Del desorden mental (patológico), de la puesta en orden (terapéutica)

Fecha: 11 abril, 2021 por: dariomartinez

Texto elaborado a partir de un guion extraído de un libro de texto de Psicología para alumnos de 2º de bachillerato de la editorial McGraw Hill. Vaya por delante.

1.- ¿Qué es la psicopatología?

Se ha de entender como la técnica, la tecnología (uso de fármacos, intervenciones quirúrgicas, diagnósticos de imagen), dirigida a la destrucción o domesticación de conductas personales desordenadas, ajenas a la norma, al proyecto social compartido y en el límite a su asimilación racional. Es poner en orden lo que está en desorden. Para ello es obvio que hemos de estar familiarizados aunque sea mínimamente con lo que suponemos ordenado, servirá de parámetro, de canon, de referencia. Luego en el caos la psicología clínica estará de enhorabuena.

Antiguamente las ciencias, las disciplinas y sus correspondientes especialistas en el tratamiento de los desordenes de la conducta, de los desordenes psíquicos, eran: los médicos, desde Hipócrates, Galeno hasta nuestros días, los juristas que limitan lo que está bien y mal y lo hacen cumplir mediante métodos de coacción violentos o sancionadores en la aplicación legítima de la ley, y por último los teólogos que se ocupaban de curar el alma, de recuperar la fe del que estaba poseído o simplemente era un descreído; se actuaba contra aquel que se salía de la norma compartida por todos, a nivel individual y civil. Estos eran los saberes académicos. Como saber auxiliar, servil, esclavo de los saberes superiores, estaba la Filosofía. La Psicología ocupará su lugar en la academia del saber ya entrado el siglo XIX, necesitará independizarse de la Teología y de la Filosofía además de tener ya un contenido exclusivo y bien formado como el «yo».

La locura, los trastornos del alma, eran un fenómeno sobrenatural que desequilibraba al individuo. La mente perturbada o bien estaba poseída por démones (divinos y para nada bondadosos, herejes del bien) o bien estaba trastornada. Las enfermedades mentales identificadas eran (Pinel, XVIII-XIX): melancolía, manía, demencia, idiocia.

La locura comienza a tratarse de forma autónoma y científica, lo que no quiere decir que dicho proceder no sea problemático ya que el paciente puede mentir, es libre, y actuar de forma independiente y arbitraria, es decir imprevista. Ésta, la locura, nace con la consolidación de la Psicología y concretamente con una de sus ramas: la psiquiatría. El nuevo «yo», la nueva mente, deja atrás a Dios, en su fe sin liturgias ni ceremonias para su salvación; el trabajo bien hecho y el ascetismo, la huida de la corrupción o de los placeres terrenales, desviaciones causadas por los impulsos innobles y ajenos a la razón, un lastre que debía ser erradicado. Sin Dios no hay Teología que valga, ni falta que hace, con el «yo» elevado a la categoría de lo infinito y trascendental el nuevo mecánico (terapeuta del habla) capaz de poner en orden el desorden psicológico será el Psicólogo que atiende nuestras confesiones más intimas y nos pretende curar dando cuenta de la raíz originaria de nuestros trastornos mentales. A ello se ha de añadir la labor médica, psiquiátrica, que acude a fármacos tipo: Valium, Torazina, Prozac, Trankimazin,  para aliviar los síntomas de trastornos del sujeto en el marco de una sociedad que se ha de estimar en orden (la posmoderna, que todo lo relativiza y banaliza, y donde el sentido de la vida puede hallarse y socialmente homologarse en lo extravagante, irracional, pero sobre todo diferente y minoritario resulta complicado; hoy lo mayoritario en un mundo de «egos diminutos» de escaso recorrido y compromiso parece un prurito difícil de asumir y aceptar. Luego, ¿tiene un carácter particular o universal un desorden mental individual y personal? ¿Son trastornos propios de todos los pueblos o son trastornos comunes a todos los pueblos? ¿La idealización de lo que debe ser, de la felicidad, del éxito, son mitos fabricados como relatos que hemos de entender como ventajosos para la sociedad y han de ser aceptados, o en cambio no son ventajosos y han de ser rechazados?).

