Guardiola se sabe la lección

Fecha: 28 febrero, 2018 por: dariomartinez

Guardiola se sabe la lección

Sublimes las recientes declaraciones del entrenador del Manchester City. Nos implora nuestra comprensión. Para ello defiende a los fugados de la justicia española y a los presos preventivos por orden judicial del proceso secesionista catalán, entendido como mecanismo pergeñado para destruir España como estado-nación políticamente reconocido en los foros internacionales de más prestigio, apelando a su humanidad y a la humanidad de sus paisanos. ¡Qué derroche de amor al prójimo! Llega al corazón, lo conquista. El público inglés y gran parte del español sin duda mostrarán su admiración o al menos su empatía por tan en apariencia dulces palabras de un entrenador tan comprometido con los Derechos Humanos. Pero en realidad, más allá de toda apariencia ¿qué hay?, ¿qué argumentos articular en forma de discurso bien entretejido que permitan desenmascarar al astuto Guardiola? En clave filosófica y política lo que nos dice es lo siguiente: él no es español, él es humano y por lo tanto persona, y los que defiende tampoco son españoles, son humanos y por lo tanto personas, es decir, niega en términos políticos su condición de ciudadano español y por supuesto la de quienes están perseguidos por la ley y que él defiende, y lo hace porque está firmemente convencido de que España no existe, de que no existen los españoles sino los catalanes, los murcianos, los andaluces, los vascos, etc., y no existen porque siendo españoles están muy lejos de poder ser humanos y mucho menos personas ya que dicha condición viene dada por la pertenencia a una comunidad entendida en términos identitarios y culturales que se agrupa alrededor de la etnia (Fichte lo llamaba estado de cultura), luego fuera de la etnia uno no es ni siquiera humano o si acaso un ser humano inferior. Tritura la especie, ser español, en el género, ser humano, y hablando en coordenadas exclusivamente éticas lo que se está escondiendo es que la condición de ciudadano español en tanto que miembro de España simplemente no existe.

Quizá se leyó a Pi Margall: “antes que español, hombre, pese a quien pese”. ¿Diría lo mismo si dijésemos: “antes que catalán, hombre, pesa a quien pese”?

Ética, ciencia y tecnología. Inicio ESO

Fecha: 10 febrero, 2018 por: dariomartinez

TEMA 5: Los valores éticos y su relación con la ciencia y la tecnología

I.- Introducción

La ciencia de la que hablaremos es la moderna, es la que se hace en los laboratorios. Es experimental, se acude a los hechos para confirmar la verdad de las hipótesis que propone a la hora de intentar solucionar un problema. Para asegurarse del éxito el experimento ha de repetirse y comprobar nuevamente que el resultado es el mismo. De la labor científica deriva la tecnología. Si la ciencia la hacen los científicos, la tecnología la fabrican los ingenieros. Inicialmente, allá por el siglo XIX y coincidiendo con la revolución industrial, esta nueva forma de hacer ciencia servía para mejorar los resultados económicos de las empresas y para investigar en armas que permitirián el poder político de las naciones: Inglaterra, Francia, Alemania, EE.UU., etc. Ahora se intenta también orientar al bienestar humano, de ahí que se pueda decir que con ellas se logra el tan ansiado progreso que se materializa en un mayor grado de felicidad: nos permiten evitar dolores innecesarios, acortan tiempos, eliminan distancias, facilitan el conocimiento, se universaliza un mayor contenido informativo, pueden alargar la vida, aumentar la producción, mejorar la distribución y venta de mercancías, mayores ofertas de ocio,  etc. Pero del otro lado está una exigencia de competitividad jamás concocida que genera miseria, desertización, migraciones masivas, contaminación, conflictos bélicos, cambio climático, etc.

Hagamos un ejercicio de reflexión (dos métodos: tecnológico y bibliográfico).

Comparemos, imaginémonos, a través de unos productos tecnológicos cotidianos la diferencia de la vida actual con la de hace 100 años. ¿De los objetos de la siguiente lista cuáles no existían hace un siglo?

Bicicleta                             Ordenador                  Radio

Teléfono móvil                   Televisión                   Telefono

Lavadora                            Bombilla                     Bolígrafo

Lápiz                                   Libros                        Tableta

Tren                                    Barco                          Avión de reacción

 

Una vez respondido, reflexiona y describe las diferencias más notables que crees que podía haber entre la vida de hoy y la de hace un siglo. ¿Cuál crees que es el elemento diferenciador?

2.- Las dos cara de la ciencia y la tecnología

Es obvio que los cambios que se han experiemnteado en el mundo han sido profundos y muy rápidos. Las ciencias y sus naplicaciones tecnológicas nos han aportado mejorías en nuestra calidad de vida, pero también presentan su lado oscuro, tienen sus consecuencias negaticvas. Las ciencias y las tecnologías no son neutrales, estan sujetas a valoraciones éticas, morales, jurídicas, económicas, políticas muy complicadas. Es decir debemos valorar su utilidad, su eficacia, pero también su impacto sobre la salud y el bienestar de las personas, así como sobre el medio ambiente.

Todo artefacto tecnológico instalado en lo cotidiano, todo equipamiento orientado al sumnistro energético, ha de pasar por el filtro de la reflexion a la hora de poder prudentemente y racionalemente saber sobre su idoneidad o no. Deberíamos por tanto preguntarnos siempre: 1.- ¿Es bueno, nos hace mejores personas?, 2.- ¿Es justo, a quién favorece, a una mayoría o a una minoría?, 3.- ¿Cuánto cuesta, supone un ahorro para todos o no?, 4.- ¿Quién lo decide, es ajeno “al tanto tengo tanto puedo”?, 5.- ¿Es respetusoso con el medio ambiente? , 6.- ¿Qué derechos de tercera generación cobran mayor protagonismo en la película? Sobre estas cuestiones reflexionaremos en el aula y el cuaderno entregado a cada uno de los alumnos,  para ello nos ayudaremos del visionado de la película Cenizas del cielo, con ella podremos comprobar que los efectos de la puesta en marcha de procesos tecnológicos orientados al suministro de energía no son tan buenos y neutrales como se cabría esperar, las tensiones sociales, los problemas de la gente no desaparecen por la llegada de la ciencia.

3.- Ventajas e inconvenientes de las tecnologías

Es obvio que con las ciencias muchos problemas se logran solucionar, pero es evidente también que el aumento de conocimiento y el aumento de bienestar social entendido como menos esfuerzo humano a la hora de realizar esfuerzos acarrea nuevos problemas, nuevas tensiones sociales. Por ello es necesario establecer límites y controles legales a la actividad científica, si bien estos van por detrás de sus avances y cada vez son más complejos, más díficiles dadas las nuevas posibilidades reales que se están abriendo. Con todo, y por convección, debemos fijar como límites aquellos que garanticen los derechos humanos, la dignidad de la persona y valores éticos como: libertad, igualdad, justicia y paz, en definitiva que garanticen la vida de uno mismo (firmeza ética de Espinosa) y a la vez promuevan la generosidad  o lo mejor para el desarrollo personal de los demás individuos entendidos todos ellos como sujetos de derecho (generosidad según la ética de Espinosa). Por tanto se ha de procurar legislar de tal modo que se vele por los derechos individuales recogidos en los DD.HH y este mecanismo de derecho garantice que esto se cumpla en un mayor número posible de personas.

Tras lo visto. Realiza las siguientes tareas.

Lee detenidamente el siguiente listado de innovaciones, algunas son reales, otras no. Procede a clasificarlas según creas que son moralmente buenas o malas, justifica en cada caso la respuesta:

a)      El trasplante de órganos

 

b)      Los vientres de alquiler

 

c)      El trasplante de cerebro

 

d)     Una máquina que sabe si dices la verdad

 

e)       Una máquina, un robot, que sustituye a personas en el trabajo

 

f)       Uso de embriones para poder manipularlos con el fin de elegir por parte de los padres el sexo o la inteligencia de los futuros hijos.

 

·         Recuerda, muchos de los caso expuestos no son ni tan siquiera éticos, son bioéticos y la bioética se entiende como gestión humana de la vida humana desde el inicio hasta el final, bien sea con el objetivo de promocionar la vida: fecundación in vitro, o con el objetivo de eliminarla: aborto o eutanasia.

Resumiendo:

1) ¿Qué diferencia hay entre ciencia y tecnología?

2) ¿Cuándo surgió, a qué momento histórico corresponde?

3) ¿A qué aspectos de nuestra vida afectan los cambios técnicos y científicos? Puedes acudir al caso del Spinner

4) ¿Qué criterios debemos seguir para saber si una tecnología es buena o es mala? Piensa nuevamente en el popular Spinner

 

El nuevo juguete de los jóvenes españoles, año 2017. Tan efímero que hoy ya es pasado, y por supuesto ridículo, año 2018.

Listado de derechos humanos de tercera generación

Los derechos humanos de tercera generación son una actualización de la Carta de 1948. Están motivados por una serie de preocupaciones globales propias de finales del siglo XX y principios del XXI, como el deterioro del medioambiente y sus efectos negativos en la calidad de vida de las personas.

Estos derechos han sido incorporados progresivamente en una lista tras numerosas cumbres y encuentros mundiales. Los enumeraremos y estos son:

1.- Derecho al desarrollo sostenido.

2.- Derecho a la autodeterminación de los pueblos.

3.- Derecho a la paz.

4.- Derecho a la protección de los datos personales.

5.- Derecho al patrimonio común de la humanidad.

6.- Derecho a gozar de un medioambiente sano y no degradado. Todas las personas tienen derecho a disfrutar de ambientes sanos, limpios y sostenibles, a respirar aire puro, a disponer de agua limpia y alimentos no contaminados, no se recoge en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En 1948, cuando se aprobó, la sensibilidad medioambiental era prácticamente inexistente, por lo que no es extraño que no se planteara entonces la necesidad de incluir de forma explícita.

Es obvio que el deterioro del medio ambiente no favorece ni el progreso social ni contribuye a elevar el nivel de vida de la humanidad, al contrario. Algunas catástrofes acaecidas desde entonces y la incidencia sobre el medio ambiente de la forma de vida insostenible de los países más desarrollados (a los que el resto se quieren equiparar) hacen todavía más evidente la necesidad de los derechos (y deberes) relacionados con el medio ambiente. El accidente de la central nuclear de Chernobil en 1986, los constantes vertidos de petróleo a los océanos, el trasiego de residuos tóxicos hacia Tercer Mundo, la deforestación de las selvas tropicales, la desertización de amplias zonas de la tierra, el agujero de la capa de ozono, las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, las lluvias ácidas, el deshielo de los glaciares…

La lista de los derechos humanos de tercera generación no es absoluta, sino todo lo contrario: está en permanente transformación. Y así se han incorporado actualmente:

7.- Los derechos relacionados con los avances que se han producido en ingeniería genética.

http://www.amnistiacatalunya.org/edu/es/historia/dh-futuros.html

 

4.- ¿Dueños o esclavos de las tecnologías?

Nos decía Ortega y Gasset que “la tecnología es el esfuerzo humano para no hacer esfuerzos”. Bien mirado el poder que encierran las tecnolgías desde este enfoque es enorme, puede atrapanos en el instante, en la inmediatez de tal manera que renunciemos inconscientemente al esfuerzo que requieren muchos de los conocimientos que puden sernos útiles para afrontar los retos de la vida. De este modo observamos como muchas personas depositan de forma perversa y adictiva todo lo que ella es en las nuevas teconologías. Dicha patología las convierte en esclavas, en individuos que se ven dominados hasta tal punto que inician un trayecto de despersonalización, de desconexión con la sociedad, imparable.

¿Cómo se llega a la adicción a las nuevas tecnolgías? La mayoría de los usuarios de las nuevas tecnologías las empelan con normalidad. Hablamos de tecnologías como los ordenadores, las tabletas, los móviles, etc. Con todo podemos destacar algunos factores de riesgo:

a)    Un ambiente familiar poco adecuado.

b)    La falta de comunicación con los más allegados, faniliares y amigos. Aislamiento social o no participación en los proyectos sociales en marcha.

c)    Baja autoestima, inseguridad, especialmente en la adolescencia. En ocasiones también por falta de reconocimiento, fruto de la inercia: “voy a mi bola”.

d)    Falta de habilidades sociales y problemas para enfrentarse a los problemas.

Lee el siguinte artículo extraído de la prensa y contesta:

Menores enganchados.

ALFONSO TORICES |  MADRID.12/05/ 2017. El comercio

 

“Los máximos responsables de Proyecto Hombre se unieron ayer a los muchos expertos y organizaciones que han comenzado a dar la voz de alerta ante el enorme crecimiento de los casos de menores enganchados a internet. El número de afectados, aclararon, todavía es bajo, pero lo preocupante es el vertiginoso ritmo de crecimiento. Tal es la magnitud del fenómeno que esta organización, que ayuda cada año a rehabilitarse a 17.000 drogodependientes, decidió dedicar esta semana sus jornadas anuales sobre adicciones de forma monográfica al problema de los chicos atrapados por la red.

Los casos de menores que acuden a Proyecto Hombre en busca de ayuda por su adicción a internet, de entre 13 y 24 años, se han multiplicado casi por veinte en solo tres años. En 2013 se trataba de un tipo de demanda anecdótica, con solo tres atenciones. En 2016 sus especialistas ayudaron a 51 jóvenes con serios transtornos por pasar hasta 12 horas diarias colgados del móvil, la tablet o el ordenador. Los cuatro años ya suman 128 atenciones, en constante aumento, que han pasado de la nada a ser el 2,8% de casos que atienden en sus 27 centros repartidos por todo el país.

El perfil de los afectados es el de un chico de entre 16 y 17 años, en el 80% de los casos todavía estudiante, la mayoría (el 65%) sin otras adicciones a drogas, que acude a Proyecto Hombre empujado por su familia, que ha detectado en él serias alteraciones del comportamiento (baja autoestima, aislamiento social y agresividad) que han generado conflictos familiares, rupturas de relaciones y fracaso escolar. Solo el 7% llegó por propia iniciativa y el 73% de los demandantes de ayuda fueron varones.

Se trata de chicos, según los estudios monográficos hechos por Proyecto Hombre entre escolares de Cádiz y Valladolid, que han crecido con un ‘smartphone’ con conexión a internet en la mano -el 74% lo tiene entre los 10 y los 14 años y el 20% incluso antes de los 10-, que de forma muy extendida los utilizan cinco o más horas al día, y que en un alto porcentaje son poco conscientes del riesgo del abuso de estas tecnologías”.

 

1.- ¿Qué problema padecen los jóvenes que van al Proyecto Hombre?

2.- ¿Son ellos los que voluntariamente acuden a dicha asociación o no? ¿Por qué?

3.- ¿En un futuro próximo este fenómeno irá a más o a menos? ¿Sabrías decir por qué?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Temas 1/2. Sobre la persona y la ética

Fecha: 7 febrero, 2018 por: dariomartinez

 

Temas 1/2: Sobre la persona y la ética

 

A.- ¿Cuándo nace y qué características tiene la idea de persona?

Nace en la Grecia clásica, hacia el siglo VI y V antes de Cristo, la persona va asociada al teatro, entendido originariamente como lugar para ver. El personaje en las obras de teatro griego portaba una máscara, de este modo era reconocido por el conjunto de los espectadores. Esto se producía por dos motivos:

 

a)    por la imagen que servía para identificar al personaje, es decir por su máscara

b)    por su voz, por lo que dice, por su palabra.

 

Así pues, la persona originariamente es: imagen, voz y reconocimiento social. Somos por lo que hacemos y esto nos confiere libertad siempre y cuando me constituyan en mejor persona (definición de libertad: ser causa necesaria de aquello que me constituye en mejor persona en el interior de una sociedad de personas), por lo que decimos y que nos compromete y por la imagen que permite reconocernos como únicos, como diferentes e irrepetibles. Si no somos reconocidos no somos personas o simplemente somos uno más cuando no nos comprometemos con nada. Y somos reconocidos por nuestra familia (cada vez más diversa por sus usos, costumbres, normas de convivencia o miembros que la integran), amigos, vecinos, profesores, compañeros de equipo, etc. Luego quitarnos la palabra, quitarnos la imagen ocultándonosla es un acto indigno que quita dignidad a la persona, y se la quita porque la despersonaliza, porque pasa a ser un individuo no igual y a la vez inferior.

 

 

IMAGEN (YO/NOSOTROS)                                          VOZ O PALABRA (YO/NOSOTROS)

 

PERSONA

 

RECONOCIMIENTO SOCIAL (ELLOS)

 

 

1.- ACTIVIDADES

1.- ¿A cuál de los siguientes seres consideras como persona?

 

SER    PERSONA                                           NO SER PERSONA
Tu mascota

Un bebe recién nacido

Una anciana

Un esclavo

Un mendigo

Un robot que habla y con figura humana

Un enfermo en estado vegetativo

Un enfermo de Alzheimer

2.- ¿En qué te has basado para hacer esta clasificación? ¿Coincide con la de tus compañeros?

3.- ¿Qué elementos nos constituyen como personas?

4.- ¿Podemos ser personas dignas y de pleno derecho si se nos oculta el rostro o se nos impide hablar? Razona la respuesta

 

B.- Somos algo más que animales, tenemos dignidad

El que seamos personas nos eleva por encima de nuestra condición de seres humanos, somos algo más que naturaleza, somos seres sociales en cuyo seno nos dotamos de derechos y de deberes y esto nos dignifica. Al margen de la sociedad y de unas normas, leyes,  de convivencia por todos asumidas somos seres naturales o meros animales. Dignidad es elevación, es dotarnos de unos valores que permiten que seamos reconocidos y que a la vez nos protegen, quitarnos la dignidad es deshumanizarnos. Estas normas impiden que nos comportemos siguiendo nuestros impulsos, nuestras pasiones, y, a la vez, facilitan el autocontrol, el respeto a todos los niveles. Dicho respeto puede ser destacado en cuatro niveles:

 

1.- sexual, dichas relaciones han de estar presididas por la responsabilidad y ser ajenas a cualquier tipo de coacción

2.- verbal, va desde el saludo al intento por argumentar racionalmente con el fin de hacer comprender al otro su error. Este respeto es ajeno al insulto o a cualquier imposición derivada de lo que conocemos como violencia gratuita.

3.- mental, hemos de ser comprensivos con otros que piensan de modo diferente o que tienen una cultura ajena a la nuestra. Y para no caer en el peligro que encierra el relativismo cultural (doctrina que considera que toda manifestación cultural en tanto que es propia de un grupo humano debe ser respetada y valorada de modo individual, esto es: no hay culturas superiores o moralmente mejores, todas son iguales) deben servirnos como guía orientadora los derechos humanos, y concretamente el respeto por la vida y la generosidad para procurarle al otro todo aquello que pueda favorecer su desarrollo personal.

4.-material, debemos respetar la propiedad privada y la propiedad pública.

 

La libertad y la persona van de la mano y cobran especial importancia en el tránsito que va de la adolescencia a la madurez en tanto que individuo adulto, y es así porque a partir de este momento uno es responsable de lo que dice y de lo que hace, asume las consecuencias de sus actos y de sus promesas, las hace propias y constitutivas de su personalidad.

 

2.- ACTIVIDAD

1.- Recoge y explica un caso concreto en el que no se respete cada uno de los niveles de convivencia arriba señalados

2.- Define: dignidad, persona, libertad.

 

C.- Dimensiones de la acción práctica personal

En definitiva son dos los planos en los cuales desplegamos nuestras acciones en tanto que miembros de una sociedad de personas.

Un primer plano es del ámbito propio de la ética. En él vienen recogidas aquellas acciones que van encaminadas a resolver conflictos que nos repercuten individualmente y que tiene el sello propio de nuestra responsabilidad. El principio básico que preside nuestras acciones es el de la fortaleza, esto significa que procuramos racionalmente permanecer en nuestra existencia e incluso conducir nuestras acciones hacia lo mejor en tanto que personas (alegría para Espinosa); tiene dos cauces de desarrollo, primero hacia uno mismo, se llama firmeza y consiste en procurar mantenernos vivos, el acto más alejado de la virtud ética hacia uno mismo es el suicidio, segundo hacia los demás, se llama generosidad y consiste en procurar con nuestros actos que la otra persona se realice como tal, el acto más alejado de la virtud ética hacia la otra persona es el asesinato dada su condición de irreversibilidad.

Un segundo plano es el de la moral. Nuestras acciones son en nombre del grupo al que se pertenece, ya sea religioso, político, deportivo, etc. y se ejercen atendiendo a las normas dominantes, a la costumbre o las conductas de la grupo.  El sujeto de las acciones, sin desaparecer, se difumina y así se actúa en nombre del grupo al que  pertenece: nación, equipo de fútbol, empresa, etc.; así por ejemplo, un jugador de fútbol puede hablar o actuar en nombre del club. Entre moral y ética no siempre hay armonía, en muchas ocasiones aparecen conflictos que sólo se pueden resolver vía derecho, es decir, acudiendo a la justicia y a la ejecución de sus leyes. También hay conflictos entre diferentes morales, caso típico es de los partidos políticos y aquí las tensiones son insalvables y las soluciones parciales. Por tanto no hay códigos morales o éticos que garanticen el éxito, siempre habrá que tomar decisiones difíciles y nunca al gusto de todos. La política es a la moral lo que la ética es a la medicina; si la primera procura el bien común en equilibrio con la justicia y recibe sus energías de grupos de ciudadanos con intereses que suponen ser mayoritarios, la medicina fundamenta su labor en la conservación de la vida humana o en el intento de transformación de la enfermedad en salud.

 

3.- ACTIVIDAD

1.- ¿Es lo mismo ética que moral?

2.-. Luchar y procurar lo mejor para cada uno es….

3.- Luchar y procurar la vida de otra persona es….

4.- Explica en 8 renglones qué es lo que hace a una persona mejor que otra

5.- ¿Cuál es el peor acto que podemos hacer con nosotros mismos? ¿Y con los demás?

