La ética de Spinoza hecha realidad: Quini

Fecha: 1 marzo, 2018 por: dariomartinez

Falleció un hombre engalanado en la virtud de la fortaleza. Es una virtud de los menos, es de los sabios, y lo es porque necesita ser protagonizada por una persona modesta. Quini lo era, todos sabían que lo era. Ser modesto es no acabar chapoteando en el fango de la gloria, en el semillero del error y de lo cambiante a ritmo de montaña rusa. Quini no era un famoso altivo, distante y soberbio, todos sabían que no lo era.

Ser sabio es conocer lo necesario y luchar por ser (conatus), luchar con nuestras armas en pos de la vida, es superar el error que nos conduce al no ser, a la tristeza gobernada por los afectos en forma de sinsentidos ruines, afectos que nos deterioran, que nos deshacen inexorablemente como personas. Dos cánceres, uno de colon, otro en la cabeza pudieron doblegarlo, pero lucho y sí: triunfo, alcanzó la alegría, y lo hizo como mejor sabía: en el Molinón, ante los suyos, ante su mejor escaparate frente a los demás, con la modestia del sabio. Quini era firme, todos sabían que lo era.

En una fatídica tarde de verano perdió a su hermano tras un acto de generosidad de tal magnitud que yendo más allá de la verdadera sabiduría hizo que se sometiera al olvido de la firmeza, falleció salvando de las fauces del mar a tres imprudentes y jóvenes bañistas. Perdió a su hermano y compañero de equipo en un momento cuando menos inoportuno. Quini se rehízo como persona, en su recuerdo su hermano, en su persona los Castro. Quini era firme, todos sabían que lo era.

Entre medias, un secuestro, una vida propia arrebatada en vida y condenada al sufrimiento de un zulo. Con miedo, pensando siempre en los suyos, fue rescatado por un país que lo buscaba porque simplemente lo quería, porque simplemente reconocía en él a una buena persona. Quini volvió a ser dueño de su vida, como sabio supo perdonar, supo que los otros reconociesen su error, ¡qué grande!, ¡qué difícil! Quini era firme y generoso, todos sabían que lo era.

Ser sabio es conocer lo necesario y luchar por el ser de los demás, ser útil a los demás porque no hay nada más útil para el hombre que el hombre (dejemos a Dios a lo suyo). Nos dice Spinoza en su ética: “los hombres que se gobiernan por la razón, es decir, los hombres que buscan su utilidad bajo la guía de la razón, no apetecen para sí nada que no deseen para los demás hombres, y por ello, son justos, dignos de confianza y honestos” Esta acción práctica es la generosidad, es la virtud que se adueña del deseo racional por hacer del otro mejor persona. Como jugador perseguía lo mejor para sus compañeros, ellos hicieron grande a Quini, Quini les hizo grandes a ellos, y vaya si lo hizo. Ellos fueron grandes porque Quini también los hizo grandes, su generosidad fue limitada sí, pero llegó al límite humano. Deja los terrenos de juego, pero no deja a los que quieren disfrutar y hacerse buenas personas en el campo; está allí, con los más pequeños, con los que buscan un camino, un itinerario de estrellas que les conduzca por el proceloso mar de un mundo, el del fútbol, desconocido. Quini era esa generosa brújula que nunca faltó en Mareo. Quini era generoso, todos sabían que lo era.

Las etapas de la infancia son alegres, los niños están llenos de horizontes por conocer, están llenos de ganas de vivir, son felices. Pero no es el caso de todos, para ellos había un hombre generoso, para aquellos que sufren una dolencia tan grave como el cáncer, para aquellos niños que han de mudar del parque y la piscina su vida a la cama de un hospital en el área de oncología, para ellos hay la presencia, la sonrisa de un hombre: Quini. Quini era generoso, y todos sabían que lo era.

Muchos son las personas con síndrome de Down. Los que personalmente conozco son del Sporting, miento: son de Quini y lo son por sus méritos, méritos reconocidos desde la bondad y la modestia de una estrella triunfadora que es como ellos, que lo perciben como ellos porque era un persona comprometida con lo que prometía, era una persona que estaba con ellos, con una llamada de aliento, con un abrazo, con una eterna sonrisa imposible de olvidar. Quini era generoso, y todos sabían que lo era.

El amor de Quini era útil, y lo era porque nos hacía mucho mejores, nos hacía creer que podíamos ser como él. Sus acciones lo elevaron a mito, pero no un mito de pacotilla confuso y dominador, sino la de un mito claro, transparente, iluminador, necesario. Quini era sabio porque se preocupó de lo más importante: de la vida. Y esto sólo a hombres como a él los convierte en seres realmente merecedores de la categoría de felices. Hombres que como muy bien sabía el safardí Spinoza eran los menos. Quini era feliz, todos sabían que era feliz.

A diferencia de otras éticas, la de Spinoza es posible hacerla realidad. Quini la hizo, y la hizo, al menos aquí en su tierra eterna. En nuestro recuerdo su presencia.

 

 

 

 

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