ENCADENADO A LA VIDA, ENCADENADOS A LA MUERTE

Fecha: 17 enero, 2021 por: dariomartinez

*Enviado tiempo ha para su publicación. Con poca fortuna. Rescatado y añadido para…no lo sé. Igual da. 

Resumen

Dilema ético. Se acude de forma indirecta a Espinosa para resolver una cuestión trágica en la que se ha dirimir entre la vida de un hombre y la muerte de otros cuatro. Nuestro piloto de helicóptero, salvando un evidente anacronismo, podría ser el sefardí holandés. Acudimos a las últimas reflexionas de quienes se hallan en la embarcación, todas ellas salpicadas de una visión ética más o menos vinculada a la forma de entender nuestras relaciones con los demás, nuestra vida práctica, de este gigante de la filosofía. Anudado en torno a la presencia y ausencia de la firmeza y de la generosidad éticas. En el fondo el reverso de la ética formal de Kant.

Desde el helicóptero

    Es un día soleado, frío y de fuerte viento del este. La mar está picada, olas de cuatro metros. Se divisa una embarcación de pequeñas dimensiones con cinco tripulantes a bordo. Su vida corre peligro, parecen estar agotados, con sed y hambre, a simple vista sufren síntomas de hipotermia, destaca su profundo silencio. Urge rescatarlos. La tripulación del helicóptero que sobrevuela la endeble embarcación informa de la situación a los servicios de rescate que se encuentran en la base de operaciones. Todos ellos evalúan la situación. Se confirma lo que ya temían: el combustible con que cuentan es escaso. Se analiza y se concluye que con él solo es posible salvar a una persona y continuar el viaje de regreso a la base con garantías. La tripulación del equipo de Salvamento Marítimo sabe quiénes son los cinco miembros a la deriva:

1.- Una anciana que regresa a su país con la intención de ver a su hijo y a su nuera por última vez

2.- Un narcotraficante buscado por la policía internacional, con orden de captura

3.- Una mujer embarazada en un grado de gestación avanzado

4.- Un joven inmigrante que huye de la miseria de su país natal y busca nuevas oportunidades

5.- Un médico e investigador que tras un laborioso trabajo ha podido dar con la fórmula para poder fabricar una vacuna efectiva contra una enfermedad endémica y mortal

 

Piloto de la nave (Hablando en voz alta, reflexionado para sí mismo. Dominado inicialmente por la impotencia) {1}¡Casi mejor no lo saber, ahora la decisión es mía, sólo mía! Siempre fui de la idea de que el saber te hace mejor, al menos te da ventajas a lo hora de lograr tus objetivos. Saber es necesario para ser mejor convirtiendo mis acciones en más útiles, incluso creía que era mejor para ser feliz. Veo que me he equivocado. ¡Quisiera salvarlos a todos! De no saber nada de ellos serían cuatro vidas ahora mismo anónimas las que perecerían atrapadas por el mar. El resultado de mi acción, por simple azar, o destreza en su lucha por la supervivencia, sería incluso noble, hasta heroico {2}. Nadie me podría reprochar nada. Lo haría, después intentaría despejar mis ideas, iniciar un proceso de olvido con quienes conozco, quedaría con mis amigos, eludiría el tema, hablaría como si nada, trataría temas banales, me protegería de todo lo vivido ¿Qué digo? ¡De lo mal vivido! Si acaso todo quedaría en el círculo de mi familia. Suerte de vida sería ésta… tranquilidad, los malos tragos sumergidos en el olvido…. Nada ajeno a mi profesión. Pero esto no es lo mismo. La responsabilidad última es mía, sólo mía (repite  nuevamente, esta vez bajando la voz, le molesta escuchar una verdad tan dura. Ahora sí, el ruido de los motores oculta su pesar).Debo cumplir con mi deber, he de salvar vidas, he de ser generoso, ese es mi cometido {3}. (Ahora más tranquilo, intuye {4} lo que ha de hacer). Por eso mi decisión ha de ser rigurosa con mi obligación. Mi deseo no ha de ser caprichoso, ha de ser propio de una voluntad de mi alma {5} dirigida a la necesidad. Sé intuitivamente que he de salvar vidas y esto me llena de gozo, me hace feliz y verdaderamente sabio. No todos podemos ser sabios y felices, sólo los menos {6}, y yo tengo el privilegio de poder decir que estoy entre ellos. No es soberbia, es fe en mi trabajo. Mi felicidad consiste en impregnarme de la realidad que me toca vivir. Mezquino sería eludirla dejándome llevar por los afectos dominados por sinrazón. El destino al que ahora todos hemos sido arrojados es desalentador pero peor sería no hacer nada o eludir mis responsabilidades. La apatía es una falta de compromiso poco virtuosa. Mi acción puede alcanzar la eternidad {7}, incluso, por racional, puede ser entendida como divina, de amor, incluso a Dios {8}. Esto es la libertad {9}: cumplir racionalmente con la necesidad del momento. Mi decisión así será autónoma por el simple hecho de ser útil al mantener un mayor número posible de vidas. Este es mi cometido, esta es mi lucha. Difícil, pero he de reconocer que este es el resultado de mi trayectoria de vida. Espero que como resultado me haga mejor que no más famoso. Ni lo busco ni lo quiero.

Copiloto. No hay salida. Hemos de actuar ahora mismo. El tiempo apremia. Entiendo tu enfado. Si te sirve de algo…también entiendo tu postura. Ahora toca decírselo. Hemos de informarles y pedirles lo imposible, han de colaborar para saber que van a morir, que no tienen posibilidades, su vida ahora no es suya,  sólo les pertenece el trago amargo del difícil transito a la muerte.

Torre de control. Debe iniciarse el rescate. Iremos preparando el operativo en tierra. Suerte. Permaneceremos en contacto. Tengan cuidado, el viento del este es cada vez más fuerte. La decisión es suya. Todo el equipo confía en ti.

Piloto. (Tarda en responder). Recibido. Lo sé. Anunciemos la situación (al copiloto).

Son informados, con todo y en un primer momento se omite quién será el naufrago que va a ser rescatado.