El caso de Luigi di Bella

Fecha: por: dariomartinez

ALCANCE RACIONAL DE LA PARTICIPACIÓN SOCIAL EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIENCIA Y EN LA APLICACIÓN DE LA TECNOLOGÍA: EL CASO DE LUIGI DI BELLA

1.- MARCO DE LA POLÉMICA

La polémica sobre la que desarrollaremos nuestro artículo es extremadamente compleja. No hay cabida para fáciles respuestas e incluso algunas tímidas aproximaciones al esclarecimiento del asunto no serán ni mucho menos concluyentes. Así presentada la problemática sólo podemos estar convencidos de una cosa: el terreno resbaladizo sobre el que discurrirá nuestro trabajo sólo nos permite estar atentos, ser precavidos y poner a prueba la elogiosa virtud de la prudencia, en ocasiones tan denostada en los ambientes políticos, y desconfiar de señalizaciones a modo de afirmaciones definitivas, claras, distintas e indubitables que nos parezcan conducir a una resolución definitiva de la aporía que a continuación trataremos. Pero no todo son vicisitudes farragosas que sólo logran activar nuestro escepticismo más pasivo; nuestro discurrir lento puede verse notablemente favorecido con la introducción de un marco o contexto general que de algún modo comience a dar sentido a la labor que tenemos entre manos. Pero, ¿cuál es esa polémica que ha atraído y centrado nuestro interés reflexivo? En líneas generales y sólo atendiendo en principio a los contenidos más groseros de la labor dilucidadora que emprendemos cabría destacar: un investigador médico italiano, y más concretamente de Módena ( aproximadamente a 100 kms de Milán, centro productivo del país mediterráneo y quizá también político; debemos subrayar con esta precisión geográfica que en Italia en el orden más próximo a lo mundano, al día a día, no es lo mismo ser del norte “rico, trabajador y responsable” que del sur “mafioso, subvencionado e irresponsable”. A dichos estereotipos se recurre con muchísima frecuencia con el objetivo de resolver satisfactoriamente muchas cuestiones que en principio pueden resultar cuando menos confusas, la búsqueda de soluciones urgentes se satisface en la mayoría de las ocasiones acudiendo a automatismos estereotipados y asimilados por muchos italianos irreflexivamente), dice haber descubierto una auténtica, eficaz y revolucionaria cura contra el cáncer. Esta nueva esperanza de cura (desgraciadamente la enésima que se produce, si bien la novedad estriba en que viene confeccionada desde la prestigiosa esfera del mundo académico) cuenta con el escepticismo del gobierno marcado por el rigor que le brindan amplios sectores del mundo de la ciencia y de la administración médica y con el entusiasmo beneplácito de los enfermos, obviamente los principales afectados, parte de la clase política italiana, en este caso la oposición de centro derecha y derecha razón por la cual se hablará de ésta aún no ratificada cura como “cura de derechas” frente a la “cura de izquierdas” o la que tradicionalmente todos conocemos como quimioterapia, con el apoyo incondicional de sectores importantes de la ciencia y la administración (observemos que este gremio se encuentra dividido), la prensa casi en su conjunto salvo alguna rara excepción que manifiesta su disconformidad a titulo individual y en clara disensión con las líneas marcadas y hechas públicas en cada uno de sus editoriales, y sobre todo con el apoyo inicial de la magistratura; aunque sólo sea por el número de protagonistas ya se puede apreciar que la polémica está servida, entre otras razones porque una cuestión en principio científica rebasa notoriamente su estrecho marco categorial, o si queremos gnoseológico, y se amplia al terreno de la ética, de la moral, de la política e incluso del derecho.

Comencemos como hemos prometido por establecer puntos de referencia precisos. Se ha constituido casi en una frase hecha que puede introducirse en todas las políticas de los países comunitarios el manifestar: “la situación política es francamente difícil”, pero tal vez el caso de Italia en los años finales de la última década del siglo pasado y del entorno de los quince países miembros por aquel entonces de la Comunidad Europea sea uno de los que más se ajusta a la realidad. A esto contribuyen eficazmente circunstancias estrechamente ligadas: el problema de la mafia y la brutal división (en parte derivada de la primera) entre el poder político y el poder judicial. Y para mostrar e incluso demostrar que no es una afirmación gratuita sólo basta recordar que la valiente y decidida intervención de la justicia en la asfixiante y habitual corrupción política acabó bruscamente y como consecuencia de un atentado perfectamente diseñado con la vida del máximo responsable, el juez Falcone, e hizo caer al gobierno de Andreotti (más tarde tendría que sentarse en el banquillo de los acusados por su presunta pertenencia a la mafia), finalizar con la I República instaurando la II y posteriormente provocó el adelanto de elecciones y la pérdida en las mismas del que había sido hasta entonces el ejecutivo encabezado por el primer ministro Silvio Berlusconi. Presentada así la atmósfera política y judicial en Italia es lógico extraer como primera apreciación que cualquier decisión de la judicatura que alcance el grado máximo de interés nacional sirva como dispositivo catártico para el aumento de una tensión ya existente pero que se incrementa hasta hacerse pública a través de las pantallas de televisión.

No puede por tanto sorprendernos que la polémica salte a las primeras páginas de la prensa italiana cuando la terapia del médico de Módena, el profesor Luigi Di Bella, llega a la justicia de este país con la intención de que ésta dé el visto bueno legal a la puesta en práctica de la que se autopresenta como eficaz cura contra el cáncer. La práctica médica y de investigación abandona los recintos propios de su actuación, los laboratorios o los centros hospitalarios adecuados a tal efecto y se interna por los difíciles vericuetos del derecho. El primer paso de su largo discurrir le va a ser francamente favorable, el poder que emana del derecho positivo otorga autorización legal para emprender todas las pruebas pertinentes que el equipo de investigación considere oportunas; la reacción del gobierno de D`Alema y líder de la formación socialdemócrata Olivo es la de acatar la decisión si bien no comparte tal resolución. No entraremos a analizar las causas de esta decisión de la magistratura, muchas de las cuales sin duda se nos escapan, ni tampoco examinaremos el cómo es que ha llegado hasta estas alturas la polémica que sólo acudiendo a la justicia, al derecho, tras haber superado los niveles éticos y morales del inicial conflicto, a petición de un recurso presentado por una asesorada asociación de enfermos de cáncer, se puede desbloquear la labor investigadora del equipo encabezado por Luigi Di Bella.

La división que más arriba mencionábamos no es exclusiva y etiqueta ajustada sólo para la relación entre los poderes judicial y político o ejecutivo. También se da y de forma preocupante dentro de la administración médica y además, y esto se hace ostensible a través de la prensa en sus niveles más divulgativos. No solamente la opinión sino también el modo de actuación de los directores de las diferentes administraciones regionales del estado italiano a la hora de afrontar el problema son todo menos homogéneos. Los cargos médico-administrativos son el resultado de una selección en la que la proximidad político a aquellos que evalúan el perfil más adecuado para las funciones que se han de desempeñar es obvia, hoy estamos familiarizados con este fenómeno que eufemísticamente se nos muestra a diario con el sobrenombre de “cargo de confianza”. Es manifiesto, pues, que sobre estos cargos recaiga la justificada sospecha de que su actuación viene dirigida desde las altas esferas políticas abarrotadas de demiurgos cuyos proyectos aparecen ante el gran público diluidos y conformados por intenciones muchas veces ajenas a criterios racionales pero que se hallan en clara connivencia con otros más afines a las ideologías de los partidos que manejan las riendas del poder en las democracias actuales. Todo ello incide notablemente en el hecho de que diferentes personas ante casos semejantes tomen decisiones totalmente dispares convirtiendo lo que en un principio parecía un problema al alcance de una posible y satisfactoria resolución en una aporía irresoluble dado que los criterios argumentativos esgrimidos emanan de fuentes políticas o judiciales entre sí abiertamente enfrentadas como más arriba relatábamos. Sería, por tanto, importante subrayar el hecho de que en este asunto mucho depende de la carga ideológica de la observación (siguiendo en alguna medida el argumento de Hanson: Patrones de descubrimiento(1958) en el asunto vinculado con la verdad de la ciencia y su crítica a la objetividad en la observación de los hechos que desde las filas positivistas se elevan al nivel de definitivos, concluyentes, e incluso se reconoce la experiencia observacional como indubitable criterio de demarcación entre lo que es ciencia y no es ciencia, entre el verdadero y único conocimiento y el no conocimiento o simplemente pseudosaber) con que se analice el problema.

2.- LA CIENCIA MÉDICA EN EL SENO DE LO MUNDANO

Con esta aproximación al asunto ya podemos extraer algunas consecuencias, y eso que estamos en el inicio de la contienda, la ciencia, en este caso la médica, y la práctica (en infinidad de ocasiones netamente tecnológica) por ella diseñada tiene sin lugar a dudas implicaciones políticas, de hecho el parlamento italiano se encuentra divido, judiciales, que valoran el problema y obligan a agentes externos a la investigación a no obstaculizar su tarea, económicas, que más adelante analizaremos, y sociales, baste señalar el interés mostrado por la ciudadanía italiana en su conjunto, desmitificándose de alguna manera la imagen de la ciencia y su praxis como actividades propias de un marco de construcción ajeno a los asuntos mundanos dominados por la opinión y la confusión lo que automáticamente las convertía en actividades consagradas a ocupar un lugar privilegiado en el selecto ámbito de la objetividad, neutralidad y trascendentalidad propias del mundo académico reivindicado por muchos filósofos de la ciencia o por los propios protagonistas de la actividad científica; su aparente neutralidad, su vindicada trascendentalidad, se desmorona ante el conjunto de acontecimientos que las van empujando a los bajos fondos de lo mundano donde se verán sometidos a las leyes propias de la supervivencia; en este eje pragmático y más concretamente dialógico, siguiendo los criterios de la Teoría del Cierre Categorial de Gustavo Bueno, la ciencia cederá el testigo de la verdad en favor de los intereses más variados de los grupos de poder del conjunto de la sociedad (T. S. Kuhn en su famoso opúsculo La estructura de las revoluciones científicas trata esta peculiaridad científica si bien obvia los ejes sintácticos u operatorios entre signos y semánticos u operatorios entre signos y cosas capaces de alcanzar verdades esenciales en forma de cristalizaciones teóricas articuladas por leyes necesarias de la lógica, emanadas de referencias y fenómenos del mundo real en los que el sujeto gnoseológico queda neutralizado y con las que es capaz en su campo bien delimitado de actuación de reorganizar y resolver problemas reales que o bien no eran tenidos en cuenta o bien resultaban absolutamente irresolubles al nivel del conocimiento cotidiano). De este modo el contenido de la ciencia se verá fragmentado e infectado por colectivos organizados en torno a unos intereses muy concretos, ideológicos por tanto, que desvirtuarán y harán dudar de la verdad contenida en la racionalidad científica, dicho escepticismo acarreará una generalizada sospecha sobre sus resultados y provocará un descenso en su grado de credibilidad; el resultado no será otro que la aceptación generalizada de la existencia de un relativismo radical capaz de equiparar los resultados y las construcciones científicas con los resultados y construcciones mágicas o religiosas, el principio de respeto mutuo, el curso paralelo entre los diferentes tipos de saberes o pseudosaberes, el traslado de las cuestiones que resulten problemáticas de un plano gnoseológico y lógico consecuente con la verdad a un plano psicológico más afín con la tolerancia del respeto absoluto e incuestionable en sus fundamentos en el que todo tiene su sentido, su validez, o más radicalmente, y en el que siguiendo a P. K. Feyerabend, “todo vale”, derivará en una mayor grado de confusión provocando entre los interesados elecciones gobernadas por la intuición, la pasión, los sentimientos, más que por la coherencia o la racionalidad necesariamente vinculada con la verdad. En consecuencia, las ciencias de puras nada, y las médicas en un sistema de salud público, universal y gratuito en donde el paciente además de ser un enfermo que necesita ayuda es un cliente que puede como consumidor exigir sus derechos menos.

3.- TRATAMIENTO PERIODÍSTICO DE LA POLÉMICA CIENTÍFICA

En el seno de esta encrucijada de puntos de vista merece una especial atención el papel que juega la prensa. Ahora bien, antes de entrar a fondo en el contenido que nos permita sacar a la luz el protagonismo que los medios de comunicación tienen en esta polémica, debemos introducir alguna indicación puramente cuantitativa de la documentación de la que nos hemos servido para sacar adelante tal labor; nos hemos ayudado de recortes de prensa de un diario de tirada nacional italiano como La Stampa y en concreto los correspondientes al periodo que transcurre entre los días 5 de Enero de 1998 y 20 del mismo mes, resultando que coincidió con el epicentro de la tormenta médica y oncológica; en el conjunto de este espacio de tiempo de 16 días fue titular en 13 ocasiones, en uno de los 3 días restantes en los que no lo fue el interés periodístico se decantó por atender otras obligaciones y demandas de los lectores, concretamente la celebración del sorteo de la Lotería Nacional correspondiente al 6 de Enero con lo que la noticia se trasladó a la necesidad de informar a la sociedad italiana de los números premiados y mostrar el nuevo estado de ánimo y bienestar de los pocos que habían sido agraciados con la azarosa fortuna, los dos últimos días, o sea: días 19 y 20 del mes de Enero, dejaba de ser noticia de portada pasando exclusivamente a las páginas centrales; después de este breve periodo de 16 días paulatinamente perdería todo el interés de los asiduos lectores apareciendo como noticia de forma esporádica. No es un abuso de la razón si afirmamos que en todo este embrollo periodístico subyace una estrategia de la prensa muy concreta: la obtención de sus vitales beneficios económicos. En pocas palabras: el círculo, el gremio, periodístico es perfectamente consciente de que la atención de sus fieles lectores, atención que se materializa en el gesto diario, matinal, de la compra del periódico, puede mantenerse con este tipo de noticia sobre la práctica médica en la lucha contra el cáncer a lo sumo 15 días, a partir de ahí la falta de novedades, las disquisiciones puramente técnicas, rigurosas, las poco claras disquisiciones éticas y morales, que en su conjunto requieren un esfuerzo de comprensión difícil de asumir por muchos de los lectores, conducen a un incremento generalizado del desinterés lo que automáticamente provoca el paso a un segundo plano de la noticia que hasta entonces había despertado la curiosidad del consumidor de la información recogida en la prensa. No obstante, quedan en el aire unas interrogantes importantísimas y que tendremos al menos que abordar en este artículo: ¿la prensa cuando trata con asuntos relacionados con la ciencia médica y su práctica qué transmite realmente a sus lectores?, ¿cómo lo transmite?. Tomaremos como referencia dilucidadora del problema que planteamos el trabajo de Dorothy Nelkin que viene recogido en su libro La ciencia en el escaparate.

En el discurrir mismo de la contienda se puede observar una especie de doble vara de medir y valorar la actividad científica. Por un lado nos encontramos con una crítica sin paliativos hacia la disciplina científica en ejercicio fundamentada en muchas ocasiones en estereotipos y opiniones infundadas que ganan eficacia persuasiva en el orden más abstracto, diríamos mítico, de la ciencia. Pero siendo aún más precisos, la idea mito de ciencia, en singular como si todas las disciplinas o ramas científicas con sus consustanciales especializaciones fuesen idénticas, que aquí se pone sobre la mesa no es otra que la oficial, la institucionalizada, la que está en marcha en nuestro presente y que es heredera directa de una gran tradición disciplinar que se inicia en Grecia y se consolida como autónoma y objetivamente rigurosa tras la revolución industrial de los pasados siglos XVIII y XIX; esta ciencia es la que se desarrolla por especialistas acreditados en los laboratorios, es la que se consolida como verdadero conocimiento público con derecho a ocupar su lugar privilegiado en los ámbitos públicos del saber cotidiano, del saber de las aulas de nuestros sistemas educativos, es la ciencia que se populariza a través de las nuevas tecnologías y que forma ya parte de nuestra forma de entender el mundo. No es, pues, fútil detenerse a analizar las causas concretas del escepticismo que despierta su ejercicio estrictamente académico. Es obvio que ante una situación tan desesperada como es la derivada del padecimiento de la enfermedad del cáncer, en todas y cada una de las modalidades en la que se manifiesta, la esperanza entre quienes la padecen, el conatus o perseveración en el ser como diría Espinosa, aflora automáticamente y con aires renovados al ser informados, independientemente del rigor de dicha información si bien adquiere un elevado grado de confianza al comprobar que detrás de lo dicho está un representante de la ciencia médica, de que hay una cura real, definitiva y probada para acabar con sus padecimientos. Esta voluntad, repetimos, directamente orientada a la lucha por la vida es empleada por casi la totalidad de periodistas como fundamento o eje articulador de su discurso informativo, son sus firmes convicciones humanitarias en defensa de los más débiles, de los que padecen esta terrible enfermedad, de las que no dudamos que estén llenas de buenas intenciones, las que vertebran en última instancia los juicios de valor esgrimidos por escrito en los diarios; no sólo se informa asépticamente del asunto, sino que también se valora, se enjuicia. En muchos casos esta toma de postura a favor de aquellos que sufren les hace caer en sensacionalismos y en el uso desmesurado de metáforas cuya capacidad de atracción es inversa a su capacidad de recogida objetiva de la problemática planteada. Por otro lado, y en sintonía con lo que venimos diciendo, presentan una imagen, la otra cara de la moneda, de una ciencia capaz de adueñarse del presente, dar una respuesta definitiva a la cura del cáncer y diseñar un futuro de bienestar para muchos posibles enfermos, aún no real ni comprobada en cuya esencialidad se halla un proyecto que tan sólo necesita del impulso administrativo para presentarse como auténticamente eficaz. Esta nueva ciencia revolucionaria tan sólo necesita cristalizar, ser oficialmente reconocida y puesta en marcha salvando un último obstáculo: el protagonizado por los adalides de la administración médica erigidos en defensores de lo que T.S. Kuhn nos dio a conocer como paradigma de la ciencia normal, con sus creencias, métodos, conceptos y valores compartidos; no son pues los hechos o los resultados obtenidos con los pacientes los que importan sino las percepciones y convicciones de lo que es la verdadera práctica de investigación oncológica de la comunidad médica y su estatus lo que más interesa. Para avalar todo lo expuesto nos valdremos de algunas de las frases que hemos podido seleccionar del diario La Stampa durante el periodo central del desencuentro entre ambas comunidades científicas en defensa de sus paradigmas contrapuestos y en lucha abierta por hacerse con un hueco estable en el interior de la administración y academia médica. En referencia al uso de metáforas: “La peregrinación del dolor”, “Los secretos de una palabra mágica: Somatostadina” (componente esencial en el desarrollo de la terapia de cura contra el cáncer y que debido a su elevado coste ha desatado tensiones y graves desencuentros entre la industria farmacéutica, apoyada por el CUF o Comisión de expertos que tiene la obligación de evaluar los resultados de la experimentación que está en marcha y el propio gobierno, y los pacientes y conjunto de profesionales que se han adherido al nuevo método de cura del profesor Di Bella), “La victoria del profesor héroe”, el Sr. Madano, juez que dará vía libre a la terapia del médico modenese viene definido en términos russelianos por medio de una clarificadora y elocuente descripción definida. “el amigo de Di Bella”. Y en la misma línea de captación del interés del potencial lector de la noticia y volcando el epicentro de la información en la nueva ciencia, en el nuevo paradigma científico que se encuentra aún falto de adhesiones firmes por parte del gremio de la comunidad médica, se puede leer: “la vía libre a la experimentación garantiza la esperanza de quien sufre” (esta frase hace suponer que hasta la fecha quien se sometía a otro tipo de terapia, a otro método de cura como es el caso de la quimioterapia, no sólo no sufre sino que además se enfrenta a un final de la vida inexorable y ausente racionalmente de cualquier esperanza con lo que el paciente se ve envuelto en una actitud de apatía que puede en el límite resultar perjudicial para su posible recuperación), y más contundente en su airada defensa con la propuesta de Di Bella y por lo tanto más beligerante con las autoridades médicas más escépticas y el gobierno personificado en este asunto por la Ministra Rosy Bindi, uno de los profesionales de la prensa escrita, desde posiciones netamente postmodernas próximas al delirio filosófico sobre la ciencia de P.K. Feyerabend donde las prácticas científicas más rigurosas con la verdad, la experimentación y el método, se equiparan con las prácticas mágicas más descaradamente caprichosas y sujetas a la voluntad del chamán de turno, afirma, tal vez desconociendo la obra del anarquista epistemológico más famoso del siglo XX:

“Aquí no se trata de salvar las reglas, la academia, el orden médico, la ciencia oficial. Se trata de probar si existe una nueva posibilidad de lucha contra una enfermedad mortal (…) A los enfermos les importa sólo saber si hay una esperanza. Que las reglas sean salvadas, no importa a nadie”.

El mensaje periodístico no se detiene aquí a la hora de valorar superficialmente lo que es la ciencia en general y la médica en particular, también se adentra en el perfil humano del investigador siguiendo la estela de las visiones heredadas y dominantes que se han ido fraguando en nuestra cultura a lo largo de más de tres siglos y que automáticamente todos identificamos con los nombres propios más relevantes de la historia de la ciencia: Galileo, Newton, Darwin, Einstein, etc. Tras tensas negociaciones y declaraciones salpicadas de polémica el punto de inflexión del turbio asunto se alcanza, el gobierno en boca de su Ministra de Sanidad y asesorada por expertos, aunque también evidencia la presión ejercida por la ciudadanía italiana en general y más activamente por los enfermos y sus familiares cuya voz tomaba cada vez más fuerza a través de los medios de comunicación afines a sus peticiones, decide dar vía libre a la experimentación del método Di Bella aceptando incluso varias de sus sugerencias encaminadas a despejar todo atisbo de duda sobre la nueva práctica curativa de los enfermos de cáncer. Pues bien, tras el ya citado titular: “La victoria del profesor héroe”, leemos como subtítulo: “Ninguna emoción y sólo dos cafés azucarados”. En líneas generales el mensaje es nítido: nos hallamos ante un científico natural calculador, frío, riguroso con su trabajo y comprometido con la objetividad propia de la verdad que persigue, seguro de sí mismo, serio y ajeno a intereses opuestos a la investigación, profesional en el sentido estricto de la palabra, honesto, sencillo, próximo con sus pacientes y sin mácula de soberbia, pero como el resto de seres humanos se muestra débil en la defensa de su voluntad inquebrantable y se somete dócilmente a pequeños hábitos placenteros como pueda ser el del consumo diario de dosis elevadas de café y además azucaradas con el riesgo que ello conlleva para su salud (¡si tuviera madre!). Se nos muestra, por tanto, a un profesional de la investigación médica que a su vez es un ser humano como los demás. En el médico modenese se fusionan en una misma persona las dos culturas científicas de las que nos hablaba Snow. Ésta hipóstasis casi divinizadora acontecida periodísticamente en la persona de Di Bella supera la infranqueable barrera de la que Snow nos hablaba en su famosa conferencia de 1959, es un científico que estudia la naturaleza última del origen y desarrollo de los tumores malignos humanos, pero además es un hombre de ciencia que reconoce que su labor requiere una especial atención con cada uno de sus pacientes a la vez sujetos de investigación, que duda cabe que su afabilidad, su cercanía a los demás es un punto a su favor. A todo ello se añade si cabe, y en modo alguno creemos que sea fatua esta precisión, su aspecto físico: baja estatura, gafas con cristales y molduras gruesas que muestran una despreocupación absoluta por las modas del momento, bata blanca acorde con su condición de científico que debe trabajar en el laboratorio, cabeza ligeramente inclinada hacia delante, rasgo que provoca en el lector o telespectador una automática empatía por su aparente debilidad, edad avanzada, y sobre todo cabellos largos, despeinados e intensamente encanecidos; en su conjunto es evidente que el aspecto físico descrito asemeja ostensiblemente con el del hombre de ciencia, genial y solitario, que todos nosotros en el transcurso de nuestro proceso de formación científica en la escuela hemos recibido a través de innumerables imágenes de texto o a través de escenas de películas en las que en mayor o menor medida se intenta divulgar el mensaje de la ciencia.

