No es país para exigencias

Fecha: 30 junio, 2019 por: dariomartinez

¡Qué produzcan ellos!

Son los años 90 del siglo pasado. La euforia de ser oficialmente europeos nos embarga. Por fin la salida a nuestro atraso histórico y con él a nuestros problemas. Las reconversiones ejecutadas en sectores como la minería y la siderurgia habían reconstruido un nuevo terreno de juego productivo. La meta diseñada con la astucia del que sabe hacer las cosas con la falsa sonrisa del amigo ya estaba fijada. Nuestro nuevo compromiso como país consistía, entre otras cosas,  en ajustar nuestra deuda a unos parámetros de saneamiento muy exigentes. La solución solo parecía ser una: vender todo nuestro tejido productivo, energético y de transportes para sanear de una forma rápida, y para asombro de Europa, nuestras arcas. Lo mejor de la capa basal de nuestro Estado lo poníamos en manos del comprador más fuerte.  Las empresas que por sus dimensiones, estructura, capacidad de competencia, agilidad en la distribución, con cotas importantes de mercado y que más ingresos aportaban al Estado eran vendidas. El objetivo cumplido, el presente ganado, el visto bueno de nuestros socios europeos también. España entra en la unión monetaria europea por la puerta grande. La derecha liberal de los gobiernos socialistas de Felipe y Aznar había cumplido, el proceso privatizador zanjado. Las felicitaciones alemanas y británicas sinceras y ostensibles. Ahora somos del club europeo, somos serios, somos respetados…y pintamos menos, tanto aquí como con los que por tradición, lengua y amistad fueron nuestros hermanos de la América hispana.

Todo según el guion. El presente garantizado, finales de los 90 inicios de nuestro siglo. Los gobiernos han de velar por nuestro bienestar social, su tarea de gestión, planificación y redistribución de la riqueza se ha de orientar a una justicia social que facilite la convivencia. El Estado pierde toda la capacidad material para poder producir riqueza, carece de industrias que puedan generar unos ingresos que le permitan paliar eventuales penurias o desequilibrios sociales.  Ahora el único mecanismo para poder aliviar las arcas del Estado son los impuestos. Los más seguros son los relacionados con el consumo. Llegan a todos pero tiene como efecto el castigo de los más débiles. Además los paraísos fiscales y la evasión hacen que la presión recaudatoria incida con mayor pulcritud y rigor en las clases medias.

Por si fuera poco, las industrias de peso ya no están en nuestras manos, el Estado no cuenta con una mínima presencia en su accionariado. Fue una opción fácil vender. En cambio hoy comprar o nacionalizar una quimera, no hay vuelta atrás, la simple insinuación política de dicha estrategia económica nos penaliza.

Nuestros representantes nacionales (ministros del ramo) o autonómicos (consejeros) ya solo son espectadores. Las empresas hacen y deshacen a su antojo. El marco legal del capitalismo liberal triunfante se lo garantiza, luego nuestros representantes políticos podrán mostrar su acuerdo o su desacuerdo, pero no podrán, porque tienen sus manos atadas, exigir nada. No lo olvidemos: exige quien puede, y quien puede tiene autoridad. Visto así es fácil entender el culebrón de Alcoa y la justificada indignación de sus trabajadores. Y también plausible entender que desde Pittsburgh hagan lo que consideren más oportuno para sus intereses.

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/34923/pais-para-exigencias.html

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