Se inicia la maniobra de aproximación. Comienza el descenso el responsable del grupo de rescate, asegura su arnés a la polea. Comienza la fase de descenso, se oye el paso de la cuerda sobre la rueda, el ruido del eje inunda el momento. Su silencio es su forma de intentar aislarse de la situación. Cumplirá las órdenes. Obedecerá, sabe que ahora debe porque debe, no es el momento para cuestionarse nada {10}

 

Desde la embarcación

Mientras tanto, en la embarcación. Cada uno reflexiona sobre sus posibilidades. Al avistar al helicóptero su semblante cambia. Su esperanza se torna realidad, su vida podrá continuar. Acarician la alegría. Durará poco.

Mientras tanto, en sus reflexiones, en el momento del repaso de cada una de sus vidas. Comienza a cundir el pánico, ya saben, desgraciadamente ya saben, que sólo uno podrá ser salvado. Se les informa de quién será. No se miran, misteriosamente tampoco se alteran. No hay voces, no hay insultos, no hay peleas. Hay una trágica quietud.

­_ Anciana (con gesto resignado). Ya luché lo suficiente. Quería ver a mi hijo por última vez. Mi nuera no es de mi agrado, quizá no supe disimular el hecho de que mi hijo comenzara a hacer su vida lejos de la casa que le vio nacer. Lo reconozco, fueron celos, la odiaba {11}. Ella no me dio motivos para que no la aceptara. Era este el momento para perdonar, para reconciliarme con ella y así saber que mi hijo iba a estar más feliz. No es que no sea feliz con ella, a pesar de que en 12 años de matrimonio aún no hayan tenido un hijo, un nieto con el que hacerme abuela, es que los pocos momentos de discusión que mi hijo tuvo con Claudia fueron por mi culpa. Las dos lo queremos, pero yo me equivoqué, no podía reconocer que su amor era sincero. Eso me dolía, me hacía actuar sin sentido, era consciente de que lo que hacía no era bueno para nadie, pero el torturarla con mis decisiones egoístas y dirigidas a mi hijo en exclusiva, no la dañaban sólo a ella, nos dañaban a todos. De aquí los ya tres años largos sin verlos. Unas llamadas sin contenido, triviales, por lo general volcadas con lo más corriente, muchas casi siempre relacionadas con el tiempo, sin entrar en asuntos personales, como desconocidos, contribuyeron a convertir en habitual lo que debía ser excepcional. Nacho sabrá entenderlo.

Seré recordada al menos en mi círculo más íntimo. Es triste anticipar de esta forma tan clara el final de una vida dilatada, sencilla, con escasos altibajos. No lo esperaba sinceramente, sabía del riesgo pero me aferraba al ilusionante: “todo irá bien”. La realidad es tozuda, y la vida me va a ser arrebatada por una fuerza impersonal incontrolable que he de aceptar. Este es mi logro, mi único gesto plenamente sincero además del amor a mi hijo, el saber aceptar el destino que me ha tocado en suerte {12}. Deseo que me recuerde por ello, y que con ese gesto mi nuera sepa ver mi error {13}, pero también sepa que puedo ser perdonada, que algo en mí había sincero y bueno aunque a ella no se lo mostré.

A ellos (mirando al tripulante del helicóptero de desciende) no los culpo, pensé que serían mis salvadores, que mi vida recuperada albergaría otra oportunidad, esta vez más sosegada, menos elevada, más a ras de los que quiero. Realizan su trabajo (refiriéndose al grupo de Salvamento Marítimo), la situación es ajena al bien, no se puede hacer nada, si acaso lo menos malo. Mi vida, mi vida…es prescindible. La vejez es un lastre vital. Es una rémora para la supervivencia. Recuerdo que una vez leí la historia de una tribu esquimal que para sobrevivir, y abastecer a los miembros del grupo debían repartir los escasos recursos con los que contaban, además debían distribuir los bienes necesarios para superar las severas inclemencias del tiempo, cuando los más viejos del grupo dejaban de ser autónomos eran invitados en un silencio cómplice a abandonarlo, así se distanciaban para embarcarse en una soledad imposible con la vida. Una muerte silenciosa, conocida con sabia precisión y anticipación, invitada a abrazarte para arrebatar lo que eres. Una soledad, en mi caso, que sería más fría, sin otra vida, sin un dios misericordioso que me acogiera. Un fin que con la caída de la noche me transportaría a la nada… a no ser que permaneciera en el recuerdo de los vivos, de los que me quieren.

Me voy aceptando mi destino, serenamente, quizá sabiamente. Mi representación en el teatro de la vida ha concluido, que los demás, allegados y no, me juzguen.

No puedo quitármelo de la cabeza. Mi deseo final es evitar un sufrimiento castigador, cruel. No sé decidirme entre la muerte por frío o por ahogamiento. Quizá alguno de mis compañeros de último viaje me ayude. Les pediré que me golpeen con todas sus fuerzas, no quiero llegar a ser consciente de mi sufrimiento.

 

_ Narcotraficante. Siempre hice lo que quise. Mis padres no me quisieron, o me quisieron de un modo que no supe comprender. Nunca me gustó obedecer, siempre me consideré mi jefe. Me costó saber mandar pero me habitué, era simple: o ellos o yo. En un ambiente de desconfianza la autoridad {14} solo vale para hacerte crecer a ti mismo, debes debilitar, despersonalizar a los que tienes a tu lado. Mi logro fue ser capaz de que ni ellos se dieran cuenta {15}. Era una alienación con imagen de satisfacción. A mi lado sus vidas son vacías, son vidas que cancelan el futuro, atrapadas en un presente de falso placer, de artificial placer…que yo me encargo de suministrar. No sé ni puedo saber hasta dónde llega mi poder, mejor, mi terror en forma de dosis de felicidad efímera y autodestructiva. ¡Cuántas vidas segadas por mi culpa! Qué estupidez más poderosa y a la vez tan cruel, ahora cuando más necesito de mi poder para simplemente vivir me doy cuenta de que todo ello es nada, es hueco, no vale. Yo tan altivo, tan convencido de mi poder, en un momento realmente difícil entiendo por fin que sin otros no soy más que uno entre tantos. Mi vida ahora carece de valor. Creí que mi saber de años y orientado a la destrucción de los demás podría servir de coartada…pero no.

