El peligro de la no verdad

Fecha: 18 agosto, 2020 por: dariomartinez

No pretendo ser visto como un ilustrado. Resultaría ridículo. Me acopio de una metáfora que permite entender alguna de las tristes situaciones que se viven en nuestro país. «La luz permite ver las tinieblas». Hoy parece que muchos destacan por sus pocas luces. No falta inteligencia, sobra interés por negar la verdad.

Somos herederos del saber antiguo de raíz griega. Resulta ineludible. Nuestro pensar se articula a través de una tecnología en forma de grafos, escritos o hablados, que se hunde en el que fue  su hacer reflexivo más elevado. Un intento orientado a la verdad y a la constitución de una sociedad política (polis) lo más justa posible. Aunque se construyan discursos salpicados de razones artificiales, sofisticadas, y erróneas el legado clásico de los más grandes científicos, artistas y filósofos griegos perdura.

La ignorancia en el límite nos dice poco. Es muy sencillo no prestarle atención. El peligro está en los saberes dirigidos a lo imposible, absoluto, misterioso, diluido en la eterna confusión, en los vaivenes de la opinión (tantas como individuos); éste desgraciadamente es el perfecto semillero para el error y la perpetua confusión. En el gnosticismo rampante de hoy el saber brota espontáneamente y esencialmente de una conciencia tan evidente como incognoscible. Hablando se produce como efecto la falta de entendimiento. El diálogo se torna imposible. La motivación, el interés de sus interlocutores, ahonda en el desacuerdo. El compromiso con las opiniones una barrera infranqueable. La llave hacia el buen argumento, hacia el brillo de las buenas ideas, oxidada por el desprecio por el esfuerzo de la difícil tarea que supone la construcción del verdadero saber.  El estudio es ingrato. Hoy el compromiso emocional puede sustituir el conocimiento necesario y demostrado. En el cenagal del nihilismo la verdad causa risa. Los saberes más rigurosos se han de codear por sobrevivir y encontrar su lugar con pseudosaberes que resultan más atractivos, directos, y accesibles al gran público.

El mercado desabastecido de buen saber demostrativo y dialéctico se consolida. No es por ausencia de un buen hacer dirigido por la razón, es el resultado de una censura sofisticada, racional, ficticia y falsa, que persuade y orienta hacia los perversos fantasmas de la mentira. La posmodernidad logra demoler a Dios, pero no al Dios de las religiones ya triturado entre otros por Espinosa. La posmodernidad lo devalúa todo, lo iguala, ya sea la necedad, ya sea la genialidad, todo da como resultado una falsa isovalencia. Así la libertad de la apariencia nos encadena a la vez que expulsa de la república del saber al sabio. El desprecio del no aprecio una herramienta eficaz.

¿Por qué todo esto? La reciente manifestación en la ciudad de Madrid contra la labor del Gobierno en lo referente a la pandemia del CoV-SARS-2. Los manifestantes se aglutinaron en torno a las ideas de la no existencia como ser con necesidad de permanecer y reproducirse de un virus en muchos casos letal, de la fatuidad del uso de mascarilla, de la repulsa por coactiva de la distancia de seguridad y del rechazo a una futura vacuna.

La nesciencia de fondo es preocupante. La necesidad de acudir a falsos saberes para dar sentido a sus razonamientos perversos, artificiosos, capaces de poner en peligro su salud, sus vidas y la de los demás, es cuando menos una manifestación de necedad imprudente; digo la de los otros para dar a entender que sin los demás, el individuo que abraza los derechos humanos no es nada.

Después del hombre ha de tenerse en cuenta que en el curso del proceso histórico está la persona, y como tal,  como individuo reconocido por los otros y que vive en una sociedad de personas libres, es un ciudadano. Luego los derechos que potencialmente se violan con respecto a su persona van más allá de lo estrictamente humano. En el seno de un derecho positivo que gozara de un mínimo de salud su aplicación tendría como consecuencia inmediata su capacidad de obligar. El aspecto formal de las leyes, más allá del contenido material, se ejecutaría sin dudar, evitando la apatía de la mayoría y la indiferencia de una minoría bien organizada que considera que las leyes de todos no les incumben a ellos, dada su naturaleza especial, elevada y por supuesto diferencial. Por cierto, identidad por demostrar, al menos ante los demás.

No lo olvidemos: la ignorancia iguala, la sabiduría diferencia.

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