Paradojas de la lucha contra el cambio climático

Fecha: 13 febrero, 2020 por: dariomartinez

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También N2O y CH4

Es una noticia muy reciente, publicada el 29 de enero del mes pasado, extraída de “Energías renovables. El periodismo de las energías limpias”. El artículo lleva por título: “España importa electricidad de Marruecos dos veces más intensiva en carbón que la nacional”. Se sitúa en nuestro vecino del sur pero tanto sus causas como sus consecuencias tienen una notable presencia en España, concretamente en aquellas zonas donde la instalación de centrales térmicas, alimentadas con carbón para la producción de energía, es (y va camino de dejar de ser) mayor: Castilla y León, Asturias y Aragón.

El artículo recoge una situación anómala por no ajustarse al orden deseado y ejecutado desde los gobiernos europeos. Desde la Unión Europea (UE) se están activando políticas económicas, a nivel de gestión y planificación, un tanto imprudentes. Se pide la cuadratura del círculo. Queremos generar energías limpias, pero a la vez nuestra industria necesita de un suministro eléctrico estable, no sólo suficiente, es decir independiente de los vaivenes climáticos: fuerza del viento, horas de sol. El precipitado programa de descarbonización trae como consecuencia que las grandes industrias aprovechen la ocasión para poder justificadamente, legalmente, deshacerse de sus centrales térmicas más obsoletas y menos rentables. El capital privado, una vez vendido nuestro patrimonio industrial y energético, al ser independiente del poder del Estado, no se le puede exigir que haga aquello que los políticos demandan. Así los cierres no van acompañados de puestos de trabajo alternativos, las zonas más afectadas, por ejemplo en Castilla y León: Ponferrada, Alto Sil y Valle de Laciana se hundirán en la miseria, con la consiguiente despoblación derivada de una traumática deslocalización.  Estas son las consecuencias de un ajuste brusco, poco meditado, poco prudente. Luego los cierres de las térmicas: Compostilla en León, Soto de la Barca o Lada en Asturias,  Andorra en Aragón no significa que las grandes empresas de consumo electrointensivo, o nuestros hogares, dejen de consumir electricidad, tampoco significa que los nuevos vehículos eléctricos ya no necesiten cargar para funcionar. De este modo es muy atractiva la importación de electricidad de terceros países que ejecutan sus planes de gobierno al margen de la UE. Es un error hacer política en nombre la humanidad y del planeta, no todos tienen las mismas necesidades, no todos pueden ejecutar los mismos planes de sostenimiento de la capa basal de cada uno de los Estados. No ajustar la acción política a la dialéctica de estados es imprudente. La noticia no achaca el problema al consumidor, ni a los planes del ejecutivo español amparados y estimulados desde Europa, tampoco se añade, vendría después, que el reparto de  los “fondos verdes” europeos ha dejado en principio a España en una situación de debilidad para avanzar en un proyecto de transición ecológica justa; los beneficiados: la inexpugnable Alemania, que a favor de sus intereses, controla a la UE a su antojo, y Polonia, nuevo aliado germano, que reciben buenos fondos gracias a su apuesta por la conservación de sus yacimientos  mineros, en el caso de Polonia, y por la construcción de una térmica de gran capacidad por parte de Alemania, obviamente una central ecológica y sostenible, ¡faltaría más!. Tampoco dice nada la noticia de la importación de electricidad limpia y de alto riesgo procedente de Francia, concretamente de sus centrales nucleares.

El carácter científico de la noticia es mínimo. Una lectura científica del tema disuade al potencial lector, al público no se le puede exigir una lectura tediosa, difícil, rigurosa, en base a datos y a estadísticas. Por otra parte es obvio que el tema no es sólo científico, ya podemos decir que el componente ideológico de fondo es ineludible, porque de lo que se habla es de las causas y de las consecuencias del cambio climático, y éstas se asocian con los hábitos productivos humanos, concretamente con la emisión de CO2, N2O y CH4, los llamados gases de efecto invernadero, y el aumento de la temperatura de la Tierra. Luego el asunto no es en rigor exclusivamente científico (de ahí: “consenso generalizado de la comunidad científica”, más en términos políticos que gnoseológicos, en la línea de T.S. Kuhn y su apuesta por la quiebra de la razón), y no puede serlo, porque dicho principio coordinador de todos los asuntos relativos al cambio climático en forma de leyes y teoremas que den cuenta de un campo perfectamente delimitado de análisis de una realidad tan compleja como es la del clima global, depende, para ser preciso por verdadero, de una respuesta científica que anule las voluntades, que neutralice a los seres humanos en tanto que contenido temático esencial al ser entendido como causa del deterioro climático. Pero este intento en aras del rigor y de la verdad, corre el riesgo de actuar al margen de las necesidades de los ciudadanos de cada uno de los Estados. En conclusión, los resultados entendidos como verdaderos en este tema, en forma de cierres que expliquen los fenómenos de forma precisa, esencial, atendiendo a sus causas últimas, y si estas son estrictamente humanas, antrópicas (si no responden a un cambio climático ajeno al hombre, no serían pues anantrópicas: excentricidad de la órbita de la Tierra, oblicuidad y precesión de los equinoccios, según los ciclos de Milankovitch) entonces los cierres serán flotantes, sometidos a discusión, problemáticos, porque los principios reguladores ahora serán fruto del consenso, del acuerdo político, de los intereses de los diferentes Estados por satisfacer las necesidades de sus ciudadanos. En esta dialéctica, los acuerdos dependerán por tanto de los ejecutivos de EE.UU., China, Rusia o Australia (por cierto, país más contaminante por habitante), países que no están por el acuerdo. En definitiva, los resultados de la ciencia servirán para entender que la estabilidad de los Estados periféricos de Europa dependerá cada vez más de los países vecinos, de sus interconexiones energéticas. Más  pobres, más inestables. Someterles a aranceles verdes puede ser una rémora a corto y medio plazo, su inestabilidad derivada de la miseria o de intereses internos enfrentados puede arrastrar a muchos de los suyos a territorios más estables. Sin futuro la emigración pasa a ser una necesidad a la vez que una esperanza no ficticia.

Me viene a la memoria, si bien plagiándola y quizá tergiversándola, la frase de Unamuno: ¡qué contaminen en ellos!

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