Yo, el mejor, el único, el imprescindible, superado por otro (mirándole) que por azar está a mi lado y se lo merece más. No sólo él, todos se lo merecen más (recorriendo con su mirada al resto del grupo). Quizá mi mejor acción sería adelantarme a esta muerte segura que se encuentra a mi lado, quizá sería virtuoso en este caso quitarme la vida {16}. Me falta coraje pero también me sobran razones para ello. Mi vida es una trayectoria hacia la nada, es un permanente delirio de degradación. Reconocerlo sólo me permite valorar la opción de quitarme la vida, sería un final digno, sería quizá uno de los únicos gestos personales nobles. No quiero arrepentirme {17}, sé lo que he hecho y he de asumirlo, hacerlo propio. El resultado es una carga que simplemente me deshumaniza, me convierte en un ser degradado, en una bestia sin escrúpulos, sin interés alguno por pensar en un momento en los demás, ya no digo en aquellos seres anónimos que consumen mi veneno, hablo de los más cercanos, por ejemplo mi compañera a la que sólo acudo en momentos difíciles o cuando quiero satisfacer un capricho. Su temor hacia mí hasta ahora lo entendí como respeto. ¡Qué error! Ella siempre insistió en iniciar una forma de vida diferente, más con su silencio que con palabras sinceras que no le autorizaba a ofrecerme. Inconscientemente sabía lo que pensaba y sabía que tenía razón, pero mis sentimientos, mi egoísmo no podían dársela. Lo que creía que era saber era simplemente una forma sofisticada frente a los demás de pura estulticia.

Sé muchas cosas y todas ellas buenas para hacer el mal. Podría invertirlo, podría obrar correctamente colaborando con la justicia, pero el mal infringido es de un único sentido, no hay vuelta atrás. Lo peor es que el ciclo de la muerte entre los más jóvenes seguirá su curso, la rueda de la muerte girará después de mí. Otros hay que ocupen mi lugar. Visto ahora, al final de una mala vida como la mía, me pregunto qué hará tan atractivo la responsabilidad de sembrar la muerte. Es triste pero en el fondo toda muerte es dolorosa, sí, pero lo es menos, o nos es indiferente, si esta ocurre a miles de kilómetros de distancia entre individuos perfectamente desconocidos, ajenos a nuestro devenir, indiferenciados. Desgraciadamente esto me ocurrió a mí pero esto le ocurre a la inmensa mayoría de los que poblamos este planeta. Es una constante, el sufrimiento es en tanto que se produce en la corta distancia, en el espacio de la amistad, de la familia, si queremos de la comunidad unida por lazos de históricos, más allá: un nihilismo de diseño. Este era el pasaporte para poder continuar con el negocio de la muerte.

No puedo pedir generosidad cuando sólo ofrecí muerte.

_ Mujer embarazada (con las manos ocupadas en su vientre). No puedo pensar bien. Me mareo. El frío me doblega. Quiero ser madre, no por mí, por ella. La noto nerviosa, la siento plenamente viva…es por mí. Lo que es ella aún es obra mía, ella soy yo. Las dos sufrimos. Si estuviera en mi mano doblegaría mi firmeza {18}, mis ganas de vivir, entregaría lo que soy si esto sirviese para mantener su vida. Antes dudaba, ahora lo tengo claro. Pero ayudarla a vivir, aquí, ahora, sin medios, sin ayuda alguna, es un sinsentido. No podemos hacer todo lo queremos. Su vida está por hacerse, no es su momento, necesita de mí y de otros, está por venir al mundo con garantías. Ha de ir conmigo, ha de…morir conmigo. No he sido elegida, ninguna de las dos lo hemos sido. Podría pensar que en el fondo es una cuestión determinada por un hombre, una decisión machista, el eterno juego de la perpetuación de las desigualdades, un perverso juego tan antiguo como lo que somos y tan aceptado por la costumbre que incluso se llegó a entender como algo inevitable. Era así, así debía ser. Pero no. Reconozco que su decisión (dirigiendo la vista a un cielo dominado por el ruido de un mastodonte que agita sus hélices cual gigante manchego) es la correcta, es la más racional. Sin afectos dominados por la opinión y la imaginación que sirvan de semillero de errores, que se instalen en una experiencia vaga atenta a lo singular y sujeto a lo contingente y cambiante {19}. Todos queremos salvarnos, somos dignos pero la decisión de quién será rescatado no puede ser fruto de un mecanismo puramente democrático y gobernado por el azar de un sorteo en el que entraríamos como bolas en un bombo. No podemos desprendernos de las condiciones de cada uno. Ellas son nuestras y sirven de causa de lo que somos, son nuestras credenciales ante los demás. Con ellas somos juzgados, con ellas los otros obran y quienes han de salvar a uno de nosotros lo hacen determinados necesariamente por ellas, pensando en el ahora, en las posibilidades y el mayor bien que podrá ser generado más allá de las vidas de cada uno de nosotros. Se valorará por algo que nos trasciende, que incluso somos incapaces de dominar, pero que no está en manos de nadie. Dios está a lo suyo, bastante tiene. Lo nuestro ahora, en este instante, no es más que un mal minúsculo, sin importancia, que no le perturba y ni mucho menos le obliga a intervenir. La decisión es de ellos y hacen lo que buenamente pueden. Lo reconozco. También su situación es límite.

(Un golpe de mar interrumpe su reflexión). Mi hija. No le podré decir nada. Morirá sin haber nacido. No iba a estar sola. Estaría al abrigo de un amor humilde pero sincero. Un amor de muchos que la ayudaría a ser mejor persona. Esa era mi meta, que ella, Diana, fuese buena persona. Que buscara el bien para sí y que procurará trasladar su buen hacer a los demás. Que sembrara lo mejor,  fuera amada,  diera amor, que evitara las malas acciones y no fuese recordada por su vileza. Creo que eso es lo que todas las madres quieren. No es original lo que creo pero al menos tiene sentido. Yo tampoco estaría sola, él me quiere y sé que sería un buen padre. La tragedia también es suya, sus ilusiones estaban solidariamente soldadas a nosotras. Le costará salir adelante, sus planes serán otros. Ya no estaremos para construirlos juntos. Espero que le vaya bien, que rehaga su vida, ojalá no la eche a perder sumergiéndose en una depresión que le haga claudicar, y le lleve a un salto al vacío del que no hay vuelta atrás. Sé que me ama, pero ha de buscar un apoyo que le permita salir adelante. Nunca lo pensé, no nos los decíamos, ni tan siquiera hablábamos de un posible “y si y yo falto tú qué harías”. Era tabú. No lo queríamos ni pensar, menos hablarlo. Quizá porque sabíamos que no valdría la pena, no serviría para estrechar nuestro amor, quizá sí serviría, y lo creo porque sé que confiaba en mí y yo confiaba en él, para sembrar unas dudas innecesarias. No queríamos distorsionar nuestra realidad. Queríamos seguir siendo una pareja normal, queridos por nuestros más cercanos y dispuestos a pasar buenos ratos con los demás.