2.- De los trastornos

Para aproximarnos. Hablamos de situaciones ajenas al orden de naturaleza individual, por ser sociales en insertados en un contexto histórico presente, son dinámicos e infectos, es decir cambiantes y no perfectos, de ahí su difícil aproximación médica, el miedo por desconocimiento a su tratamiento y el desconocimiento de muchas conductas que observamos como arbitrarias y novedosas, regidas por operaciones seleccionadas desde el mundo en marcha de forma azarosa, caótica, y desviadas de la verdad, de la adecuación con lo real y humano en las relaciones que han de ser vistas como cotidianas.  Dicho desorden entendido como desapego de lo habitual, de lo normalizado afecta a la conducta y al estado de ánimo de las personas atomizadas, independientes; recordemos que estamos en el ámbito, en el terreno categorial y siempre difícil de la psicología, no de la sociología o del individuo en sociedad y colectivo. Ahora bien, el estar fuera de lo normal puede conducir a lo genial (superando a la misma sabiduría) y como efecto dar lugar a formas de entender la realidad nuevas, más útiles, poderosas, por ser potencialmente más coherentes y disponer a la apertura de mecanismos de actuación más eficaces para afrontar nuevas formas de actuar y entender la realidad en marcha, es decir el presente. Los criterios de anormalidad, de desorden metal entendidos de modo patológico son variados. Destacaremos los biofísicos, psicológicos, sociales o culturales (especialmente en el interior de las diferentes democracias homologadas occidentales cuyo principio articulador esencial es el individuo atomizado de raíz protestante, buscador permanente del destino manifiesto y que se nos ofrece como derecho a la felicidad), tantos ámbitos del desorden tantas categorías científicas específicas o modos de atender al paciente. Será atendido, por tanto, desde una perspectiva científica que en el límite neutraliza al sujeto temático y pergeña técnicas de diagnóstico y soluciones que se dirijan a la causa natural, impersonal, de la anomalía, o bien desde la perspectiva más problemática de atención del paciente/cliente bajo la guía de la no neutralización, de la interactuación, de la compresión y control efectivo de su conducta desordenada y reiterada, asumiendo que el médico es en cuanto atesora la capacidad de control de la voluntad del paciente/cliente, lo coacciona mediante la palabra, fabricando mitos, persuadiéndolo y siendo consciente de sus límites por ser el paciente/cliente ciudadano con sus derechos, entre otros su libertad. Otro modelo, sería más eclético, una combinación de ambos, un trabajo realizado por un equipo médico coordinado (biopsicosocial).

2.1.- Clasificación de los trastornos

Actualmente son reconocidas alrededor de 400 enfermedades mentales, en el año 1952 eran 66. Son cambiantes (antes, hasta 1980 la homosexualidad por «antinatural» era considerada como una enfermedad y entre otras consecuencias asociadas a ella estuvo el SIDA, asociación errónea que obvia la elevada mortalidad derivada de relaciones sexuales heterosexuales, «naturales», como la sífilis que en el siglo XIX, y primera mitad del XX causaron estragos, y errónea porque vincula en exclusiva dicha enfermedad vírica con la homosexualidad), son cierres categoriales derivados de diagnósticos científicos que presentan una clara problematicidad de ahí que debamos hablar de una permanente «estabilidad dinámica». Destaquemos algunos:

a.-La depresión. Se puede entender como un profundo malestar, permanente, que afecta a la totalidad del «yo», es decir sin separarlo al estado de ánimo y a la condición física; domina la apatía, la desgana, la falta de perspectivas de futuro, la desconexión no voluntaria de la dinámica social. Se adueña del «yo» la tristeza y de este modo se degradan como personas por falta de «firmeza», por ausencia de lo más útil como persona, y por falta de «generosidad», de interés por los demás, de ausencia de reconocimiento social, por hacer habitual la soledad, la independencia como síntoma de una forma de actuar asocial. Dicha dinámica perversa atrofia la capacidad de interrelación con los demás y atrofia nuestro modo de intentar conocer, saber más de todo aquello que nos rodea. La depresión aísla al paciente al misterioso vacio del silencio y la repetición, sin pasado deseado, sin futuro que se añore, el acto de fin de la existencia. El suicidio asoma con frecuencia. Insistimos, no es pasajero, no es un dolor sobrevenido por la falta de amor de tu pareja, o por la muerte de un ser querido, es un desorden permanente. Su origen puede ser interno, endógeno, genético, por falta de serotonina, o puede ser psicosocial. Sin la «fortaleza» necesaria (Spinoza) el sentido de la vida pierde su razón de ser.