El enloquecido proceso de confusión generado por la excesiva información recibida por los lectores, o telespectadores, no se puede atribuir en exclusiva a los medios de información y sus técnicas para contar noticias. La perplejidad en el seno de la propia comunidad científica es palpable y su mensaje más que tranquilizador es cuando menos oscuro e incluso misterioso. El espectador percibe que se van transmitiendo medias verdades, dejándose entrever por parte del gremio de la medicina próximo al profesor modenese que lo realmente interesante está por llegar. Esa esperanza en la ciencia médica que todos ansían que llegue, en especial no olvidemos los enfermos terminales y sus familiares, está muy próxima; algo maravilloso, salvífico, escatológico, sólo vislumbrado y ratificado por mentes privilegiadas e intuido por el resto de los mortales está a las puertas de convertirse en una realidad capaz de ser puesta en práctica con aquellos enfermos de cáncer que se ven ya casi vencidos por la terrible enfermedad que padecen.

Tras lo expuesto es urgente esclarecer que gran parte de la información ofrecida en el fondo no tiene casi nada que ver con la práctica científica empeñada en la urdimbre de teorías y resultados volcados con la verdad. El interés gravita en torno a la captación del mayor número posible de lectores quienes en última instancia son los que pagan y sostienen el periódico, son las reglas del sistema de producción capitalista que encuentran su perfecto acomodo en un régimen político democrático. Como acertadamente Dorothy Nelkin recoge en su libro, a todo ello contribuye las limitaciones propias de los profesionales de la prensa científica:

“La mayor parte de los periodistas (científicos) que trabajan para la prensa diaria están presionados por la competencia, los lazos, los presupuestos y la necesidad de informar de temas complejos dentro de un espacio y un tiempo limitados. Tienen que atrapar la atención de los lectores, y deben enfocar su artículo de modo que sea interesante como noticia. Estas limitaciones, tanto como la cultura del periodista, contribuyen a definir el carácter de la información científica contemporánea” (1990, p. 110).

4.- SOBRE EL NUEVO MÉTODO

Tras una primera zambullida en la marejada de la polémica que nos ha permitido delimitar las líneas maestras sobre las cuales se asienta nos parece apropiado centrar la exposición sobre un tema de sumo interés: la especial naturaleza del método del profesor Di Bella en el tratamiento para la cura de la enfermedad del cáncer. Asumiendo ya de antemano las limitaciones lógicos impuestas como consecuencia de nuestra apuesta por recabar nuestra información de la prensa escrita, concretamente del diario La Stampa, nos aventuramos a intentar aclarar la naturaleza de su propuesta de cura. Espontáneamente y desde las mismas filas de los informadores de la prensa científica se califica a la nueva propuesta como “filosofía del método”; es una expresión de uso cada vez más frecuente, pero el concepto de “filosofía” así utilizado pone de manifiesto que la cuestión a debate encierra un sin fin de variables no del todo identificadas, o si queremos aclaradas, y en su primer intento de entretejimiento racional traspasa las barreras propias del ámbito científico y se inserta necesariamente en el discurrir de prácticas cotidianas, no por ello menos problemáticas, como puedan ser, y nuevamente lo volvemos a recordar, las de la ética, las de la moral, las de la política, las de la economía e incluso las del derecho positivo. Por ello la cuestión aparece tratada confusamente desde el orden de la opinión, se reconoce la envergadura del problema pero no se sistematiza discursiva y dialécticamente, no se resuelve, como diría el mismo esclavo liberado del mundo ininteligible de la caverna de Platón, en el orden de las Ideas, en el orden de la filosofía académica. Así podemos leer:

“La filosofía de su método: el principio de la quimioterapia es destruir las células tumorales, llegando no obstante a destruir aquellas que también son normales. Yo en cambio promuevo una condición de vida imposible a las células tumorales”. Y continuamos leyendo: “Convivir con el tumor, no recurriendo a terapias tóxicas, pudiendo hacer una vida normal: ésta es la promesa”.

Desde filas académicas abiertamente hostiles al saber filosófico la estructura interna de la naturaleza del método Di Bella sería resuelta en el seno mismo de las coordenadas de las disciplinas presentadas como auténticas ciencias humanas, caso de la sociología de la ciencia; de este modo, autores como Barry Barnes recelarían del tratamiento periodístico y zanjarían definitivamente la polémica introduciendo variables externas de corte estrictamente social, variables esencialmente entendidas como la causa determinante de la promesa propuesta; sería, pues, una solución a un problema social, del conjunto de la sociedad (¿italiana?,¿europea?,¿mundial?), con lo que analizando la raíz del problema, atendiendo a la perspectiva sociológica envolvente del quehacer científico, se da cuenta de las causas reales capaces de explicar objetivamente, evitando subterfugios filosóficos, la naturaleza del método Di Bella que en el fondo es una respuesta a una demanda social. Pero, ¿qué tiene de coherente, según el enfoque hasta ahora dado, el que sea tratado por los informadores como un problema complejo, novedoso, y aún inabarcable racionalmente en todas sus dimensiones? Siendo breves, su coherencia estriba, por un lado, en que la nueva relación médico paciente cambia radicalmente, la posibilidad de una cura que requiera una intervención quirúrgica, con los lógicos riesgos para el paciente, queda en principio anulada, su simplicidad en la ejecución del tratamiento facilita una disminución drástica en los días de hospitalización del enfermo sometido a dicho método con lo cual la masificación de las secciones hospitalarias del servicio de oncología se verían notablemente aliviadas, las desagradables sesiones de quimioterapia con los sufrimientos que ellas conllevan y el desánimo que alienta en los enfermos quedaría erradicado, además comportaría una mayor capacidad de intervención y decisión por parte del paciente y su entorno más próximo resultando así más firmemente garantizados sus derechos como cliente de un servicio público que demanda una buena atención y exige no ver mermada su capacidad de elección; por otro lado, al ser una terapia regeneradora, revitalizadora de las células sanas o no destructiva como sucedía con la quimioterapia, no acarrea riesgos en los pacientes que vayan voluntariamente a soportar por primera vez tal proceso de cura, al no ser nociva para el paciente, se puede directamente experimentar con enfermos humanos quedando anulado el protocolo de experimentación, exigente en extremo con el necesario paso de la investigación por los enfermos no humanos, primero roedores y finalmente con los seres más próximos a nuestra naturaleza animal humana, o sea, con los primates (hoy los fundamentalistas defensores del Proyecto Gran Simio encontrarían un motivo evidente de satisfacción y su adherencia al mecanismo de cura propuesto mostraría una impronta ideológica a favor prioritariamente de los protohumanos de nuestro presente, quedando en última instancia relegada a un segundo plano la cuestión central articulada en torno a los enfermos humanos). Todas esta peculiaridades extraídas del método de Di Bella favorecen el interés y la atracción de los enfermos del momento y de los ciudadanos italianos involucrados en el asunto en tanto que asumen su condición de potenciales enfermos de cáncer. Pero las ventajas apuntadas desde este novedoso método de cura no se agotan con este superficial análisis más arriba confeccionado. Otros autores ya han reconocido como cuestión de vital importancia la relación médico paciente; los propios periodistas científicos la erigen como centro de la noticia. “El médico no puede ser privado del derecho a la libertad terapéutica que está en la base de la relación médico-paciente”. Esta cita recogida el 11 de enero servirá de punto de partida para el análisis que a continuación abordaremos de la mano de Neil Postman en su libro intitulado Tecnópolis: la rendición de la cultura a la tecnología. Con la quimioterapia, y aquí nos vemos obligados a llevar a cabo un análisis comparativo, la relación entre médico paciente se enfría considerablemente a la vez que se mediatiza, vía tecnología, y se hace especialmente distante; es decir, las tradicionales relaciones éticas configuradas alrededor de relaciones próximas a la amistad, de equidad entre médico y paciente, se sustituyen por otras relaciones ahora enmarcadas dentro de un nuevo orden moral donde el encuentro viene definido por un médico cuya actividad ejerce como profesional y un paciente deseoso de hallar soluciones para sus problemas. Ahora la naturaleza de las relaciones vendrá definida por criterios de desigualdad apoyados a priori en el mayor o menor grado de conocimiento de cada uno de los miembros de la relación momentáneamente establecida. Con esta nueva propuesta de terapia parece garantizado un trato más humano, más próximo o ético, entre médico y paciente. Sin dejar de reconocer que la mediación tecnológica no deja de ser una eventualidad humana, ya que si bien es física no es física natural sino que realmente es física humana, el nuevo vínculo médico paciente introducido con la terapia del modenese repercute favorablemente en la consolidación por parte del paciente de su firmeza o perseveración activa en su lucha por el restablecimiento de la salud al quedar en él depositado un mayor compromiso de mejora. Declinará de esta manera la dominante y actual relación médico paciente subrayada por Neil Postman en Tecnópolis y en donde leemos:

“ Al llegar el siglo XX, la medicina ya estaba definitivamente encaminada hacia una confianza casi total en la tecnología [parece inclinarse por el diagnóstico frankfurtiano sobre la tecnología entendida como razón instrumental al servicio de la verdad, de la objetividad, y en última instancia capaz de neutralizar al ser humano hasta convertirlo en cosa u objeto de experimentación], sobre todo después del desarrollo de los laboratorios de diagnóstico y el descubrimiento y uso de los antibióticos en la década de 1940. La práctica médica había entrado en una nueva fase. La primera se había caracterizado por la comunicación directa con las experiencias del paciente, basada en lo que el propio paciente contaba y en las preguntas y observaciones del médico. La segunda se definía por la comunicación directa con los cuerpos de los pacientes mediante el examen físico, incluyendo el uso de tecnologías cuidadosamente seleccionadas. La fase en la que estamos ahora está caracterizada por la comunicación indirecta con la experiencia del paciente y el cuerpo a través de maquinaria técnica. En esta fase presenciamos el surgimiento de especialistas –por ejemplo, patólogos, radiólogos- que interpretan el significado de la información técnica y no tienen absolutamente ninguna relación con el paciente, sólo con tejidos y fotografías. Ha de suponerse que, a medida que la práctica médica se iba desplazando de una fase a otra, los médicos tendían a perder las habilidades y aptitudes que predominan en la fase previa” (1994,pp. 133-134. La anotación entre corchetes es nuestra).

La casi neutralización del paciente actual a su condición de mero objeto diseccionado en campos especializados de investigación y tratamiento médico repercute activamente en su deterioro ético personal al serle reducida a mínimos su capacidad de elección libre y de participación interesada en el proceso de cura. La fría relación descrita por Postman se ve superada con la propuesta de Di Bella al hacer recaer en el propio paciente la posibilidad real de doblegar la enfermedad. Este compromiso compartido por el paciente y el equipo médico protagonista del método de recuperación incidirá favorablemente en el resultado final al lograr sortear la participación obligada, y en ocasiones poco colaboradora, del enfermo con las decisiones asumidas exclusivamente por el oncólogo especialista. Pero los supuestos beneficios incorporados al nuevo método de cura no se agotan con lo ya descrito, nuestro modo de entender conceptos tan familiares y asumidos intuitivamente por todos como enfermedad y dolor darían un vuelco significativo. Por de pronto, cambiarían no sólo en su contenido semántico sino también en el modo de entender la parcela de realidad a la que hacen referencia. Para recoger con mayor rigor lo que venimos diciendo acudiremos a la obra de Iván Illich Némesis médica. Inicialmente el cambio se nos mostraría como radical, al ser sustituida su visión conceptual ahistórica y perenne por otra histórica y evolutiva. Un recorrido histórico, filológico, permite encauzar el sentido del estudio de Iván Illich. Enfermedad y dolor son dos conceptos que han discurrido a lo largo de la historia con significados diversos y en ocasiones heterogéneos. Retomando la cita con la que iniciábamos este apartado, “convivir con el tumor”, rescata una visión más humana de la enfermedad (quizá más cristiana si seguimos las líneas prefijadas por Illich), y por la misma razón del dolor, tratándola como una circunstancia que no necesariamente debemos exterminar; objetivo impuesto en el método médico ejercido a través de la quimioterapia si bien, en el caso satisfactorio del resultado final, aún media un camino de sufrimiento próximo a convertirse en auténtico infierno; como subraya sobre este asunto Illich:

“La moderna civilización médica cosmopolita niega la necesidad de que el hombre acepte el dolor, la enfermedad y la muerte [ Shelley llega incluso a novelar tal desafío en su famosa obra Frankenstein]. La civilización médica está planificada y organizada para matar el dolor [no es fatuo en este sentido recordar que el aumento del consumo de analgésicos en nuestra civilización occidental y en especial tras la segunda gran guerra va en continuo aumento, nuestro umbral del dolor disminuye a medida que nos percatamos de la posibilidad artificial de su eliminación]” (los añadidos entre corchetes son nuestros, 1975,p. 115). Por lo que concluye: “Cuando el ser humano se hace dependiente del manejo de su intimidad (experiencias del dolor, la enfermedad y la muerte), renuncia a su autonomía y su salud tiene que decaer. El verdadero milagro de la medicina moderna es diabólico. Consiste no sólo en hacer que individuos sino poblaciones enteras sobrevivan en niveles inhumanamente bajos de salud personal” (1975, p. 218).

Son otras las consecuencias fácilmente extraíbles de la nueva terapia de lucha contra el cáncer. Salpicaría inevitablemente a las firmemente asentadas estructuras médico-administrativas de los centros de salud. Los especialistas oncológicos de verse corroborada con éxito la propuesta de cura del profesor Di Bella y su equipo comprobarían que su presencia, en el conjunto del sistema sanitario, sufriría una drástica merma, sus necesarios servicios actuales, en ocasiones superados por la demanda cada vez mayor de enfermos de cáncer necesitados de atención, pasarían a ser obviamente reducidos, con menos personal se realizaría más tarea y con mayor eficacia lo que redundaría en beneficio de los pacientes y del conjunto de los ciudadanos italianos si se enfoca dicha posibilidad práctica desde criterios estrictamente económicos y concretamente impositivos. Bajo este prisma argumentativo deben analizarse muchas de las pugnas expuestas por los medios de comunicación. Reconocer el origen gremial de cada uno de los protagonistas de la discusión sirve para despejar alguna duda respecto a los argumentos esgrimidos frente a otros. Se evidencia que el conocimiento científico puede introducir modificaciones sustanciales en un organigrama tan consolidado como el médico administrativo.

Los aparentemente beneficiosos resultados de la metodología médica del profesor Di Bella no se agotan todavía. Las ventajas también inciden a nivel de consumidor deseoso por adquirir un buen producto a un buen precio. Del llamado cóctel Di Bella que incorpora como ingrediente básico la somatostadina leemos en La Stampa:

“Si la combinación de fármacos llegara a ser eficaz, los medicamentos costarían muy poco porque el estudio ha sido prometido desde el Servicio Nacional de Salud y el precio final de los fármacos no tendría el añadido resultante de los costes de la investigación”.

Evidentemente la oportunidad de negocio de la industria farmacéutica se resentiría. Y si a ello sumamos que en el método de cura no se considera oportuna ningún tipo de intervención quirúrgica o agresiva los gastos en material sanitario, en muchos casos carísimos dada “su altísima y avanzada tecnología” como podemos leer en la prensa, correrían la misma suerte o una suerte aún peor que la de la poderosísima industria farmacéutica la cual quedaría excluida de la posibilidad de un atractivo y especialmente enriquecedor negocio.

La realidad es que desgraciadamente esta situación de estancamiento burocrático propicia un interés inusitado de sectores sociales insertados en la ilegalidad. Rápidamente se percatan del negocio habilitado en torno a los medicamentos requeridos para llevar adelante el nuevo método de cura. Alrededor de este foco de especulación farmacéutica halla cobijo seguro la mafia; comienza a controlar en forma de monopolio de distribución el componente básico del cóctel de Di Bella, es decir, la somatostadina; las farmacias, únicos centros autorizados por el estado italiano para la distribución de dichos medicamentos, comienzan a notar la escasez, la demanda crece a la vez que disminuye drásticamente el número de fármacos necesarios disponibles para someterse a la nueva cura. Lo más destacado del asunto estriba en la paulatina merma de productos farmacéuticos ocasionada por el control ilegal de la mafia de dicha mercancía sanitaria; esta práctica, a todas luces inmoral y en detrimento de los enfermos, repercute en el aumento desorbitado del precio de la somatostadina convirtiéndola en inaccesible para la mayoría de ciudadanos italianos, y es la causa directa del incremento de visitas a la vecina Hungría con el fin de adquirir en su mercado lo que en Italia ha pasado a ser económicamente prohibitivo. A estas alturas de la polémica es obligado señalar nuevamente que lo que comenzó en un laboratorio y que tenía como único objetivo la erradicación definitiva de una enfermedad como la del cáncer acaba transformándose en un asunto de interés nacional capaz de sacar a la luz problemas hasta la fecha casi olvidados o al menos canalizados dentro de los cauces normales de la noble disputa política. Es, pues, lógica por necesaria la intervención, aunque sólo sea testimonial, del Presidente de la República Italiana Oscar Luigi Scalfaro pidiendo un rápido esclarecimiento que redunde favorablemente en la resolución del conflicto.

5.- DOS VISIONES DE LA PRÁCTICA CIENTÍFICA MÉDICA

Ahora bien, ¿a qué se debe esta encrucijada paralizante de intereses en un momento que como se recoge en la prensa diaria y en las diferentes cadenas de televisión el tiempo apremia y de forma especial para los diagnosticados oficialmente como “enfermos terminales”? Esta interrogante puede encontrar respuesta acudiendo a un examen sosegado de la ciencia médica en ejercicio, para unos diana de todo tipo de críticas, para otros esperanza real, no fantasiosa, de salvación. Ambas perspectivas, o visiones de la ciencia, se muestran, desde un punto de vista crítico y distante con cada una de las partes, como inconmensurables y son a su vez un fiel reflejo de una larga tradición teórica sobre la ciencia que se ha ido fraguando principalmente durante el siglo pasado. Desde ambas perspectivas antagónicas se acude a la ciencia para de algún modo resolver totalmente o parcialmente la confusión creada.

(A).- Los defensores de la llamada, para entendernos, ciencia normal u oficial se adhieren a ella como refugio inquebrantable de coherencia y racionalidad ajena a cualquier atisbo de caprichoso interés particular. El gobierno, con la Ministra Rosy Bindi a la cabeza, entreteje su urdimbre discursiva entorno a la ciencia. Su objetivo obligado como miembro del ejecutivo no es otro que la persecución del mayor beneficio común articulado alrededor del buen orden social. Su desconfianza en las diferentes propuestas expuestas hasta el momento, muchas de ellas claramente determinadas ideológicamente, inciden en que su apuesta sea decididamente favorable a una resolución científica del conflicto público abierto por el profesor Di Bella. Su exigencia incide especialmente en las pruebas empíricas que acrediten la veracidad de los resultados defendidos por el modenese y su equipo. Su principal petición son las fichas que contienen presuntamente (según testimonio del profesor Di Bella, esto es, el interesado, lo que para la ministra hace que sea dudoso) los “datos” de las pruebas realizadas ya con pacientes de cáncer y que han resultado, según los protagonistas que han dirigido tal práctica investigadora, satisfactorios y concluyentes. El gobierno no está sólo en esta estrategia dilucidadora, cuenta con el apoyo inestimable de los “expertos” más prestigiosos de la ciencia italiana como el premio Nóbel de Fisiología o Medicina en 1975 Renato Dulbecco que, en la misma línea que la Ministra de Sanidad, reclama la realización de una experimentación fundamentalmente objetiva, hecho que necesariamente requiere al menos de las siguientes condiciones: un número considerable de pruebas, un examen detallado de los pacientes y su estado de salud previo a la realización de la experimentación, contrastación experimental de la eficacia del cóctel basado en la somatostadina haciendo especial énfasis en el efecto placebo o predisposición del enfermo a sentirse aliviado de su padecimiento al reconocer en la adecuación del tratamiento con sustancias inocuas que desconoce su mejoría, la exclusión de dichas pruebas del profesor Di Bella con el fin de garantizar la imparcialidad y neutralidad deseadas (no olvidar que de forma análoga utiliza el mismo argumento el médico modenese y su equipo pero esta vez contando con su presencia), requisitos estos últimos que podrían verse empañados por dudosas interpretaciones o por manipulaciones que violasen el código deontológico de todo profesional de la medicina. En este punto Dulbecco y el gobierno pretenden mostrarse prudentes, no dicen que su comportamiento sea deshonesto, simplemente quieren evitar la posibilidad de que pueda llegar a serlo y, por último, la espinosa cuestión del tiempo, es decir, hablamos de aproximadamente cinco o seis años como periodo mínimo exigido para cumplir con el protocolo médico investigativo; esta última afirmación choca frontalmente con las ilusiones de los enfermos terminales y no, como se transmite desde los diferentes medios de comunicación, con la incomprensión de los defensores de la ciencia oficial o empírica.

(B).- Otro enfoque viene diseñado desde las filas afines al denominado movimiento CTS. La lectura que del asunto se realiza y el juicio que se emite es evidentemente diferente, lo que en un primer momento ya nos permite reconocer, desde nuestra atalaya de objetividad crítica que analiza la confusa situación, el carácter no concluyente de los hechos evaluados. Mientras que los miembros del gobierno italiano y científicos de reconocido prestigio como Dulbecco consideran el problema como un asunto permeable a una posible solución definitiva que aclare la anomalía, neutral o vacía de juicios de valor, y objetiva que repercuta favorablemente en la transmisión fiable de una información capaz de convencer al público en general y a los enfermos en particular, los miembros de la comunidad científica y otros allegados, caso de la mayoría de los miembros de la prensa, al profesor Di Bella lo consideran como un problema abierto, esto es: la decisión que se adopte no va a estar libre de valoraciones que trasciendan la misma práctica científica, los hechos o datos objeto de estudio inciden positivamente en la resolución del problema pero están lejos de ser definitivos, de ser el fundamento único que sirva de sustento a la decisión que se vaya a tomar. Por tanto, en contra de lo que manifiesta la Ministra de Sanidad Rosy Bindi, no es un problema que tenga única y exclusivamente una lectura y respuesta científica, aunque tal vez haya que decir en favor de la Ministra que su vuelta a los laboratorios sería bienvenida una vez demostrado que su puesta en la escena pública, especialmente vía televisión, ha resultado un auténtico fiasco. Es obvio que la ciencia médica puesta encima de la mesa soporta múltiples y heterogéneas interpretaciones paridas desde reconocidos grupos del saber científico y desde grupos de la práctica política muy diversos lo que hacen de dicha actividad investigadora un bien a la vez que preciado, peligroso. Por este motivo se mantiene por parte de los adeptos al movimiento CTS que su control requiere de la participación activa y legítima de todos a la hora de tomar decisiones; decisiones que no son puramente científicas o tecnológicas sino que también son, acudiendo a los planteamientos defendidos por Winner (1987), políticas.

