Confusión sin salida

Fecha: 31 enero, 2018 por: dariomartinez

Contra la confusión sin salida: Cataluña hoy

La mayoría de nosotros durante estos días hemos reflexionado con mayor o menor grado de acierto sobre la situación derivada del conflicto nacionalista y secesionista en Cataluña. Parece claro que a la hora de abordarlo la dicotomía tradicional e ideológica entre izquierda y derecha no sirve para superar la aporía a la que nos conduce la posible declaración unilateral de independencia por parte de los miembros del Parlamento de Cataluña. El formato doctrinal de ambos posicionamientos ideológicos es extremadamente confuso y esto se retroalimenta con un agente aún más distorsionador como es el nacionalismo de corte étnico, que no político, identificado con el pueblo, con su espíritu o lengua y por supuesto con su territorio y correspondientes fronteras, estos es: una nación un estado, el carro delante de los bueyes.

Ahora bien, ¿es posible sacudirse esta pesada carga de dominio y permanente confusión en la que incluso nos parece que desde cada una de dichas plataformas ideológicas el que no piensa igual es simplemente tildado de fascista? No hay soluciones fáciles, no me considero del tipo de líder carismático e iluminado capaz de encontrar soluciones sencillas a tensiones sociales permanentes y difíciles, pero si podríamos decir que para ir un poco más allá del fango político en que estamos instalados, por causa de una sobreinformación que no somos capaces de asimilar, si valdría acudir a los griegos, a los primeros filósofos. ¿Por qué no ver el conflicto catalán de hoy como un debate entendido como combate dialéctico entre ideas defendidas por quienes se ponen del lado de Sócrates y los que se ponen del lado de los sofistas? No es una cuestión entre derechas e izquierdas, es una cuestión en torno a la pervivencia del Estado, entre socráticos y sofistas. Para los primeros el cumplimiento de la ley es una obligación, cumplirla es la pieza angular indispensable para que el individuo, en tanto que miembro de la sociedad, aspire a ser libre y además se esfuerce en procurar el bien común entendido como vivir bien del conjunto de los ciudadanos. Para los sofistas, en cambio, lo prioritario es el interés particular, no obedecer las leyes puede resultar más beneficioso, el arma de la retórica, del discurso orientado a las emociones, a los sentimientos ajenos a la verdad y a la justicia, es poder; un sistema político como el nuestro trufado y dirigido por minorías rebeldes que imponen sus intereses particulares, al albur de una mayoría dominada por la desafección o el desinterés por la política, es un motivo perfecto para que la democracia se corrompa y se transforme en demagogia. Luego, el problema de hoy ya no es una cuestión que se resuelva acudiendo a parámetros políticos modernos como los de izquierdas y derechas, mejor sustituirlos por parámetros más claros, más tradicionales, como los de sofistas y socráticos.

Para acabar y aclarar el asunto dejemos hablar a Sócrates en el Critón o el deber de Platón: “Pero también los que permanecen, después de haber considerado detenidamente de qué manera ejercemos la justicia y qué policía hacemos observar en la república, yo les digo que están obligados a hacer todo lo que les mandemos, y si desobedecen, yo los declaro injustos por tres infracciones: porque no obedecen a quien les ha hecho nacer; porque, desprecian a quien los ha alimentado; porque, estando obligados a obedecerme, violan la fe jurada, y no se toman el trabajo de convencerme si se les obliga a alguna cosa injusta; y bien que no haga más que proponer sencillamente las cosas sin usar de violencia para hacerme obedecer, y que les dé la elección entre obedecer o convencernos de injusticia, ellos no hacen ni lo uno ni lo otro”.