b.- La ansiedad. Somos seres que entendemos la realidad, al ser en general, en las tres dimensiones temporales; se pueden disociar pero nunca separar. Somos capaces de dilatar el tiempo. No hay presente puro, prístino, perfecto, el presente es infecto, está afectado por el pasado, y continuamente y desde él se proyecta de cara al futuro (es un proceso continuo de anamnesis, recuerdos, y prolepsis, proyectos, programas de futuro). El futuro no afecta a nuestro presente, pero el presente (con el pasado, somos seres políticos por ser sociales e históricos, no solo naturales) sí. Lo que fabricamos, construimos, puede afectar al futuro de forma causal, necesaria, y en forma de leyes impersonales como sucede con la física, o puede ser afectado de forma virtual, pergeñando un futuro contingente en el que cabe la posibilidad de su realización o no. Muchos presentes construidos pueden ser realidades ficticias que logran su propósito codeterminando el futuro según los intereses de voluntades más poderosas: el arte, las falsas noticias o falsas ideologías son ejemplos de construcción interesada de futuros plausibles y previamente previstos. Pues bien, la ansiedad es una sensación del sujeto difusa que anticipa un futuro próximo que no controlamos, ni dominamos, ni comprendemos y ante el que inexorablemente nos hemos de enfrentar y voluntariamente no queremos. Pone en cuestión nuestras capacidades, delata y anticipa algunas de nuestras deficiencias y nos presenta ante nosotros mismos y ante los demás nuestro desconocimiento de lo que está por venir y no tenemos claro. Si la ansiedad es intensa, desesperada, laberíntica e infranqueable, se puede convertir en angustia o ansiedad aguda. Las emociones a ellas asociadas son: miedo, culpa, vergüenza –ante los demás, sin el otro lo más íntimo de nuestra persona no asoma-. Se manifiesta de muy diversas maneras especialmente cambios en el sistema circulatorio, aceleración en el pulso cardiaco, cambios en el sistema muscular, aumento de la tensión, y cambios respiratorios. A nivel cognitivo asoman ideas irracionales, caminos sin sentido que eviten lo que está por venir, distorsión de la realidad, valoración errónea de la misma, y un profundo sentimiento de miedo por desconocimiento. Como efectos motores destacaremos el tartamudeo, la paralización y la necesidad de escapar.

La ansiedad presenta diferentes rostros que podemos agrupar en:

b.1- Fobias. Las causas son diversas, situaciones (sociales, lugares públicos y de concentración de gente), animales (arañas, serpientes…), personas (pobres, payasos, embriagados…) o artefactos (avión, ascensor…).  Siendo habituales, asimilados de forma ordenada, se pueden convertir en catalizadores permanentes de miedo excesivo, irracional, persistente y desproporcionado. La causa del miedo es injustificada, nuestra vida, de modo objetivo, no corre ningún peligro real. Lo absurdo se impone a la voluntad de sujeto, lo reconoce pero no lo controlamos. La cautela del sujeto que lo padece provoca que siempre esté alerta ante previsibles situaciones fóbicas, evitarlas se convierte en un principio regulativo, prescriptivo de su conducta, hace que lo desordenado pase a ser común y lo acaba asimilando como propio.

b.2.- La obsesión o el asedio a un sujeto que no encuentra la posibilidad de una salida victoriosa. Nuestra intelección, con sus facultades asociadas, entendimiento, ideas, precepciones, resulta ser inapropiada, repugnante, provoca rechazo y erróneamente y permanentemente pretendemos evitar que ocupe nuestra mente. La obsesión es una reflexión sin recorrido, autolimitadora de uno mismo, circular, y fijada a una duda permanente e imposible de superar que bloquea toda posible experiencia que tenga como fin lo útil.