Ya señalábamos más arriba el carácter abierto del problema. Y es que tras un somero análisis intersubjetivo y público las interrogantes que se pueden extraer son múltiples, entre otras: ¿cómo se podría experimentar, según los tradicionales mecanismos de investigación, un método que, hasta donde hemos podido entender, se basa en la extrema variabilidad? Si por algo reconocemos en la ciencia un compromiso con la verdad es por su interés en mostrarnos una ejecución gobernada por reglas necesarias dirigidas por criterios lógicos, por el seguimiento sin titubeos de un orden impuesto, de un método, de cada uno de los agentes científicos y que tiene la posibilidad de ser repetido satisfactoriamente por cualquier otro especialista en la materia. Así pues, no es que no se pueda efectuar una evaluación científica rigurosa (al menos siguiendo los métodos tradicionales) tras un examen minucioso de los datos aportados es que ya de antemano, a priori, se excluye tal posibilidad. Así dadas las cosas la cuestión es por poco frecuente notoriamente relevante, lo que nos lleva a preguntar: ¿el asunto del que tratamos se puede considerar científico o no? No sería estéril advertir que decantarse por una postura afirmativa o negativa nos conduce irremediablemente al planteamiento de otras cuestiones de no menos interés: si asumimos la existencia de un mínimo grado de verosimilitud en esta propuesta de erradicación de la enfermedad del cáncer, ¿en base a qué criterios podemos evaluar satisfactoriamente tal novedoso método de cura?, y si nuestra consideración es negativa, dudamos no sólo de la eficacia del método sino también de su misma coherencia asociada a la razón, ¿estamos entonces ante un caso de fraude pseudociéntifico y simplemente nos enfrentamos ante un problema de naturaleza política con marcados intereses económicos de por medio? Las hipótesis que se pueden derivar como respuesta que permita salir de este callejón sin salida son innumerables y dadas las condiciones impuestas por el trabajo en marcha evitaremos entrar en este juego de posibles futuribles.

Tras señalar los puntos a favor de la propuesta de cura del profesor Di Bella y las confusas manifestaciones que sobre el método se saben a través de los medios de comunicación y que urge institucionalmente aclarar abordaremos brevemente otros asuntos. Las interrogantes que salpican a la propia opinión pública deben ser resueltas, en caso contrario sería inevitable la generación no deseada por nadie de nuevas anomalías que incrementarían más aún si cabe el malestar de la sociedad italiana. La denuncia pública de esos asuntos no aclarados, que en nuestro trabajo hemos simplemente señalado, es una obligación moral de la que pueden participar políticos, científicos, periodistas, empresarios farmacéuticos, sociólogos, filósofos, público en general que se reconozca preparado intelectualmente para enriquecer el debate y los protagonistas no voluntarios que sufren en sus carnes la enfermedad del cáncer. En este sentido y siguiendo la senda marcado por Bruno Latour (1992) serían un gran número de personas las que con mayor o menor protagonismo, en diferentes órdenes de responsabilidad y por supuesto de conocimiento especializado, harían ciencia.

El argumento que mantiene en la cresta de la ola mediática y científica a Di Bella no es otro que su convicción, no sabemos realmente si apoyada o no en la ciencia, de que su tan discutido método es eficaz en la lucha contra la enfermedades oncológicas. Ahora bien, este discurso salpicado de intenciones necesita ser más preciso, abrigar una documentada y variada contrastación experimental y sobre todo: ser consciente y responsable de los riesgos que entraña la manifestación pública de dicho acontecimiento en el campo de la ciencia. Dejando de lado las valoraciones que los diferentes colectivos sociales, ya sean constituidos estos por expertos o no, han hecho del método (en muchos casos claramente interesadas y especialmente al trascender al ámbito de la ciudadanía la discusión), lo que no se puede desdeñar son interrogantes del tipo: ¿qué clase de cánceres realmente puede curar?, ¿en qué preciso estado de salud deben encontrarse los pacientes para que puedan obtener el visto bueno y someterse al novedoso proceso de cura?, ¿pueden realmente participar con garantías de cura los enfermos terminales? (sobre este particular cabe señalar que tras el consentimiento del Ministerio de Sanidad a la nueva práctica médica de investigación el número de enfermos terminales en la lista de seleccionados era especialmente reducido, muy por debajo de las expectativas creadas entre el público y en concreto entre los pacientes), ¿cómo afectará esta polémica a otros cursos de investigación en marcha en el área de la salud y que necesitan para ser desarrollados del apoyo financiero público o privado? (en esta línea argumentativa se dirigió algún artículo de Gianni Vattimo, por cierto no bien acogida por los lectores de La Stampa; no tardaría el padre del “pensiero debole” en publicar otro artículo en el que rectificaba lo anteriormente escrito), ¿qué verdaderos criterios se explicitan para aconsejar con un mínimo de riesgo que un paciente que esté siendo tratado con quimioterapia abandone ésta para someterse a la nueva cura no probada del profesor Di Bella?, ¿esta elección es responsabilidad del paciente y/o del médico? En suma, las interrogantes abiertas parecen alejarse más todavía de una posible respuesta concluyente y con la información de la que disponemos no nos atrevemos a ser nosotros los que osemos aventurarnos en tal hazaña.

6.- CONCLUSIÓN

Resaltar en todo este embrollo que quizá sea un peculiar caso de ciencia médica para el cual la publicidad, el estar en boca de todos, haya resultado más perjudicial que beneficioso dada entre otras razones la alarmante escasez de datos que puedan dar luz verde y con un mínimo de garantías a cualquier atisbo de solución parcial, y no nos olvidamos de precisar que no estamos diciendo que los datos sean el quid de la cuestión sino que simplemente advertimos que estos son necesarios y escudarse en los pacientes y su libertad de cura y privacidad para no trasladar a las autoridades médicas los resultados obtenidos tras la fase de experimentación del método parece a todas luces una utilización abusiva y errónea de normas éticas hipostasiadas a un plano tan elevado que las trasforma en obstáculo para el esclarecimiento del problema, y en práctica inmoral por ausencia de generosidad que sólo con la aplicación efectiva del derecho se puede superar.

En conclusión, el modelo evaluativo recogido en la prensa no es reactivo, negativo, en tanto que abre la puerta en la toma de decisiones a la participación pública y no es utilitarista ya que no reduce el impacto de la investigación médica desarrollada por el profesor Di Bella a parámetros de análisis coste-beneficio, enfoque valorativo muy asiduo entre los representantes políticos asesorados por expertos. Con todo, este nuevo modelo quizá peque de ingenuidad en el análisis de la estructura social. Presupone una democracia no real, ideal, una democracia sin límites, accesible a todas la manifestaciones cotidianas como si éstas pudieran sólo ser racionalmente tratadas a través de la participación desinteresada y sin coacciones de todos los ciudadanos y no sólo eso, supone una dinámica tan perfecta que cada grupo social ya sea un grupo político, una comunidad médica, una asociación de enfermos de cáncer, una gran empresa farmacéutica, (que a su vez, no lo olvidemos, es en el fondo otro grupo tan legítimo como cualquier otro de trabajadores y accionistas), etc. dado que tiene el derecho para intervenir (otras asociaciones, caso de la mafia, participan sin ese derecho) tiene automáticamente la misma fuerza operativa y decisiva sobre el impacto científico y tecnológico de la práctica médica analizada. El modelo político de la democracia garantiza la participación ciudadana por igual, entendida en sentido distributivo, pero lo que no puede garantizar, de ahí que sea más correcto hablar en este marco de igualdad atributiva, es que haya diferentes potencialidades operativas humanas, que haya diferentes posibilidades de ejecución de planes, que haya diferentes grados de libertad según su fuerza para hacer efectivos sus proyectos. Además, es un error homogeneizar los modelos de evaluación participativos sin analizar previamente las sociedades particulares, los intereses concretos enfrentados, los objetivos buscados en cada caso, y es un error no percatarse de que en el orden político donde logra instalarse la polémica estudiada no se haya en su esencia una armonía que pueda conducir al entendimiento de todas las partes enfrentadas y al logro efectivo, político, del bienestar del conjunto de la sociedad italiana sino que lo que en realidad encierra es un equilibrio basado en una lucha por la vida a nivel de los diferentes grupos de poder, ya sean legalmente reconocidos ya sean, como en el caso de la mafia, ilegalmente reconocidos, un equilibrio en definitiva de supervivencia del más apto en el seno del estado italiano, que no es más que, valiéndonos de un concepto de naturaleza biológica ya utilizado en su teoría política por el profesor Gustavo Bueno, una biocenosis. Y es aquí donde la cura del profesor Di Bella sirve de coartada a los diferentes grupos sociales para llevar a cabo sus planes, sus intereses de grupo, desprestigiando en gran medida la labor científica, su compromiso con la razón y la verdad, y aupando a la gloria del reconocimiento público a pseudosaberes inmersos en las catacumbas de la sinrazón como los de los naturópatas, videntes, astrólogos, y otros muchos que en la marea de confusión instalada ven con inusitado interés la apertura a nuevas oportunidades de negocio.

BIBLIOGRAFÍA

EL CASO DI BELLA: La Stampa, desde el 5/01/98 al 21/01/98.

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WINNER, L., La ballena y el reactor: una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología”. Gedisa, Barcelona 1987.

 

 

 

 

Sobre la realidad presente

Fecha: por: dariomartinez

Nuestro célebre Don Quijote arranca su más gloriosa aventura a lomos de un corcel tan atrevido como su amo se lo permitía; en la indecisión nuestro caballero andante decide abrirse camino por los senderos escogidos por su fiel rocín, él decide inesperadamente el devenir de sus avatares: “y con esto se quietó y prosiguió su camino, sin llevar otro que el que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras”. Es ésta una trayectoria tan fantástica que marcará la aparente realidad de una vida que pasará a ser parte de nuestro entramado cultural.

Pues bien, cuando hablamos de la realidad necesitamos urgentemente delimitar el campo de reflexión. Es atractiva la vía abierta en su momento por un modo de pensar tan nuevo como fascinante, un modo que supo entender a su manera la complejidad de su época dando soluciones tan audaces como eficaces; los filósofos griegos, entre otros Parménides, Heráclito, Platón y Aristóteles, planteaban toda una gama de razonamientos acerca del ser y del no ser, del ser y del devenir, de lo real y de lo aparente. Son sus escritos una brújula ontológica que por suerte tenemos a mano, pero este no es el momento de hacer historia. Siendo conscientes del legado por ellos inaugurado y sin intención de dejarlos en el olvido positivista pretendemos dar luz a una realidad tan distante de ellos como cercana a nosotros: la realidad dada en nuestro presente. Dicha elección no pretende ser azarosa, ni menos aun queremos depositarla en voluntades ajenas, todo hay que decirlo, dominadas por la candidez propia de un Rocinante que guíe nuestro itinerario reflexivo.

Hoy nuestra realidad muestra una serie de elementos que la hace diferente. Dicha peculiaridad brota de la especialización científico-técnica parida durante la modernidad. Las ciencias, otrora siervas de una Teología venida a menos y una Filosofía que comenzaba a romper su ligazón más íntima con una idea, la de Dios, que triturada racionalmente pasaba a ser tan irreal como inoperante, inician un proceso de madurez sin parangón; ayudan a ello la imprenta, los nuevos descubrimientos geográficos y el nacimiento de unos estados nación que ven en el florecimiento del saber científico un arma capaz de satisfacer los intereses más obscenos, o más prudentes, demandados por los más fuertes grupos sociales de cada uno de ellos. Las nuevas ciencias racionalmente edificadas en las aulas-taller o laboratorios se ponen al servicio del sistema productivo y defensivo nacional. Los intereses son compartidos y esto produce no una situación de entendimiento sino de conflicto continuado, de enfrentamiento público entre estados que intentan velar por el bienestar de sus conciudadanos y que el marxismo entendió, creemos que erróneamente, como lucha de clases; propuesta teórico práctica que vería en la primera gran guerra su más severa refutación: la clase obrera alemana y la clase obrera francesa combatían a muerte por su país, la supuesta unidad de clase se tornaba estéril a la hora de intentar dirigir sus voluntades. Durante la segunda mitad del pasado siglo XX se logran apaciguar los tambores de guerra, de violencia gratuita irracionalmente colmada tras la derrota por eliminación del rival, gracias a una situación de equilibrio racionalmente calculada que evita el conflicto armado directo en forma de guerra nuclear total, situación que no es otra que la Guerra Fría protagonizada por los bloques americano y soviético. Pues bien, la realidad presente viene configurada por lo que se conoce como la era de la información, de la cibernética, de Telépolis como nos dice Javier Echeverría, donde los ámbitos privados se hacen públicos, fenómeno que tiene lugar en las casas y se articula a través de la TV e internet. Es el nuevo mundo real de Platón, la nueva Ciudad de Dios que San Agustín ofrecía al nuevo ser humano, al nuevo sujeto personal y agraciado que con su fe en el único Dios verdadero podía darle la espalda a la no verdad, a la Ciudad de los hombres desgraciados y dominados por los impulsos más innobles de su naturaleza pecadora y animal, es la realidad que hoy identificamos con la atractiva idea mito de la cultura, de la ciudad del ordenador, de internet, del idioma informático más amplio que no es otro que el inglés, de la eliminación virtual de toda frontera, de la ciudad que aspira a ser total haciendo del campo un espacio de actividad puramente urbano, es, por tanto, el momento de una nueva realidad personal: la del ciudadano de ninguna parte y de todas a la vez, la del ciudadano cosmopolita.

¿Y cómo es este nuevo protagonista cosmopolita que parece hacer realidad el ideal estoico? Del ascetismo estoico nada de nada, más bien todo lo contrario. Es el nuevo individuo consumidor que como cliente exige, tiene sus obligaciones pero también sus derechos, y que su grado de ambición trasciende cualquier tipo de dualismo político tradicional, llámese éste izquierda/derecha, capitalista/socialista, progresista/conservador, nacionalista/no nacionalista, &c., y lo traspasa porque en su intento de hacer consumible todo aquello que se le pone a su alcance intenta demoler las estructuras más tradicionales del Estado, y lo hace por el lado que peor encaja en la nebulosa ideológica de cada una de las mónadas libremente predispuestas para el consumo de aquellos productos que se pueden permitir y que satisfacen su individualidad personal, la de la estructura que tiene por esencia la defensa, por tanto, los ejércitos se diluirán en eufemismos propios de las más nobles y mejor aceptadas oenegés, sus actuaciones estarán encaminadas a la paz, y sus métodos en la medida de lo posible serán disuasorios, nunca violentos, y además ejecutados lejos de las fronteras nacionales; si el resultado es satisfactorio y recurrente la tendencia natural del cuerpo defensivo no será otra que la de su paulatina disolución, en momentos de paz perpetua no tendrá sentido su presencia. El ideal kantiano se pondrá por fin encima de la mesa tal y como viene recogido en los artículos preliminares de una paz perpetua entre estados: “Los ejércitos permanentes -miles perpetuus- deben desaparecer por completo con el tiempo. Los ejércitos permanentes son una incesante amenaza de guerra para los demás Estados, puesto que están siempre dispuestos y preparados para combatir” nos dice el köningsbergense pensando más en la paz prusiana de Federico Guillermo II que en la universal; la nueva práctica política en forma de democracia servirá de mecanismo ejecutor único e inexorable, el fin de la historia se hará realidad y Fuhuyama y otros portavoces de la buena nueva serán los “zaratustras” del siglo que acabamos de comenzar. Una vez iniciada esta fagocitación de la estructura defensiva del estado ya no tendrá sentido perpetuar su existencia mediante la formación de personas que puedan coincidir con los intereses comunes del conjunto. Los nuevos planes personales serán propios de cada uno de los nuevos grupos sociales y estos velarán por la permanencia de sus intereses, la educación pública se cuestionará y su paulatina disolución irá de la mano de la cada vez mayor debilidad del Estado.

¿Y cómo piensa el nuevo protagonista de nuestra realidad presente? ¿Qué es lo que conoce de la realidad? ¿Cómo se debe entender esta nueva ontología? La realidad no es otra cosa que aquello que el sujeto humano conoce, aquello a lo que accede vía lenguaje y que logra explicar y dominar mediante mecanismos racionales operatorios hoy muchos de ellos desarrollados en los laboratorios y puestos a disposición de las masas de individuos consumidores a través de las nuevas tecnologías; de este modo logra construir parcelas cada vez más amplias de realidad, cancela apariencias necesarias mostrando reflexivamente los mecanismos causales que determinan dichas realidades y las estructuras formales que las componen, es decir hace sensible lo que es y actúa. Lo que sucede es que a la vez el conocimiento se torna cada vez más especializado y así para ordenar, clasificar y diferenciar cada una de estas parcelas de realidad es necesaria la presencia de expertos cada vez mejor cualificados, de científicos o ingenieros capaces de “ver” aquello que ya no está al alcance del saber natural y orientado a la supervivencia sino a lo que se accede a través de un saber no natural y orientado a la verdad que exige para su domino un gran esfuerzo, con lo que se encontrará clausurado, dada su extremada complejidad, a la mayoría de los ciudadanos. Esta realidad absolutamente heterogénea, en perpetuo proceso de transformación, es ajena a cualquier intento de fundamentación definitivo o metafísico ya sea éste propuesto desde las filas idealistas (Kant) o materialistas (Lenin). La nueva realidad no es ajena al operar humano, la nueva realidad es física humana, no una sustancia o un ser eterno y universal lo que hace que la pregunta ontológica por excelencia ya no deba ser la tradicional qué es el ser sino qué es la materia, la cual entendemos como infecta, en proceso, histórica y fruto de la producción humana. Luego el ser de la ontología tradicional, o mejor aún, la materia de la nueva ontología se dice de muchas maneras como ya nos sugería en su Metafísica Aristóteles y es imposible entenderla de un modo armonioso ya que no todo está relacionado con todo. Además, la realidad ya no será dada como se propugnaba desde las filas del realismo ingenuo, ni será obra de la reflexión trascendental del ser humano como sugería el idealismo, sino que será producto del ser humano entendido como miembro de una comunidad, de una casta, de un grupo social concreto, de una nación o de un estado, cada uno de ellos dialécticamente enfrentado a otros en el marco de un proceso histórico inacabado. Insistimos, nuestra propuesta ontológica ya no será la del idealismo o la del realismo sino la del hiperrealismo, donde se rompe la dicotomía entre el sujeto y el objeto y se afirma la realidad como lo conocido. De este modo muchas de las nuevas sombras platónicas serán producidas por demiurgos muy diversos y de difícil identificación que proyectan sobre los consumidores imágenes o escritos capaces de adormecerlos en lo más profundo de la caverna; sus complejos mecanismos de construcción de apariencias en forma de lo que se da en llamar “realidad virtual” son epistemológicamente inaccesibles al que dio en llamar Ortega hombre masa. Y no sólo por la naturaleza del contenido que se proyecta, ni por los fines que persiguen los agentes que fabrican dicha mercancía virtual, sino por la sobreabundancia de información que no le permite discernir entre, por un lado, aquello que le pueda resultar al nuevo consumidor o ciudadano de la aldea global más útil, que le permita, acudiendo a Espinosa, al hombre masa de hoy o individuo flotante que se nos presenta como el fundamento mismo de nuestras democracias, ser más firme y perseverar en su ser de modo libre, es decir que pueda ser causa directa de buenas prácticas éticas o morales que le enriquezcan como persona y que le conduzcan a mayores cotas de alegría, de, por otro lado, aquello que simplemente le resulta inútil y le conduce a un empobrecimiento de su persona, haciéndole menos libre y por lo tanto más ignorante de las causas que determinan su ser. Por este motivo el desconcierto es generalizado, las trayectorias particulares de muchos de los ciudadanos que constituyen el conjunto de la humanidad están vacías de verdadero conocimiento, además son muy limitadas y no encuentran su sitio, o su salvación, en trayectorias comunes emanadas del estado que permitan garantizar no sólo su supervivencia sino también su bienestar. Y no lo encuentran porque sus intereses adolecen en muchas ocasiones de racionalidad, de un mínimo contenido que satisfaga los intereses del conjunto de la sociedad, del bien común que permita un orden bueno en el seno de la llamada sociedad civil, un orden en definitiva justo. Y esta situación se agrava si tenemos en cuenta que la llamada clase política se halla plegada a sus intereses de partido, y en este ensimismamiento dan la espalda a la sociedad civil desatendiendo de forma preocupante asuntos tan esenciales para el buen orden del estado, orden que permita su persistencia, como son los que directamente se hallan vinculados con la educación. De esta mediocre formación de las personas que forman parte del conjunto del estado deriva el actual desconcierto, al que España no es ni mucho menos ajena, desconcierto que tiene forma de crisis económica, pero que también muestra su cara más desgarradora en forma de prácticas vacías de cualquier tipo de virtud ética o moral, en forma de individuos flotantes tan amorales que solamente pueden ofrecernos comportamientos irracionales difíciles de asimilar.

