas por ser esencialmente no dogmáticas, abiertas a crítica, a mejora, a otras posibilidades. Se evitaban así las consecuencias nefastas de propuestas fundamentalistas nacidas al albur de los grandes ideales. Además se abría de este modo el paso a una posible solución derivada del derecho que en su materialización diera como resultado un equilibrio tenso y difícil entre ética y política, todo ello en un intento por abrazar lo justo.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/35445/conflicto-entre-etica-politica.html

¡Cuidado con la felicidad!

Fecha: 23 mayo, 2019 por: dariomartinez

 

El gran santo de Hipona, Agustín, nos colocaba sobre la pista. Por próximo y cotidiano hasta el extremo de vivirlo inexorablemente todos somos conocedores y por lo tanto podemos legítimamente opinar sobre el significado del tiempo. Es así que todo el mundo sabe lo que es a no ser que se le pregunte. Aquí la cosa cambia. Si uno es atrevido lo que imprudentemente hace es más o menos divagar, y en esta papilla de opiniones trilladas lo que sale es algo vago, tremendamente confuso y por supuesto ubicado en la esencia misma de un yo no menos confuso. En última instancia el proceso decidido de introspección nos lleva al silencio, refugio sincero de una verdad asociada a un Dios desconocido, aislado en su voluntad infinita de la razón y conocido por el que sólo tiene fe.
Dando un salto a nuestro presente en marcha. Leo en su periódico una entrevista a Margarita Álvarez, impulsora del Instituto de la Felicidad de la empresa de refrescos más famosa y poderosa del mundo. La felicidad en forma de chispa de la vida flota en el aire. Es conocida por todos, sólo aislándose ascéticamente del mundanal ruido puede uno obviarla. Es cercana, es inmediata, es confusa pero sobre todo es dominadora, poderosa, y por supuesto una técnica eficaz para el control del ciudadano libre y consumidor. La idea de felicidad, extraordinariamente cambiante, con sus contenidos dinámicos y heterogéneos, se nos quiere vender como un concepto, como un hecho empírico sito en el espacio y en el tiempo, tridimensional, seguro, medible por una ciencia entendida en su hacer diferencial y específico como ontológicamente comprometida con la verdad al poder objetivamente describir una realidad accesible a los sentidos. Así la felicidad es una situación de actividad vital situada entre los dos hemisferios del cerebro del lóbulo parietal y concretamente en el precúneo. Más sencillo, es un aumento en dicha zona del volumen de la materia gris de nuestro cerebro y que opera causalmente en la toma de nuestras decisiones, por supuesto impregnadas de emociones dirigidas a nuestro bienestar y felicidad.
Para lograr ser más feliz se recomienda una especie de budismo laico, muy del gusto de un occidente posmoderno, que nos ayude a sumergirnos en nosotros mismos, elevar nuestro grado de ensimismamiento y dejar de lado los problemas de los demás, es decir despreocuparse hasta cancelar una virtud ética como la generosidad o lucha por hacer del otro mejor persona. ¡Si eso lo realiza un médico a tiempo completo vamos apañados! Eso sí, cada uno de nosotros sería individualmente más feliz.
En fin, la felicidad no es una categoría científica de la que se pueda dar cuenta de forma definitiva, no se puede sistemáticamente clausurar a modo de teorema matemático, tampoco es individual sino que ha de entenderse en un marco social en marcha y que depende de los demás. Los que me rodean me han de importar y sólo el sabio es feliz cuando no se desliga de las vicisitudes del presente que le toca vivir. Hoy erróneamente creemos que ser feliz parece ser una virtud individual cuando menos egoísta.
Los resultados de las ciencias, caso especial de la neurociencia en lo relativo a la felicidad, hemos de entenderlos como ideológicos y esto porque es una idea que no puede reducirse, sin caer en la mentira, a categoría científica.
En definitiva, hoy la felicidad no es otra cosa que una idea mito que urge triturar en sus contenidos perniciosos.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/34537/cuidado-felicidad.html

 

 

Parto y libertad

Fecha: 28 abril, 2019 por: dariomartinez

En nuestras manos está la razón

Noticia local que trasciende a lo nacional. Una mujer es obligada a parir en el hospital por riesgo médicamente evaluado para la vida de su hija. La obligación llega de la fuerza puesta en acción de un poder legítimamente constituido como es el judicial. Se emplea la violencia pero esta es por lo pronto racional.

Con el visto bueno médico  dicho ejercicio de poder es propio de una autoridad del Estado que en este caso ayuda a crecer, a ser mejor en tanto que salvaguarda con más garantías la vida, es decir, ayuda a eliminar riesgos innecesarios para la salud de una vida que está por llegar y necesita de la máxima protección. No está de más recordar que para ratificar lo hasta aquí expuesto el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Insistimos, a la seguridad de su persona.