Una respuesta frecuente a una obsesión, si queremos una manifestación o epifenómeno en forma de efecto, es el tipo de conductas que conocemos como compulsivas, rituales, sin fin útil alguno pero que se realizan con el propósito  irracional de posponer la situación obsesiva que las precede. Son rituales involuntarios, ineficaces, pero inevitables.

b.3.- Otros desordenes mentales son las conductas de irritabilidad, de recuerdos perversos, crueles, que transforman el sueño en pesadilla, causados por experiencia traumáticas que no se quieren rememorar y se ocultan a las personas más queridas. El enfermo halla en este caso su cura y salida hacia la vida cotidiana en el olvido. Es mejor no hablar del tema, el recuerdo es causa de dolor y pesadillas que se esperan superar. Hablamos del estrés postraumático derivado de situaciones de guerra, violaciones sexuales, accidentes de tráfico, catástrofes naturales o tecnológicas.

c.- La esquizofrenia. Enfermedad tan compleja como devastadora. Su desorden se da en la doble vertiente cognitiva y afectiva. Se inicia al final de la adolescencia o al comienzo de la vida adulta. La padecen tanto mujeres como hombres. Resulta una tarea difícil, abundan los fracasos, revertir el proceso de enfermedad y transformarlo en salud, pasar del desorden al orden no es para nada sencillo. Los síntomas parecen imposibles de erradicar, hoy se busca que el paciente sepa vivir con sus experiencias irracionales, irreales y delirantes. Veamos algunas de sus características:

1.- Retraimiento social. Procura distanciarse de la sociedad, se aísla. No se encuentra cómodo en público.

2.- Distorsión de la realidad. La percibe de forma anómala y sufre alucinaciones que vive como reales. Pueden ser de tipo visual, auditivo o cinestésicas. Ve lo que no es, oye voces que nadie escucha y siente como su cuerpo se modifica. Lo real resulta superfluo y lo irreal una ficción tan sentida como vivida, la verdad muda a lo aparente, lo racional cede a lo imaginado y creído.

3.- Desorganización del pensamiento. La arquitectura de la razón y del entendimiento de la mano de lo sensible, siguiendo a Kant, se deshace. La esquizofrenia es un suicidio lógico materializado en el error no reconocido. Hay delirios de grandeza, manías persecutorias, una intimidad expuesta involuntariamente al público, lo que provoca que el enfermo asuma que lo que piensa es reconocido por los otros, y la vivencia entendida como clara y distinta, intuida e indubitable, de que su cerebro se daña.

4.- Pérdida de identidad, no reconoce su «yo», ni su mente ni su cuerpo. Lo inexistente e irreal sustituye a su verdadero yo original, el personaje se traga a la persona, y hace que la persona esté ida. Vive lo que no es suyo, se muestra apático, sin interés por vivir y con emociones frías.

La esquizofrenia puede ser: a) paranoide o de ideas delirantes de persecución o grandeza; b) catatónica o negativismo extremo que es somatizado, hace que se muestren en un posición de quietud anómala durante largos espacios de tiempo o que presenten movimiento repetitivos y estereotipados; c) desorganizada, comportamiento infantil desde el tipo de discurso al tipo de movimientos, presenta afectos inapropiados e inmaduros; d) residual dominado por pensamientos excéntricos o ilógicos (franja difícil de diagnosticar y más hoy cuando lo extravagante y excéntrico y por las vías de tecnocomunicación se hacen mayoritarios y reciben el visto bueno de la masa de votantes directos e indiferenciados con la pildorita de felicidad del tipo «me gusta»).