_Inmigrante. No sé de quién fue la decisión, de mi madre o de mi padre. Muchos acá tienen nombre español y apellido italiano. Yo no, soy diferente hasta en eso. Fabrizio Cruz, nombre italiano y apellido español. A mis hijos, si los llego algún día a tener, no les daré un nombre como el mío. Tampoco busco algo común.

Somos un país también diferente. Es como si Dios {20} hubiese pensado en él para que pudieran disfrutar de la vida Adán y Eva. Es lo más parecido al Paraíso. No le falta de nada, quizá ésta sea de alguna manera la causa de que en mi país sea generalizado el interés por creer que en esta sobreabundancia de recursos el vivir es mucho más cómodo. La verdad es que muchos de nosotros nos tenemos que ir. Parecemos expulsados del Edén, no por los pecados por nosotros cometidos sino por los pecados de quienes están encargados de poner orden, de velar por el bien común del país. Nuestra culpa es haber intentado hacer las cosas bien. Yéndonos nosotros, generalizándose esta sangría, nuestro país rompe con el futuro. Inconscientemente colaboramos poniendo nuestro granito de arena en la miseria de nuestra tierra. Eso sí, sigue preocupándonos como a nadie el fútbol. Creemos en el sueño americano, renegamos a voces de él pero lo seguimos con una fidelidad que escandaliza. Todos quieren ser astros del deporte rey. No me lo creo. Aspiro a vivir de mi trabajo en una tierra en la que sea reclamado y ésta no es la mía. Me fui con lo puesto y poco más, ahora sólo me resta lo puesto. ¡Da igual! Para el viaje que sé que voy a realizar es más que suficiente. Me consuela saber que en el cielo no hay moneda, si fuese así me pintarían mal las cosas allá arriba. Sigo creyendo en Él. De algún modo no me ha dado la espalda, creo en Él, también ahora cuando mi vida llega a su fin. Un final para nada deseado. Creía que era joven para poder ofrecer lo mejor aún de mí. El teatro siempre me ayudó a salir adelante. En un país con gusto por él seguro que podría ganarme la vida.

(Se marea, vomita. El balanceo de la balsa es mayor, está a punto de caer al agua). ¡Qué absurdo! Me agarro a la vida cuando sé que ya no hay más {21}. Por fortuna no dejo a nadie atrás. Soy huérfano, no tengo abuelos, el resto de familia ha hecho su camino. Nos hablamos en ocasiones pero no compartimos planes de futuro, no nos reunimos. Siempre supe estar sólo. Miré más al pasado que al futuro. No soy el típico ciudadano ajeno a todo, aferrado al todo da igual o al yo voy a lo mío. Me refugié en el pasado pero no en cualquier pasado. Acudí a ellos, a los míos, a los griegos. El teatro es de ellos. Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes. ¡Qué grandes! ¡Cómo saben ponernos en situaciones límite, hacernos reír, llorar, vernos a nosotros mismos¡ ¡Nos purifican, nos trasladan al interior mismo de la realidad que vivimos, sin misterios, sin mitos confusos, sin trampas, a cara descubierta! Intentaron llevar sus personajes al corazón de los espectadores. Siempre me pregunté por qué fueron tan grandes, qué es lo que hace que sean hoy todavía admirados. Fueron geniales, esto es obvio. Pero hay algo diferente que no hay en mi país y que es lo que busco…mejor, lo que intenté sin fortuna buscar y encontrar, es la inteligencia de un público numeroso qué sabe decir, sin recelo alguno, sin coacción ninguna, tú eres bueno (señalando con el dedo índice de su mano derecha. Sus compañeros le miran y sin decir nada creen que ha perdido el juicio), tus obras son maravillosas y yo como pueblo vivo, apasionado y sensato a la vez, te digo que lo que has hecho ha de permanecer en el tiempo, ha de ir más allá de nuestras fronteras, ha de formar parte de un proyecto civilizador que nos haga mejores. Algo tan radical, tan revolucionario…, por supuesto, no ocurre en mi país. En él domina la envidia, nuestra unidad como pueblo se fracciona, nos debilitamos y a la vez hacemos todo lo posible por acabar con la carrera de aquellos que más destacan. Somos un país de mediocres y no queremos y no podemos saberlo {22}.

Fabrizio Cruz (se dice en voz baja, no es escuchado por nadie) por supuesto que no has sido elegido para vivir. No quiero saber el porqué. Espero que Dios me conceda la oportunidad de poder disfrutar del buen hacer de esos griegos tan admirados por todos y que seguro que estarán allá haciendo disfrutar a los ilustres ciudadanos de ningún sitio. Finalizo una etapa para abrir una esperanza de más oportunidades. Sé que es absurdo pero esto es creer.