Pero lo que resulta insultantemente más chocante es que el hiato entre el modo de entender la realidad construida por los diferentes grupos humanos a lo largo de la historia, y no debemos olvidar que ésta es obra de los vencedores, y la estructura dialéctica de la misma es cada vez más severo. Es así que se habla de globalización y humanidad al mismo tiempo que se obvia la existencia de un desequilibrio permanente entre dos mundos abiertamente enfrentados y cruelmente dependientes, dos mundos del que forman parte los estados pertenecientes al llamado grupo de los países desarrollados y que en la necesidad de mantener intacta su condición de dominadores articulan estructuras supranacionales, mundo dueño y gestor de las tecnologías más punteras, de la especialización y de la clausura al saber natural en donde dominan los científicos, los ingenieros y una mano de obra constituida por operarios cualificados que ejercen su labor evitando esfuerzos físicos propios de la relación directa del hombre con la naturaleza, y los cada vez más numerosos estados del tercer mundo o en vías de desarrollo que nos ofrecen, a todos y cada uno de los consumidores satisfechos del primer mundo, una inagotable cantera de mano de obra que en aras a la necesidad de sobrevivir están dispuestos a realizar todas aquellas labores que requieran, o bien un contacto directo con la naturaleza, o sea una menor tecnificación y por lo tanto un mayor grado de esfuerzo físico, o bien aquellas labores que requieran una mayor cota de desagrado en quienes ostentan la condición de ciudadanos del primer mundo, v.g. atención de nuestros mayores o participación en misiones de alto riesgo como profesionales en los diferentes ejércitos nacionales. Es en esta desigual realidad en marcha en donde la filosofía debe, junto a otros saberes ya dados: científicos, tecnológicos, políticos, religiosos, económicos, etc., introducir su bisturí racional y crítico para sofocar o simplemente deshacer, en la medida de sus posibilidades, una situación de permanente conflicto, y hacerlo de forma prioritaria en el orden ético, moral y jurídico. Es un deber que no sólo debe mostrar las apariencias para clausurarlas racionalmente, sino que también debe contradecir al mismo Hegel y reclamar: ¡no todo lo real es racional! Y es un deber que de ser desatendido filosóficamente será tratado desde otras parcelas del saber, desde otras perspectivas ya sean gnoseológicas o no, bien sea desde las filas positivistas que reconocen como única verdad la que brota de la ciencia, si bien dejan sin explicar muchas de las controversias sociales más urgentes, bien sea desde las filas metafísicas que en su búsqueda de la verdad última olvidan la realidad y no logran explicarla y menos dominarla. Otras alternativas pueden incluso ser más peligrosas. La renuncia voluntaria al conocimiento de la realidad arriba a un posicionamiento nihilista tan irresponsable como irracional, irresponsable porque asume sin más la realidad dada y no pretende ni entenderla ni transformarla si el caso lo requiere, e irracional porque otorga al todo vale categoría de fundamento práctico.

Que nuestro encuentro como filósofos con la realidad presente no sea ya tardío y nos haga claudicar al modo del ilustre Don Quijote de la Mancha: “Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; querría hacerla de tal modo, que diese a entender que no había sido mi vida tan mala que dejase renombre de loco, que, puesto que lo he sido, no querría confirmar esta verdad en mi muerte”.

Bibliografía

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– Platón. República, Libro VII (1993). Edición, traducción y notas. Santiago González Escudero. Oviedo, Pentalfa, 160-239 págs.

 

* Platón: La caverna. Libro VII, 514ª-517c. “ Pues bien, ve ahora a lo largo de ese tabique, unos hombres que transportan toda clase de objetos, que aparecen por encima del muro, y las figuras de hombres y animales, labradas a piedra, en madera y en toda clases de materiales; y entre estos portadores, naturalmente, unos irán hablando y otros en silencio”

* http://www.danieltubau.com/Tang/images/platoncavernahoehle.jpeg

Lo inadecuado de la reflexión sobre la muerte

Fecha: por: dariomartinez

Resumen
Se entreteje un discurso sobre la muerte con la vista puesta en la vida. Se defiende la necesidad de la razón como mecanismo imprescindible para dar sentido a la vida. En contrapartida se recogen algunos de los síntomas de nuestra sociedad actual, síntomas que podemos identificar a través del concepto de muerte, concepto aliado a las filosofías más firmemente entusiasmadas con el irracionalismo. Como sistema de clasificación del concepto de muerte se introduce la idea de espacio antropológico de Gustavo Bueno, permite diseccionarla en sus diferentes usos y campos de realidad, y permite entenderlo más allá de la clásica distinción bimembre de la realidad en naturaleza/cultura, materia/ espíritu. Ejercicio filosófico que queremos desarrollar como necesariamente dialéctico. Finalmente se llevará a cabo un breve tratamiento sobre el problema de la eutanasia.

1.- Del origen de la muerte como tema central

Fue Hegel, a su modo, uno de los más grandes filósofos de la vida. Su discurrir filosófico sistemático no es más que un intento serio por dar carpetazo al sentido último de la vida, pero en un sentido que va más allá de lo intimo, de lo individual, así daba un paso más y se instalaba en la colectividad, en el espíritu del pueblo «Volkgeist» y todas y cada una de sus manifestaciones más excelsas: arte, religión y filosofía. Cada uno de los espíritus que articula son fenómenos de la vida. Es Hegel el que se atreve a hacer de la filosofía una ciencia (más tarde Husserl) capaz de atrapar de modo concluyente lo universal concreto, la Idea. Es un saber plenamente racional, es una forma mimética de la realidad en su conjunto, es el sistema más racional jamás ideado, es el fin de la filosofía por imposibilidad de superación; tras Kant sí era posible hacer mejor filosofía, tras Hegel sólo es posible reconocer su acierto. Es realidad, es razón, es verdad. Todo se articula al modo geométrico, con un Dios de naturaleza humana y aprehensible no dispuesto a ser conceptualizado como absolutamente infinito, es decir, como incognoscible o inaccesible al saber racional humana de modo definitivo, de este modo la idea de Dios no se podría clausurar, su infinitud permitiría el devenir, el cambio en el saber humano, todo sería en Él pero Éste no se agotaría; esta condición de infinitud es obvia en Spinoza, pero Hegel, buen conocer del judío holandés no quiere dejar resquicios al escepticismo y así propone la presencia de un Dios absolutamente cognoscible. Los sentimientos, las pasiones, lo irracional son episodios de dudosa eficacia, estériles a la hora de pretender atrapar lo real, son fases que necesariamente debemos superar «überwindung», no hay espacio para la reflexión seria de aquello que resulta cuando menos perjudicial por ser esquivo a la razón, o con sus propias palabras, por ser parte de un entramado que se nos muestra como «una astucia de la razón». Dichas ataduras de la razón en forma de devenir aspiran a la necesidad en forma de auténtica libertad. Esta nueva realidad articulada filosóficamente debe ser anunciada y promovida y tomará como epicentro de su actividad a la nación alemana, a su lengua en el mejor vehículo posible para su exposición entre otras por ser una lengua viva (recogiendo el guante de Fichte), es decir, no muerta o sometida al pensar ajeno, extraño, extranjero o simplemente de raíz latina y no libre1. Luego el esfuerzo de Hegel gira en torno a la vida, será un buen punto de arranque para las posteriores corrientes vitalistas que tienen como uno de sus más firmes defensores a Ortega. Será, pues, la reflexión sobre la muerte un ocaso de la razón desde el momento en el que la vida se desvirtúa en favor de un fundamento como la muerte entendido como dador de sentido último.

Hegel despierta, que duda cabe, gran atractivo en la filosofía del momento. Es obvia en Marx, su idea de dialéctica será pieza clave en su programa reflexivo. Pero no todo es entusiasmo, Hegel despierta los recelos más sonados en la filosofía del siglo XIX; no es sólo su carácter metafísico, su exposición tortuosa y en ocasiones ininteligible, es sobre todo su asfixiante concepto de razón. Casi siguiendo las leyes de Newton, se muestra como la fuerza de la razón hegeliana provoca una reacción equiparable a su acción original pero lógicamente en sentido inverso; la irracionalidad cobrará pleno protagonismo y ahora la filosofía cambiará el rumbo de su temática. Del suicidio de la razón que tanto atemorizaba al Descartes del Discurso del Método como momento del discurrir reflexivo que es obligado superar, se pasa a lo pasional como cúspide del ser hombre, el ideal romántico toma forma de verdadera filosofía, se da paso a otro tipo de reflexión ajena a la tradición griega, se abre el camino de las no académicas filosofías orientales. Otras formas de hacer filosofía son posibles y otras temáticas necesarias, entre otras: el lenguaje, el silencio, la angustia, la culpa, la contingencia, la nada, la libertad y muy especialmente la muerte que es el cuerpo de nuestra deliberación. El pensamiento orientado a la verdad se torna aparente, simplemente falso y decadente, es necesaria una crítica severa y una superación intelectual novedosa. La filosofía en sentido académico, asociada a unas ciencias que comienzan a ocupar un lugar cada vez más destacado, se diluye en otras manifestaciones humanas, se hace laxa y se hace estética («gnoseología inferior» diría su fundador Baugartem), aflora con gran fuerza el interés por lo poético, la moda, lo individual entendido como conciencia de sí auténtica o religiosa como sucede en el caso de Kierkegaard que abomina de todo lo externo o universal en el sentido hegeliano. Lo auténtico se experimentará, es existencia cambiante, de la quietud medieval y de la que es herencia directa la filosofía moderna y su preocupación por el ser se pasa al cambio, al perpetuo movimiento ausente de fundamento, desaparece cualquier asidero gnoseológico o axiológico como necesidad permanente de libertad individual. Luego este hacerse, este constituirse en verdadero en sí pasa por un proceso de toma de conciencia o para sí inagotable; somos seres limitados dominados por la angustia de la imposibilidad de nuestro en sí; somos pura intención vacía de contenido original. Esta angustia insuperable se alimenta de nuestra limitación, se nutre de nuestra constatación de seres limitados, de seres que hallan su límite de irrealización última en la muerte. Y a la vez nuestra existencia limitada está abierta a infinitud de posibilidades que nos constituyen como libres en el sentido de ausencia total de trabas que inhabiliten nuestro quehacer cotidiano, somos recurriendo al tan manido lema sartreano: «seres condenados a ser libres». Pero este sentido miope y dominador actualmente de libertad obvia la libertad entendida como libertad para, es decir, deja de lado aquella libertad que se constituye como tal por obra del individuo persona que en el seno de una sociedad de personas con su obrar se enriquece como tal, luego se entendería no libertad como aquel conjunto de acciones que marcan una trayectoria empobrecedora de la persona en el seno de una sociedad de personas; como casos límite de empobrecimiento personal estarían: el suicidio, acto de máxima gravedad hacia uno mismo en tanto que dicha acción es irreversible, y el asesinato como caso límite de violencia gratuita hacia otra persona. La muerte en sus dos formas de interrupción violenta que hemos señalado son los casos más evidentes de conducta no ética o cacoética, y si hablamos de dichos actos como ejecutados al margen de normas por todos compartidas y ajustadas, aunque sea débilmente, a la idea de justicia o de bien2 , hablaremos de actos propios de individuos despersonalizados, amorales y por tanto ajenos a cualquier proyecto socialmente compartido, serían sin más dilaciones individuos que podríamos calificar de imbéciles morales. Este dilema de comportamiento ausente de compromiso social es el que en su defensa de la libertad de no logra superar el existencialismo, el todo vale, el pobre intento de salvaguardar nuestra libertad borrando cualquier atadura normativa y socialmente compartida no es la solución, simplemente nos convierte en esclavos de nuestras pasiones o en seres que luchan como iguales por su vida, lucha que vendrá gobernada por la ley del más fuerte y de ahí a un sistema político encarnado en el soberano absoluto sólo media un nexo necesario en forma de ley natural3 .

2.- Sobre los diferentes sentidos del término muerte

Pero el concepto de muerte no sólo va asociado a la vida humana. Su contenido significativo cubre amplias zonas de la realidad, espacios claramente diferenciados sin que esto suponga una yuxtaposición. Como primer analogado vendría vinculado con el ser humano en tanto que somos nosotros los que tomamos conciencia plena del sentido de la muerte, comprensión que nos va constituyendo y que transciende nuestra mera existencia. Negamos, pues, la existencia de otros seres no humanos capaces de razonar sobre tal evento. No daremos coartada a supersticiones sustentadas en componentes psicológicos que sólo pueden ser evaluados, diagnosticados, e incluso curados en tanto son considerados como enfermos, como fenómenos subjetivos vacíos de verdadero contenido ontológico, es decir, de existencia real efectiva. Rechazamos la existencia de otras personas dotadas de razón con figura no humana que estén capacitadas para dar cuenta del sentido de la muerte y que posean la capacidad no mecánica para dar muerte o prolongar nuestra vida más allá de nuestra existencia corporal. Negamos la existencia de Dios como ser existente, como ser con vida (en el caso de la religión cristiana monoteísta dicha vida se entenderá como eterna) y de otros númenes ajenos al Dios de nuestra tradición judeocristiana: demonios4 , extraterrestres, licántropos, vampiros, otros seres mitológicos, &c. Pero el concepto de muerte tiene una aplicación mucho más amplia, se puede perfectamente aplicar a seres de muy diferente condición, seres que se pueden decir de muchas maneras haciendo que el término muerte oscile entre lo análogo y lo equívoco siguiendo la tradicional distinción escolástica de raíz aristotélica. Para clasificar y mostrar sus diferentes sentidos nos valdremos de la teoría antropológica y materialista del profesor Gustavo Bueno5 . Para ella acudiremos al llamado espacio antropológico y en él situaremos nuestro objeto de reflexión que no es otro que el de la muerte. Como es bien sabido el espacio antropológico es trimembre, se articula alrededor de tres ejes y contiene como protagonista relacional, como núcleo de la función, al hombre. Por tanto el sentido de la idea de muerte tendrá diferentes acepciones en función del eje en el que sea tratada. Vayamos por partes y despleguemos nuestra división.

a) Eje radial del espacio antropológico. Hace referencia a las relaciones del hombre con la naturaleza, con la physis griega, con aquel contenido de la realidad sujeto a relaciones necesarias, presidido por nexos causales impersonales. El hombre mantiene una relación que va encaminada al mantenimiento de su existencia, procura conocer lo que le rodea, sus ciclos, sus características últimas en forma de leyes naturales. Conocerlo significa dominarlo, asimilarlo en beneficio propio. Nuestra existencia depende de otros seres que nos pueden proporcionar el aporte energético necesario. Son seres vivos, dotados de movimiento, que nacen, crecen y se reproducen; como tales también mueren. Nuestra existencia depende de que no los aniquilemos, de que su explotación pueda ser repetida, es decir, domesticada. La muerte se sobreentiende como fin de la vida y tiene un sentido análogo al que se emplea con el hombre. Ahora bien, también se aplica el término a otros seres no vivos. Así una estrella como nuestro Sol muere, estos astros pueden morir por su alta actividad energética, por la falta de combustible o la transformación de hidrógeno en átomos de helio y su posterior paso a elementos más pesados como el carbono, el nitrógeno o el oxígeno, la liberación de energía se incrementa, su tamaño se agiganta y pasa a denominarse gigante roja, paulatinamente la concentración de elementos más pesados aumenta la gravedad hasta su límite máximo dando lugar a otra figura estelar que recibe el nombre de enana blanca, posteriormente y finalmente pasará a ser un agujero negro, es decir, la estrella por efecto de la gravedad se contrae si bien su muerte por implosión no es la única causa del fin de las estrellas, estas también pueden transformarse en supernovas fruto de una gran explosión, se producirá en aquellas estrellas cuya masa inicial es muy alta y que por lo tanto el consumo de energía será más lento y la pérdida de materia menor. De este modo se puede hablar en un sentido equívoco de muerte de una estrella. No es un ser vivo pero con dicho lenguaje podemos conocer mejor su proceso evolutivo, su ciclo existencial.

También en un sentido semejante se habla de la vida de los isótopos de uranio, su radiactividad perdura largo tiempo, se estima que unos miles y decenas de miles de años, de ahí que sea imprescindible la construcción de cementerios nucleares donde depositar dichos residuos aún contaminantes. Luego también en las ciencias físicas se usa con sentido el concepto de muerte, pero nuestra obligación como filósofos va más allá de dicha categorización propia del campo científico, entre otras razones porque dicho concepto también es usado en otros ámbitos, ya sean: políticos, religiosos, estéticos, jurídicos, etc. Nuestro análisis filosófico debe rebasar los métodos de análisis de las diferentes parcelas del saber, y este rebasamiento consiste en el análisis crítico de dicha idea con el fin de clasificar, diferenciar y comparar, en otras palabras: para entender el entretejimiento de las diferentes concepciones categoriales que obviamente no son un campo específico de ninguna disciplina científica, a no ser que se pretenda recorrer un camino que sólo conduce a posiciones reduccionistas de corte positivista.

b) Eje angular del espacio antropológico. Representaría a aquellas entidades no humanas que tienen inteligencia y voluntad (¿Dios cristiano?, ¿Dios musulmán?, ¿Dios judío?, ¿demonio? ¿animales? ¿extraterrestres?), que nos vigilan, nos acechan, adoramos, suplicamos, tememos, en definitiva, con las que mantenemos una especial relación. Estas entidades, verdaderamente, sólo pueden ser los animales, pero considerados no como algo «bueno para comer» sino como númenes ante los que los hombres experimentan atracción o temor y que sienten como fuerzas superiores de índole religioso, y cuyas relaciones reales y no metafísicas con los hombres son religiosas. Es el fundamento de la religión, la religación entendida como relación asimétrica: el hombre no es igual al ser que adora u odia, dicha verdadera religación se da entre el hombre y los númenes realmente existentes, los animales salvajes. No pueden incluirse en el eje radial hasta que no están domesticados, es decir, en el periodo que se corresponde con el Neolítico, momento, además, en el que los dioses se comienzan a elevar a los cielos y cobran figura zoomorfa primero (tauro, capricornio, escorpio) y antropomorfa después (sagitario, dioses del antiguo egipcio que introducen seres mitad hombre mitad animal: Horus, Apis, Anubis, etc.). Esto no quiere decir que se hayan de excluir necesariamente brotes de religiosidad en nuestro presente, de este asunto hablaremos un poco más adelante con más detenimiento. Pero el proceso racionalizador humano en sus diferentes etapas de desarrollo cultural conducen inexorablemente al ateísmo religioso. De este modo el politeísmo de los primeros momentos de nuestra civilización occidental se somete al rigor lógico y observacional, se racionaliza para adaptarlo al entorno de la ciudad primero y del imperio después. Es San Agustín quien allá por el siglo IV d.n.e. tritura el politeísmo de las religiones paganas del momento La Ciudad de Dios, lo que desemboca en una corriente doctrinal, tanto religiosa como política, que hará del monoteísmo no sólo una necesidad de fe sino de razón práctica, los restos del Imperio Romano Occidental sólo se pueden ordenar acudiendo a un pathos por todos compartido, dicho asidero moral tendrá como fundamento último a un Dios único, trino y creador. Es la antesala del ateísmo, la teología dogmática y natural del periodo medieval equiparará a los pensadores modernos del instrumento necesario para rematar tal acontecimiento, del Dios religioso se pasa al Dios de los filósofos, al deísmo. Será un Dios agonizante, sometido a las leyes de la razón y de la lógica, un Dios parido por la reflexión humana que está condenado a muerte en las manos de Nietzsche: «Mas cuando Zaratustra estuvo sólo, habló así a su corazón: “¡Será posible!¡Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto”»6 . Pero el alemán de gran bigote aniquila también al Dios de la filosofía, la falta de higiene mental romántica abre las compuertas a la más consolidada irracionalidad vista en sus formas más variopintas: nihilismo, existencialismo, relativismo o estructuralismo. Ya antes Lutero había dado muerte al Dios racional de los filósofos escolásticos con su iusnaturalismo cristiano voluntarista, concretamente al Dios de santo Tomás de Aquino, su Dios (teísmo) es personal7, voluntarioso, infinitamente libre, incognoscible y por tanto caprichoso, tiránico. Lutero, y no sólo él, también antes Duns Escoto y Ockham8 mantienen que las leyes de las comunidades políticas sólo son verdaderas leyes si derivan de la ley divina entendida ahora como mandato que emana de la voluntad arbitraria de Dios, carente de toda limitación, carente de cualquier tipo de sometimiento divino a la razón. Lo bueno y justo depende de la voluntad divina, si Dios decide obligar al hombre al asesinato y al robo esto deberá ser considerado como justo en tanto que emana de su libre voluntad. Lutero deduce de aquí que el auténtico cristiano no necesita ni al Estado ni a sus leyes, pues para obrar justamente le basta con obedecer los preceptos divinos. Sólo el infiel debe someterse al imperio de la ley positiva y obra del Estado y esto porque desconoce la voluntad de Dios y está privado del don de la gracia, es a éste al que debe aplicársele la ley de la espada9 . Por tanto, la muerte del Dios filosófico conduce irreversiblemente a la arbitrariedad, o para decirlo con más claridad: termina en el fenómeno Auschwitz como paradigma de la muerte y la sin razón10. El discurso filosófico se ve truncado, asoma el cientificismo más feroz y se alía a ideologías de naturaleza racial donde se produce una transmutación irreparable del deber por la necesidad; el concepto de raza es el elemento fundamentador y empírico de la superioridad de un grupo humano sobre el resto, y a esta barbarie sin límites racionales se le añade un desprecio mayúsculo por una evidencia ética tan importante como la del respeto a la vida humana; desprecio que sólo precisa considerar al otro como no humano para poner en funcionamiento sus planes de exterminio. Sin verdaderas evidencias éticas y científicas sobre las que reflexionar filosóficamente todo está permitido.