d.- Trastornos de la alimentación. Se inicia con un deseo ordenado, racional, de no querer engordar y menos alcanzar grados de dificultad en la movilidad provocados por una obesidad descontrolada. El miedo a no engordar se transforma en obsesión, asedio de la conducta y del modo de entender desde sí mismo la realidad. Su conducta viene prescrita por un proyecto de perfección dirigido a su cuerpo, a su imagen. El resto de la compleja vida de cada uno se torna secundario. Sus buenas capacidades habilitadas para poder convertir su vida en el resultado de un hacer útil hacia lo mejor se tuercen. La falta de «firmeza» se convierte en una obsesión que la aboca a la tristeza, a deshacerse como persona. Hoy se fabrica el mito de la mujer ideal, del hombre ideal, su imagen asociada a la belleza cubre todo el espectro de su personalidad, ser perfecto y tener reconocimiento social pasa necesariamente por la imagen, no importa ni lo que uno dice ni lo que uno hace; por ejemplo muchos trastornos de alimentación en las alumnos están relacionados por el desprecio interno de su propia imagen, se consideran excluidos del ideal de belleza y orientan todos sus esfuerzos a lograr dicho estándar. Esta distorsión de la realidad (más acusada en las mujeres, y por supuesto en las alumnas, ya que en el ámbito público sigue teniendo que agradar) trae como consecuencia su reiterado rechazo a la ingesta de un amplio abanico de alimentos, la malnutrición continuada acaba en casos de anorexia o bulimia que deben ser detectados a tiempo para poner en marcha actuaciones de erradicación eficaces. El proceso de degradación se inicia sin patología previa alguna diagnosticada, la inanición, la ingesta incontrolada de alimentos durante periodos de tiempo muy reducidos y periódicos acompañados de conductas purgantes (vómitos, ingesta de laxantes sin prescripción médica) son síntomas inequívocos de una enfermedad, un desorden psicológico, tan grave como complejo.

e.- Las adicciones al juego: ludopatía. Un comentario, casero y sobre el asunto. Puede consultarse en los siguientes enlaces:

https://mas.lne.es/cartasdeloslectores/carta/34812/esto-juego.html.

O en este mismo blog: http://www.eltercerhombre.es/esto-no-es-un-juego/.

3.- Enfoques terapéuticos

3.1.- De la terapia

Ha de quedar claro, no hay métodos, ni técnicas, ni procedimientos ordenados en forma de ley universal, necesaria e impersonal que permitan cambiar o modificar las conductas, las emociones y los procesos cognitivos. El «yo» es ese conjunto cambiante de percepciones que atan el tiempo y que por asociación lo identificamos con un ser sustancial y permanente que en realidad no existe más que como idea. El «yo» es histórico, es social, luego es cambiante y problemático. Dicho esto. En una sociedad atomizada de metas construidas como mitos fuerza, atractivos, y en ocasiones imposibles, el psicólogo, como terapeuta, puede ayudar con sus técnicas habladas, de persuasión, de domino y comprensión. En la era de los «egos diminutos», muchos de ellos «individuos flotantes» que no acaban de encontrar sentido a la vida y pueden ser presa fácil de idearios delirantes o sectarios, la soledad en el marco social impuesto de un destino manifiesto entendido como éxito y libertad puede ser insoportable e incluso patológico. Alienado otro sujeto puede actuar e influir sobre él en función de sus planes más potentes. Así se hará lo que el que puede dominar o controlar quiere, el dominado actúa por la voluntad más real y fuerte de otro. Sucede en la teoría de juegos, pero también en el caso de las terapias psicológicas que resulten efectivas; el investigador, el psicólogo, ha de introducir en el paciente condicionamientos operantes no sujetos a leyes naturales sino a mecanismos de persuasión entre individuos con voluntades libres. En el límite el fin de la psicología ahora será el de intentar ser eficaz, esto es: intentar modificar las conductas modificando las condiciones, pero sin acudir a actos fenoménicos dominados por leyes naturales causales e impersonales. Hablamos de una terapia hablada.