_ Médico. Mi trabajo es arduo. Es un trabajo con resultados inciertos. En ocasiones simples torpezas. Algunas cuesta reconocerlas. Pero mi trabajo es también de ellos, es un trabajo en equipo. Mis logros son sus logros. No busco mi triunfo personal, no soy en este sentido avaricioso. Soy normal, como los demás. Nada tengo que ver con el genio loco de las películas. Ni con el héroe romántico dispuesto al triunfo propio y del pueblo al que salva de la codicia y la miseria. Nada de eso. Me gusta la cerveza y me encantan las películas de Paco Martínez Soria y Florinda Chico, yo crecí viendo Cine de Barrio. Recuerdo a Parada, a Pablo Sebastián, a Carmen Sevilla. Veía la tele con mi madre en el comedor {23}. Mi padre ya no estaba. Se había ido. Con todo estaba vivo, más en mi madre que lo quiso con nobleza, con la sinceridad propia de quien sabiamente sabe que no somos perfectos. Ella, mi madre, me enseñó a perseverar, a luchar por vivir, a ser fuerte, quizá de ella no heredé la desconfianza, pero sí la necesidad de pensar en los demás y buscar el bien común. De mi padre la necesidad del trabajo bien hecho. De un hacer preciso, pausado, con metas lejanas, pero que a base de constancia podrían llegar y una vez construidas pasar a ser disfrutadas por los demás {24}. Salvar vidas es una labor ajustada a estos ideales {25}. Mi saber es capaz de transformar la realidad. Construir una vacuna que sirva, en el límite, para erradicar una enfermedad endémica y mortal me satisface, me hace feliz. Una felicidad luchada, creo que merecida, de sabio que logra a su modo ser libre. También procuro ser generoso, convirtiendo la enfermedad en salud. No pretendo ser presuntuoso. Modestamente agradezco que quienes han podido tomar la decisión me salven. Conmigo está la vida de otros. Lo habrán tenido en cuenta. Supongo. Mis compañeros de viaje, aunque los desconozco, también tendrán sus credenciales de vida. Habrán sido valorados como yo. Todos iguales, todos diferentes en nuestros méritos.

Siempre me resultó curioso el pensar que la verdad de mis investigaciones no era otra cosa que la vida. Luchar contra la muerte es la esencia de mi existencia. El trabajo en el laboratorio es difícil, los procesos de investigación, los protocolos, especialmente con seres humanos con los que vives, con individuos con nombre, con sonrisas, con esperanzas, con ganas de luchar al filo de una vida, en su caso un filo estrecho, estrechísimo. Con la verdad construida en forma de vacuna se sienten en deuda con quien les salvó y les ayudó cuando ya no había esperanza. Estas son mis credenciales, este, creo yo, es el pasaporte a mi salvación. Rara situación. (Queda en blanco, su mirada ahora perdida, ajeno a su salvación)

Me parece que hoy el saber, ya no digo el mío como médico, el saber en general, ya no vale. Es virtuosa la ignorancia, y sobre todo la desafección en relación con los asuntos políticos. El dominio democrático de los tontos con sus tonterías consentidas y mimadas. Si no raro si fui diferente, siempre fui contra corriente. Me gustaba la política {26}. Debo decir que me fue inoculada por profesores que no supe entender del todo en mi época de estudiante, pero que con el tiempo cobran, como el vino, una especie de retranca; los veo mejores de lo que me resultaron en su momento y los veo así por una razón que tardé en entender pero que es decisiva: querían saber, su humildad de titanes del conocimiento les hacia llevar su esfuerzo indagador hacia las preguntas sin respuesta, te introducían en la incertidumbre propia de todos nosotros, te hacían ver que no podíamos ser dioses, que nuestra desgracia, nuestro mal político por excelencia, es o bien creer que no sabemos nada o bien creernos los más listos. Recuerdo que me decía un amigo: “los listos que van con acento en la “s” son los peores”. Hemos llegado a esa estación llamada ignorancia, en ella ya no es políticamente correcto hablar de política. La democracia degrada por pura inercia del hacer de los predecesores hasta hoy se convierte en oclocracia, ya no hay posibilidad de dar solución a nuestros problemas cotidianos, y no es posibles porque no hay saberes que permitan combatir con la fuerza de la razón dirigida al interés común nuestros males. No es lugar ni momento para otros planteamientos. Quieren hacernos creer que todo está dicho y resuelto, que nuestro único deber es ser responsables de nuestras miserias, ser felices para asumirlas, no protestar y doblegarnos a los privilegios de los menos.

 

(Mientras tanto. El miembro del equipo de Salvamento Marítimo lo abraza, lo ancla al arnés de su cinturón de seguridad, parece un ángel caído del cielo de carne y hueso {27}. A su señal los ascienden a ambos pendiendo del cable de la polea. Llegan a la altura de la plataforma del helicóptero. Inconscientemente, sin obligación de nadie, hace un gesto de adiós espontáneo y sentido. Extraña sensación la suya, alegría por seguir entre nosotros, tristeza por dejar a sus compañeros de viaje. Puede más la firmeza que la generosidad, en la lucha por la existencia permanecer vivo es prioritario y esto no es egoísmo simplemente es parte de una realidad entendida como necesaria. Ahora, hasta llegar a tierra, manda el silencio. Se le hace un rápido reconocimiento médico, todo parece en orden. Se comunican con la torre de control. En breve la llegada).

 

En prensa, en los periódicos de tirada nacional

“Cuatro personas fallecidas en el día de ayer en nuestras aguas. Sólo una pudo ser rescatada por los servicios de salvamento. Su estado es bueno. Ya son más de…las personas que han llegado este año. Los que no lo consiguieron  pasan a engrosar la lista negra de muertos y desaparecidos en la Frontera” Breve nota de prensa, página par, lado derecho, abajo. Columna minúscula, perfecta para pasar desapercibida. Lo cotidiano deja de tener interés, la noticia deja de ser noticia por falta de lectores. El médico no quiere salir en los titulares. Otros son sus méritos.

 

Bibliografía

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Bueno, Gustavo. El sentido de la vida. Pentalfa. Oviedo, 1996.

Espinosa, Baruch de. Ética demostrada según el orden geométrico. Orbis. Madrid, 1984

Fromm, Erich. El miedo a la libertad. Paidos. Barcelona, 2018.

Lutero, Martín. Escritos políticos. Tecnos. Madrid, 2008.

Olalla, Pedro.Desenectute política. Cartas sin respuesta a Cicerón. Acantilado. Barcelona. 2018.

Onfray, Michel. El sueño de Eichmann. Precedido de un kantiano entre los nazis. Gedisa. Barcelona, 2009.

Peña García, Vidal I. El materialismo de Spinoza. Revista de Occidente. Madrid, 1974.

RabadeRonero, Sergio. Espinosa: razón y felicidad. Ediciones Pedagógicas. Madrid, 1995.