Pero la muerte del Dios de las religiones terciarias, caso del Dios monoteísta cristiano a cargo de Nietzsche, no elimina un modo de reflexionar entendido como meramente aparente. El vacío no es simplemente anunciado y superado filosóficamente como creen entender hoy las filosofías postmodernas con Lyotard o Vattimo entre sus más firmes defensores (fin de la modernidad, pensamiento débil con fundamento en una nueva idea de caridad laica respectivamente), dicho espacio sin contenido reflexivo de naturaleza racional es cubierto, sustituido, por una nueva vuelta a la religiosidad que se creía, sino superada, si residual; hablamos de una religiosidad que retorna al politeísmo en forma de religiones orientales y que se pone en marcha en muchas ocasiones vía grupos cerrados con carácter sectario. De la desorientación generalizada y de la falta de sentido de la vida emana un cada vez más numeroso grupo de individuos flotantes que persiguen soluciones fáciles. Pero no es sólo éste un síntoma de nuestra sociedad contemporánea, en relación con la muerte se ha instalado la idea generalizada de la consideración ética de seres que hasta el momento eran entendidos como irracionales, se equiparan sus derechos a los de los hombres por elevación y así se habla de los derechos universales de los animales, del bienestar animal, &c. Y en este orden comprensivo de la realidad animal se nos quiere hacer entender que muerte y fallecimiento son conceptos redundantes, son sinónimos y, por tanto, el mismo sentido tiene la expresión “murió un animal X” que la expresión “falleció un animal X”. Esta equiparación ética entre animales y hombres más que proteger a los primeros lo que hace es degradar nuestra condición, devaluar nuestros derechos y ofrecernos la posibilidad de un comportamiento hacia otros grupos humanos simplemente amoral o, en tanto que individuos, no ético. Y lo dicho no es una fantasía parida desde la imaginación, es un fenómeno tristemente frecuente; Peter Singer, en su libro de 1975 Liberación animal, es el referente filosófico en la lucha por la defensa de los derechos de los animales (en nuestro país es el célebre Jesús Mosterín y su famosa obre intitulada ¡Vivan los animales!), equipara la lucha de los derechos animales con la lucha de los negros a favor de su dignidad como personas. Una lectura no precipitada deja entrever su afinidad por la igualdad entre los derechos de los animales y la de los negros, afinidad que recuerda a las clasificaciones antropológicas más célebres del siglo XIX, clasificaciones que entendidas como rigurosamente científicas certificaban la condición de animalidad de aquellos seres humanos que aunque con figura de hombre no permitían catalogarlos como tales dado que el conjunto de sus manifestaciones culturales eran las propias de salvajes no elevados a la condición de seres humanos civilizados. No es, pues, extraño que fuesen tratados como animales, claro está, que desde posicionamientos claramente racistas. El recorrido ya ha sido multitud de veces andado y sus consecuencias convenientemente condenadas, pero ahora el mismo camino no parte de la degradación humana sino que se inicia en la elevación ética de los animales para situarla en el mismo nivel normativo, es decir, jurídico y axiológico (con las repercusiones que esto acarrea a nivel ontológico, v.g. un feto de menos de tres meses no es un ser humano, luego igual da deshacerse de un feto con figura humana que de un feto animal, y esto democráticamente aprobado en nuestro país desde las filas que se llaman progresistas sin advertir que cometen un error mayúsculo al hacer coincidir ontológicamente al ser humano con el ser persona, sin ver la diferencia entre un ser humano que es individuo de la especie humana como pueda serlo un Homo antecesor y que es identificado desde coordenadas biológicas, y un ser persona cuyo estatus ontológico viene determinado socialmente, es decir, brota de un sociedad de personas que lo reconoce como tal para garantizarle unos derechos que lo protejan en su etapa inicial de indefensión; así, su eliminación, su muerte, no es un simple acto de extirpación con fines terapéuticos y de estabilidad emocional de la madre  e indirectamente del padre y si me apuran de los abuelos  sino un acto de asesinato. El aborto y el infanticidio son parámetros objetivos que permiten valorar el grado de civilización de una sociedad. Son altamente frecuentes en pueblos aislados y bárbaros, también en las sociedades industrializadas del siglo XIX donde las desigualdades propias del capitalismo salvaje obligaban a muchas madres a desembarazarse violentamente de sus hijos para poder sobrevivir tal y como relata detalladamente el antropólogo materialista cultural Marvin Harris en su libro Caníbales y reyes )11 . No es casual que se haya generalizado tal grado de confusión y en especial en los medios de comunicación. Con la disputa del último mundial de fútbol saltó a la fama el pulpo Paul. Se decía que tenía una gran capacidad para pronosticar los resultados de los encuentros finales del campeonato; España era la favorita, no sólo para los espectadores, sino que también para el cefalópodo más famoso de este siglo. Recientemente los telediarios abrieron con la noticia del fallecimiento del pulpo Paul, en Galicia y muchos lugares de España y Europa se siguió tal acontecimiento con tristeza. En la prensa escrita se iba en la misma dirección, el diario El Mundo recoge así la noticia:

«Fallece el pulpo Paul, famoso por predecir las victorias de ‘La Roja’ en el Mundial
El pulpo Paul se apoya sobre una réplica de la Copa. Martes 26/10/2010. Diario El Mundo.

El pulpo Paul, que predijo la victoria de la selección española en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, ha muerto en el acuario Sea Life en Oberhausen en el que vivía, cuando estaba a punto de cumplir tres años. Pese a que decenas de zoológicos de toda España mostraron su interés en acoger al famoso oráculo, el pulpo no cambió finalmente de residencia. Sus cuidadores no estaban dispuestos a dejarle marchar. En la localidad gallega de Carballiño, de la que el pulpo Paul era hijo predilecto, están hoy de luto. Ya nadie más podrá disfrutar de sus predicciones, retransmitidas incluso por televisión. En países de todo el mundo y en los idiomas más insospechados, se escriben improvisados obituarios en los que quedará constancia del, hasta ahora, más ilustre de los cefalópodos, el Pulpo Paul. Después de pronosticar acertadamente los sucesivos resultados de partidos de fútbol del Mundial de Sudáfrica, se convirtió en un auténtico oráculo de la postmodernidad y la empresa propietaria del acuario alemán donde vivía, sociedad Sea Life Deutschland GmbH, se vio obligada a proteger su nombre como marca comercial en los 27 países de la UE, dada la invasión de productos con el logotipo del pulpo, que abarcaban desde productos náuticos y ropa de deporte hasta los objetos más insospechados, como calculadoras, pinceles, sombreros, juguetes, extintores…y en estos últimos meses, hasta decoraciones para árboles de Navidad».

Vemos que el titular es directo: habla del fallecimiento de Paul. Que se sepa sólo pueden fallecer las personas, lo que sucede es que dicho animal carece de figura humana, pero ha demostrado, a ojos de los ciudadanos europeos que se tienen por sabios, como un ser dotado de inteligencia, de razón, lo que le habilitaba para poder deliberar con prudencia sobre acontecimientos futuros, será visto, pues, como un especialista deportivo. Es decir, el pulpo Paul es un ser numinoso y como tal fallece dado que está dotado de personalidad. Aparece un tipo de religiosidad que se tenía por superada pero que nos conduce a una situación de superstición y barbarie propia de hordas, tribus o poblados protagonistas de nuestra era más prístina con la paradoja de que esto sucede en el actual presente, y en él se tiene como la culminación cultural y política más brillante a La Europa de la democracia y de la defensa de los Derechos Humanos, a la comunidad de pueblos o naciones, igual da, donde ha sabido florecer mejor la razón de raíz griega.

c) Eje circular del espacio antropológico. Es el eje donde se sitúan las relaciones del hombre consigo mismo. O sea, del hombre con otros hombres, no hace referencia a una relación puramente reflexiva como cuando un hombre piensa en sí mismo, menos aún se pretende caer en un posicionamiento solipsista en el que sea inútil cualquier acercamiento a un saber cuando menos comunicable, o con Heidegger, un saber auténtico y presidido por el silencio que no es otra cosa que el refugio de la sin razón. Dentro de este heterogéneo conjunto de vínculos estarían las relaciones morales, propias de un grupo político, religioso, social, o las propias de una comunidad o Estado, también podríamos encuadrar dentro de este eje las relaciones lingüísticas, económicas, de parentesco, políticas, artísticas, &c. Es aquí donde el término muerte cobra su sentido pleno. Desde casi el inicio del razonamiento filosófico el tema de la muerte ocupó un lugar privilegiado. La filosofía en un sentido académico nace con Platón, el ateniense de anchas espaldas trata el asunto directamente en uno de sus más célebres Diálogos: Fedón. Por boca de Sócrates Platón demuestra la inmortalidad del alma, lo interesante para nuestro tema es que logra huir de la angustia, de la muerte, propiedades que suponen un estrangulamiento de la razón. Lo logra de una manera magistral: lo inmortal es aquello que permanece, lo invariable, lo verdadero y real, son las Ideas. Su duración eterna en el tiempo viene de su naturaleza universal, y lo que las convierte en universales para los hombres es el recuerdo, la reminiscencia. En pocas palabras, la inmortalidad encuentra su lugar en el recuerdo, y las Ideas, en tanto que universales y accesibles a la razón humana, se hallan presentes en nosotros. Luego nuestro obrar comparte la posibilidad de acceder a lo imperecedero, a lo que perdurará en el recuerdo de las generaciones de hombres posteriores ya que formará parte de su misma existencia. Hay realizaciones que alcanzan la cota de universales, que trascienden la existencia misma de sus protagonistas y que permiten recordar sus resultados porque estos son los que nos permiten entender, criticar y dominar la realidad del momento. La figura de Platón, y como él otros muchos, es inmortal y a sus espaldas están insoldables sus obras filosóficas en forma de diálogos; textos que hoy se han institucionalizado y que forman parte de nuestro currículo académico obligatorio en la etapa de bachillerato (esperemos que los nuevos vientos de barbarie cientificista y relativista no dobleguen a quien supo soportar los vaivenes de la historia durante tanto tiempo). Pero este no es el lugar para hacer una breve historia de la filosofía en sentido doxográfico para resolver el tema de la muerte. Son muchas las corrientes filosóficas que tratan el asunto, en ellas la muerte representa un límite de racionalidad, más allá de él nos instalamos en lo incognoscible, pero lo que verdaderamente interesa es situar nuestra marco de discurso reflexivo dentro de los límites marcados por un evento de carácter irreversible como la muerte. La muerte es un experiencia irrepetible, única, lo que la hace no decible para quien la experimenta. Es un hecho cotidiano, no por ello traumático, pero que sólo puede ser comunicable desde la vida. Lo que queremos subrayar es que el debate de ideas riguroso, al modo geométrico, no es sobre la muerte, es sobre la vida y lo más importante, es ahí donde debemos encontrar los argumentos mejores para hacer que nuestras trayectorias vitales estén orientadas a la perfección. No existen recetas definitivas, no tiene un sentido predeterminado que haga de nuestra existencia una realidad ajena a nuestra persona, no somos simplemente arrojados y conducidos por derroteros ya prefijados por otros o por un ser entendido como apertura o Da-sein al modo ontológico hedegggeriano, somos individuos que, en tanto que personas, orientamos libremente nuestras trayectorias de vida e intentamos en la medida de lo posible desactivar todo tipo de propuestas pseudofilosóficas impregnadas de falsos sentidos de la vida, falsos porque se arrogan un conocimiento, por revelación o por intuición, de su verdadero sentido, lo que hace que estén en condiciones de comunicarnos la naturaleza última de la muerte; son estos los profetas, los fanáticos, los iluminados, los telepredicadores que hablan en nombre de la Humanidad o de un grupo elegido con el fin de trasladar a sus acólitos un mensaje salvífico (a los críticos por el contrario el mensaje será de muerte), quien no participe de dichas fantasías, o bien se le intenta convencer mediante una técnica dialogada, o bien, de no resultar eficaz, se sustituirá por la necesidad de intervenir violentamente, quedará justificada la muerte de otro individuo siempre y cuando la causa de tal procedimiento emane del verdadero sentido de la vida. Luego el verdadero sentido de la vida es dialéctico, es un combate contra los fundamentalismos de la vida, y por ende contra la muerte, dado que no hay sentido de la vida del individuo persona que no pase por la necesidad ética y moral de perseverar en su existencia. Y nos debemos alegrar de esta ausencia dogmática de normas que permitan dar cuenta del significado último de nuestra existencia porque es ahí donde tiene cabida la libertad.

No podemos concluir el tema de la muerte sin acudir a quien desde su condición de inmortal sigue siendo el mejor hoplita del que disponemos en el campo de la filosofía de la vida, de la filosofía crítica: Baruch de Espinosa. Es este judío holandés emigrante portugués y de padres españoles el que nos dice:

«Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida.

Demostración: Un hombre libre, esto es, un hombre que vive sólo según el dictamen de la razón, no se deja llevar por el miedo a la muerte (…), sino que desea el bien directamente (…), esto es (…), desea obrar, vivir o conservar su ser poniendo como fundamento la búsqueda de su propia utilidad, y, por ello, en nada piensa menos que en la muerte, sino que su sabiduría es una meditación de la vida. Q.E.D»12 .

Nos preguntamos después de la cita recogida ¿qué sabiduría hay en un autor como Heidegger cuyo pensar versa especialmente sobre la muerte? Lo cierto es que el existencialismo del alemán y el de Sartre nos condujeron a una cómoda cohabitación con lo irracional. La muerte se adueñó de multitud de discursos provocando una salida urgente a lo inevitable. Hoy los pensamientos en sentido filosófico laxo, como forma de vida, dominan. Nuestras librerías se impregnan de libros de autoayuda y pseudociencias certificándose así la muerte a manos de sus propios protagonistas de la filosofía de corte académica y origen platónico. La filosofía crítica es un saber más y muere por falta de auténtico fundamento«Ab-grund», su condición es la de renunciar a dar sentido al ser (a la vida) y así:

«Buscando el sentido del ser el ser ahí se encuentra llamado en una dirección que lo despoja, lo desfundamenta y lo hace “saltar” a un abismo que es el de su constitutiva mortalidad»13 .

Seguimos muriendo como siempre pero también se está muriendo normativamente, racionalmente, nuestra quehacer en tanto que somos hombres que nos relacionamos con otros hombres; en el eje circular del espacio antropológico domina la muerte entendida como fin de la razón y de la verdad; muere el discurso político (fin de las ideologías, fin de la izquierdas y de las derechas, fin de la historia que nos decía Fukuyama), muere el discurso científico (Feyerabend y su todo vale), muere el arte (ya no encuentra su espacio y su necesidad de popularidad lo convierte en muchos casos en una propuesta ajena al saber hacer, a la tecné griega), muere la religión por falta de soluciones creíbles, sólo perdura viva la idea de cultura metafísicamente entendida, se seculariza la idea de gracia y ahora el individuo ya no pertenece a una u otra religión sino que pertenece a una cultura u otra y es esta condición de pertenencia la que nos garantiza la actual salvación como pueblo, los nacionalismos están de enhorabuena.

3.- Un apunte sobre la muerte como proceso eutanásico

Finalmente la muerte ocupa un lugar privilegiado en las sociedades capaces de gestionar tecnológicamente dicho momento final de la vida. La joven Bioética se interna en este asunto con el objetivo de dar solución a un problema novedoso: la eutanasia operatoria, es decir, la de aquellos que voluntariamente solicitan su muerte para eliminar un sufrimiento insoportable y que necesitan de terceras personas para materializar su deseo. Bajo este prisma se ha colado en nuestra sociedad la idea de una legislación que despenalice la práctica eutanásica cuando ésta se entiende como un procedimiento sujeto a lo que se conoce como muerte digna. No es el lugar para reflexionar sobre tan complejo problema14 , pero es interesante señalar que lo que esconde tal propósito, en principio algo sencillo y bien intencionado, puede ser mucho más complejo. La muerte puede ser sobrevenida y ésta, a su vez, violenta o natural. Una muerte violenta, por atentado terrorista, puede ser eutanásica dado que en ella hay ausencia de sufrimiento; así se suele decir, por boca de aquellas personas que son sus más directos allegados: «al menos no sufrió al morir». La confusión se presenta cuando “bueno” se entiende en un plano psicológico como no sufrimiento, como digno, placentero, no perturbador del alma, y se quiere trasladar ese mismo sentido al ámbito jurídico, es decir, como ajustado a la norma ética, moral o jurídica. Pero este tratamiento tan simple puede acarrear consecuencias contradictorias cuando el asunto va dirigido a casos en los que los procesos eutanásicos son puestos en marcha con individuos cuya muerte se entiende, al margen de cualquier tipo de intervención externa u operatoria, como sobrevenida. Vayamos a un caso concreto de relativa actualidad en nuestro país. Haciendo memoria, rescatando una controversia. La eutanasia clínica operada al tetrapléjico gallego Ramón Sampedro fue particular. No sólo porque el sujeto pedía o exigía la muerte sino porque se encontraba entre personas. En este caso sus más próximos allegados, y sus amigos, se mantenían vinculados a Sampedro no por el deseo generoso (principio ético fundamental) de que viviera Sampedro sino por el deseo expreso, alentado, sugerido, sostenido, planeado de acabar con la vida que consideran indigna de ser vivida, o sea: lo indigno no es la muerte, sino la vida de tetrapléjico que soportaba, padecía, el moribundo. Aquí valdría decir que «hay amores que matan». Cabría sugerir la proximidad de este caso con el de De Juana Chaos; éste decidió voluntariamente prolongar su estado de inanición hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte, esto es, al igual que Sampedro, decidió prescindir de la vida; ahora bien, el Estado tenía la obligación moral de preservar su vida, yendo incluso contra su voluntad. ¿Sería, en este caso, generoso el colaborar con la decisión libre De Juana Chaos? Obviamente, los defensores a ultranza de la vida, de la erradicación de la pena de muerte, alertarían de tal inmoral decisión y se posicionarían del lado del Estado, pero curiosamente en el caso de Sampedro se respeta escrupulosamente la decisión libre de la persona, de su voluntad, siendo su trayectoria vital a nivel ético (no firme pero sí generosa, diría Espinosa) y moral intachable, en cambio, en el caso de De Juana Chaos no se respeta esa misma decisión libre, de su voluntad autónoma, siendo su trayectoria vital a nivel ético asesina y a nivel moral reprobable. Como consecuencia, se articulan soluciones diferentes: quitarle la vida, por indigna, a Sampedro y mantenérsela, por digna, a De Juana Chaos. Lo que queremos dejar claro es que no es lo mismo activar un proceso eutanásico sobre individuos cuya muerte se entiende como sobrevenida que en aquellos sobre los que la muerte es operada externamente cuando los pacientes están en una situación evidente de despersonalización, y tampoco es lo mismo articular un proceso eutanásico sobre individuos que a lo largo de su trayectoria vital han logrado constituirse con sus actos en personas que sobre aquellos que ni de lejos han alcanzado tal reconocimiento social.

 

1 «En el círculo de la lengua alemana el hecho de llevar a la incomprensibilidad u oscuridad se produce solamente, o bien por torpeza, o bien por omisión malintencionada; debe evitarse, y como medio auxiliar siempre se puede recurrir a la traducción a un alemán verdadero y correcto. Pero en las lenguas neolatinas esta incomprensibilidad es natural y originaria, y ningún medio puede evitarla, al no disponer de una lengua viva en que poder verificar la muerte y, siendo exactos, al no tener una lengua madre». Véase FICHTE, J.G. Discursos a la nación alemana, pág. 105. Traducción de Luis A. Acosta y María Jesús Varela. Ediciones Orbis. Barcelona 1984.

2{2}Actualmente son frecuentes los actos de inmolación por parte de individuos de confesión musulmana. Su acción acude a preceptos morales compartidos por muchos miembros de su confesión, dichos presupuestos prácticos hunden su raíz en la filosofía aristotélica «Así pues, el denominado intelecto del alma –me refiero al intelecto con que el alma razona y enjuicia- no es en acto ninguno de los entes antes de inteligir. De ahí que sería igualmente ilógico que estuviera mezclado con el cuerpo» Véase ARISTÓTELES, Acerca del alma III, 3, 429a21-25. Ed. Gredos. Introducción traducción y notas de Tomás Calvo Martínez. Madrid 1994; desde este punto de vista el alma es ajena al cuerpo, es mera forma el alma intelectual, es pura potencia o receptor de todo tipo de formas, luego es común a todos los individuos, es universal, o lo que es lo mismo, no muere con el individuo, y por tanto el cuerpo no es dador de individualidad, es, pues, prescindible. El aquinatense se centraría en esta situación y haría encajar a Aristóteles con los presupuestos cristianos, entre otros la idea de que el cuerpo es imprescindible, es dador de individualidad y su eliminación es sin más dilaciones: pecado.

3 Véase HOBBES, Thomas. Leviatán o la materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil, págs. 113-167, capítulos XIII-XVII. Ed. Alianza. Madrid 2009.

4 «La Iglesia se ve de vez en cuando en la necesidad de recordarles [a los ateos y teístas] que el Diablo es un ser personal. Lo ha hecho Pablo VI; también Juan Pablo II, y lo mismo el Catecismo de la Iglesia Católica» FERNÁNDEZ TRESGUERRES, Alfonso. Satán. La otra historia de Dios, pág. 29. Ed. Eikasia. Oviedo 2006.

5 Véase BUENO MARTÍNEZ, Gustavo. El Basilisco, número 5, noviembre-diciembre 1978, páginas 57-69. Oviedo.

6 NIETZSCHE, Friedrich. Así habló Zaratustra, pág. 36. Alianza editorial. Madrid 2002.

7 Para el teísmo la existencia de Dios es una evidencia en sí misma, frente a las posturas ateas. Pero su propuesta va más allá y se orienta frente al deísmo que aspira a entenderlo racionalmente; Dios existe pero nuestro saber limitado no puede más que conformarse con acceder a dicha idea suprema a través de la fe revelada, la teología tendrá su radio de reflexión presidido por los sentimientos y la persuasión y la filosofía se ocupará de los asuntos humanos gobernados por la razón; la separación entre ambos saberes debe ser nítida. Quien tiene verdadera fe conoce a la persona divina, conoce a Dios y su voluntad. Pero el problema surge cuando debemos reconocer críticamente quién conoce realmente a Dios. Nuestra voluntad está subordinada a un ser que se entiende como omnisciente y omnipotente, y será libre cuando nuestro obrar satisfaga los deseos de su autoridad. Así, pues, lo que importa es agradar a Dios, sólo a El se le otorga el derecho de juzgar nuestras obras; se impone la ascesis, el rigor, la inevitable necesidad de dominar nuestros deseos más obscenos con el objetivo de salvaguardar lo más importante: la pureza de la conciencia individual, ya que es en ella donde reside el salvoconducto para la salvación. Sólo se ha de responder ante Dios, Éste juzgará benévolamente las acciones de aquellos que creen en su persona. Para los teístas, y especialmente los protestantes, el enriquecimiento personal es señal de fe; si al verdadero creyente le va bien es porque Dios lo quiere así. Por tanto, cada uno busca lo mejor para sí y sólo obedece a Dios. Quien no cree debe someterse a las leyes humanas, es decir, a las de aquel que no las necesita y que se vale de dicho derecho positivo para mostrar su autoridad. Es obvio que el creyente está por encima del hereje y si es necesario utiliza la espada para convencerlo de su error. Si de la conciencia individual pasamos a la colectiva en forma de pueblo o nación nos instalamos en un régimen político pergeñado por la necesidad de salvaguardar su estatus frente a todos aquellos que por las razones que sean intenten debilitarlo. Son muchos los ejemplos de este tipo, desde los calvinistas a los más recientes Boers holandeses en la Sudáfrica del apartheid pasando por el nacionalsocialismo alemán. Entre los miembros de su grupo de elegidos mostraron su solidaridad pero frente a terceros: herejes, negros o infrahumanos, judíos o alimañas, mostraron su más severa autoridad en forma de exterminio, tolerancia del desprecio, o simplemente mediante la más sutil explotación de sus recursos: el colonialismo holandés e ingles destacó por su depredación. Vemos difícil que en estas condiciones puede presentársenos como posible un gobierno no tiránico. Para más detalles que puedan esclarecer más este asunto puede consultarse. WEBER, Max La ética protestante y el «espíritu del capitalismo». Alianza editorial. Madrid 2001 y BUENO MARTINEZ, Gustavo. España frente a Europa. Alba editorial. Barcelona 1999.
8 Véase DUNS ESCOTO. Tratado del primer principio. Traducción de A.Castaño. Editorial Aguilar. Buenos Aires 1979 y DE OCKHAM, Guillermo. Tratado sobre los principio de Teología. Traducción de Luis Farré. Editorial Aguilar. Madrid 1985.
9 Véase LUTERO, Martín. Escritos políticos. Ed. Tecnos. Estudio preliminar y traducción de Joaquín Abellán. Madrid 2008.

