Hacia la era de los robots

Fecha: 1 junio, 2019 por: dariomartinez

Y en sus manos la materialiazación de la razón

Dinámica de una fuerza inercial imparable. Una vez institucionalizado en nuestro sistema productivo y de bienestar social el robot adquiere un protagonismo esencial en nuestro quehacer diario. Implantado en lo cotidiano es imprudente intentar eliminarlo, salvo propuesta política distópica y arropada en torno al terror como única posibilidad de control de la población. La historia nos lo muestra, una vez introducida la rueda, la brújula o la escritura, las sociedades que lo abrazan por primera vez nunca más se desligarán de dichos ingenios técnicos y humanos. Las posibilidades que se abren son nuevas, pero también necesarias para mantener la existencia del grupo. De no hacerlo su sino será sucumbir.
Los robots ya son algo injertado en nuestro presente. Hemos de abordar el tema para darle solución. Es necesario saber ver que será parcial, nunca definitiva, se resolverán problemas pero también se abrirán otros nuevos. Esto es la política. Es obvio que la cuestión jurídica también es clave. ¿Cuál ha de ser el nuevo estatuto jurídico de un robot en el marco de un sistema productivo en el que como operario realiza su tarea de forma precisa, sin errores, de acuerdo con un diseño humano y un programa instalado para tal fin, y que además es capaz de sustituir a los operarios o trabajadores cualificados de cualquier empresa? Podríamos aventurar que estamos en la antesala de lo que podríamos entender como persona tecnológica en el sentido de ser una propiedad artificial viva, una especie de esclavo de nuestra era. Como tales han de contar con sus derechos, irán en aumento a mayor grado de personalidad, en este sentido no sólo procesarán información, reconocerán modelos, interactuarán con el entorno manipulándolo y aprenderán de sus experiencias, sino que además las nuevas máquinas de Turing contarán con figura humana y lenguaje articulado ajustado a un programa lógico cada vez más potente por difuso. A su vez al disponer de imagen, palabra, y posibilidad futura de conductas prudentes, de acuerdo a fines y de cara al futuro según recuerdos, también tendrán deberes u obligaciones, entre otras, tal y como se está proponiendo, la obligación de cotizar a la Seguridad Social por su labor. Escribía en la Política Aristóteles “Pero entre los instrumentos, hay unos que son inanimados y otros que son vivos. Conforme al mismo principio, puede decirse que la propiedad no es más que un instrumento de la existencia, la riqueza una porción de instrumentos, y el esclavo una propiedad viva (…) Si cada instrumento pudiese (…) trabajar por sí mismo, los empresarios prescindirían de los operarios, y los señores de los esclavos”. Cada vez dependemos más de ellos lo que nos obliga a no poder prescindir de su potencial capacidad exenta de error. Seremos más señores, serán más los nuevos esclavos tecnológicos, las nuevas personas tecnológicas, y de no contribuir al mantenimiento de nuestro bienestar social más allá de lo estrictamente productivo podemos vernos abocados a un colapso por falta de ingresos de lo que hoy conocemos como nuestro Estado social y democrático de derechos. Serán estos ingresos los que contribuirán a poder habilitar y mantener servicios que consideramos a día de hoy vitales, me refiero a sistemas públicos como la sanidad, la educación y las pensiones. Todo ello cuando el número de cotizantes, según todos los estudios demográficos, va disminuyendo.