Spinoza, Baruch. Tratado breve. Alianza Editoprial. Madird, 1900

Spinoza, Baruch. Tratado político. Editorial Quadrata. Buenos Aires, 2014.

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Stewart, Matthew. El hereje y el cortesano. Spinoza, Leibniz, y el destino de Dios en el mundo moderno. Biblioteca Buridán. Barcelona, 2007.

 

Notas

{1} Se adueña en un principio de nuestro protagonista, le someterá al camino de lo confuso e inadecuado. Menos potencia, es menos realidad o merma de esencia según Espinosa. Obedece a causas, tiene su sentido, pero hará de él un simple siervo de la fortuna. Dejará de ser autónomo, será no útil, no será libre. “Llamo «servidumbre» a la potencia humana para moderar y reprimir sus afectos, pues el hombre sometido a los afectos no es independiente, sino que está bajo la jurisdicción de la fortuna, cuyo poder sobre él llega hasta tal punto que a menudo se siente obligado, aún viendo lo que es mejor para él, a hacer lo que es peor”. Espinosa, Baruch de.  Ética demostrada según el orden geométrico, pág. 245.

{2} Eliminando todas las circunstancias, tratando a todos los miembros de la embarcación como seres humanos sin más, obraríamos al modo kantiano. Nuestra actuación para ser incondicionada debería estar sometida al rigor del azar. Obrar en conciencia, más allá de cualquier circunstancia, al modo trascendental y formal de Kant nos abocaría a la realización de un acto irracional, cuando no caprichoso, concupiscible o dominado por los afectos. Obrar en conciencia, desnudando a cada uno de los tripulantes de lo que es para evitar que el hombre sea un medio y se convierta en fin en sí mismo (imperativo categórico), no deja de ser más que una arbitrariedad que dejaría el camino expedito para que los tripulantes lucharan más allá de cualquier regla por la vida, en este orden natural no hay bien ni mal, no hay ética.

{3} “Por «generosidad» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza, en virtud del solo dictamen de la razón, en ayudar a los demás hombres y unirse a ellos mediante la amistad”. Espinosa, Baruch de. Ética demostrada, op. Cit., pág. 225.

{4} Pensar exclusivamente en uno mismo no es virtud. La autoridad aquí recogida está huérfana de generosidad, no se piensa en hacer mejores a los demás. “No tengo que explicarte –tan sólo recordarnos- que autoridad y autor encierran la noción «hacer crecer», «ayudar a ser grande» (…) autor es, pues, `el que comienza a hacer que algo sea grande´, y autoridad, la calidad de autor, la condición de haberlo conseguido”. Olalla, Pedro. De senectute política. Cartas sin respuesta a Cicerón, pág. 61.

{5} Correspondería al tercer género de conocimiento, no brota de lo meramente empírico, cambiante y, a la postre, terreno fértil para las ideas inadecuadas, tampoco es el conocimiento racional que tiene como modelo la matemática. Con el tercer género de conocimiento podemos distinguir al igual que con el conocimiento racional lo verdadero de lo falso (la tradición racionalista y moderna de Espinosa es obvia, nos retrotrae a la definición cartesiana de método): “El conocimiento del segundo y tercer género, y no del primero, nos enseña a distinguir lo verdadero de lo falso” Ética demostrada, op.cit., pág. 148.“Nace de este tercer género de conocimiento el mayor contenido posible del alma”.  Idem., pág. 352.  Por lo tanto, este máximo grado de conocimiento del que brotan ideas adecuadas, sujetas a orden, necesidad y causalidad eternas, esto es impersonales o en Dios, permiten que:“Cuanto más rico es cada cual en dicho género de conocimiento, tanta más conciencia tiene de sí mismo y de Dios, es decir tanto más perfecto y feliz es”. Idem., pág.  355.

{6} El alma (mens) no ha de entenderse groseramente como mera materia directamente emparentada con un contendido cerebral ajeno al individuo (en la línea de la actual neurociencia), en el intento de eludir un espiritualismo de corte trascendental que convertiría el alma en una especie de conciencia que obra sin manos, sin un hacer capaz de transformar e incluso construir la realidad. Ha de entenderse como unida al cuerpo, de hecho son lo mismo. Por tanto, no hay vida sin cuerpo, de hecho el Dios de Espinosa tiene como atributo conocido, entre los infinitos que posee, el de la extensión como algo esencial a su ser al igual que el pensamiento. Parte 2, proposiciones I y II. PROPOSICIÓN XXI: “El alma no puede imaginar nada, ni acordarse de las cosas pretéritas, sino mientras dura el cuerpo”. Además precisa más adelante en Proposición XXXI, Demostración:  “El alma no expresa la existencia actual de su cuerpo ni concibe como actuales las afecciones del cuerpo, sino mientras éste dura (por el Corolario de la Proposición 8 de la Parte II), y, por consiguiente (por la Proposición 26 de la Parte II), no concibe cuerpo alguno como existente en acto sino mientras dura su cuerpo, y, por ende, no puede imaginar nada (ver la Definición de la imaginación en el Escolio de la Proposición 17 de la Parte II) ni acordarse de las cosas pretéritas sino mientras dura el cuerpo (ver la Definición de la memoria en el escolio de la Proposición 18 de la Parte II). Q,E,D. ”Ética demostrada, op. cit., pág. 355.

{7} Ser sabio, en el sentido espinosista del término, no sólo es exigente, dado que uno debe conocer, para serlo, a Dios, a las cosas con arreglo a una necesidad y conocerse así mismo, es además una tarea, una hacer reflexivo sobre la esencias necesarias de Dios y en Dios. Por cierto, una labor ardua. “Y arduo, ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra. En efecto: si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera conseguirse sin gran trabajo, ¿cómo podría suceder que casi todos la desdeñen? Pero todo lo excelso es tan difícil como raro”. Espinosa, Baruch de. Ética demostrada, op.cit., pág. 366. Destacamos aquí su desprecio por el vulgo, podríamos pensar en el vulgo que imparte justicia dominado por las pasiones y se convierte en una masa engreída cuyo comportamiento parece el de un único ser colectivo poseído, un ser único que podría entenderse al modo de un energúmeno.