De otro lado están las reivindicaciones de la madre y el colectivo al que pertenece. Básicamente se centran en la idea de libertad. Se resumen en una autonomía asociada a una idea de libertad entendida como actuación libre de obstáculos que puedan impedir la materialización de sus deseos. Es lo que en filosofía se llama libertad de que traducido quiere decir en este caso: “mi decisión, mi parto, mi cuerpo, mi bebé” Reconocemos que es prioritaria su defensa pero lo que hemos de señalar es que la libertad es más amplia, se ha de conjugar con la libertad para o capacidad que cada uno de nosotros tiene para poder racionalmente ser mejores personas sorteando barreas,  superándolas, en el marco de una sociedad en marcha, en un ámbito legal por todos asumido, y teniendo en cuenta que vivimos con otras personas. Querer hacer lo que uno quiere al margen de la ley ha de implicar la necesaria asunción de mi responsabilidad, eludirlo es arrepentirse, es desligar lo que fuimos de lo que somos y esto no es virtud.

Es evidente que del lado de la libertad está inseparablemente unida la ética. Destacamos como virtud ética ligada a la lucha por la libertad la generosidad o perseveración en el ser otro humano, en este caso la niña por nacer. Perseverar en la vida de otro tiene como límite la propia vida (el riesgo en la gestación de la vida de la madre puede legalmente justificar un aborto).

En definitiva, la libertad se enriquece con la generosidad, poner en riesgo innecesario la vida de una niña que está por llegar en aras a una autonomía mal entendida, por mutilada, es un error. Al igual que es un error no reconocer el error. Por cierto, y para finalizar,  uno no puede ser dueño de su cuerpo porque para ser dueño de algo ese algo ha de ser ajeno a mí y hemos de dejar claro que yo y mi cuerpo somos uno, no hay vida sin cuerpo, yo soy mi cuerpo. Es evidente que seguimos presos del idealismo cartesiano que entiende al yo como diferente del cuerpo.


https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/34265/parto-libertad.html

 

Falta de compromiso, falta de ética

Fecha: 14 noviembre, 2018 por: dariomartinez

No hace mucho se aprobó una propuesta en el Congreso de los Diputados que por excepcional fue noticia. Contó con el poco frecuente apoyo de los cuatro grandes partidos representados en la Cámara Baja. ¿Qué contendido pudo atraer las simpatías de grupos tan abiertamente enfrentados e ideológicamente dispares? Dicho acuerdo no era otro que el colocar la primera piedra para que la Filosofía volviera a ocupar su espacio en el ámbito educativo no universitario. Se reconocía el error cometido en la LOMCE y se proponía una estructura de tres años. El objetivo era dar una mínima continuidad y una necesaria obligatoriedad en lo que se consideran saberes de nuestra tradición occidental relacionados con la verdad, la realidad, el conocimiento, el bien, la justicia, etc. Dicha estructura debería iniciarse con una materia tan comúnmente utilizada en nuestros espontáneos discursos y a la vez tan desconocida como es la Ética. Pues bien, el hacer de la labor propia de un gobierno se mide, entre otras cosas, por su grado de compromiso con lo prometido. En la propuesta educativa presentada para la elaboración de una nueva ley educativa no se recoge nada que tenga que ver con una materia seria, en cuanto a sus contenidos y a su tiempo, relacionada con la Ética en 4º de la ESO. Los ideólogos del socialismo español por el momento guardan silencio ¿Por qué sus voceros se desentienden del asunto? ¿Por qué se toman estas medidas y no hay ni un atisbo de rubor? ¿Por qué no se hace lo que se dice y se aprueba en el congreso? ¿Por qué se dice lo que no se hace en el ejercicio del poder? Podríamos decir que es un simple caso de mentira política, tan familiar que resulta por habitual parco en interés. Pero el problema alberga más calado. Nuestros gobernantes se encuentran situados en una posición de saber tan elevado que impide que el resto de los ciudadanos podamos siquiera acceder a él. Su saber es sectario, exclusivo, y es además un saber gnóstico que sólo pueden los privilegiados conocer, especialmente vía fe, que no razón. Por lo tanto están en condiciones de incumplir cuando les plazca, y están en condiciones de no tener que rendir cuentas porque el que ha de escuchar simplemente no sabe.

Así pues, no se introduce la Ética porque su conocimiento es natural, espontáneo, especialmente si uno se adhiere a una posición socialdemócrata errática como es la del actual partido en el poder. Es obvio que en el campo de la educación seguimos dirigidos por iluminados. La sombra de Wert es alargada.