1010 Sobre esta problemática es apropiada la obra de la Escuela de Frankfurt, especialmente la referida a Theodor Adorno y Max Horkheimer.
1111 LAHOZ PASTOR, José María. Cuestiones sobre el aborto. El Catoblepas, nº 95, enero nodulo.org/ec/2010/n095p09.htm.

1212 ESPINOSA, Baruch de. Ética demostrada según el orden geométrico. Proposición LXVII, pág. 309. Ediciones Orbis. Introducción, traducción y notas de Vidal Peña. Madrid 1980.

1313 VATTIMO, Gianni. Más allá del sujeto, pág.101. Ediciones Paidós. Barcelona 1989.

1414 Véase BUENO MARTÍNEZ, Gustavo. ¿Qué es la Bioética? Cuestión quinta. La eutanasia desde una perspectiva bioética, págs. 128-132. Ed. Pentalfa. Oviedo 2001.

Alicia Forever

Fecha: por: dariomartinez

1.- Entusiasmo y utopía: el fenómeno Obama

Hay eslóganes ampliamente asimilados en nuestra sociedad y que gozan de una buena salud. De su actualidad erróneamente se puede derivar su originalidad. Se reconoce su fuerza persuasiva desde los albores de nuestra tradición cultural, ya el sofista Gorgias hacia gala de ello en su glosa dedicada a Helena, en ella presagiaba el poder demoledor de la palabra en el seno de una democracia. La demagogia se hacía fuerte allí donde debía triunfar el discurso con sentido. En el quehacer de la política la verdad, el bien y la razón se ausentaban de la vida de los atenienses. Los discursos paridos por la reflexión filosófica eran sustituidos por los más directos y atractivos mensajes sofísticos, sus discursos apelaban a las emociones, a los sentimientos, iban directamente al corazón de los ciudadanos. Ganarse el interés de la mayoría era ganarse el poder. Pero el ardid consistía en eludir el compromiso político en favor de la eutaxia de la polis y de la formación de buenos ciudadanos, esto provocaba tensiones internas en la polis ateniense o distaxia y además daba como resultado poco afortunado el de la formación de ciudadanos satisfechos. En este marco de irracionalidad el desafío de Sócrates resultaba incómodo, tanto que pagó con su vida. Su propuesta reflexiva trascendió su época, no logró ser acallada. Hoy existen abundantes figuras comprometidas con la crítica filosófica, pero a diferencia del más ejemplar de los ciudadanos atenienses, no logran acceder con su mensaje a los sectores más directamente implicados en el control político de la sociedad. Si el medio era la palabra en el espacio público o en la misma casa del aristócrata Calías, hoy es básicamente la TV, y quien no acceda a ella está fuera del juego político. En ella domina la imagen junto a la palabra. En ella domina un trabajo entre bastidores encomiable en el que se selecciona la imagen deseada y se selecciona el mensaje más atractivo; el público o consumidor de TV es el que manda {1}. A los expertos encargados de captar la atención del público del que dependerán no les falta perspicacia.

La atención de nuestro artículo gravitará sobre estos constreñidos enunciados capaces de lograr con tan poco un efecto tan potente, o con Espinosa tan real, como es el de canalizar en la dirección deseada las energías voluntarias de sus receptores, ya sean en forma de electores, consumidores o de ciudadanos que deben apoyar un proyecto deportivo de la magnitud de la organización de unos juegos olímpicos. Son simples chispazos de atracción, instantes de deseos que automáticamente parecen aproximar a muchos de aquellos que inicialmente no sólo presentan diferentes inquietudes, sino que públicamente muestran ideologías políticas irreconciliables, ya sean estas de izquierdas o de derechas, o incluso credos abiertamente hostiles. Dulce aproximación que no requiere más esfuerzo que el del entusiasmo de cuya naturaleza Tresguerres da buena cuenta:

«Porque es un hecho que no resulta raro que el entusiasmo ciegue, que distorsione la realidad y el relieve de las cosas, haciendo perder, a la vez, toda capacidad crítica, pues si bien es verdad que supone un importante estímulo para la acción, sea especulativa o práctica, también lo es que si la razón titubea en gobernarlo, tal acción puede emprender un camino independiente de ella, y no sólo sin la razón o al margen de la razón, sino incluso contra ella: puede el entusiasmo engendrar –digámoslo de una vez— la más absoluta y completa irracionalidad» {2}.

Se persuade a la gente, a los ciudadanos de un estado, con el fin de gestionar una mercancía asumida como necesaria o con el objetivo de que participe decididamente de un proyecto político escatológico.

 

En estos momentos se espera que de las políticas económicas americanas arrecie la tan esperada superación de la crisis {3}; gran parte de la sociedad norteamericana, al menos la que voluntariamente votó al candidato demócrata, parece haber respondido con entusiasmo al atractivo llamamiento del que hoy es su actual presidente: “ Yes we can”, al carecer de verdadero contenido logra cuajar con relativa facilidad en la idiosincrasia norteamericana, cada uno puede añadir lo que quiera, cada uno puede entenderlo como más le convenga, y así todos y cada uno de los ciudadanos estadounidenses participarán libremente de un proyecto común que está por definir. Los votantes norteamericanos equipados de la dosis precisa de entusiasmo se transformarán en devotos defensores de un ideal político sin definir, se aproximarán a él a través de una fe firme en un líder carismático. Se eludirá la razón, la crítica se ausentará, y la nueva realidad se tornará por fin accesible. Pero esta falta de precisión no es gratuita. El que hasta hace muy poco era candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos erigía su campaña electoral sobre una realidad cuestionada bajo el mandato republicano de George W. Bush: la del liderazgo político y económico como nación y miembro más destacado de la OTAN (Francia aunque miembro destacado persevera en su autonomía y así se permite el lujo, todo hay que decirlo con la intención de favorecer sus propios intereses, de sellar contratos militares millonarios con la emergente China) ; dicho de otro modo, el actual mundo globalizado necesitaba un país que capitaneara e intentara dar solución eficazmente a todos y cada uno de los proyectos mas acuciantes del momento, requería por tanto la presencia clara de una pujante potencia económica, militar y política, de una unión de naciones que compartiesen un interés común garante de su bienestar en forma de democracia homologada y con fundamento en un consumo continuado de sus ciudadanos (hoy entendido desde una posición políticamente correcta como responsable, lo que viene a querer decir que hasta la fecha era irresponsable, o sostenible, lo que viene a querer decir que hasta la fecha era insostenible y para recordárnoslo con todos los medios tecnológicos a su alcance está el que fuera vicepresidente de las administración Clinton y premio Nobel de la Paz Al Gore; la nueva senda productiva debe ir por otros derroteros y debe ser mucho más selecta, es decir, alojará a todas aquellas potencias económicas que acrediten un elevado grado de desarrollo tecnológico, o lo que viene a ser los mismo, a todas aquellas economías del primer mundo que no se pueden permitir el lujo de perder un ápice de su mordida consumista en favor de las economías emergentes de China y la India cuyas poblaciones suman una tercera parte de los potenciales compradores). Este liderazgo internacional sólo cobra pleno sentido si se entiende como imperio, categoría política académicamente en desuso {4} pero que explícitamente se reconoce en ejercicio. El pueblo norteamericano vio en Obama esta capacidad de liderazgo, y reconoció en él su apelación a la participación activa de sus proyectos. Cada uno de ellos se encontró con la posibilidad de inmiscuirse como parte protagonista de un plan de alcance global, un plan confuso, y más concretamente, utópico dado que se le reconoce la dificultad de su real materialización; supondrá tiempo, sacrificios (soldados recibidos con honores en ataúdes y cubiertos con la bandera nacional, incremento presupuestario para el mantenimiento de un ejercito colosal que ronda una cifra que va más allá del medio billón de dólares anuales), que acarreará momentos de duda ciudadana reflejados en las bajadas de popularidad como presidente registradas a través de las encuestas, esfuerzos jurídicos de lenta tramitación y de difícil encaje legal como el de la base militar y centro penitenciario situado en el terreno alquilado de la isla de Cuba, hablamos de Guantánamo, &c. Así pues, un plan que simplemente exigía de los ciudadanos norteamericanos buenas dosis de entusiasmo, es decir: desconocimiento racional del alcance real de la maquinaria que iba a ser puesta en marcha. Como fuente de inspiración los sentimientos o si acaso la intuición de no se sabe qué pero que se entiende como verdadero, una puesta en escena de una filosofía espontánea al alcance de todos, reflexión laxa que permite a los ciudadanos norteamericanos aproximarse o vislumbrar tímidamente la meta del proyecto a ejecutar pero que, al mismo tiempo, nos ofrecen un desconcierto generalizado ante las variables y dificultades que se van a ir abriendo en el camino. Dicho proyecto es en sí mismo utópico porque en su desenvolvimiento se confía en la consecución de una paz perpetua al modo kantiano {5}, es de algún modo la nueva Ciudad del Sol de Campanella pero esta vez aquí en la Tierra, y es un intento que menoscaba otros intereses, otros proyectos utópicos enfrentados y que quieren cobrar vida a través de mecanismos tan violentos como los de los fanatismos islamistas, fundamentalismos tan irracionales que habilitan moralmente a sus fieles a actos terroristas en los que su vida, el mantenimiento de su cuerpo, es prescindible, acto tan poco firme y tan poco generoso éticamente que sólo merece nuestro más contundente desprecio{6}; estos y otros enemigos declarados lo ven como un nuevo orden mundial liderado por una norteamérica que ofrece paz a cambio de control económico en forma de capitalismo controlado y limitado por instituciones democráticas diseñadas ad hoc. Hegel, ya en el siglo XIX, nos advertía de este fenómeno de dominio del pueblo a través de lo irracional y más concretamente de los sentimientos y de la intuición, si bien pensando en las limitaciones kantianas en el orden moral y religioso, limitaciones que sólo dejaban un pequeño resquicio a las ilusiones trascendentales pero necesarias y con fundamento en la razón práctica, que no teórica dado que sólo logra establecer verdades apofánticas o sujetas a perpetuo debate, y en la libertad en tanto que seres humanos, barreras a la razón teórica que el sistema holista del más fiel de los filósofos prusianos {7}, no estaba dispuesto a aceptar, de este modo señala Hegel:

“La intuición y el sentimiento coinciden en ser conciencia irreflexiva. Contra esto debe hacerse resaltar que el hombre es un ser pensante; que se diferencia del animal por el pensamiento…El sentimiento es la forma menor que un contenido puede tener; en ella existe lo menos posible. Mientras permanece tan solo en el sentimiento, hállase todavía encubierto y enteramente indeterminado. Lo que se tiene en el sentimiento es completamente subjetivo, y sólo existe de un modo subjetivo” {8}.

La renovada confianza en un líder imperial como Obama encuentra pleno sentido si somos capaces de entender que en la dialéctica política se persigue el buen orden o eutaxia de los estados y este objetivo pasa por la necesidad de garantizar bajo el paraguas de las democracias occidentales el consumo masivo, dicha estrategia, por tanto, pasa por controlar indirectamente al nuevo gigante asiático: China {9}. Pero que el nuevo inquilino de la Casa Blanca lograra el apoyo incondicional de muchos de sus compatriotas y de otros ciudadanos que sin ser de allí participaran con entusiasmo de ese mismo proyecto, especialmente los europeos {10}, no excluye para nada la posibilidad de que otros mandatarios presos de ese mismo interés por atraerse la voluntades de la gente se percatarán de la necesidad de apelar a lo más irreflexivo, a los sentimientos, con el fin de garantizarse sus simpatías.

2.- De la razón al sentimiento nacional

Asistimos en España al descuartizamiento más prolongado y consensuado desde el inicio de nuestra joven democracia de la razón. Pero, ¿qué entendemos por razón? Brevemente, operar humano {12}, ya sea este en el sentido del hacer, del construir siguiendo reglas bien definidas de actuación encaminadas a la supervivencia o a la verdad como pueda ser el caso de la ciencias (reconociendo en las humanas un grado de complejidad más elevado dado que en dicho orden se incluyen las operaciones apotéticas de los sujetos, operaciones de imposible neutralización, v.g. las ciencias jurídicas, en las que a la verdad se añaden contenidos prácticos como el bien, la justicia, la libertad, &c). En ellas las operaciones son depositarias de rigor lógico y permiten ordenar, clasificar, discernir, en definitiva construir parcelas de la realidad cada vez más amplias, conociendo sus mecanismos causales y sus estructuras formales con el fin de triturar las apariencias y mostrar su naturaleza infecta, histórica y en perpetuo proceso de transformación. Pero también son propios de la razón otros saberes tan heterogéneos como los políticos, los religiosos, los artísticos, los tecnológicos, &c., cuya cota de verdad es más discutida y al mismo tiempo más permeable a la irracionalidad. Y a su lado, y siendo la otra cara de la moneda del ejercicio de la razón que queremos mostrar, la filosofía como deshacer dirigido y comprometido con la inhabilitación reflexiva de todo presunto saber que se muestre como definitivo, incuestionable o simplemente como dogmático; el enemigo del fundamentalismo, ya sea este religioso, político, científico, o mismamente filosófico, obliga a la verdadera filosofía a perpetuarse en su papel de tábano socrático.

“El Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación. La Constitución Española, en su artículo segundo, reconoce la realidad nacional de Cataluña como nacionalidad” {13}.

Con esta reliquia pseudojurídica se intenta materializar una idea de estado-nación que si bien en ciernes sólo necesita del reconocimiento del resto de los socios de la Unión Europea para ponerse en marcha. Las consecuencias que de aquí se pueden derivar es mejor no atenderlas, pero sí cabe decir que sería interesante que muchos de los dirigentes encargados de pilotar la nave del Estado (en este caso el español y en tanto que reconocido internacionalmente y con asiento en la ONU también la nación) se percataran, bajo el abrigo de la prudencia, de las posibilidades que se abren y de los peligros que encierran para su eutaxia. Atendiendo al contenido de la cita inicial de este apartado, por lo pronto nos percatamos del alto grado de irracionalidad romántica que lo envuelve. La nación no es otra cosa que un sentimiento colectivo impregnado de deseos ajenos a la razón. De hecho se asocia dicho sentimiento a una supuesta voluntad libre capaz de ajustar su alcance a un territorio con fronteras bien definidas o nación con existencia propia {14}, de esta espontánea voluntad brota una realidad identitaria en forma de espíritu del pueblo o lengua común, en nuestro caso evitando la lengua española, que necesita cristalizar en forma de derecho positivo para adquirir su condición de ser, de ser entendido como realidad y por tanto como racionalidad y verdad. Este proyecto político arropado en su misma raíz de contenidos claramente irracionales cala sin una mínima crítica rigurosa en los ciudadanos, y no sólo eso, sino que además logra disponerlos entusiásticamente en la consecución del mismo. De momento permanecen garantizadas las normas mínimas de convivencia, al menos con respecto a Cataluña {15}, si bien a la espera de lo que dictamine el Tribunal Constitucional, órgano que parece mostrar recelos jurídicos si se le otorga la condición de nación a Cataluña dado que automáticamente la soberanía no residiría en el conjunto de la nación española sino en cada una de las partes que constituyen el Estado español, o lo que es los mismo: no existiría España como totalidad distributiva sino como totalidad atributiva, dando lugar a que cada Comunidad Autónoma actuase en función de sus intereses y lógicamente al margen de los intereses comunes de España como nación que compite junto a otras naciones, ya sean europeas o no, por su bienestar, lucha que podríamos entender en términos biológicos como una biocenosis {16}. Pero dicho entusiasmo no tiene la cualidad de detenerse en el conjunto de la ciudadanía catalana, avanza hasta las más altas esferas del poder y una vez allí se instala y acomoda en una ideología que por su estructura es capaz de hacer encajar cualquier cosa; forma de pensamiento presa de la estructura de un partido, el socialista, imposibilitado para enfrentarse racionalmente al nuevo reto de la organización del Estado, partido que desea trasladar al conjunto de la sociedad española su estructura federal, propuesta que cuenta con el aliento de muchos de los intelectuales, v.g. Juan Luis Cebrián entre otras figuras públicas destacadas, más afines y que se muestra, ya no miope, sino ciega ante el hecho de que la vertebración del estado federal pasa necesariamente por la cesión de soberanía de aquellas regiones, naciones étnicas, o actualmente Comunidades Autónomas, en favor de una entidad política al abrigo de un proyecto común como nación. Y ciega o simplemente infantil cuando se quiere dar a entender que el concepto de nación es un término vacío de contenido, se supone racional, y dada esa presunta realidad, al menos en sentido jurídico, tan poco perniciosa como los actos de un infant@ (Alicia por ejemplo) {17}. Esta perspectiva de corte nominalista le permite al actual inquilino de la Moncloa atravesar el espejo y adentrase en lo que el considera el nuevo mundo real sin el más mínimo esfuerzo intelectual, o sea intuitivamente, gnósticamente. Pero la realidad se muestra tozuda y ahora la problemática, tras atravesar el itinerario político por la vía del referéndum popular, tras ser aprobada por la mayoría de los representantes políticos catalanes y españoles en sus respectivos parlamentos, nos conduce a la reapertura de un debate que en estos momentos de crisis económica y elevada tasa de paro debería ser sino innecesario si al menos secundario.

 

3.- Ciudadanía europea: el advenimiento de un proyecto común. Alicia y Madrid

¿Qué proyecto logra atraer el interés común de la mayoría de las diferentes fuerzas políticas españolas? Aunque por muy diversas razones la apuesta es clara: la construcción política de Europa. El proyecto es viejo y cobró vida con el fin del Antiguo Régimen. Del rey la soberanía pasa a la nación, pero en un primer momento la verdadera nación no es otra que la francesa. Su constitución así lo determina, pero a la vez no deja claro a quién va dirigida, y no queda claro porque se homologan los derechos humanos a los derechos de los ciudadanos franceses; de dicha constitución brotará una interpretación tan ambiciosa como crucial para el devenir del conjunto de las que posteriormente serán las diferentes naciones europeas. Napoleón quiere trasladar dichos derechos de ciudadanía a todos los europeos, desde Berlín a Lisboa, desde Londres a Moscú. Las guerras napoleónicas serán el primer intento serio de trasladar los ideales de la revolución francesa, los ideales de la ilustración, al conjunto de los ciudadanos europeos. Ciertamente sucedió que dichos ideales, entendidos como esferas de verdad absoluta, necesaria y universal, no podían ser asimilados por aquellos que simplemente no existían; no había tal ciudadanía europea, lo que muchos filósofos del momento vieron como un avance de la razón, caso de los alemanes o de muchos intelectuales españoles, no era más que el firme propósito de extender la ciudadanía francesa al conjunto del continente europeo, al conjunto de unos nuevos ciudadanos que antes que franceses, o lo que es lo mismo ciudadanos europeos, eran ciudadanos alemanes o españoles. Las diferentes guerras contra Napoleón mostraron bien a las claras que la Europa que se ofrecía no era otra cosa que una sinécdoque de Francia, una nueva entidad política postestatal pero con capital en París, con el francés como lengua vehicular de la razón, de la filosofía, de la ciencia, del arte, &c. El proyecto fracasa con Napoleón pero la propuesta sigue viva. El testigo es recogido por el alumno que fuera en su momento más aventajado: Alemania. A dicha estrategia ayuda su privilegiada situación geopolítica, ocupa el corazón de Europa. El romanticismo enciende la mecha de la expansión alemana por todo el continente. Es la nueva nación alemana la depositaria de lo mejor del espíritu de un pueblo, es ella la nueva luz de la razón, es ella la cuna de la libertad en forma de ruptura del yugo del sacro imperio romano, es, pues, ella la que debe dirigir los destinos de los ciudadanos europeos {18}, de la civilización europea que tanto entusiasmó a Ortega. Nietzsche avanzó alguna idea, pero sobre todo parió un conglomerado ideológico en forma de filosofía intencionadamente no sistemática, crítica, embriagada de aforismos capaces de albergar los intereses más dispares y de servir de coartada al mejor postor. La ideología nacionalsocialista pretenderá marcar el rumbo de Europa, de la Europa de los pueblos, de la federación política de las naciones étnicas lideradas por su líder natural. Sería el momento de la superación definitiva de los estados-nación, sería el momento de la verdadera Alemania, de la ciudadanía alemana o lo que es lo mismo, de la ciudadanía europea, primero étnicamente pura y luego políticamente real.

¿Qué nos queda hoy? Una Europa que tiende a la fragmentación y una Alemania que tiende, como única excepción en toda Europa, a la unificación {19}. Desintegración que no desagrada a las grandes potencias europeas cuando el asunto se circunscribe a España. Desde el Reino Unido se garantiza un apoyo decidido a la difusión y al conocimiento del inglés, quizá con el tiempo se reconozca como lengua oficial en Euskadi o en Catalunya dado que siendo futuros miembros de derecho de la Europa de los pueblos el español resultará ser una mera reliquia cultural o simplemente la lengua de un estado ya superado y que por cierto se considerará que nunca existió como nación. Desde Francia hasta hace bien poco se confiaba pasivamente en la desintegración de España vía desestabilización terrorista; ETA encontraba en Francia algo más que un refugio para sus comandos. Y podría entonces entenderse la actual cooperación franco española en el campo de la lucha contra el terrorismo etarra como un intento real de frenar los proyectos hegemónicos alemanes. Hoy Alemania es la nación europea que más fomenta el catalán en sus fronteras, tal vez porque sea en ella donde más interés despierta el español.