3.2.- Telos terapeútico

Tratemos de los terapeutas. El contenido es compartido: conocimiento del origen de los trastornos, el tiempo de su presencia y los efectos en forma de cambios con consecuencias ajenas al orden asumido por la sociedad en marcha. El terapeuta ha de ser una persona ajena, desconocida, sin amistad ni familiaridad con el cliente (enfermo mental y consumidor, es decir paga por unos resultados que espera conseguir; tampoco es un enfermo con deterioro orgánico que ha de ser tratado con tecnologías quirúrgicas o de prescripción de medicamentos para triturar el mal o al menos para amortiguar sus efectos perversos para la salud), es decir ha de interactuar con alguien con el que no haya ningún tipo de vínculo afectivo. Algunos objetivos de toda terapia hablada (de la que por cierto el cliente ha de participar con su predisposición, ha de creer el discurso que escucha, de no participar del mensaje, de dirigir su libertad en otra dirección, la puesta en orden se tornaría imposible):

a.- Elevar la autoestima y reconducir sus deficientes habilidades sociales, cambiar los desafíos de la vida, los problemas que nos sobrevienen y son imprevisibles como un desafío y no como una amenaza, enfrentarse a la adversidades, no luchar por evitarlas permanentemente, fijar metas adecuadas a las posibilidades de cada uno, ser prudentes, saber de nuestras capacidades, de los medios con los que contamos, de nuestras posibilidades, de con quién contamos y no contamos, es decir, quienes son nuestros aliados en nuestro proyecto de vida y quienes son nuestros enemigos, y ser conscientes de los obstáculos que se han de intentar sortear (Aristóteles).

b.- Importante: el reconocimiento del error, dar un giro voluntario a una trayectoria de vida que nos degradada como personas (tristeza), y rehacernos para evitar el desastre y orientar nuestras vidas hacia la alegría enriqueciéndonos como personas en el seno de una sociedad de personas, es virtud (Espinosa). El sabio, no lo olvidemos, para ser feliz no debe nunca desligarse de las vicisitudes de la vida, de las circunstancias, de la situación personal de los otros, de no ser así la felicidad individual hoy homologada por las mayorías se convertiría en egoísmo, y yendo más allá en idiotez.

c.- No arrepentirse, no desligarse de lo que hemos hecho porque eso forma parte de nuestra persona, debemos asumirlo y si es negativo expiarlo. El arrepentimiento es innoble, no virtuoso, por desligar nuestra persona de lo hecho y por no asumirlo para rehacernos como personas (hoy se llama «resilencia»).

d.- Es virtud el recuerdo, pero también es virtud el olvido. Hemos de intentar recuperar para nuestra persona del presente todo aquello que nos sea útil.

3.3.- El psicoanálisis. “En el terreno de Freud”

Exposición libre de reflexiones involuntarias, sin coacciones, inconscientes, que muestran miedos, hostilidad, deseos e impulsos reprimidos. Sirva de ejemplo. Extraído de mi blog, se puede consultar en: http://www.eltercerhombre.es/en-el-terreno-de-freud/.

3.4. Otras terapias

Recogeremos muy brevemente dos: la cognitivo-conductual y la familiar. La primera trata de identificar el problema para intentar mantener, cambiar o suprimir una conducta. No es una enfermedad, no es un paciente, es un cliente con problemas. El terapeuta ha de comprender el problema, no debe emitir juicios morales. Ha de ver los motivos que desencadenaron el problema, pueden ir asociados a un proceso concreto de aprendizaje, o a conflictos del grupo más estrecho del individuo y que afectan a su conducta diaria. Luego se identifica el problema, se aísla, se analiza para tornarlo claro y distinto en cada una de sus partes y se programa una terapia de mejora ajustada al problema. Finalmente se valoran los resultados. Terapia de larga duración. Muy cartesiana.

Por último, la terapia familiar de la escuela de Palo Alto (California), la unidad de tratamiento ya no es el individuo aislado, sino que el núcleo de intervención es la unidad familiar lugar donde cobran mayor fuerza los patrones inhibidores o autodestructivos de la conducta del cliente. Con Hegel la familia era el núcleo de cohesión social y «tan necesaria y sagrada como la propiedad», era la piedra angular que permitía articular el proceso histórico y dialéctico de superación del espíritu subjetivo hacia el espíritu objetico (Estado), es el afecto en el derecho. Ahora el cliente será con la nueva terapia entendido como unidad colectiva, lugar privilegiado para encontrar los problemas a las conductas desordenadas y su solución.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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