Hoy una felicidad menos exigente, más popular e incluso democrática, podría ser la que recae sobre un individuo flotante, postmoderno, vacío de ideas y que se conforma con sus dosis de consumo efímero en forma de chispa de la vida.  Si bien, no podemos olvidar que está más expuesto a la tristeza en forma de angustia y depresión, entre otras cosas por su baja potencia a la hora de intentar ser más, y por su compromiso con el fin de la historia. Vivimos en Occidente, en el seno de un sistema productivo de naturaleza liberal y en un sistema democrático con sus variantes nacionales, en este contexto se le deja al individuo la responsabilidad de ser feliz, pero también la responsabilidad última de no lograrlo.

{8} Conocer las afecciones de los atributos de Dios es poder saber de las esencias necesarias de su ser eterno. Dicho conocimiento es de las cosas particulares, y tanto más “las conocemos más conocemos a Dios”.Ética demostrada, op.cit., pág. 351. Y dicho saber es eterno porque, como señala Vidal Peña: “…muerto el cuerpo, sigue siendo una verdad eterna que era como era y actuó como actuó debido a tales y cuales causas”. Nota 10, op. Cit., pág. 350.

{9} Un Dios que en Espinosa será definido como substancia única, infinita, por tanto una realidad absolutamente indeterminada, plural, inabarcable y no en acto, es decir, no es autoconsciente, no es humana, es impersonal y por lo tanto no ama: “Quien ama a Dios no puede esforzarse en que Dios le ame a él”. Ética demostrada, op. cit., pág. 346. Sin voluntad ya que, de tenerla, sería un reconocimiento de su no perfección.Significaría que carece de algo y le obligaría a apetecerlo, así lo único que hacemos es entender a Dios como un hombre o un ser con entendimiento finito y en acto, pero esto es absurdo. Con todo es bien cierto que apelar a su voluntad sirve de asilo a la ignorancia: acudir a un todo como causa última, llevar hasta el infinito los encadenamientos causales, es una forma sutil,y cargada de una superflua jerigonza,de no decir nada, y más si este primer principio obedece a una voluntad arbitraria, en el extremo irracional, absolutamente libre y ajena al conocimiento. Queda claro que con el Dios de Espinosa no ha lugar a los milagros. Véase  Ética demostrada, op. cit., págs. 89-97.

Dicho Dios necesario es verdadero por impersonal, a nivel ontológico general escapa a los fenómenos, no se agota en la regiones especiales de una ontología que podemos entender en tres órdenes de materialidad interrelacionados: M1 o espacial y temporal, serían los fenómenos físicos, M2 o temporales, corresponderían con los fenómenos psíquicos, y M3 o más allá del tiempo y el espacio, fenómenos que podríamos hacer corresponder con las verdades en forma de teoremas de las matemáticas, realidades construidas por el hombre atópicas y acrónicas pero que existen. En definitiva la realidad Dios es inagotable y está en perpetuo proceso de construcción. Véase Peña García, Vidal I. El materialismo de Spinoza.

{10} Para Espinosa la libertad no es otra cosa que el entendimiento de la necesidad bajo la guía de la razón, así nuestras acciones conducirán a una mayor potencia de ser, a una mayor realidad en tanto que nos enriquecemos como personas. El sabio será libre al obrar, al vivir y al entender la realidad. Esto le será útil porque le permitirá conservar su ser. Desde luego la libertad así configurada no entraña complacencia sino lucha (conatus). Menos libre será el ignorante, su no saber le conducirá a un conocimiento inadecuado de las causas, al sometimiento de los afectos en forma de pasiones. La impronta estoica es obvia. Ética demostrada, op.cit., págs. 268-269.

Por otro lado es sabido que el hombre no vive solo. La vida en sociedad ha de estar regulado en el interior mismo del Estado (entendimiento infinito en acto, veluti unamens). Las leyes han de ser útiles para poder dominar nuestros apetitos y nuestra necesidad individual de poder. La razón sino ausente sí está limitada. La tesis de Hobbes pesa como una losa en el sefardí holandés. Por ello nos dice: “El fin del Estado, repito, no es convertir a los hombres de seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su alma (mens) y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad, y que ellos se sirva de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños, ni se ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del Estado es la libertad” Spinoza, Baruch. Tratado teológico política, págs.410-411.

{11} La obediencia puede ser una buena coartada kantiana. Hablamos de un funcionario público, de un hombre de Estado. Como tal, nos recuerda Kant, el uso de la razón ha de ser privado, es decir debe evitar reflexionar, cuestionarse las órdenes, y está obligado a obedecer más allá de que en su conciencia la irritación logre demoler sus principios más sagrados. La obediencia es un requisito irrenunciable, el temor al caos en forma de anarquía es mayor que cualquier tipo de injusticia que derive de un deber que se ha de cumplir. Uno obra incondicionalmente no cuestionándose nada públicamente, se lo ha de guardar, debe manifestarse en el ámbito del noúmeno, pero no materializarse en lo fenoménico. La tardía escolástica protestante y pietista kantiana puede conducir  a procesos lógicos en el ámbito de la política ajenos a cualquier tipo de sindéresis. Una lectura fiel del imperativo categórico kantiano nos puede trasladar a la más absoluta de las barbaries. Para no olvidarlo, para rescatarlo del bien intencionado tratamiento de la obra kantiana, véanse las obras de Fromm, Erich. El miedo a la libertad,  u Onfray, Michel. El sueño de Eichmann. Precedido de un kantiano entre los nazis.

{12} “El odio nunca puede ser bueno. Ética demostrada, op.cit.,  pág. 289.

{13} Insistimos en la impronta estoica. Dicha aceptación es virtud en tanto que supone conocer la necesidad.

{14} El reconocimiento del error es un acto virtuoso por cuanto permite intentar dirigir hacia lo mejor nuestros planes de futuro, nuestro proyecto teleológico particular (en este caso reconciliarse con la nuera para aumentar el amor a su hijo). Nuestra trayectoria de vida será fortalecida, nos dará más potencia, al hacernos más firmes y a la vez ser más generosos con nuestros iguales. Es por ello que: “La libertad implica el error no ya por la razón genérica de que la acción personal (…), sino por la razón específica de que la acción personal tiene que proponerse sus planes y programas (los programas globales e intermedios que conducen a aquellos), y tales planes o programas no están dados de antemano. Por ello sólo pueden determinarse a partir de planes, programas (o «papeles») ya establecidos por otras personas o contando con ellos” Bueno, Gustavo. El sentido de la vida, págs. 253-254.