Históricamente la lucha por la vida de las diferentes naciones europeas es obvia salvo que se quiera ver como una entidad depositaria de los valores más nobles que han recorrido su historia, o bien, que se quieran ocultar con un alarde sin parangón de desmemoria histórica las guerras que siempre fueron protagonistas de la presente Europa. Virtudes prácticas que por arte de birlibirloque han podido desprenderse de toda contaminación de estirpe cristiana, se acude para ello al auxilio de Rousseau y su buen salvaje como depósito ideal del proyecto ético europeo, ser solitario, bípedo, en plena sintonía con la naturaleza y que tras los avances paleontológicos del pasado siglo no nos queda otro remedio que identificar con el Pithecantropus erectus, y también al auxilio de un Kant tan riguroso en su formalismo ético que sólo encuentra como fundamento práctico una idea ilusoria como la de Dios, tan débil que puede ser sin más sustituida por cualquier otra idea: la nación, la sangre alemana, la ciudadanía europea, &c; los resultados éticos kantianos también los podemos interpretar como desalentadores, y esto porque la razón sólo está habilitada para fundamentar la práctica humana en una idea tan vaga como la de la idea de Dios. Obtenemos, pues, un individuo prácticamente desprovisto de razón pura práctica, un individuo natural sin ciudadanía, o mejor aún, ciudadano de todos los sitios y que no acaba de encontrar su sentido de la vida. E insistimos, a pesar de que se supone la inexistencia de cualquier mácula de raíz cristiana en el orden ético y moral, se protegen con celo muchos de sus monumentos en tanto que fuente capaz de satisfacer las necesidades estéticas de los nuevos ciudadanos europeos. Se deben conservar como centros de interés turístico pero también como triunfos de la razón ya que ha sido ella, su laicismo, su agnosticismo de corte relativista y que suspende el juicio crítico ante cualquier manifestación supranatural, no así ante toda aquella manifestación que lleve la etiqueta de católica (religión terciaria, monoteísta y que cuando menos ha pasado el largo filtro de la tradición escolástica y de la ciencia moderna, filtro que ha servido para depurarla, obligándola a replegarse frente a otros saberes más potentes, pero que también ha servido para darle un mayor grado de racionalidad {20}), la que ha construido un verdadero entramado de valores éticos y morales comunes para todos los ciudadanos europeos, valores tan indiscutibles que simplemente necesitan mostrarse vía enseñanza pública. No obstante, el resultado no es tan edificante, se confunde ética y moral, se sobreentiende lo que quiere decir solidaridad, no se sabe qué es un ciudadano europeo, se asume irreflexivamente la idea de paz (basta con preguntar qué paz y el interlocutor queda totalmente desconcertado), pero eso es lo de menos. Quizá con un número de acólitos bien entrenados sea suficiente, quizá con la eliminación paulatina de todos aquellos profesores de la enseñanza que puedan resultar molestos también, muchos del gremio filosófico que no quieren para nada doblegarse a fundamentalismos de corte tribal {21}.

En esta Europa inexistente, expuesta como la única utopía creíble es donde se ahogó el irracionalismo de los responsables directos de la oferta de Madrid como candidata a la organización de los Juegos Olímpicos del año 2016. Tras un duro golpe como candidata para los juegos del año 2012, duro porque se apostó fuerte y sobre todo porque se compitió con la cabeza fría, o sea, reconociendo las posibilidades de éxito que tenía una ciudad europea; el viejo continente se decantó por Pekín para el año 2008, era lógico pensar que China y muchos países asiáticos se volcasen con una ciudad europea para la celebración de los juegos del año 2012. Londres venció y lo hizo en la final frente a París, siendo Madrid la tercera en discordia. Por entonces se decía que de haber superado ese penúltimo corte Madrid se hubiese hecho con la victoria. Se fue a la final con los deberes hechos, las instalaciones en marcha, el beneplácito de la ciudadanía madrileña y por extensión de la española, con los problemas de la ausencia de mar resueltos al contar con Valencia, una ciudad que se estaba preparando como merecía la ocasión y que fue sede de un acontecimiento de interés mundial como la Copa América de vela. Tras esta vicisitud, difícil de superar, se decide competir nuevamente por la organización de los Juegos Olímpicos de 2016. París con más dosis de racionalidad decide dejarlo para mejor ocasión. Moscú junto a Roma hacen otro tanto, son conscientes de que el continente europeo no puede albergar dos acontecimientos deportivos de tal magnitud consecutivos. Sólo se atreve Madrid. La decisión puede resultar racionalmente calculada si se atiende al hecho de que dicha celebración puede ser el mecanismo ideal para sanear las cuentas del ayuntamiento. También tendría sentido porque en el debe de Madrid está el ser la única capital de los grandes países europeos que aún no ha organizado unos juegos olímpicos. Pero esto no se puede decir, es atrevido y poco prudente acudir a dicha cita olímpica como ciudad candidata mostrando todas tus cartas. Entonces, ¿qué pensaban los responsables madrileños con el Sr. Gallardón a la cabeza y con el entusiasmo siempre bienintencionado de las autoridades de la Comunidad madrileña y del Gobierno central? Que Madrid en vista del esfuerzo organizativo y de instalaciones ya puesto en marcha iba a contar con el apoyo de sus socios europeos. Si Madrid, a pesar de las diferencias en el seno de España, de las disputas políticas y de la percepción desde la periferia de que es ella la que somete al resto de las comunidades y no entiende sus inquietudes porque en el fondo no es plural, ni tolerante, ni progresista, cuenta con el apoyo de todas y cada una de ellas para la celebración de dicho evento, ¿por qué no vamos a poder hacer el mismo razonamiento, tan simple como falso, y pensar que el resto de la Unión Europea haría otro tanto? Si todos compartimos los mismos valores, todos somos ciudadanos europeos, todos, a pesar de nuestras diferencias, queremos lo mejor para la Unión y obviamos que cada uno de sus miembros es soberano y vela por sus intereses, y que formamos parte de una comunidad entendida como biocenosis, entonces la ilegitimidad del paso del pensar al ser se hace evidente. Pero dicho fraude a la razón se vendió con el entusiasmo propio de la más simple exposición irracional. Vistos los resultados del líder mundial del momento era fácil pensar que con una estrategia de trabajo semejante se podrían obtener los objetivos deseados. Del “Yes we can” se pasaba al “Tengo una corazonada”, eslogan pegadizo, de un atractivo irresistible, por encima (o por debajo) de cualquier rivalidad política. Alicia acreditaba con creces que gozaba de buena salud, tan buena que incluso se multiplicaba. Si primero tenía el rostro de sonrisa perpetúa de nuestro presidente del gobierno ahora encanecía un poco, se le hacían más prominentes las cejas, se ajustaba unas gruesas gafas y sin más accedía al país de las maravillas, al país de la organización de los Juegos Olímpicos de 2016. Su optimismo era fruto de una realidad que ya se vislumbraba. La razón mostraba claros signos de debilidad debido a su ocultación entre una maraña de sentimientos con forma de corazonadas. Pero dicha predisposición generalizada, dicho optimismo, en absoluto tenía que ver con la realidad, nada más que era un fraude de raíz psicológica disfrazado de doctrina ontológica.

 

Los resultados pueden ser interpretados de muchas maneras, son necesarios pero insuficientes, por lo que se hace necesario equiparse de hipótesis coherentes que den cuenta de los mismos entre otras razones porque la votación de los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI) es secreta*.

* El resultado de las tres votaciones fue el siguiente:

Primera Segunda Tercera

Río de Janeiro 26 46 66

Madrid 28 29 32

Tokio 22 20

Chicago 18

Abstenciones 1 1 1

Total 95 96 99

Tras la primera votación celebrada en Copenhague el equilibrio entre las tres candidatas finalistas era más que evidente, sólo seis votos separaban a la candidatura más votada de Madrid de su tercer rival: Tokio. La votación posterior iba a ser ya decisiva. Prácticamente todos, sino la totalidad de los votos de la primera candidata eliminada, es decir, Chicago, fueron directamente a Río de Janeiro. ¿Qué países podemos considerar que apoyaron inicialmente la candidatura estadounidense? El efecto Obama como ya habíamos visto con anterioridad había sido recibido por los dirigentes europeos con gran entusiasmo. Parece plausible sugerir que también habría supuesto en los miembros europeos del COI idéntico efecto. Los 18 votos que por ser insuficientes impidieron continuar a Chicago fueron directamente a parar a la ciudad brasileña (obtuvo como refleja el gráfico 46 votos en la segunda sesión cuya aritmética no deja lugar a dudas, a los 18 de Chicago se sumaron los 2 que pierde Tokio) y estos son votos de los vecinos europeos de Madrid, son votos que presumiblemente provinieran de países como Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, &c, son los votos de una Unión Europea que a bombo y platillo se vende como políticamente unida pero que en la realidad trabaja desunida, esto es, trabaja como una entidad que no logra superar la condición de estado-nación de cada uno de sus socios, que no logra desembarazarse de la necesidad de garantizar el bienestar de los ciudadanos que particularmente representa. Y es esta realidad propia de la caverna platónica la que con pertinaz interés se adueña de nuestros dirigentes y se apodera de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos españoles, realidad dominada de apariencias que impide prever racionalmente muchas de las consecuencias derivadas de los proyectos deportivos puestos en ejercicio. Y no sólo eso, sino que también cancela cualquier propuesta crítica orientada a la verdad, y dicho acto de mala fe se materializa cuando no se reflexiona racionalmente sobre las causas necesarias que puedan dar cuenta de los resultados obtenidos. De este modo, resulta obligado eludir cualquier intento de explicación, a la opinión pública española se le oculta que fueron los intereses particulares de los diferentes estados nación que conforman la actual Unión Europea los que tumbaron los propósitos organizativos de la ciudad de Madrid para las futuras olimpiadas de 2016. Pertenecer a la Europa del Tratado de Lisboa, a la Europa de los burócratas que instalados en su torre de marfil elaboran una Constitución de tocador y a espaldas de los ciudadanos de los diferentes países que la constituyen, significa no cuestionarse, aceptar dogmáticamente, todo aquello que emane de sus adentros aunque en ello se socaven los intereses de los madrileños y por añadidura de los españoles. Cabe suponer que si se acepta la derrota con tal grado de deportividad, aunque sería más justo decir que con tal grado de fidelidad ya que emana de un entusiasmo herido pero francamente activo, nos podrán ver como socios incondicionales. Pero cuidado, y como venimos diciendo desde el inicio del artículo, del lado del entusiasmo y el optimismo no está la razón, la crítica, la verdad, el saber, la prudencia, sino algo que va más allá de la ignorancia, la estupidez, postura esquiva al cambio, al reconocimiento del error, o sencillamente al intento de mejora.

 

{1} Véase Gustavo Bueno. Telebasura y democracia, pág. 195. Eiciones B. Barcelona 2002.

{2} Véase Alfonso Fernández Tresguerres, Del entusiasmo. http://www.nodulo.org/ec/2007/n069p03.htm.

{3} Todos sabemos, sin ser para nada expertos, que la locomotora económica no es otra que EE.UU., si allí se activa el consumo es casi inevitable que la recuperación se traslade también al este del Atlántico. Alemania y Francia ya parece que se han subido al tren, tal vez porque sus exportaciones han iniciado la senda del crecimiento.

{4} Así en su reflexión crítica sobre la idea de Imperio el profesor Gustavo Bueno afirma: “Creemos poder constatar, como cuestión de hecho, que el término «imperio», en sentido político, ocupa en nuestros días, en una tabla de valoraciones, un lugar opuesto al que ocupa el término «nación». En efecto, mientras que el término «nación» y sus derivados, como nacionalista, nacionalismo, etc., se sitúan en los lugares más altos en las escalas de prestigio, el término «imperio», y sus derivaciones, como imperialismo, imperialista, ocupan los lugares más bajos de estas escalas, incluso el lugar ínfimo…, sería ridículo pretender zanjar los problemas en torno a la Idea de Imperio mediante valoraciones de esta índole, como sería ridículo que el «zoólogo pacifista» pretendiese distraer el interés científico por los lobos, en cuanto animales depredadores, en beneficio de las investigaciones sobre las ovejas” Gustavo Bueno. España frente a Europa, págs. 173-174. Alba Editorial. Barcelona 2000. Hoy de los cuentos infantiles se ha adueñado un pacifismo simplón entendido como no violencia, claro ésta que al mismo tiempo se entenderá dogmáticamente y necesariamente como irracional cuando se muestra como violencia, y así el malvado lobo feroz no morirá a monos del cazador que extrae de él a la tierna Caperucita, la salvará sí pero a condición de que perdone al lobo dándole la vida y la libertad que le permita ir al bosque. Aquí el ridículo no es una posibilidad es una constatación que fluye de un manantial de armonismo bienintencionado capaz de impregnar todos los órdenes de la actividad diaria.

{5} “Los ejércitos permanentes -miles perpetuus- deben desaparecer por completo con el tiempo. Los ejércitos permanentes son una incesante amenaza de guerra para los demás Estados, puesto que están siempre dispuestos y preparados para combatir” nos dice el königsbergense pensando más en la paz prusiana que en la universal. Véase Inmanuel Kant. La paz Perpetua, pág. 7. Traducción de Joaquín Abellán. Editorial Tecnos. Madrid 2008.

 

{6} “Una idea que excluya la existencia de nuestro cuerpo no puede darse en nuestra alma, sino que le es contraria (…), el primordial y principal esfuerzo de nuestra alma será el de afirmar la existencia de nuestro cuerpo, y, por tanto, una idea que niegue la existencia de nuestro cuerpo es contraria a nuestra alma”, o también “Referido a la fortaleza de todas las acciones que derivan de los afectos que se remiten al alma en cuanto que entiende, y divido a aquella en firmeza y generosidad. Por «firmeza» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza en conservar su ser, en virtud del solo dictamen de la razón. Por «generosidad» entiendo el deseo por el que cada uno se esfuerza, en virtud del solo dictamen de la razón, en ayudar a los demás hombres y a unirse a ellos mediante la amistad. Y así, refiero a la firmeza aquellas acciones que buscan sólo la utilidad del agente, y a la generosidad aquellas que buscan también la utilidad de otro. Así pues, la templanza, la sobriedad y la presencia de ánimo en los peligros, etc., son clases de firmeza; la modestia, la clemencia, etc., son clases de generosidad”. Por tanto, podríamos añadir que los males éticos por excelencia son el suicidio o falta máxima de firmeza, y el asesinato o falta máxima de generosidad. Y esto porque ambas acciones, no virtuosas o cacoéticas, son irreversibles. Baruch de Espinosa. Ética demostrada según el orden geométrico, págs. 194-195 y 242. Introducción, traducción y notas a cargo de Vidal Peña. Editora Nacional. Madrid 1984.

{7} “Cabe preguntarse si no tendríamos razón cuando dijimos que Hegel nos ponía frente a una apología de Dios y de Prusia al mismo tiempo y si no estará perfectamente claro que el Estado que Hegel nos manda que adoremos como la Idea Divina sobre la Tierra es, simplemente, la Prusia de Federico Guillermo que va de 1800 a 1830”. Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, pág 265, Editorial Paidós. Barcelona 2006.

{8} G.W.F. Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, págs 53-54. Introducción de José Ortega y Gasset y traducción de José Gaos. Editorial Alianza. Madrid 2004. Hoy y en la misma línea hegeliana se podría decir: lo que diferencia al ser humano del animal no es otra cosa que la cultura. Seguimos presos del mito de la cultura y a la vez seguimos siendo esclavos de una antropología filosófica mutilada, de una antropología bimembre que ubica en el sinsentido más propio del marxismo vulgar, del positivismo decimonónico o analítico del siglo pasado a toda manifestación humana vinculada con la religión (o la superstición en tanto que meramente irracional).

{9} Para una consulta rigurosa sobre el papel actual como nueva potencia emergente de la República Popular China y su programa político, económico y militar puede verse la revista digital El Catoblepas y concretamente su sección Ante la China. Véase http://www.nodulo.org/ec/

{10} Se barajaba la posibilidad de que el nuevo líder de la Unión Europea, su nuevo presidente, sea el británico Tony Blair. Es obvia la especial relación que tiene el Reino Unido con EE.UU., ambos líderes tienen como lengua materna el inglés, ambos presentan credenciales ideológicas comunes, Blair como militante del partido laborista británico, y Obama como líder del partido demócrata norteamericano, y más importante aún, ambos son conscientes del papel de cada uno de los estados que representa (la Unión Europea debe entenderse como un postestado sin olvidar que la soberanía reside en cada uno de los 27 estados nación que la constituyen a la vez que reside en la nueva ciudadanía europea tras el negociado en los despachos Tratado de Lisboa {11}), el primero como líder global y el segundo como socio fiel y necesario para poder limitar las aspiraciones de liderazgo mundial de la China de Hu Jintao. El resultado fue otro y lo fue por las reticencias de Alemania y Francia. Eligiendo al ex primer ministro británico se le concedía demasiado protagonismo al Reino Unido, así que mejor tomar una solución más equilibrada, el Alto Representante de la política exterior europea pasaría a ser la británica Catherine Ashton y como Presidente de la Unión el belga Van Rompuy, candidato discreto y muy del gusto de los dos dragones europeos.

 

{11} Tratado de Lisboa por el que se modifican el Tratado de la Unión Europea y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, firmado en Lisboa el 13 de diciembre de 2007. Diario Oficial de la Unión Europea 17.12.200. El artículo 17 queda modificado como sigue:

a) En el apartado 1, las palabras «será complementaria y no sustitutiva de la ciudadanía nacional» se sustituyen por «se añade a la ciudadanía nacional sin sustituirla». La cursiva es nuestra.

{12} No es exclusivo del hombre, los animales más próximos a nosotros como demuestran muchos estudios etológicos también son capaces de operar racionalmente. Ellos elaboran a través de pautas normadas útiles rudimentarios: pajas para sorber hormigas, ramajes a modo de cama donde combatir el cansancio, &c., es decir, también tienen cultura extrasomática aunque ésta sea muy elemental.

{13} http://www.gencat.cat/generalitat/cas/estatut/preambul.htm, la cursiva es nuestra.

{14} “De la misma manera que, sin lugar a duda, es cierto que allí donde hay una lengua específica debe de existir también una nación específica con derecho a ocuparse de sus asuntos con autonomía y a gobernarse ella misma” J.G. Fichte. Discursos a la nación alemana, pág. 228. Traducción de Luis A. Acosta y María Jesús Varela. Ediciones Orbis. Barcelona 1984.

{15} En un pasado reciente no era así, allí existía un grupo armado capaz de matar utilizando los métodos propios de una banda terrorista, es decir: actuando arbitrariamente, mostrando una señal de identificación que pudiera evitar cualquier grado de confusión a la hora de reconocer su autoría, y atemorizando a las posibles víctimas con el objetivo de hacer de estas unas colaboradas indirectas de su proyecto, a través del silencio, evitando cualquier tipo de denuncia pública de lo que está aconteciendo, o a través del pago del llamado impuesto revolucionario para mantener económicamente las actividades de la banda. Ese grupo se llamaba Terra Lliure el cual nunca dejó de mostrar sus simpatías por la actividad político militar de la banda terrorista ETA (actualmente débil, básicamente por la falta de ingresos, el encarcelamiento de muchos de sus dirigentes, la decidida colaboración francesa y la actuación política conjunta de los dos grandes partidos políticos españoles), simpatías que gozaban de una excelente salud gracias a un sentimiento común: el odio (no salimos de la irracionalidad romántica, del enturbamiento de la razón) a España.

{16} “Una «biocenosis» no es una «población», es decir, un «colectivo» constituido por organismos de una misma especie, como pudiera serlo un enjambre de abejas o un bosque de hayas. Una biocenosis es una sociedad constituida por organismos de especies diversas, animales o vegetales…pero en un grado de interacción mutua e interdependencia tal que pueda hablarse de una unidad superorgánica, asentada en un hábitat y «autosostenida». (…). Ahora bien, es imprescindible tener en cuenta que la armonía que permite el autosostenimiento de una biocenosis dada, no es tanto la armonía del amor y de la paz [como fruto de un entusiasmo si parangón cree nuestro Presidente del Gobierno J. L. Rodríguez Zapatero]…, cuanto la armonía de la lucha por la vida entre sus miembros de la biocenosis”. Y un poco más adelante nos advierte: “Europa, según su historia efectiva, se ajusta más a la estructura de una biocenosis antropológica que a la estructura de una sociedad de personas regida por la justicia, la caridad o la fraternidad” El añadido entre corchetes es nuestro. Véase Gustavo Bueno, Op. Cit., págs. 406-408.

{17} Véase Gustavo Bueno, Zapatero y el pensamiento Alicia. Un presidente en el país de las maravillas. Ed. Temas de Hoy. Madrid 2006.

{18} Perla del idealismo alemán obra de Fichte, la cita es un tanto larga pero merece la pena ser recogida: “En la nación que hasta hoy día se llama a sí misma pueblo por antonomasia o alemanes, ha irrumpido en los tiempos modernos, por lo menos hasta hoy, la originariedad, se ha manifestado la fuerza creadora de lo nuevo…todo aquel que cree en la espiritualidad y en la libertad de esta espiritualidad y desee su desarrollo eterno dentro de la libertad, no importa donde halla nacido ni en qué idioma hable, es de nuestra raza, nos pertenece y se unirá a nosotros. El que cree en el estancamiento, el retroceso, la danza circular, o sencillamente pone al timón del gobierno del mundo una naturaleza muerta, donde quiera que haya nacido y hable el idioma que hable, no es alemán, es extraño a nosotros, y es de desear que se separe de nosotros por completo y cuanto antes mejor”. Y podríamos añadir para completar a Fichte, si no se separa lo eliminamos nosotros. Véase J.G. Fichte. Op. Cit., págs. 152-153.

{19} Decía con una buena dosis de ironía el ya fallecido Presidente de la República francesa, François Mitterrand, y antes de la caída del Muro de Berlín: “amo tanto a Alemania que prefiero que haya dos”. Por cierto, en la misma línea la primera dama por aquel entonces británica Margaret Thatcher.

{20} Véase Gustavo Bueno et alii, Dios salve la razón, págs. 57-92. Ed. Encuentro. Madrid 2008.

{21} Es un simple dato, puede ser sencillamente anecdótico, carecer para la gran mayoría de interés, pero desde el punto de vista que venimos defendiendo a lo largo del artículo presumo que pueda ser cuando menos significativo y alertarnos de la presencia de pequeños movimientos orientados a la que podríamos llamar barbarie autonómica. El fundamentalismo de corte nacionalista no puede verse cuestionado filosóficamente. No hay mejor medida para la perdurabilidad del proyecto que la de eliminar paulatinamente la filosofía del ámbito académico. Otros fundamentalismos aunque estos de corte religioso e islamista promueven una idéntica estrategia purificadora, así podemos leer en el diario El País, jueves 3 de Septiembre de 2009: “Jameneí dijo esta semana que el estudio de las ciencias sociales “promueve las dudas y la incertidumbre”, y pidió a los “defensores ardientes del islam” que revisen su enseñaza en las universidades. “Muchas de las humanidades y las artes liberales se basan en filosofías cuyos fundamentos son el materialismo y la incredulidad en las enseñanzas divinas e islámicas”, dijo Jameneí el pasado domingo. El estudio de asignaturas como la filosofía o la sociología incomoda al régimen iraní tanto como los intercambios y los viajes académicos”. Las cursivas son nuestras. Para avalar lo dicho: oferta pública de empleo de la Generalitat de Catalunya para Profesores de Enseñaza Secundaria año 2009 desglosada por especialidades y recogida a través de su página web oficial http://www20.gencat.cat/portal/site/Educacio/menuitem.