{15} En este punto Espinosa coincidiría. Cuando domina en el ejercicio del poder el temor se ha de limitar el vicio. Las acciones caprichosas e idiotas merman la autoridad porque quién las ejecuta no lograr ser mejor. Ahora bien, es cierto que su poder en este caso coincide con la forma propia de un Estado que conduce a los hombres por el temor, un sistema tiránico u oligárquico más que democrático. Así: “Es preciso manejar a los hombres de tal modo, que no crean que son manejados sino que viven de acuerdo con su libre decisión y su propia voluntad” Tratado político, op.cit., pág. 120.

{16} El suicidio es para Espinosa falta de firmeza, bajo ninguna circunstancia es un acto racional y menos virtuoso. El suicidio sería ajeno al deseo o conatus por ser conscientes de perseverar en el ser, de dirigir nuestra razón tanto al alma como al cuerpo (no sólo al alma ya que en este caso hablaríamos de voluntad). Sería un acto cacoético por irracional. Ética demostrada, op.cit.,  pág. 179. Y también: “Pero que el hombre se esfuerce, por la necesidad de su naturaleza, en no existir, o en cambiar su forma por otra, es tan imposible como que de la nada se produzca algo, según todo el mundo puede a poco que medite un poco”. Ética demostrada, op. cit., pág. 267.

{17} “El arrepentimiento no es virtud, o sea, no nace de la razón; el que se arrepiente de lo que ha hecho es dos veces miserable e impotente”.  Ética demostrada, op.cit., págs.256-257, Primero porque reconoce su impotencia y segundo porque es un deseo guiado por la pasión que no conduce a la alegría, sino que lleva a la tristeza al hacernos más humildes. El arrepentimiento, pues, es una mecanismo que permite desligar por miserable e impotente lo que hemos hecho de lo que somos, sería en definitiva un intento miserable de rehacernos como personas. Dejémosle nuevamente. “Porque, si alguna vez yo me hubiera unido con aquello que tú has apuntado, al momento hubiera sido perseguido por los dos principios enemigos del género humano, a saber, el odio y el arrepentimiento”. Spinoza. Tratado breve, pág. 72.

{18} “Por «firmeza» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza en conservar su ser, en virtud del sólo dictamen de la razón”. Ética demostrada, op.cit., pág. 225.

{19} Ética demostrada, op.cit., págs.146-147.

{20} Dios personal, voluntarioso. En el límite abierto a la posibilidad de actuar irracionalmente. En él se cree, y cree quien sólo tiene fe, más allá de sus actos. Para el fiel su ley es autoridad. Para el infiel su ley le es indiferente e incluso fuente de rechazo, para éste último está pensada la ley de la espada, el derecho positivo. No es, evidentemente, el Dios de Espinosa (para él no es más que un Dios autoconsciente del que nos dice. ”Y, de tal suerte, no cesarán de preguntar las causas de las causas, hasta que os refugiéis en la voluntad de Dios, ese asilo de la ignorancia”. Ética demostrada, op. cit.,  págs.93-94), sí el Dios del cristianismo e incluso del cristianismo protestante. Cómo nos decía el padre de la Reforma. “Quien no quiere escuchar la palabra de Dios por las buenas, escuchará al verdugo con la hoja” Lutero, Martín. Escritos políticos, pág.106.

Tampoco hemos de obviar, en lo relativo a Dios la influencia marrana en Espinosa. La vida de sus padres y su vida entre judíos marranos en Amsterdam transcurrió entre la renuncia al judaísmo y la aceptación sin compromiso alguno con el cristianismo. No sólo su fe sino sus actos relacionados con el cuerpo de la religión, sus ceremonias, etc., fueron casi olvidados. Luego era un ateo judío y era un ateo cristiano. Su Dios era filosófico. Véase Albiac, Gabriel. La sinagoga vacía.

{21} Es claro que por encima de cualquier reflexión está la existencia de uno mismo, si queremos: esa fuerza que nos obliga a conservar nuestro ser (conatus). Por tanto, existo luego pienso.

{22} Quizá podría decir eso mismo de la Holanda de su época nuestro filósofo. La cautela le obliga a no publicar su Ética, también le obliga a no manifestarse públicamente con un cartel con la leyenda: “¡Son los últimos bárbaros!” una vez que los hermanos De Witt fueran ejecutados, quemados, troceados y vendidos para ser comidos tras un juicio público ávido de venganza y espoleado por una masa saturada de odio. Puede leerse la novela de Alejandro Dumas El tulipán negro.

{23} Es aceptado por todos los conocedores de Espinosa que su vida era sencilla, hasta en lo que podríamos llamar ocio.

{24} Labor ascética y para nada santificante la de Espinosa, la propia de un ateo ejemplar. Su compromiso era con la verdad, con el orden necesario derivado de un hacer geométrico, si queremos preciso y quirúrgico. “De día, se dedicaba a pulir lentes para hacer microscopios y telescopios. De noche, a la luz de una vela, pulía su sistema metafísico”. [Las cursivas son nuestras]. Stewart, Matthew. El hereje y el cortesano. Spinoza, Leibniz, y el destino de Dios en el mundo moderno. Pág.13. Biblioteca Buridán. Barcelona 2007.

{25} La medicina de acuerdo con la ética materialista de Espinosa se deberá entender como una labor que de acuerdo con la razón promociona la vida del individuo, es decir, se ajusta a la firmeza. Labor, pues, ética dado que su hacer, su meditación no es otra cosa que la vida. “El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría [nosotros diríamos en tanto que médico] no es una meditación de la muerte, sino de la vida”. Ética demostrada, pág. 309.

{26} La política sería ese arte que ha de velar, siguiendo a la razón, por el bien común entendido como la pervivencia del grupo. De acuerdo con esto podemos decir que la política se ajusta a la generosidad. Labor, pues, moral.

{27} “El hombre es un dios para el hombre”. Ética demostrada, pág. 278.

 

 

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